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«Top Model» de la Companyia Per-Versions: Guapu sense advocat

En Pep Cruz torna a la cartellera barcelonina després de clavar les fiblades més estremidores al «mosquit petit» de Marc Artigau i Queralt.

I ho fa com només els grans poden permetre’s-ho: Renunciant al seu aclaparador sex appeal.

És el preu que ha de pagar per a què puguem sentir-lo ben a prop nostre, criatures de platea envejoses i frustrades.

En Pep, que la sap llarga, no dubta a l’hora de presentar-se a la seva audiència com a entrenador personal. Pel mòdic preu d’una entrada al Teatre del Raval barceloní, aprendrem finalment allò que ningú abans gosava explicar-nos. I que jo tampoc us revelaré ara aquí. Déu me’n guardi! Només diré que el provocador Sergi Pompermayer li ha escrit un xou amanit de mala bava, comèdia grotesca i acudits políticament incorrectes. Això ja és prou motiu per baixar la guàrdia de prejudicis i malfiances. El text d’en Pompermayer relata amb generositat el declivi d’un ídol massa lloat per aquesta societat de consum depravada que ens en fa socis sense exigir-nos més quota que esbocinar la nostra identitat. I, d’aquesta manera, coneixem la trista infantesa d’una criatura massa desitjada; la infelicitat del seu matrimoni per culpa d’un excés d’amor; i l’infern de la soledat quan hom és cigne nedant en una bassa plena de gripaus (els ànecs no estaven disponibles).

No us espanteu, però, que deixo el transcendentalisme de banda, i per a la vostra tranquil·litat, aclareixo que la cosa va de conya i sense subtileses enutjoses: «Top Model» és un espectacle popular però prou àcid com per a salvar-se de la ximpleria escènica. A més, té un missatge tan alleujador com inquietant: Sent lletjos no necessàriament vivim millor. Això ja ho sabíem alguns des de feia un temps. I ara ha arribat el moment de propagar-ho a la Humanitat. (Vaja,de nou m’he disparat…).

Canviant de tema, però atansant-nos al moll de l’os, «Top Model» desfila en una passarel·la il·luminada per tres figures amb notable ofici i estimulant eficàcia còmica: una meravellosa i versàtil Anna Azcona (protagonista d’un dels millors moments quan emula una estarlet de gloriosos pit i cuixa i queixosa de no poder interpretar txèkhovs) al costat d’un contundent i desinhibit Jordi Coromina acompanyen encertadament el Mestre de Cerimònies, que compagina el seu paper de narrador amb la sornegueria tan celebrada dels vells temps i la contenció del seu desconcertat heroi.

En canvi, els flaixos s’esmorteeixen a l’hora de fixar-nos en l’espai escènic i el vestuari, d’estètica refinada i sense gaire sentit amb el to de comedieta que s’hi representa. Tampoc no afavoreix aquesta proposta de la Companyia Per-Versions el desenllaç sorpresa, que suposa un afegitó i minva la conclusió dolça i agraïda de la història: Que no hi ha lletjor, sinó manca de sensibilitat envers l’altre.

Per Juan Marea

«Top Model» es representa al Teatre del Raval de Barcelona.
http://www.teatredelraval.com/

ImageCoromina, Azcona i Cruz a l’aguait

«Ellas, Él y la Manzana de la Felicidad»: Paraíso en eternos plazos

«Si la muerdes, ¡luego no te quejes!» debería haber dicho Eva a Adán. La serpiente allí no pintaba nada. Pero le tocó arrastrarse por siempre jamás pues se hallaba en el lugar equivocado en un momento poco oportuno.

Y Adán no solo hincó el diente. También pretendió hacer creer a los que venían después que empezaba a ser más feliz. Ello no se confirmó hasta que unos siglos después apareció la Televisión. Y entonces se acabó la angustia de vivir y se avivó la pasión.

Los miércoles por la noche, Cincómonos-Espai d’Art arma en su escenario una salita de estar donde uno se queda perplejo por su capacidad de abducción: Sus anfitrionas, dos ancianas soñadoras, frustradas y ocasionalmente malhumoradas, rejuvenecen su deseo amoroso día tras día ovulando juntas frente a la pantalla; rellenándose de peligrosa obsesión por el galán de la telenovela que les conecta al Mundo.

La alfombra sobre la que viaja esta pareja de apasionadas embaucadas es un texto de Diana Raznovich de tierna atmósfera, entrañables enfrentamientos, cómicos momentos y patetismo poético. Con las palabras de Diana, Lucía Jurjo y Cristina Fabregat pueden elevarse por encima de la mediocridad de las vidas de la temerosa Griselda y la temperamental Rosalía. Porque el texto incluye escenas de afilada mordacidad sobre la amistad y su valía como revulsivo contra la incapacidad individual de vivir, atesora episodios de disputa cotidiana y sobre todo consigue hacer creíble la desgracia de estas dos antiheroínas en que probablemente se habrían convertido las Thelma y Louise de Ridley Scott de no haber decidido despeñarse juntas por el precipicio de la aventura.

