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“Mejor … es posible” en la Sala Cero de Sevilla: ¡Bendita crisis de pacotilla!

¿Ya estamos todos? ¿Sí? Siéntense, por favor y hagan mucho ruido. Sí, me han oído bien: Los artistas quieren alboroto. No, no se preocupen por ellos: Sabrán cómo hacerse escuchar. Y acabaremos adorándoles, ¡ya lo verán!

Después de pasar lista y comprobar que el aforo (casi doscientos espectadores, los mismos que se impacientan) está completo, comienza esta insólita “conferencia teatral“. Porque Síndrome Clown cree que ha llegado el momento de prestarnos un poquito de su filosofía artística. He aquí su síntesis: la desinhibición, la frescura, la empatía escénica y la falta absoluta de pretensiones.

Para la ocasión, desterremos cualquier ínfula de ser partícipes de una pieza delicada o especialmente arriesgada. Pero resulta que esta pareja de cómicos se lo puede permitir. Lo demuestra desde el momento en que entra en la sala saludando al respetable: Su habilidad para comunicar es arrolladora. A un lado, Práxedes aporta la serenidad, el saber estar y desempeña con astuta resignación su labor de payaso serio. Al otro, un zumbón Víctor, que con un leve gesto provoca el despiporre del personal. Y, juntos, imparten con zalamería veterana una sesión de humor teatral sustentado en esa realidad tan cercana que nos sepulta día a día bajo la consigna de la temible palabra de seis letritas siendo la primera una “C” de “cachondeo“, tratándose la última de una “S” de “sensacional“. Por obra y mucha gracia de estos humoristas. Ante tal panorama, los del Síndrome estructuran (y tómese este verbo como el mejor empleado de todas estas líneas) impecablemente una sesión pseudomagistral de autoayuda para desarticular miedos, insultar frustraciones y hermanarnos todos en la lucha.

Mejor … es posible” entretiene, distrae y además nos permite (la última palabra siempre depende de uno mismo) reflexionar. Y lo hace con un repertorio de situaciones surreales, chistes deliciosamente banales e imitaciones muy aplaudidas del entorno. Los temas que trata son, no por manidos hasta la saciedad, menos eficaces: los propósitos de cambio, los fracasos cotidianos, la necesidad de “quitarse del yo” para entendernos como “nosotros” a través del ameno espejo del “ellos-caricatos“. Y, en consecuencia, se obra el milagro: La chispa del Síndrome Clown se propaga por la Sala Cero de Sevilla a una velocidad imparable y las carcajadas se erigen en auténtica barómetro del ritmo escénico. Es tanta la familiaridad que Víctor y Práxedes recrean que sus espectadores se relajan sin mayor esfuerzo y aparcan prejuicios, angustias coyunturales y conflictos domésticos durante hora y media.

Por Juan Marea

ImageLos clowns unidos siempre nos vencerán.

“Mejor … es posible” se representa en la Sala Cero de Sevilla hasta el 18 de octubre.
http://www.salacero.com/Salacero.php?carga=Cartelera&fecha=1381442400

Artespacio PlotPoint de Madrid: Punto de giro a la emoción

¿Qué tienen en común Oscar Wilde, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y el Che Guevara?
¿Pueden público y artistas crear a la vez un espectáculo?
¿Me voy a quedar con las ganas de saber si estas líneas son ciertas?

Las respuestas las tiene Artespacio PlotPoint, plataforma madrileña desde la que despegan este mes de octubre propuestas escénicas seleccionadas para ofrecer una muestra de lo que compañías emergentes ya no pueden frenar.

 PlotPoint ha programado un antídoto eficaz al aburguesamiento social en forma de celebrada apología de la doble vida (“LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO” por Teatreves); el periplo de tres mujeres en constante empeño de completarse con el sexo opuesto (“DEBAJO DE LAS POLLERAS”), o cómo el emblemático Serrat auspicia bajo su música a toda una familia y su acontecer a lo largo del tiempo (“MI MADRE, SERRAT Y YO”, escrita y dirigida por Carlos de Matteis, alma y arte de la Sala). No muy lejos andan las cuitas de un canalla a golpe de canciones del vitalista Sabina: el retrato desafiante del macho en crisis por la imprevista y temible paternidad.”MI PADRE, SABINA Y YO” las noches de los sábados. El anochecer de los domingos en PlotPoint es para «CUESTIONES CON ERNESTO CHE GUEVARA», una ocasión propicia para desenmascarar al mito y ver si lo que queda detrás merece la pena aclamar.

