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Crítica literaria: Cuatro amigos, de David Trueba

El apellido Trueba está estrechamente vinculado al mundo cinematográfico: ganador de un Óscar por Belle Époque, Fernando es posiblemente el más conocido de la saga; su hermano David también ha saboreado el éxito con sus películas, entre las que cabe destacar la magnífica La buena vida; Jonás, hijo de Fernando, ha sido el último en debutar como director de largometraje con Todas las canciones hablan de mí, bien recibida por la crítica. Sin embargo, el cine no ha sido el único ámbito en el que podemos encontrar a un Trueba: David ha demostrado una especial habilidad para explicar historias, y por ello también se adentró en la narrativa de ficción con tres novelas de éxito (a las que hay que añadir sus innumerables artículos para prensa escrita): Abierto toda la noche, Cuatro amigos y, la más reciente, Saber perder. Las tres son espléndidas historias merecedoras de análisis, pero aquí nos centraremos en la segunda, Cuatro amigos, una historia de amistad incondicional en un sofocante agosto de finales de siglo XX.

Los cuatro amigos del título son: Claudio, Blas, Raúl y Solo, encargado éste último de narrar la historia. Los cuatro forman una curiosa pandilla que, cercanos a la treintena, y viendo cómo se acerca inexorable el final de la juventud y la llegada a la edad adulta, para la que aún no están preparados, deciden huir de sus problemas familiares, laborales y amorosos, y regalarse unas desmadradas vacaciones durante los quince últimos días del mes de agosto, unas vacaciones con las que despedirse a lo grande de los días de locura juvenil que no volverán.

Así, deciden poner rumbo a Valencia desde su Madrid natal al volante de una vieja furgoneta que apesta a queso, iniciando un viaje sin rumbo establecido que les servirá para poner tierra de por medio con sus problemas. Sin imaginarlo, esa “ruta cochina”, como ellos llaman a su viaje, pondrá a prueba su amistad, sus principios y su paciencia, además de servirles para conocer una serie de personajes que, con sus peculiaridades, marcarán el viaje de los muchachos.

David Trueba

Planteada a modo de road-movie gamberra, Cuatro amigos esconde en sus páginas una interesante reflexión sobre la amistad y cómo se ve afectada por el final de una etapa que a muchos se nos antojaba eterna: la juventud, un tiempo de libertad y sin responsabilidades que, tarde o temprano, termina por convertirnos en aquello que detestábamos. Para ello, Trueba se sirve de cuatro personajes, quizá algo tópicos, pero en los que podremos reconocer algunas características de antiguos amigos (y, por qué no, de nosotros mismos) que nos acompañaron en aquellos días donde tan sólo importaba el aquí y ahora. De esta manera, Claudio es el ligón del grupo, ninguna mujer puede resistirse al poder hipnótico de sus músculos, forjados en su trabajo como repartidor de bebidas, músculos que le aportan una seguridad infinita en sí mismo; Blas es el muchacho gordo, siempre positivo, a quien las mujeres cuentan todos sus secretos, un método que utiliza para llevárselas a la cama, intentos que fracasan uno tras otro; Raúl fue el primero en abandonar la juventud, ahora ya casado y con gemelos esperándolo en casa, y a quien sus frustraciones laborales y personales le llevan a emprender el viaje a pesar de los intentos de su mujer por retenerlo a su lado; finalmente, Solo es el intelectual del grupo, romántico a su manera, desencantado con la vida, permanentemente insatisfecho, que abandona su trabajo en un periódico para realizar el viaje con el que huir de la presión que sobre él ejercen sus padres, buscando algo que dé sentido a su existencia.