Jurjo y Fabregat se ponen en manos de Jorge Salinas, que les lía el turbante de la elegancia escénica, las pone muy juntitas y logra que vuelen hasta nuestros inhibidos complejos. Esos que nos hacen sentir carne marchitándose a base de toqueteo incesante del mando a distancia. Si Jurjo exhibe una generosa colección de matices dramáticos (goza, sufre, lloriquea, se insinúa y lucha denodadamente en pos de un orgasmo imposible), Fabregat despliega una autoridad teatral admirable, aunando con gran oficio afectación, fragilidad y determinación.

Por todo ello, cuando irrumpe en el gallinero el Gallo Más Erguido (Christian Salinas, impostado al principio, chispeante después y desarmándonos finalmente con la triste franqueza de su ídolo de masas apaleadísimo), el revoloteo será de tal calibre que no habrá zorro que se atreva a sacar tajada.

por Juan Marea

«Ellas, Él y la Manzana de la Felicidad» se representa en Cincómonos-Espai d’Art los miércoles a las 21 h.
http://www.cincomonos.org/ellas%2c-el-y-la-manzana-de-la-felicidad.html

 

 

Fèlix Pons, director escénico: “En el arte no existe la moral.”

Mi grabadora muerde pólvora, engulle pasión y vomita el deseo de no ser. 

ImageFèlix francotirador

Presentaste en el Teatre Tantarantana de Barcelona “Confesiones de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce” a finales del pasado mes de marzo.

Es la adaptación de una novela de título homónimo escrita por Roberto Bolaño y A. G. Porta en 1984. La historia de un escritor frustrado que se deja arrastrar por amor a una escalada de violencia.

¿Qué tiene de especial?

En ella, sus autores dialogan continuamente con las técnicas del guión cinematográfico. Y los personajes, que responden a los arquetipos de la novela negra – la “femme fatale” y el artista frustrado maldito – están imbuidos de la cultura del rock.

¿Qué has hecho tú para adaptarla al teatro?

¡Pues seguramente equivocarme! Vi claro que el eje de la historia eran Ángel y Ana, su relación de pareja y lo que sucedía entre ambos. Ello fue en detrimento de la sucesión de lugares en que se desarrolla la acción de la novela. Por ello, situé a los protagonistas en un único espacio, un piso cercano a la Plaza de Lesseps de Barcelona en los años ochenta. La escenografía es mínima: dos micrófonos, dos actores, una cama y audiovisuales. A los actores, les pedí intensidad física y verbal.

El título parte del poema “Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger” con el que Mario Santiago Papasquiaro decía cosas como que “la Realidad y el Deseo se revuelcan/se destazan/se desparraman una sobre otra”.

En esta obra, tenemos a dos personajes revolcándose en una cama y sobre una juventud que van dejando atrás. Y se revuelven sobre las cenizas de un amor que se termina. Ángel, además, se revuelca sobre las sábanas de la duda acerca de si tiene talento para ser escritor.

¿Y lo averigua al final?

Asistimos aquí a un fin de semana de una pareja con drogas, alcohol y desamor. Una orgía creativa. Ambos narran los hechos delictivos que van cometiendo de modo que el público nunca sabe si lo han vivido o bien si es algo ficticio. El espectador debe decidirlo. Realidad y ficción se revuelcan en nuestra propuesta.

Para ti hay dos temas-clave: el viaje y la utopía.

Si rascamos el fondo de “Consejos”, más bien encontramos una “distopía”: Se trata de un ejercicio revolucionario y criminal con personajes que no persiguen ni un mundo más justo ni mejor. Uno de ellos está descarrilado por su locura y el otro, por amor.

Tu vinculación al mundo artístico es un viaje a través de las artes escénicas y las visuales.

Siempre me planteo los espectáculos como una propuesta plástica: con la utilización de los colores, el espacio, los volúmenes. Porque los actores no dejan de ser volúmenes en un espacio. Yo estudié escultura y sé que en teatro “esculpes” objetos vivos y llenos de emociones. En nuestras “Confesiones”, conviven teatro, audiovisual y “performance”.

Para Bolaño, la novela habla de la violencia. ¿Cómo se representa esta en un escenario?

El  teatro requiere un lenguaje muy delicado: Las cosas siempre deben sugerirse. Porque si muestras todo al espectador, le quitas algo al mismo tiempo. En “Consejos”, hemos intentado tratar la violencia a través de la palabra, la imagen y, sobre todo, la rabia interpretativa de Clàudia Benito y Nao Albet, los actores que encarnan a la pareja protagonista, que se parece mucho a Bonnie y Clyde, a Sailor y Lula de “Corazón salvaje” o a los dos de “Asesinos natos”.