Que se pongan ahora los niños, que también los queremos conocer: BULULÚ, ATOLONDRADO y sus “ESPECTÁCULO SONADOS” vienen con un amplio abanico de cuentos musicales. “EL CANTACUENTOS DE MARTINA” reúne y reparte narración y canción; “MARTINA AT THE ZOO” o un paseo bilingüe con los animales urbanitas y “LOS MOSQUETEROS DEL REY”, que conseguirán sacar de quicio a Dumas al mismo tiempo que enloquecer a los pequeños espectadores.

Y como nuestra condición de espectadores no nos exime de la pasión creadora ni del afán lúdico, los viernes por la tarde “ARTYLOGICO” será el pretexto para que El Club de la Impro despliegue un espectáculo a partir de la complicidad del público y la capacidad de sugestión de los objetos que hasta ahora seguro creíamos confinados en nuestro encierro doméstico.

Pero si somos amigos del susurro y la corta distancia, Ireala Teatro viste el escenario con verbo delicado y enmudecidos ataques en “VERANILLO DE UN MINUTO”.

Cerramos por ahora con un divertido grito a la libertad sexual, que para la compañía residente de PlotPoint es uno de los ingredientes más sabrosos de nuestra receta para la felicidad: “LA VIDA ES BELL@ (LOS DÍAS CONTADOS DE ALEJANDR@ Y SU TRACTOR AMARILLO)”. Todos los sábados y poco antes de cenar.

Por Juan Marea

Artespacio PlotPoint
C/Ercilla, 29, de Madrid
Teléfono: 914749765
http://www.plotpoint.es/

 

“¿Cuchara o tenedor?“ en Sala Fundición de Sevilla: ¿Todos a la mesa?

En la mesa no se habla.
Pero aquí los comensales lo hacen por los codos.
En la mesa se come uno lo que le pongan.
Y los que a ella se sientan se debaten entre lo que les toca en el plato y lo que verdaderamente quieren tomar.
En la mesa se usan los cubiertos.
Pero ambos asistentes acabarán usando las manos.

¿Cuchara o tenedor?” es una comedia que explora con generosidad los riesgos personales de la “esquizofrenia social”. A lo largo de dos monólogos alternantes, que van caprichosamente de un protagonista al otro, conocemos con detalle la dificultad de dos personajes cada vez más hartos de la esfera pública que les encumbró, cada vez más desesperados por reivindicarse como criaturas humanas.

La Compañía andaluza Tenemos Gato propone a ritmo de chiste fácil, gesto histriónico y carisma de sus intérpretes una reflexión sobre la importancia de poder querer a otro y, además, de acuerdo con la esencia de uno mismo más allá del encasillamiento social.

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Cristina chispeante

El montaje, lejos de artificios escénicos y seguro de la eficacia de su premisa temática, se desarrolla sin apenas pudor por un sendero en el que el oficio de los intérpretes ayuda al público a transitar con cierta decisión. Cristina Rojas se muestra bulliciosa, divertida, desquiciada y excesiva. Siempre deliciosamente vital. Es “cuchara” que nos haría engullir cualquier mejunje que procediera de plato escénico. Su gracia y expresividad son fieles compañeras y momentos como la narración del encuentro con el “negro” resultan irresistibles. Homero Rodríguez Soriano, en cambio, ofrece una progresión más inteligente: A él le tocó “cacarear” al principio según los temibles estereotipos. Y aunque su “plumaje” es esporádicamente resplandeciente, será cuando se despoje de la “cresta” cuando empiece a reinar en escena: El “tenedor” con que nos ataca es incisivo pero afortunadamente no probaremos del todo gustosos bocado hasta que decida clavárselo a su propio personaje. Entonces, Homero exhibe una ternura considerable.

El mantel en el que se sirve este alegre ágape es prometedor por su concreción estética: Cada personaje se encontrará encerrado en los límites de una alfombra que compone con la iluminación y el vestuario un todo: naranja para él, azul para ella. Pero la dirección de Luis Felipe Blasco Vilches no aprovecha dichas posibilidades. Como tampoco el recurso a la fragmentación a la hora de ir desarrollando la historia de cada personaje: La dramaturgia del mismo Blasco Vilches ensambla con cierta habilidad las dos líneas argumentales y, de este modo, potencia el suspense del espectáculo. A pesar de que cada una de ellas es absolutamente independiente y de no encontrarse una y otra más que en aislados momentos para subrayar metateatralmente el mensaje final.

Y, por último, si analizamos el “menú”, constatamos que la ligereza expositiva del argumento, demasiado preocupado por buscar la complicidad inmediata del público, dificulta entrar en el tema que se trata. Pero como a Blasco Vilches le interesa sobre todo que “piquemos algo” y hagamos después una “buena digestión”, abandona cualquier pretensión de abordar con profundidad la cuestión en aras del entretenimiento más inocuo. Y lo consigue. Aunque sea parcialmente porque a este simpático “aperitivo” le sobra media hora.