Cuatro amigos podría dividirse en dos partes: la primera se centra en el inicio del viaje, las primeras juergas, los primeros encontronazos con personajes tan singulares como Anabel, quien busca refugio en el grupo tras su ruptura con su novio yonqui, Sonja, una prostituta checa a la que Blas pretenderá salvar de su mala vida, o Estrella, una anciana que resulta la única habitante de un hotel perdido en medio de la nada, cerca de Logroño; en la segunda parte, la amistad pasa a un segundo plano, dejando que el amor (o mejor el desamor) protagonice la historia, justo cuando los cuatro muchachos emprenden rumbo a una aldea de Lugo en una lujosa limusina para acudir a la boda de Bárbara, la antigua novia de Solo, de la que descubrirá que aún sigue enamorado sin remedio. Estructurada en tres grandes capítulos, a su vez la novela está subdividida en pequeños capítulos, cada uno de ellos terminado en acertadas citas que, bajo el título de Escrito en servilletas, suponen el germen de la novela que Solo pretende escribir, y de las que se desprende una visión negativa y fatalista de la vida.

David Trueba utiliza su pericia con el lenguaje para escribir esta novela, una historia en la que cabe destacar los constantes diálogos (llenos de ingenio, como era de esperar en alguien que ha cultivado el guión cinematográfico en diversas ocasiones) y las descripciones de los diferentes ambientes que conocerán los muchachos, todo con un lenguaje coloquial y cercano en el que no faltan ni los tacos ni la presencia del sexo en sus páginas, lógico en una historia protagonizada por unos jóvenes tan apasionados como éstos.

Divertida, a ratos reflexiva, tragicómica en definitiva, Cuatro amigos es una excelente novela que sirve no sólo como magnífico entretenimiento, sino que también funciona como refugio para aquéllos que ya hayan entrado en la llamada “edad adulta” y quieran recordar con cierta nostalgia los tiempos en los que las responsabilidades eran una quimera para la que creían estar inmunizados y que nunca llegaría a afectarles.

Título: Cuatro amigos
Autor: David Trueba
Editorial: Anagrama
Fecha de publicación: 1999
Páginas: 259
ISBN: 8433910892

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica literaria: El ciego que nació en siete ciudades, de Luis Luque Lucas.


No es habitual que una novela histórica ambientada en el pasado antiguo se centre en la vida de un poeta, aunque éste sea Homero, “el aedo más grande de la Humanidad”. Y este es uno de los “puntos positivos” de la novela que Luis Luque Lucas publicó en el año 2006 de la mano de la editorial Belacqua y que título de forma apropiada El ciego que nació en siete ciudades, haciéndose eco de los lugares que reclamaron ya desde la Antigüedad griega el nacimiento del aedo, y que incluían ciudades como Quíos, Esmirna, Colofón, Atenas, Argos, Pilos, Cumas o Ítaca.

La obra de Luque no parece ser, pues, una novela al uso por el personaje escogido ni por la forma de escribirla. Y es seguramente la suma dificultad histórica propia del protagonista, el gran Homero, y la forma de su redactado la que la diferencian de muchas otras.

La complejidad del personaje recae en la poca información fidedigna que disponemos de él, tan poca que los especialistas parece que aún no se han puesto de acuerdo sobre la realidad de su propia existencia como individuo y sobre la naturaleza de su obra. No obstante el debate académico Luque ha optado por personalizar al aedo compositor de la Ilíada y la Odisea y narrarnos su vida. Así pues conoceremos al Homero joven y sus lazos familiares y recorreremos los primeros años de vida del aedo, cosa que sorprende al darnos una visión juvenil e inexperta de un personaje al que se considera siempre desde su imagen de poeta, el primer gran poeta de la cultura occidental. No solo eso sino que conoceremos sus debilidades y sus amores, que marcarán sin duda la vida del protagonista.

Con El ciego que nació en siete ciudades haremos un pequeño viaje por el mediterráneo, al estilo de una breve odisea, de la mano de sus supuestos viajes en la nave comercial de su amigo y mecenas Mentes, que lo llevarán a visitar el Occidente mediterráneo, incluso las tierras de la ancestral Iberia, y el mitológico Oriente, en el que vivirá una pequeña aventura en los territorios dominados por las amazonas. También seremos testigos de sus primeros tratos con la poesía épica y de cómo la “carrera profesional” de Homero se comienza a decantar hacia la composición poética, hecho que lo convertiría, como he dicho antes, “en el poeta más glorioso de la humanidad”.

