Archivo de la etiqueta: Sala Cero de Sevilla

feSt’2014: Los robinsones de los Mares de Híspalis

A todos nos toca nadar en aguas profundas. Las que tienen un cauce compuesto de rutina y obediencia ajena. Pero como las brazadas que debemos dar a diario nos suelen dejar exhaustos, avistar islas es algo muy saludable.

El feSt-Festival de artes escénicas de Sevilla es una de ellas. Y, recorriéndola entre el 17 de diciembre del año pasado y hasta el 27 de enero del presente, podremos recuperarnos de tanto ejercicio acuático.

Esa recuperación puede venir mediante propuestas arriesgadas. Como la lectura psicoanalítica de Diego Anido, que es citado por su hermano en el escenario de La Fundición sevillana para sustituirle al frente de su espectáculo. Una forma de romper el hielo impredecible. Y una oportunidad de que Diego pueda comenzar su terapia. Con SYMON PÉDÍCRÍ, Anido se lanza con frescura y desfachatez a la arena del teatro llamado experimental. Para goce de espectadores avisados y para desconcierto de aquellos y del resto. El espectáculo, una recreación metateatral de cómo el instinto de supervivencia puede llevar a uno a ser su propio laboratorio, cuenta con la simpatía de su intérprete (sugerente al inicio, cargante después) como portavoz de esta exploración del desequilibrio mental que deforma a un ser con problemas de integración social mediante la exacerbación de sus pulsiones sexuales. Este PÉDÍCRÍ tiene momentos de celebrado y ambiguo humor (la lectura inicial de la carta, la procacidad de su ventriloquia) y también cae en sus propias trampas, que, a menudo, son las de la vanguardia teatral en la que se inscribe: Al mirarse más el ombligo su creador que la consistencia dramatúrgica, acaba ensombreciendo los aciertos con un efectismo gratuito.

El nadador cotidiano también recobra fuerzas respondiendo por sí mismo las preguntas que le formula el artista. Y eso hasta le reconforta. Así sucede con PEZES, el delicado mosaico de la Compañía Ultramarinos de Lucas que deslumbra desde Guadalajara también en La Fundición, y cuya lúdica puesta en escena casa bien con el discurso narrativo: Antes de nacer fuimos nada. Y antes, peces. Y vale la pena que movamos nuestras branquias. Marta Hurtado y Juan Monedero nos invitan a ello. Sin estridencias ni tampoco hilar una trama, se deslizan entre el mimo y el teatro de objetos para que los niños (y nosotros detrás de ellos) puedan (y podamos) tener conciencia de quienes somos. Y aplaudimos esa metafísica, poco frecuente en proyectos dirigidos a la comunidad infantil. Además, la belleza plástica de este fondo marino destaca por una sencillez bien entendida: Esa que conduce con firmeza a la elegancia escénica. Por todo ello, disculpamos la discreta interpretación artística de sus artífices.

CERDA

Acabo con unos apuntes dedicados a nadadores tan agotados que a duras penas querrán distraerse. Para ellos va CERDA, comedia muy petarda de delirante trama pero que demuestra una vez más el poderoso influjo de Almodóvar en la subcultura del transformismo. Hace más de treinta años que el ínclito Pedro atacó alegremente con su película “Entre tinieblas” el modus vivendi de las congregaciones religiosas, convirtiéndolas en plataforma inusual para exhibir la crítica sociopolítica y la represión de la identidad sexual mediante una afilada frivolidad. Ahora, La Caja Negra Teatro madrileña emula pobremente la gesta almodovariana y evidencia lo poco que hemos avanzado en este sentido. Y aunque arranca la carcajada del respetable en la Sala Cero, la falta de pulso de Juan Mairena en la dirección provoca un entretenimiento desvaído salvado por la chispeante interpretación de Inma Cuevas (graciosa, expresiva y versátil) y la amenidad de su argumento, que va del humor disparatado al folletín casposísimo con sermones moralizantes incluyendo un sinfín de oportunistas chascarrillos muy resultones.

Otra cosa buena que tiene una isla es que solo llegan a ella los que quieren salvarse. Y mientras sucumbamos al oleaje que nos lleve a lugares como el feSt tendremos la oportunidad.

Por Juan Marea

El feSt-Festival de artes escénicas de Sevilla se celebra hasta el 27 de enero.
www.sevillafest.com

 

“Mejor … es posible” en la Sala Cero de Sevilla: ¡Bendita crisis de pacotilla!

¿Ya estamos todos? ¿Sí? Siéntense, por favor y hagan mucho ruido. Sí, me han oído bien: Los artistas quieren alboroto. No, no se preocupen por ellos: Sabrán cómo hacerse escuchar. Y acabaremos adorándoles, ¡ya lo verán!

Después de pasar lista y comprobar que el aforo (casi doscientos espectadores, los mismos que se impacientan) está completo, comienza esta insólita “conferencia teatral“. Porque Síndrome Clown cree que ha llegado el momento de prestarnos un poquito de su filosofía artística. He aquí su síntesis: la desinhibición, la frescura, la empatía escénica y la falta absoluta de pretensiones.

Para la ocasión, desterremos cualquier ínfula de ser partícipes de una pieza delicada o especialmente arriesgada. Pero resulta que esta pareja de cómicos se lo puede permitir. Lo demuestra desde el momento en que entra en la sala saludando al respetable: Su habilidad para comunicar es arrolladora. A un lado, Práxedes aporta la serenidad, el saber estar y desempeña con astuta resignación su labor de payaso serio. Al otro, un zumbón Víctor, que con un leve gesto provoca el despiporre del personal. Y, juntos, imparten con zalamería veterana una sesión de humor teatral sustentado en esa realidad tan cercana que nos sepulta día a día bajo la consigna de la temible palabra de seis letritas siendo la primera una “C” de “cachondeo“, tratándose la última de una “S” de “sensacional“. Por obra y mucha gracia de estos humoristas. Ante tal panorama, los del Síndrome estructuran (y tómese este verbo como el mejor empleado de todas estas líneas) impecablemente una sesión pseudomagistral de autoayuda para desarticular miedos, insultar frustraciones y hermanarnos todos en la lucha.

Mejor … es posible” entretiene, distrae y además nos permite (la última palabra siempre depende de uno mismo) reflexionar. Y lo hace con un repertorio de situaciones surreales, chistes deliciosamente banales e imitaciones muy aplaudidas del entorno. Los temas que trata son, no por manidos hasta la saciedad, menos eficaces: los propósitos de cambio, los fracasos cotidianos, la necesidad de “quitarse del yo” para entendernos como “nosotros” a través del ameno espejo del “ellos-caricatos“. Y, en consecuencia, se obra el milagro: La chispa del Síndrome Clown se propaga por la Sala Cero de Sevilla a una velocidad imparable y las carcajadas se erigen en auténtica barómetro del ritmo escénico. Es tanta la familiaridad que Víctor y Práxedes recrean que sus espectadores se relajan sin mayor esfuerzo y aparcan prejuicios, angustias coyunturales y conflictos domésticos durante hora y media.

Por Juan Marea

ImageLos clowns unidos siempre nos vencerán.

“Mejor … es posible” se representa en la Sala Cero de Sevilla hasta el 18 de octubre.
http://www.salacero.com/Salacero.php?carga=Cartelera&fecha=1381442400