Por Juan Marea

ImageHomero inquieto

“¿Cuchara o tenedor?” se representa en La Sala Fundición de Sevilla hasta el 6 de octubre
http://www.fundiciondesevilla.es/fundicion-teatro/
http://www.tenemosgato.es/

Compañía Elejedelmal: “Mareamos al público para que luego vomite.”

Gerard Nicasi, director, es la calma. Marc Ribera, actor, la tempestad. Navegar por estas “Cèl·lules T” será accidentado y apasionante.

ImageGerard, de claro; Marc, oscuro

¿Qué son las células T?
Marc: Son las defensas del cuerpo. El Colectivo Positivo las conoce muy bien. A medida que avanza la infección de VIH en un enfermo , estas disminuyen. En el fondo, todos somos unos supervivientes. Por el simple hecho de no estar muertos. No somos más que células T.

El espectáculo se basa en la obra “T-Cells and Sympathy” de Michael Kearns. Se le cayó la “simpatía” a vuestra adaptación.
Gerard: Seamos claros: Los monólogos que integran nuestra obra son historias muy crudas. Nos pareció que mantener en el título la palabra “Simpatía” podía inducir a error y decidimos quedarnos con lo básico, las “Células T”.

¿Qué hay en común en los monólogos seleccionados para este montaje?
G: Su humanidad. Al hacer la selección de entre los treinta y cuatro que componen la obra original, intentamos que todos ellos permitieran al espectador identificarse. Más allá del hecho de que todos hablen del SIDA, en la puesta en escena hemos buscado ese acercamiento al público a partir de la simple mirada del actor.

Decís que vuestra visión de la realidad es “cruda, clara y directa”. ¿Hacéis denuncia?
M: La denuncia la hace el espectador. Es él quien debe reflexionar para llegar a sus propias conclusiones. Nosotros le ofrecemos un material con alta carga emocional. Le mareamos para que luego vomite.

¿Por qué este texto?
G: Nosotros queremos que deje de estigmatizarse esta enfermedad. Hoy en día aún existe el miedo a tocar a enfermos o a besarles por el temor del contagio. Y nosotros decimos: “Esto ya ha pasado. Hemos evolucionado. ¡Tranquilos, no pasa nada!”. Kearns, además de ser enfermo de SIDA, siempre ha sido un activista del tema. Para él, estos monólogos son su testamento teatral.
M: Lo que a mí me fascina del SIDA es que a través del amor transmite la muerte. “Eros” y “Thanatos”. No existe el sexo seguro pero sí podemos poner barreras al avance de este virus.

¿El teatro puede escandalizar?
G: Sí y eso es bueno. Porque así el espectador conoce e incluso puede rectificar cuando haga falta. En resumidas cuentas, pierde el miedo.

¿Qué rasgos caracterizan a Elejedelmal?
M: Queremos estar atentos a la realidad y explicarla después sin decorarla. Nos gusta el hiperrealismo e integrar directamente al público en el espectáculo.

Gerard: ¿Cómo resumirías el proceso de preparación de una obra de teatro?
G: El teatro es un trozo de vida a pocos metros y te lleva a todo un mundo. Los primeros días de ensayo son de caos total. ¡No entiendes nada! Pero a partir de un momento determinado, parece que todo se ordene solo. Entonces empieza a hincharse como si fuera un soufflé.

Marc: Háblanos de “Joey”, tu personaje.
M: A mí me gusta mucho trabajar desde el exceso, desde la desgracia. Aunque luego vaya a hacer una comedia estilizada. Yo gestiono bien ese exceso, incluso en mi vida personal. Elegí mi personaje porque me pareció el más excesivo y desgraciado. Porque es una persona viva.

Las interpretaciones de los actores son contenidas.
G: Lo pedía el hiperrealismo que buscábamos. Hasta nos documentamos con un experto.
M: Así el público ve algo vivo: relaciones humanas. Huimos del estereotipo. ¡Se puede ser gay y tener sentimientos!

¿Cuáles han sido las últimas obras que os gustaron?
M: A mí me encantó “Hedda Gabler” en el Teatre Lliure.
G: “Sé de un lugar” de Iván Morales.
M y G: ¡Y “El loco y la camisa” de la Compañía Banfield Teatro Ensamble!

¿Qué ha supuesto que el SIDA se instalara en nuestra sociedad contemporánea?
M: Pues que se trajera el miedo y que se volviera a señalar a la gente. Los médicos se negaban a dar tratamiento a los pacientes. ¡Y a los que morían de esta enfermedad les envolvían con bolsas de basura! Ello demuestra una vez más que los humanos somos asquerosamente crueles. El virus del SIDA encaja mucho en la sociedad de hoy en día.