¿Qué papel juega la violencia en esta historia?

La novela pone el foco en el desencanto de la juventud barcelonesa durante la época de la Transición democrática española. La violencia de Bolaño y Porta es una gran lente de aumento con la que investigar qué hay en cada uno de nosotros, nuestras pulsiones como seres humanos. Utilizan la violencia como vehículo, como juego y en este sentido sus autores se avanzan a Tarantino.

Los autores definen su novela como una “película de aventuras”. E hicieron lo que les dio la gana. ¿Es eso aceptable en el arte?

Por supuesto. El arte es un terreno en el que no existen ni la moral ni el juicio. En él, el artista debe dar rienda suelta a sus neurosis, obsesiones y fantasmas para poder trabajar con libertad, desde la irresponsabilidad que supone ser un ser social. Con los derechos y obligaciones que ello conlleva. Es un terreno donde todo puede ser.

 ¿Qué tienen en común la alta cultura y la cultura pop?

La“alta cultura” la hacen personas que han abordado su arte con voluntad de romper y ahí conecta con la cultura pop, que busca quitar trascendencia a las cosas. Cuando James Joyce escribe “Ulises”, quiere romper con la tradición literaria de la novela inglesa del siglo XIX. Jim Morrison actúa de manera parecida: Utiliza el rock para vehicular su vocación poética, que traslada las fuentes clásicas a la California de los setenta mediante la tradición de la poesía maldita.

¿Qué aconsejaría Morrison a Joyce?

¡Los dos eran irlandeses! Se irían a tomar una botella de whisky y se emborracharían. Como Joyce también interpretaba ópera como barítono, quizás cantarían después unas coplillas de su tierra o bien se meterían un pico de heroína.

Ahora estás enfrascadísimo en nuevos proyectos.

Nuestra compañía Arsènic Art Studio está como residente en el Teatre Tantarantana de Barcelona. Y estrenaremos allí tres piezas cortas, una reflexión sobre tres pintores contemporáneos: Miquel Barceló, Nicolas de Staël y CyTwombly. Las estamos preparando como “work in progress” de menos de un mes. Estrenamos la primera este último fin de semana de abril y podréis ver las otras a finales de mayo y junio.

¿Qué supone para el artista y para su público una obra inacabada?

Yo siempre me planteo mis propuestas como bocetos. Para mí, toda aproximación a la obra de arte no es más que un intento. Además, cada vez hay un mayor público interesado por los procesos, que tiene ganas de husmear en el taller del artista.

Recomiéndame algo que hayas visto últimamente.

Soy muy exigente como espectador. Lo último que me gustó fue “Rosas Drumming live” de Anne Teresa De Keersmaeker en el Mercat de les Flors: ¡una maravilla!

¿Cómo ves el panorama escénico actual?

Barcelona vive un momento muy interesante: compañías jóvenes muy necesarias con nuevos enfoques dramatúrgicos, actorales o de producción. Como una especie de “argentinización” de la escena catalana contra el aburguesamiento… La programación de la Sala Àtic 22 del Tantarantana está dejando oír voces muy interesantes a un ritmo vertiginoso.

Mi grabadora se repondrá. Pero antes prefiere seguir excediéndose.

por Juan Marea

http://arsenic.cat/

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Clàudia y Nao Bien Aconsejados

Periféricos Peregrinos y Plataforma L’Específica: «Nos lanzamos al vacío cada vez que gira la ruleta.»

La picardía de Nicolás Rivero, el fervor de Joaquin Daniel y la delicadeza de Òscar Bosch. Son parte de los atrevidos guerreros escénicos que pintan de azar y ejercicio escénico el Círcol Maldà este mes de abril. Y mi grabadora, desarmada, implora clemencia.

nic1 Nicolás, crupier escénico

¿Qué hace falta para ser espectador de «Rojo o negro»?

Nicolás: Pues traer algún objeto, foto o prenda de ropa roja o negra. Y querer jugar con nosotros. ¡Cualquiera puede hacerlo!

¿Cómo se prepara un actor para participar en un ejercicio como «Rojo o negro»?

N: Trabajando mucho el imaginario. Y con la valentía de lanzarse al vacío cada vez que gira la ruleta. Porque deberá poner con honestidad todo lo que le suceda en el momento (incluso el miedo) al servicio de la historia que se está contando y que nunca más se contará.

Òscar: ¡Hay que tener cierto grado de masoquismo!

Proponéis doce piezas cortas distintas.

N: El juego está por encima de todo: A los autores, les pedimos que escribieran sobre dos personajes, que utilizaran las palabras «rojo» o «negro» y que ambientaran sus textos en un espacio no condicionado por las circunstancias argumentales. Son obras fabulosas porque nos hacen ir a lugares sorprendentes, desde la comedia al drama oscuro.

