Fira Tàrrega-Teatre al Carrer’13: Animalidad Urbana

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Nosotros, complementos de nuestra curiosidad y prolongación de la necesidad de sentir viva nuestra inquietud artística.

Tàrrega, contenedor de espectáculos multiformes que en sus límites encuentran acomodo y la definen como enorme escenario global.

Que configura un territorio tan controvertido como Ciudad Juárez y lo erige en supuesto paradigma de la reinvención, esa opción tan aconsejable cuando se toca fondo. La Compañía Teatro Línea de Sombra se adscribe a esa premisa. Desde México, los “Baños Roma” se intentan abrir para que los conozcamos pero su pretenciosidad solo nos permite echarles un vistazo desde la rendija. Esta propuesta pretende provocar y alertar sobre el peligro de la desaparición de los grandes núcleos sociales cuando son progresivamente conquistados por otros pueblos. Pero va disminuyendo su aliento vital a medida que se despliega, como si el propio espectáculo fuera invadido por su pretenciosidad. Los actores olvidan que están allí para recrear y se empeñan, en cambio, en explicar. Peor que eso: en convencernos. Sus parlamentos, repletos de lamento político, no hallan apenas concreción escénica más allá de esbozos que por su inconsistencia alejan cada vez más la predisposición del paciente público. A pesar de ello, la conexión se establece intermitentemente cuando el equipo artístico ofrece momentos más cotidianos. Entonces, jugando con la maravillosa banalidad de cantar en el karaoke o discutiendo sobre cuál es la cerveza más rica, la compañía crea verdaderos momentos de reflexión que ya no son solo de ellos sino que nos llegan a pertenecer. Y lo dicen nuestras sonrisas, que son la antesala de la verdadera conciencia individual. Esa que unida a las de los demás puede ser social e incluso combatir por causas tan loables como la de Antígona, que lo único que quería antaño era poder enterrar dignamente a su amado hermano, llamado aquí “Juárez”.

ImageBaños que intentan salpicarnos
(Fotografía de Roberto Blenda)

Quim Girón nos abordó con decisión quirúrgica en la Plaça dels Comediants y se afanó en urdir un teatrillo de marionetas superpoblado por pollos que pasaban de ser estrangulados a amarse tiernamente y por muñecas que después de ser despedazadas por este aplicado “cirujano” acabaron integrándose en su cuerpo atlético y hospitalario. Entonces, “Indomador”, la propuesta de su compañía Animal Religion, empezó a desplegar alas, las de un artista que entona una parodia grotesca del primitivismo humano y de la diferencia de sexos socialmente apuntalada. Lejos de cualquier tipo de discurso trascendental, Girón se inclinó acertadamente hacia el guiño cómico constante sin darse tregua. El repertorio incluyó un recorrido exquisitamente marciano desde la ambigüedad sexual hasta la hilarante crítica del macho a través de una expresión corporal esforzada, de un carisma escénico creciente, unas acrobacias entusiastas y sobre todo una apuesta por el riesgo constante. Este “animalario” estrafalario y celebrado por todo el público es un claro ejemplo de que la experimentación, cuando parte de la entrega sincera y se completa con la complicidad del espectador, acaba siendo una gran fiesta: la de la magia escénica. Sin trampa ni cartón pero con un intérprete que por momentos fue recortable etéreo y con el que volamos lejos del cemento rutinario.

Por Juan Marea

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Girón atrapado en su animalidad

http://www.firatarrega.cat/fira/
http://www.teatrolineadesombra.org/
http://www.animalreligion.com/animalreligion/ANIMAL_RELIGION.html

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