¿Cuál es el “Mal” actual de esta sociedad?
M: La falta de respeto hacia uno mismo. La ignorancia oculta tras la máxima de “todo es correcto”. (De eso los catalanes sabemos mucho con el “aquí no passa res!”.) Evitamos continuamente el sufrimiento. Y resulta que, en el fondo, todo es una desgracia: desde las relaciones íntimas hasta la política. Pero si aceptas la desgracia, las cosas empezarán a salir bien.

Por Juan Marea

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 «Cèl·lules T» se representa en la Sala Porta 4 de Barcelona hasta el domingo 29 de septiembre
http://porta4.cat/programacion-mas-info.php?id=156

“Orgia” de The Mamzelles: Voto de castidad obligado

Tres eran tres las hijas del Rey. Y las tres deberían hacerle los honores.
¡Venga, pues! Pizpiretas cuando están juntas, The Mamzelles tienen su encanto y lo exhiben en cuanto se les presenta la ocasión. Juntas, se complementan como pocas. Su condición de “starlettes” se afianza paso a paso y nos las impone como una rara avis en el panorama del music hall catalán.

Y por separado hasta tienen entidad propia: Bàrbara Mestanza, animosa y procaz, enloquece en la pista de baile. Paula Màlia, falsa mosquita muerta (como todas, no es ninguna novedad), aventaja en el ritmo del diálogo. Y Paula Ribó, frágil y versátil, vuela cuando entona con su registro lírico.

“The Mamzelles” andan metidas estos días en un fregado que no habrá forma de que quede reluciente. La “orgía” que se montan es un disparate descomunal que, avergonzado de los tintes que va adquiriendo conforme avanza la ¿acción?, se repliega más y más en sí mismo para acabar siendo un producto inane del que difícilmente poder escapar con vida.

El texto de Àlex Mañas apunta ideas oportunas en algunos casos: La cosificación del individuo para llegar a ser “valorado” por los demás; la dependencia emocional consecuente. Y chispea cuando insiste en temas más bien oportunistas: El enfrentamiento a bocajarro de las dos tendencias más extendidas hoy en día en este supermercado de la autoayuda en que nos vendemos al charlatán más desprejuiciado. ¿Dejamos fluir la vida y nosotros nos hundimos en su flujo o bien nos multidirigimos hacia nuestros inalcanzables objetivos de felicidad de pacotilla?.

Pero la dramaturgia ni encuentra su tono (lo que empieza como una comedia de “buen rollo” de “friendgirls for life” intenta acabar como un rosario en el que la “aurora” de marras resulta que había quedado ya) ni transmite la menor sensualidad o morbo (a pesar de los desnudos tan generosos como gratuitos de sus protagonistas). Tampoco el estilo musical elegido para vehicular la historia resulta convincente: El ritmo electropop se lleva a matar con esas letras de “Al salir de clase” a la catalana.

¿Y qué pasó con las princesas? Pues que estuvieron exultantes cuando las dejaron recurrir a su ingenua picardía, sobre todo cantando, e imposibles tomándose en serio este experimento fallido.

por Juan Marea

O 1

Mamzelles descolocadas

“Orgia” se representa en el ciclo “Aixopluc” del Teatre Lliure de Barcelona hasta el domingo 29 de septiembre
http://www.teatrelliure.com/ca/noticies/primer-aixopluc-mamzelles-teatre

“Els músics del silenci“ de la Compañía Mummenschanz: El patio de mi casa es universal.

¿Cómo se explica un patio de butacas lleno de niños después del crepúsculo?
¿Quién entiende que a los pocos instantes de iluminarse el escenario la platea estalle en carcajadas sin que los actores hayan dicho ni una palabra?
Intentaremos averiguarlo.

El impacto visual de este espectáculo es tal que le bastará desplegarse en una retahíla de «sketchs» por los que se paseen los personajes más disparatados sin venir al caso.
Pero no, no es así exactamente.

El caso es que los suizos Mummenschanz convocan con generosidad en el escenario del Barts de Barcelona un grupo de criaturas escénicas encantadoras: Manos gigantescas que descorren con encantadora desenvoltura el telón para disparar poco después al público hechizado. Tubos interminables que se contraen y dilatan ante las adversidades del trayecto. Seres enmascarados de facciones infinitamente cambiantes en un duelo gestual sin piedad. Un juego constante de figuras y formas que se cruzan, se oponen y felizmente se combinan para celebrar sin rubor alguno los cuarenta años de la Compañía.

Este universo delirante nos resulta muy fácil de transitar por su cercana poética. La belleza del espectáculo emana de una equilibrada plasmación de emociones a partir del recurso al color, la geometría espectacular de los personajes y su movimiento en escena en un constante impulso acrobático.