Ò: Les explicamos nuestra propuesta y decidieron jugar con nosotros.

¿Cómo fue el proceso de creación?

N: En los ensayos, desarrollamos muchas relaciones entre los personajes. ¡Y jamás se repitió ninguna! Las historias que se crean con un mismo texto nunca son iguales y nos sorprenden hasta a nosotros.

Joaquin: Más que ensayar, hemos estado entrenando nuestra imaginación. Nos preguntábamos cuántas cosas podían ocurrir con un texto, un lugar y un objetivo.

Ò: Cuando haces teatro, sueles saber tu personaje y el recorrido que hace. Aquí en cambio no sabes nada, ni siquiera si vas a trabajar esa noche, ni con quién te tocará ni qué objetivo te tocará perseguir.

c3b2scarÒscar, as fuera de la manga

Experimentáis continuamente a lo largo de la función. ¿Qué supone para vosotros presentar «Rojo o negro» en un escenario y ante un público?

Ò: En el momento de la función, hacemos malabares y resulta maravilloso comprobar que cuando se ancla bien una relación, el texto cobra de repente un sentido imprevisto. Además, el público ha podido oír antes cómo se estaba creando esa relación y eso le permite entrar en complicidad.

N: Con este espectáculo, nos proponemos recuperar el significado que el teatro tiene en otras culturas como la anglófila, la rusa o la francesa, que identifican «actuar» con «jugar». Lo nuestro es, pues, un producto lúdico.

¿Cómo juega el público?

N: A dos bandas: El que integra el Equipo Rojo sabe el objetivo que debe alcanzar uno de los actores; y el Negro, el del otro.

J: El espectador ve cómo se le cuenta una historia y, además, a unos «atletas artísticos» aceptando el juego. A veces ve a Messi y a veces, a Mascherano que la saca fuera y le da como puede.

Algunas de las piezas de que se compone el espectáculo llegan a representarse varias veces. ¿No corren el riesgo de banalizarse?

N, Eso es, precisamente, lo que queremos evitar.

J: En el escenario, tienes que prestar tanta atención a tu compañero y a la historia que no puedes quedarte en la superficie. Como actor, estás obligado a conectar con el personaje y con su lucha por lograr lo que sueña y desea. ¡Y eso no puede ser banal!

La improvisación es un elemento clave de vuestra propuesta.

J: Trabajamos al servicio de la historia. El texto está escrito pero lo demás, no.

Y cuando te ríes es porque se está riendo tu personaje. Al improvisar, también hay unas reglas y un entrenamiento y aquí buscar el chiste está prohibido. Lo maravilloso de la «impro» es cuando el humor se produce como resultado de la confusión general de la historia provocada por todos sus participantes.

¿Y qué lugar ocupa el talento en todo esto?

J: Einstein dijo que el genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo.

N: Según Anthony Hopkins, el trabajo del actor consiste en conocerse uno mismo. Nosotros estamos conociéndonos al preguntarnos hasta dónde podemos ir con la imaginación, qué nos despiertan el personaje y la historia.

Ò: Sin juzgar ni juzgarnos.

N: Porque, de repente y sin darse cuenta, el actor se mete en un lugar al que normalmente no quiere ir. Pero la historia se lo requiere y entonces hay que aceptarlo: Coger la pelota y correr con ella.

Llegáis en un momento en que el teatro de pequeñísimo formato está en auge. ¿En qué os diferenciáis de otras propuestas?

Ò: En nuestro espectáculo, ninguna noche es igual.

N: Los textos que representamos son de dramaturgos de aquí. Algunos, consagrados (con obras programadas en el Teatre Nacional de Catalunya o en el Teatre Lliure) y otros, noveles.

Recomendadme alguna obra de teatro que hayáis visto recientemente.

Ò: «Lo tuyo y lo mío» dirigida por Joan Maria Segura i Bernadas con Karen Gutiérrez, Manuel Ramos y Dídac Flores que se representa actualmente en el Club Capitol de Barcelona.

N: Pues a mí me gustaron «T’odio perquè t’estimo» de Carles Algué que vi en la Sala Miniteatres y «Amargo Soufflé» de Sonia Sobrino en Microcultura.

Mi grabadora se recuperará. Hasta entonces, planea la manera de apostar, hacer diana y ganar desde la platea.

por Juan Marea

«Rojo o negro» se representa en el Círcol Maldà hasta el 28 de abril.
http://circolmalda.cat/rojo-o-negro/

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 Joaquin en el tablero

“Llibert” a la Biblioteca de Catalunya: La seva vida de mitja polzada

Un nadó no mereix viure si no pot ser com els altres. Però abans d’alçar la veu, vull presentar-vos la responsable d’aquesta sentència inapel·lable que es dicta aquests dies a la Biblioteca de Catalunya: La seva mare Ada, que en cap moment de la funció amaga l’F foragitada del seu nom. Perquè és forta en el seu determini; ferotge quan entén la seva realitat; i a més fa feliços els espectadors que s’hi atansen.