Dichos “músicos silentes” no son tímidos en absoluto. Más bien sabios a la hora de probar cómo el lenguaje universal de signos y símbolos abre en canal la comunicación. Y que multitud de consignas pueden ser entonces invocadas.
¿Y qué pasa con el fondo? Pues que se desdibuja tras el desfile constante de escenas. Ello lastra parcialmente el valor sugestivo de esta propuesta, obcecada en demostrar una y otra vez el “más difícil todavía”.

Lo que ya hemos averiguado unos párrafos más arriba ahora debemos constatar: El espectador, embelesado, se siente mimado. Sin apenas azote a su conciencia, la ternura y el humor inmaculado le sumen en un agradecido recreo.

Por Juan Marea

M 1

Si somos flexibles, podremos jugar.

“Els músics del silenci” se representa en el Barts de Barcelona hasta el domingo 29 de septiembre.
http://www.barts.cat/
http://www.mummenschanz.com/

“Cèl·lules T” de Elejedelmal: Nueve negritos que sobreviven.

Dejemos paso. Que vienen nueve distinguidos invitados.

ImagenMaria Hernàndez en carne y manifiesto

Para no despertar falsas expectativas, les dejaremos que se mezclen entre la multitud congregada para ver el espectáculo.

Y no solo eso: al llegar a Porta 4, se nos pide amablemente que nos identifiquemos. Aquellos nueve elegidos y nosotros vamos a formar un espacio escénico estremecedor.

Los nueve lo son porque serán juzgados implacablemente. En el transcurso de una terapia, uno tras otro irán desmarcándose. Juntos perfilarán el cordón umbilical que les une. El mismo que también les aleja de la comprensión ajena.

Gerard Nicasi, director, alinea pues a un grupo de actores que busca su lugar bajo el sol sin más apoyo que su capacidad expresiva y su habilidad para hacer creíbles personajes deliciosamente humanos porque a medida que van desgranando su lamento, a lo largo de estos nueve monólogos, deben esquivar el peligro de quedar sepultados por el desgarro de la sobreactuación. Nicasi, generoso, les mima al despojarlos de cualquier artificio escenográfico. Nicasi nos maltrata a cambio pues no nos deja mantenernos al margen. Nicasi, finalmente, triunfa: El esfuerzo de los primeros hace mella en nosotros y convierte en estupor la alerta creada inicialmente.

Nicasi y sus nueve presentan en sociedad la Compañía Elejedelmal y su talante coral casa bien con la estructura de la dramaturgia: Una selección de nueve discursos dramáticos de la recopilación “T-Cells and Sympathy” de Michael Kearns.
Para divulgar, hacer pedagogía y emocionar sobre los estragos del SIDA abordándolo desde una multitud de combinaciones posibles, paradojas de esta vida en la que el dedo que acusa (magnífico David Teixidó como hemofílico desde una socarronería inolvidable; enérgico Francesc Vila cuyo conflicto interno de sacerdote homosexual altamente practicante se traduce acertadamente en una ira finalmente descontrolada) suele ser finalmente ajusticiado.

La misma vida que no duda en declarar el determinismo de quien se convierte en desalmado emocional por haber sido antes vilipendiado (desquiciada Maria Hernàndez al vomitar sus traumas infantiles y ya no ser capaz de restablecerse jamás sentimentalmente; carismático Marc Ribera que exhibe una estupenda versatilidad al narrar su conversión de chapero ocasional en asesino brutal).

Pero es que además esta obra rompe ideas preestablecidas: Ni todos los personajes que sufren son homosexuales (elegante Mar Pawlowsky como testigo cuasimudo de la pérdida de un ser queridísimo; convincentemente cotidiana Anna Elias al admitir con generosidad que ama aún más a su pareja cuando asume que él es homosexual). Ni son necesariamente los “temibles maricas” los que quedarán letalmente condenados (tierno Xavier Grivé que de cola de león a la sombra del insigne Rock Hudson pasa a admirable cabeza de ratón cuando decide cuidar a quien infectado le desvirgó; resuelto Eric Balbàs implorando afecto desde su paradoja antropomórficosexual).

Además, también estas “células” nos sirven para reflejar la ironía de la condición amatoria: El “gay” reprimido que alza poderosamente su voz al tomar el testigo de su propio hijo (un Gal Soler con oficio y beneficio).

Obviemos cierto histrionismo en algunas interpretaciones y subrayemos la contención corporal de todas ellos. Relativicemos que el desenlace no está a la altura de las circunstancias por no resolver coherentemente el naturalismo perseguido a lo largo de toda la representación. Tampoco nos pesará demasiado cierta reiteración en el ritmo. Porque las “células” de Elejedelmal tienen vida propia y combaten con tesón.

por Juan Marea

ImagenEric Balbàs y la magnitud de su tragedia

“Cèl·lules T” se representa en la Sala Porta 4 de Barcelona los domingos de septiembre
http://porta4.cat/programacion-mas-info.php?id=156

Pep Tosar, protagonista de “Sa història des Sr. Sommer” en el Círcol Maldà: “El Sr. Sommer escapa de la vida y de la muerte.”

Pep arrincona la melancolía con la luminosidad de su ilusión. Pep afronta la madurez escalando la copa del árbol más alto. Ese que se riega con el entusiasmo de salir al escenario. Y el árbol crece aún más.

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El Círculo de Tosar

Esta es una historia tierna y triste.

La ternura suele viajar acompañada de algo de tristeza. Patrick Süskind maneja de forma muy acertada estos dos sentimientos en la novela que inspiró nuestro espectáculo. Y consigue así un alejamiento emocional.

“La historia del Sr. Sommer” explica la fascinación que su narrador sentía cuando era niño por su vecino, el Sr. Sommer.

La acción transcurre durante la infancia del protagonista, que nos cuenta desde su vida adulta. A medida que avanza, se da cuenta de la importancia de la misma. El Sr. Sommer es una especie de proyección del protagonista, de recuerdo, algo que le hace recapacitar sobre los momentos que han marcado definitivamente su personalidad y su destino. A menudo provienen de esa época frágil en la que siendo niños dejamos de serlo.

 ¿Qué diferencia la mirada de un niño de la de un adulto?

Un niño lo ve todo de forma tan espontánea que no aprecia la dimensión de su valor. Cuando se vuelve adulto y asume que debe llevar una vida al lado de otros adultos, entiende que lo que ha vivido han sido lecciones preparatorias de ese futuro tan alejado de la mente infantil.

 ¿Cuáles son las vivencias del niño protagonista de “La historia del Sr. Sommer”?

Pues tendrá su primer contacto con la decepción amorosa, la mentira y la muerte: esos parajes que, transitados, nos convierten habitualmente en lo que acabamos siendo. No está protegido contra esas experiencias, que le atacan directamente y por eso siente miedo.

El Sr. Sommer es taciturno y misántropo. Y, pase lo que pase, sale cada día a caminar incansablemente con un largo bastón y una mochila vacía.

El Sr. Sommer anda las veinticuatro horas del día. Porque escapa de la muerte. Y de la vida. En realidad, de su imposibilidad de adaptarse al mundo que le rodea. Crece y envejece pero renuncia a ser adulto. El narrador se pregunta: ¿De lo que le pasa al Sr. Sommer, cuánto podría pasarme a mí?

 El misterioso Sr. Sommer no desaparece hasta que el protagonista deja de subirse a los árboles.

Cuando el niño siente que ya no se le ha perdido nada encaramándose a un abeto o a un abedul, empieza a ser adulto. Justo en ese momento, el Sr. Sommer deja de ser un misterio. Ya no le inquieta. Pero entonces a nuestro protagonista le sacude la duda de si fue buena idea bajarse de los árboles.

¿Cómo convive Pep Tosar con el Sr. Sommer desde que se conocieron?

Estrenamos este espectáculo hace 20 años en la Fira de Tàrrega. Al cabo de diez años, yo ya tenía la misma edad del personaje que interpreto. Ahora, en cambio, me acerco más a la edad del Sr. Sommer: ¡A lo mejor me está llegando el momento de coger un bastón, empezar a caminar y dejar que la historia la cuente otro…!

¿A quién dedicáis “La historia del Sr. Sommer”?

La hemos representado para todo tipo de público: gente mayor, niños pequeños que la viven boquiabiertos… En realidad, se dirige a espectadores que busquen algo más que simple entretenimiento. No se trata, sin embargo, de un texto difícil: Basta con sentarse a disfrutarlo, divertirse y dejarse conmover.

Todos tenemos un Sr. Sommer que se parece al del protagonista. ¿Cuál es el de Pep Tosar?

Este mes pasado, durante mis vacaciones, pasé por delante de su casa. Le conocí con quince o dieciséis años. Era un hombre muy marcado por un pasado violento y de la noche al día decidió romper con la sociedad. Así que se instaló en un molino en ruinas a unos pocos quilómetros del pueblo en el que me crié. Solo se alimentaba de lo que él mismo había cultivado. Sembraba incluso su propio tabaco. Con cerca de ochenta años, siempre rodeado de moscas… Me impactó mucho.

 ¿De qué sirven los recuerdos de infancia cuando uno ya no es niño?

La persona sin recuerdos es una persona llena de desconcierto: No sabe quién es ni hacia dónde se dirige. Los recuerdos son nuestras boyas, nuestros puntos de referencia. Con ellos, intentamos “cagarla” lo menos posible. Aprendemos así a preparar los errores que estamos a punto de cometer.

 Lluís Massanet, coautor de la dramaturgia, dice que “la rememoración es un invento narrado”.