Amb “Llibert”, Gemma Brió esquitxa d’un blau ferm (amb “f” també) un escenari blanc per on llisca la seva frescor com a actriu, la comicitat de Tàtels Pérez i els dits juganers de Mürfila a la guitarra elèctrica. I plegades, combinades per la mà generosa de Norbert Martínez com a director, despleguen un espectacle que comença com a encisadora història tenebrosa, segueix encarrilada sobre la tragicomèdia més informal i acaba frenant per l’impacte de l’al·legat.

Brió estructura el seu text donant veu a les tres artistes, que s’intercalen com a narradores, amplien equip artístic amb el públic sense fer-lo moure’s de la butaca (però sí estremint-lo) i aconsegueixen un to molt atractiu a l’hora de tractar un tema tabú: la necessitat de reaccionar davant el naixement d’una criatura amb tara irreversible. La proposta escènica, doncs, no hauria d’admetre resolució acomodada. Martínez recorre a la combinació d’elements dramatúrgics de diferents gèneres per tal d’elaborar un producte que funcioni com a proposta arriscada i, alhora, compti amb el beneplàcit de l’espectador. És per això que a “Llibert” la concurrència de música rock efectista, “performance” amb teatre d’objectes, monòleg redundant i comicitat (meravellosa Tàtels com a Sant Pepe Rubianes) irresistible afavoreixen un espectacle amè, reflexiu i de vegades ambigu. Aquestes virtuts s’apaivaguen en la segona part, moment en què sembla que l’autora hagués de justificar-se per haver declarat amb certa valentia poc abans la seva desconcertant humanitat quan proclamava que “no vol ser lletja” i que ho seria si assumís ser mare d’un paralític cerebral. I llavors l’obra inclina la balança a favor del melodrama i ens mata.

Si a “Mi vida sin míIsabel Coixet ens emocionava amb el bondadós hermetisme d’una malalta terminal i a “Hedwig and the Angry InchJohn Cameron Mitchell gosava desafiar el nostre ordre moral mostrant-nos la malenconia d’un transsexual a cop de música rock crepuscular, la grandesa d’aquest “Llibert” ens aixafa amb els silencis de la Brió intèrpret a la sala d’espera, amb les seves mirades a l’espectador convertint-lo en “partenaire” mut, amb les melodies que brollen dels seus llavis “unplugged”, amb la seva interessant reflexió sobre l’“existencialisme burocràtic” (“a la vida i a la mort sempre queden tràmits per fer i papers per presentar”) i amb la seva elegància blava que, com el mar, és ensems acollidora i feréstega.

Per Juan Marea

“Llibert” es representa a la Biblioteca de Catalunya fins al 27 d’abril.
http://www.laperla29.com/espectacle/114

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 Mürfila, Brió i Pérez esperen i desesperen.

“Love Room” en la Rambla de l’Art-Cambrils: ¡Adiós al dolor de cabeza!

Si despierto en una cama al lado de una persona desconocida, no tendría por qué tratarse de ciencia ficción.
Si me unen a ella la pasión, la lujuria y el desenfreno, empezaré a sospechar algo…
Y si ni siquiera Bud Spencer consigue poner orden en mi confusión, es que estaré viendo “Love Room”.
Porque quien dijo que el amor está en el aire, a parte de ser un hortera, solo pretendía llamar la atención…

Tirso Calero, autor y director de la comedia “Love Room”, nos deja mirar por la cerradura y prohíbe el servicio de habitaciones durante la función.

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 Tirso agita las sábanas del equívoco.

¿Qué es “Love Room”?

Un triángulo amoroso con una pareja enamorada luchando contra viento y marea por sacar adelante una historia de amor imposible

¿Qué encontramos en esta “Habitación del amor”?

Felicidad, ilusión, amor… pero también mentiras, decepciones y desengaños: ¡La vida misma!

¿Y qué pinta en ella Bud Spencer?

La presencia de Bud Spencer y lo que él significa tiene mucha importancia para uno de los dos protagonistas de la obra…

Preséntanos a los personajes.

Miguel (que interpreta Jorge Monje), con casi 40 años, lucha contra si mismo: contra lo que le gustaría ser y, lamentablemente, no es. Y quiere rebelarse pero ¡no le resulta fácil! Marta (Paula Prendes) tiene todo para ser feliz: un buen empleo, dinero, belleza e independencia… pero nunca se ha enamorado. Ambos, alejados pero cercanos, están condenados a enamorarse.

Debutas en el teatro. ¿Qué supone para ti?

El contacto directo con el público. ¡Una obra de teatro siempre está viva!

Recomiéndame una obra que hayas visto recientemente.

«Los cuatro de Düsseldorf«, de Jose Padilla, una comedia muy negra que vi en la Sala El Sol de York de Madrid.

 Y yo me pregunto ahora: ¿Quién es el valiente que sale a estirar las piernas?

“Love Room” se representa el jueves 17 de abril en la Rambla de l’Art-Cambrils. Y el amor enloquecido de Jorge, Paula y Tirso se propagará por Coruña, Alicante, Zaragoza, Toledo, Soria y Madrid…

http://www.cinemacambrils.com/blog/

por Juan Marea

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 Paula y Jorge acorralando a su alcahuete.

“Lucrècia” a La Seca-Espai Brossa: Virtuosa i letal

La vida té un preu. La qüestió rau llavors en el fet de si hom pot pagar-lo. Amb dignitat. Perquè aquí els diners molt poc tenen a fer.

A les darreries del principat de l’Antic Imperi Romà, la Lucrècia va gaudir del privilegi de posar preu a la seva pròpia vida. I no tenint-ne prou, va patir-ne les conseqüències amb escreix.

Ara anem a La Seca i arrecerem-nos a la seva Sala Leopoldo Fregoli. Allà es coven històries tràgiques d’una força poètica tal que, com a espectadors, triem morir de lírica escènica. Doncs la sensibilitat, que no sol ser capritxosa, ens mena a respirar el vers de Joan Ramis i Ramis de bracet de la bona traça d’en Sergi Marí. I, d’ençà de les primeres passes, el miracle comença a construir-se. Amb la delicada caracterització dels actors davant nostre preparant-se per poblar l’estança. Amb l’elegància d’una posada en escena que engrandeix l’espai minimitzant-ne l’attrezzo. Amb la sentida interpretació de l’equip artístic. I, sobretot, amb la simbiosi visual de personatges i escenari en aquells moments de major intensitat.

La “Lucrècia” nodrida per en Sergi és una joiosa celebració del fet teatral perquè rep aliment d’una dieta equilibrada pel bon gust. Que ens treu l’alè en les escenes en què l’exquisida heroïna titular és turmentada però és que també eleva el nostre esperit a l’hora de comprovar el determini d’aquesta dona que decidí ser només si havia de ser.

Els ingredients inclouen un vestuari d’immaculada excel·lència, una música que subratlla oportunament la tensió de la tragèdia i una col·lecció de moments extraordinaris per la seva concepció escènica i concreció simbòlica: l’assetjament de la protagonista fins a ser arraconada sense miraments; l’apropiació de la seva virtut transmutada en la túnica de mil plecs; l’intent de suïcidi amb un ganivet esmolat per l’encís de la desesperació; el retrobament amorós final d’una tendresa tan bella com insuportable. Són instants d’intel·ligència dramatúrgica i que colpeixen.

El text és una gratificant troballa: procedent del s. XVIII, la dificultat d’estructurar-se en versos alexandrins n’augmenta el seu valor. I la capacitat d’acostar l’intimisme del patiment d’una dona per preservar la puresa marital, el despotismetrasbalsador del dictador i els ànims exaltats de rebel·lió del poble oprimit li donen un acabat molt atractiu per la seva riquesa temàtica.

En l’apartat interpretatiu, regna amb corona de serenor, ceptre de temperament i tron de classe superior Enka Alonso (que substituïa Queralt Albinyana en la funció del passat diumenge dia 6 d’abril), dotada d’una versatilitat admirable, que només perd momentàniament intensitat en la recta final. Protegint-la en un honrós segon terme, Blai Llopis (un Brutus madur, ferm i suggeridor) i Agnès Romeu (substituta al seu torn de la pròpia Alonso), minyona de sofriment encès. La resta dels actors acusen certa inseguretat en la recitació i miren de compensar-ho amb la contundència vocal (Xavier Núñez), la ira i l’enveja sibil·lina (Josep Mercadal) i la picardia (Àlvar Triay).

I al capdavall paguem el preu: Sospirem davant el sacrifici de Lucrècia, sanglotem perquè sabem que mai no serem con ella i aplaudim amb furor que ens hagi picat l’ullet a l’Espai Brossa.

Per Juan Marea

“Lucrècia” es representa a La Seca-Espai Brossa de Barcelona fins al 20 d’abril.
http://www.laseca.cat/ca/obra/58/lucrecia–joan-ramis-i-ramis/

“Rojo o negro” en el Círcol Maldà: Jugando a actuar.

En estos tiempos de crisis tan acogedora, parece que solo estamos a salvo si unimos esfuerzos. El arte, tan malacostumbrado hasta que aquella se lo quiso llevar, debe aparcar su individualismo. A cambio, obtendrá la posibilidad de explorar nuevas vías de expresión. También de recuperar aquellas que desde siempre funcionaron cuando de lo que se trata es de comunicarse con el espectador, que nunca se mantuvo al margen del proceso.