El pasado necesita ser reinventado día a día a través de la narración. Probablemente surja de ahí la necesidad de las personas de escuchar las historias de los demás. Dicen que no hay nada más interesante para uno que saber lo que le pasa a otro.

 ¿El teatro también es útil para cumplir ese objetivo?

¡Por supuesto! El teatro es el espacio donde esto sucede con absoluta libertad y fuera de todo peligro. El teatro es el espacio donde la vida es completamente narrable, permeable y «revisitable». Y con un distanciamiento que permite que podamos emocionarnos, incluso sufrir, al contrastar nuestra propia experiencia con la de los personajes.

 ¿Dónde está el peligro entonces?

El verdadero peligro está en la vida real.

 Estas funciones suponen la despedida del Círcol Maldà, que cierra a finales de este mes.

Nuestro contrato de alquiler expira el 30 de septiembre y el propietario del local no nos ha permitido renovarlo. Pero estoy muy satisfecho de estos cinco años porque han sido lo más importante de mi carrera profesional.

 ¿Qué pasará después?

Estoy preocupado, aunque no triste, por el futuro de nuestro proyecto artístico. Necesitamos urgentemente un lugar donde aterrizar para poder comunicárselo enseguida a nuestro público. El mundo actual es dificilísimo y no podemos limitarnos a esperar que ocurra un milagro…

por Juan Marea

sa-historia-des-senyor-sommer_img-129519La bondad de Pep

Pentateatre Atòmic en el Aquitània Teatre: Viaje alucinante sin aditivos

titol-per-determinarMinguet, Torres y Boix determinan.

¿Qué son quince minutos de tu vida? ¿En qué se convierten si les sumas tu expectación más la entrega del artista? ¿Y si el resultado lo multiplicas por la posibilidad de prorrogarlos cambiando de registro escénico? Deja la calculadora, aprésurate a dividir tu recelo y vamos al Aquitània.

Pentateatre Atòmic nos organiza una ruta por cinco satélites escénicos, que giran en torno al deseo de romper con ideas preconcebidas sobre el hecho teatral. Para ello, estemos dispuestos a recorrer las instalaciones de la antigua sede de la Filmoteca de Catalunya. Aquellos rincones que hasta ahora permanecían ocultos del interés del espectador, que se dirigía sin vacilar a la enorme sala de proyecciones. Ahora será allí donde nos agruparán para la visita. Y sin más escafandra que nuestra curiosidad, rápidamente constatamos que la atmósfera festiva se respira en cada parada. Porque en cada una nos aguarda una propuesta iconoclasta. Desentumecemos nuestros músculos, activamos nuestra capacidad receptiva y relajamos los prejuicios. Del cielo al infierno.

En la azotea del edificio pentaocupado, nos recibe la excelsa “Crisis”, pieza escrita y dirigida por el vehemente Marc González de la Varga y de exquisita ternura que nos invita a una fiesta de cumpleaños-sorpresa. Conocemos a Asunción (soberbia Alzira Gómez) y a su compañero Harpo (entrañable Albert Eguiazábal). Nos sirven una historia de corte clásico que recupera acertadamente la apuesta por el carisma de unos personajes anodinos a los ojos de quienes seguramente les rodean pero que con tesón escénico sus intérpretes nos harán recordar fuera de allí.

No debemos bajar la guardia porque bajando apenas un tramo de escalera nos abducen los “esbirros” de Iván Morales en el espacio de la antigua sala de proyecciones. Es el «Títol per determinar«. Como si se tratasen de primos hermanos de “Magenta”, “Riff-Raff” y el “Dr. Frank-n-Furter” escapados fugazmente del “Rocky Horror Picture Show”, la inquietante Carla Torres; el imprevisible Joel Minguet y un Oscar Boix maestro de ceremonias tan grotesco como ambiguo, nos señalan con el dedo en un ejercicio metateatral que explora entre el terror y la sugestión el siempre controvertido tema del liderazgo de la manada. Y nos dejan boquiabiertos por la habilidad de Morales de ponernos entre las cuerdas de la incomodidad de conciencia.

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Bonjour acecha y Riera no exorciza.

Tras un portazo certero, nos consolamos en los dominios del “Séptimo chakra”, de Raül Z. Méndez, disparate resultón que reduce el dramatismo de quien agoniza en su lecho pero que no pierde por ello el sentido del humor (despiadada Elisabeth Bonjour) y le enfrenta a un ridículo charlatán, otro gurú orientalista con denominación de origen de ciudad dormitorio del área metropolitana (divertido Josep M. Riera). Ahora vivimos comedia desenfadada y nos sorprendemos soltando carcajadas intermitentemente.

Pero el delirio vuelve después a rodearnos: Albert Garcés, Nano Márquez y “La nit dels petons” osan desafiarnos ahora con la crónica de un viaje constante al sentimentalismo enquistador desde un presente que no es más que una terrible premonición del futuro casi inmediato: sin apenas margen para la improvisación. El texto, algo confuso, se atasca cuando ya no puede avanzar más por mostrar sus claves muy pronto sin hallar un desenlace convincente. ¿Ironías del destino?

Y ahora ya estamos listos para paladear ese infierno que os anunciaba hace unos cuantos párrafos: “El Paco Donald” emerge de entre neones de la “Sala Amsterdam” para reunir lo más glorioso y lo más patético de la profesión de actor. Todo eso cabe en la rotundidad de su protagonista absoluto, Paco Moreno, un animador temible para los espectadores más rezagados y que roza por momentos nuestro rubor para señalarnos sin piedad como sus orgullosos cómplices cuando nos confiesa impúdicamente sus temores más humanos.

¿Alguien se atreve a volver a la Tierra ahora?

Por Juan Marea

el-paco-donald Moreno repudia a Daisy en pos del ansiado escenario.

Pentateatre Atòmic
http://www.pentateatreatomic.com/
Hasta el 6 de octubre
Aquitània Teatre
http://www.teatreaquitania.com/
Horario: de miércoles a sábado a las 21 h; domingos a las 19.30 h
En catalán y castellano

 

Fira Tàrrega-Teatre al Carrer’13: Animalidad Urbana

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Nosotros, complementos de nuestra curiosidad y prolongación de la necesidad de sentir viva nuestra inquietud artística.

Tàrrega, contenedor de espectáculos multiformes que en sus límites encuentran acomodo y la definen como enorme escenario global.

Que configura un territorio tan controvertido como Ciudad Juárez y lo erige en supuesto paradigma de la reinvención, esa opción tan aconsejable cuando se toca fondo. La Compañía Teatro Línea de Sombra se adscribe a esa premisa. Desde México, los “Baños Roma” se intentan abrir para que los conozcamos pero su pretenciosidad solo nos permite echarles un vistazo desde la rendija. Esta propuesta pretende provocar y alertar sobre el peligro de la desaparición de los grandes núcleos sociales cuando son progresivamente conquistados por otros pueblos. Pero va disminuyendo su aliento vital a medida que se despliega, como si el propio espectáculo fuera invadido por su pretenciosidad. Los actores olvidan que están allí para recrear y se empeñan, en cambio, en explicar. Peor que eso: en convencernos. Sus parlamentos, repletos de lamento político, no hallan apenas concreción escénica más allá de esbozos que por su inconsistencia alejan cada vez más la predisposición del paciente público. A pesar de ello, la conexión se establece intermitentemente cuando el equipo artístico ofrece momentos más cotidianos. Entonces, jugando con la maravillosa banalidad de cantar en el karaoke o discutiendo sobre cuál es la cerveza más rica, la compañía crea verdaderos momentos de reflexión que ya no son solo de ellos sino que nos llegan a pertenecer. Y lo dicen nuestras sonrisas, que son la antesala de la verdadera conciencia individual. Esa que unida a las de los demás puede ser social e incluso combatir por causas tan loables como la de Antígona, que lo único que quería antaño era poder enterrar dignamente a su amado hermano, llamado aquí “Juárez”.

ImageBaños que intentan salpicarnos
(Fotografía de Roberto Blenda)

Quim Girón nos abordó con decisión quirúrgica en la Plaça dels Comediants y se afanó en urdir un teatrillo de marionetas superpoblado por pollos que pasaban de ser estrangulados a amarse tiernamente y por muñecas que después de ser despedazadas por este aplicado “cirujano” acabaron integrándose en su cuerpo atlético y hospitalario. Entonces, “Indomador”, la propuesta de su compañía Animal Religion, empezó a desplegar alas, las de un artista que entona una parodia grotesca del primitivismo humano y de la diferencia de sexos socialmente apuntalada. Lejos de cualquier tipo de discurso trascendental, Girón se inclinó acertadamente hacia el guiño cómico constante sin darse tregua. El repertorio incluyó un recorrido exquisitamente marciano desde la ambigüedad sexual hasta la hilarante crítica del macho a través de una expresión corporal esforzada, de un carisma escénico creciente, unas acrobacias entusiastas y sobre todo una apuesta por el riesgo constante. Este “animalario” estrafalario y celebrado por todo el público es un claro ejemplo de que la experimentación, cuando parte de la entrega sincera y se completa con la complicidad del espectador, acaba siendo una gran fiesta: la de la magia escénica. Sin trampa ni cartón pero con un intérprete que por momentos fue recortable etéreo y con el que volamos lejos del cemento rutinario.

Por Juan Marea

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Girón atrapado en su animalidad

http://www.firatarrega.cat/fira/
http://www.teatrolineadesombra.org/
http://www.animalreligion.com/animalreligion/ANIMAL_RELIGION.html