El teatro es amigo humilde las más de las veces y, por ello, no se le caen los anillos a la hora de reducir distancias. Incluso ciudades tan rutilantes como Barcelona ven crecer sin rubor nuevas plataformas escénicas para probar ante un público transversal esbozos de pequeñísimo formato. Las compañías más animosas despliegan ante un “respetable” poco acostumbrado a serlo propuestas breves que se pretenden ingeniosas y que la mayoría de veces suponen caldo de cultivo de dramaturgos emergentes, actores entusiastas y directores versátiles.

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Rojo o negro” es una de las muestras más recientes de esta tendencia y aporta como seña distintiva la apuesta (nunca mejor dicho) por el componente del azar. Los espectadores son invitados a utilizar la ruleta para decidir cuál será la historia que luego verá representada; a tirar un dardo a la diana encargada de indicar el espacio escénico en que transcurrirá; e incluso condicionarán con el sobre que sujetan nerviosos desde la platea la actitud de los protagonistas de la función. Los actores, por su parte, desarrollarán su aptitud a lomos de la docilidad y agitando alas de creatividad galopante.

Nicolás Rivero dirige con gracia este “casino teatral” y, como simpático maestro de ceremonias, llama a filas a sus actores para que no solo desfilen por el escenario que ellos mismos deben construir sino para que, además, tiren a matar a los personajes que les desafían.

Los textos elegidos para la sesión inaugural fueron de diversa naturaleza: el ambiguo y artificioso “Bla, bla, blanc” de Jordi Oriol incluía una frase que vale por sí todo un espectáculo: “A veces, decir cosas bonitas da miedo”; siguió el a ratos inquietante “La càmera” de Guillem Clua y quedaron lamentablemente eclipsadas (¡cuando todos juegan, no todos pueden ganar!) las mejores piezas: “La llamada”, efervescente sugerencia escénica de Laia Martí y, sobre todo, la deliciosa “Tu mirada vidriosa cuando me miras.” de Albert Tola, elegante reflexión sobre la dualidad del artista.

Los actores, entregados aunque desiguales, mezclaron ocurrencias y experimentaron para solaz de su público: el magnífico Eduardo Telletxea, un expresivo Joaquin Daniel, desternillante Maribel Ibarz, aplicado Òscar Bosch y la temperamental Valentina Calandriello.

La dificultad de casar rigor y atmósfera con el factor incontrolable de la improvisación propia de este tipo de planteamientos, junto a los desniveles de ritmo por preceder a cada pequeña representación un par de minutos (en algunos casos, eternos) de preparación, logra saldarlos agradecidamente la Compañía Periféricos Peregrinos y Plataforma L’Específica empleando un tono lúdico que impregna de entretenimiento la siempre inquieta sala del Círcol Maldà.

Rojo o negro_Circol Malda

por Juan Marea

Rojo o negro” se representa en el Círcol Maldà los lunes 7, 14, 21 y 28 de abril a las 21:00 horas. Del 23 al 27 de abril, de miércoles a sábado a las 21:00 horas y domingo a las 19:00 horas.

http://circolmalda.cat/

 

«Camilo Tango Show» en el Teatre del Raval: Catálogo de pasiones

Solemos asociar al tango la sensualidad. También una técnica rigurosa. Porque con este baile los amantes, unidos por un sentimiento infinito, se hallan emparejados como si en cualquier momento fuera a romperse su querer. Y los cuerpos de los artistas que lo bailan deben disociarse: por un lado, la rigidez de sus figuras cara a cara al entrelazarse; por otro, la vehemencia de sus piernas buscando cubrir con ansiedad el leve hueco que les separa; y aun el vuelo de ella orbitando dócilmente alrededor de los decididos brazos de él.

Estos días tenemos en Barcelona a la Compañía Tango Amado dirigida por Verónica Palacios y Omar Quiroga que, cual acróbatas en una acogedora pista de «tango show» instalada en el Teatre del Raval, exhibe el resultado de su esfuerzo encadenando un repertorio de números de danza popular argentina. Apenas hay en su propuesta sensualidad pero sí un virtuosismo relevante. Porque «Camilo Tango Show» es un espectáculo que persigue impresionar y, por ello, la entrega de su equipo artístico resulta disciplinada, laboriosa y eficaz.

La dramaturgia, casi inexistente, cede generosa a la sucesión de números de baile. Ello nos permite contemplar la polivalencia de la compañía, que recorre en apenas setenta minutos el folklore del Río de la Plata alternando dúos de tango alado con coreografías cómicas abruptamente interrumpidas al hacer acto de presencia el elemento dramático, con cierto cariz de denuncia sociopolítica.

La apuesta de Tango Amado es legítima y admiramos la variedad de su programa. Sucede, no obstante, que mientras los aplicados tangueros ejecutan sus pasos medidos y hasta elevados, el sentimiento desaparece y nos sentimos huérfanos. De abrazos escénicos. De besos artísticos. De sonrisas verdaderas. Nuestro deseo de amar se ve satisfecho en los momentos en que Omar puede proyectar de forma minimalista su entusiasmo (el número con María José González Prado es hermoso por la elegancia de ella y la frescura de él; su duelo con un esforzado Jorge Pahl  en medio de un fervor festivo), o cuando invade el escenario con su ilusión primeriza el cuerpo de baile invitado balanceándose como si formase un tiovivo de suave giro. También con la simpatía de Anabel Gutiérrez Otero y David Samaniego cuando ella le seduce sin piedad y él acepta resignado ser su tierno monigote. Estos instantes, esbozos de magia teatral, junto con las impresionantes piruetas de Palacios y sus compañeros, permiten olvidarnos del tal Camilo y que dejemos de preguntarnos qué pinta por allí.

Por Juan Marea

«Camilo Tango Show» se representa en el Teatre del Raval de Barcelona hasta el 13 de abril.
http://www.teatredelraval.com/

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Amores voladores

«El Setè Cel» en La Beckett: En las brasas de la vida

Cuando Irving Berlin permitió susurrar a Fred Astaire en «Sombrero de Copa» que uno estaba en el cielo al abrazar al ser querido, no nos contó toda la verdad.

En los sesenta, la ópera-rock «Hair» aprovechó el huracán de libertad de expresión con melenas al vuelo para propagar alegremente el sexo más físico como salvador contra «políticas» sentimentales.

Y llegamos ahora donde nos proponíamos con este artículo: A finales de los setenta, Caryl Churchill despliega un mapa del Séptimo Cielo y lo sitúa entre la represión emocional y la rigidez de las convenciones sociales.

En este Cielo tan elevado y de difícil acceso para el común de los mortales, coincide una familia inglesa lastrada por una educación victoriana. Pero Churchill, juguetona, en lugar de contar sus sollozos, decide encarrilar a sus protagonistas en una comedia vodevilesca campestre haciéndoles respirar una  malévola «joie de vivre»: Sus impulsos sexuales son afilados cuchillos para que unos se los claven a los otros como quien no cortase nada. Y Caryl intenta desde su dramaturgia abrir en canal el escenario apostando por los opuestos en la asignación de los personajes y liberando la jocosidad en las situaciones dramáticas para que el resultado sea de un surrealismo impactante. Así nos convence de que la sexualidad instintiva puede humanizarnos al ayudarnos a expresar emocionalmente.

La propuesta de Churchill lograría su propósito si no se empeñara en entrar en el terreno del dogma: Cuando afronta la segunda parte de la pieza, trasladando a los títeres a la época «actual», el espectáculo se convierte en un entremés aleccionador sobre la normalización sexual (especialmente, la homosexual en su doble vertiente) superfluo y hasta vulgar sin que además venga a cuento. Porque ver corretear a sus criaturas antes en medio de la selva nos pareció resultón y sugerente. Y lo que sigue después parece un episodio serio de «Queer as folk«.

Ahora la directora Glòria Balañà i Altimira extiende estas nubes celestiales en la Sala Beckett barcelonesa y obtiene una morada escénica irregular. Triunfa a la hora de dar el tono a la primera mitad de la obra, entre tierno y grotesco, y confiriendo cierta espectacularidad al inicio (con la canción de presentación de los personajes) y al fin del acto (de un efectismo tan eficaz que podría haber cerrado la obra estupendamente). También acierta con alguno de sus actores: majestuosa Teresa Urroz como suegra ladina; desenvuelto Lluís Olivé como mosquita muerta deseando devorar; y sensible Marta Montiel como niño delicado y desconcertado. Balañà fracasa, en cambio, limitándose a desempolvar el apolillado discurso de Churchill del segundo acto en vez de lanzarse a la celebración gozosa de la carne (y del sentimiento) de manera valiente. Tampoco resuelve bien la dirección del resto de actores, que se mueven perdidos entre el histrionismo y la falta de matices a la hora de vomitar sus parlamentos monologados.

Y cierro con una alusión a uno de los momentos más sugerentes de este diabólico Edén: Cantan los protagonistas que «todo será perfecto cuando lleguemos al Séptimo Cielo, pero tengamos cuidado entonces…». Mejor aún: Descuidémonos un poquito, que ya se encarga lo demás de devolvernos al mundanal ruido.

por Juan Marea

«El Setè Cel» se representa en la Sala Beckett hasta el 13 de abril.
http://www.salabeckett.cat/arxiu/el-sete-cel-de-caryl-churchill-traduccio-darnau-marin-diaz.-direccio-gloria-balana-i-altimira

ImageDecidido Olivé corriendo por la pradera

(fotografía de Aleix Marín)