Aunque la idea es refrescante e inusual (y por ello siempre provechosa) el intento no siempre está a la altura. Luque ha escrito su novela en un estilo que podríamos considerar “forzadamente” épico, lo que puede dificultar y dificulta la lectura amena de la obra. Hace falta demasiada atención para interiorizar el contenido de largas frases y reflexiones si bien este registro permite “mitificar” al personaje y la época a la que hace referencia. Un periodo que, por otra parte, nunca queda del todo establecido, hecho entendible si somos conscientes de las dificultades “cronológicas” que la obra de Homero suponen. Aún así hemos de suponer, por diversas referencias de que nos provee la novela, que la época en la que está ambientada su acción se sitúa poco después de finalizada la Guerra de Troya.

Uno de los aciertos de la novela es la perspectiva desde la cual nos es narrada. Es el propio Homero en primera persona el que relata su vida a ruego de sus hijas, Aurora y Circe, fieles oyentes de la biografía de su padre. Aunque está técnica no permite al autor crear un “filum” argumental claro, al menos en algunos pasajes de la obra, lo que lleva al lector, en alguna ocasión, a desorientarse. En el relato de Homero se entromete, de vez en cuando, la opinión y la voz de un tercer sujeto, algo así como una conciencia atemporal y omnisciente (que podría asimilarse a la del autor) que sobrepasa los límites físicos y temporales del propio Homero y de su época, para situarnos al protagonista en una perspectiva más histórica, o mejor dicho, más referencial, en relación a la trascendencia del personaje. Algo que, a veces, también, puede llevar al extravío del lector.

El ciego que nació en siete ciudades nos presenta, pues, una imagen mítica no solo de Homero sino también de la época en la que, supuestamente vivió (no hace falta aquí insistir en las dudas que existen en al actualidad sobre la realidad de un personaje como el novelizado) y nos permite viajar a un mundo, el homérico, eclipsado, al menos para el gran público, por la época que vendría tras él y que haría brillar a algunas de las ciudades y algunas de las figuras más importantes de la Antigüedad, sabedoras ellas mismas de la relevancia y la trascendencia de la obra del “el aedo más grande de la Humanidad”.

Título: El ciego que nació en siete ciudades.
Autor: Luis Luque Lucas
Editorial: Belacqua
Páginas: 345
Precio: 22 €
Encuadernación: Tapa blanda
Año de publicación: 2006.

Crítica literària: L’últim dia abans de demà, d’Eduard Márquez

¿Com reaccionaríem si, passats uns quants anys, ens retrobéssim amb qui havia estat el nostre millor amic fent de captaire? Aquesta és la qüestió que es planteja Eduard Márquez al seu darrer llibre, L’últim dia abans de demà, una novel•la tant curta com intensa, un còctel de records, amor a qui en el passat vam estimar i melangia vers temps millors, de lectura obligatòria, i que aconsegueix captivar des de la primera pàgina.

Un fet real va inspirar Márquez a l’hora d’escriure aquesta novel•la: la casualitat (el destí?) va fer que un dia es trobés al Portal de l’Àngel aquell qui 20 anys abans havia estat el seu inseparable company d’adolescència, el Robert de la novel•la, un amic a qui la vida havia maltractat fins a convertir-lo en rodamón. En la realitat, l’autor va observar-lo en la distància i, malgrat els anys transcorreguts, hi va reconèixer aquell noi amb qui va créixer, però va quedar tant impactat que va ser incapaç d’apropar-s’hi. Així, doncs, amb aquest llibre l’autor imagina què hauria passat si s’hagués presentat davant seu, com hauria estat el retrobament dels dos amics, al mateix temps que passa comptes amb el passat.

L'autor Eduard Márquez

L’autor utilitza aquesta trobada fortuïta amb el vell amic com a pretext per enfrontar-se al passat que l’ha portat fins a aquí, que coneixerem amb l’ús constant del flashback com a recurs; d’aquesta manera, el protagonista viatjarà del tràgic present al passat, recordarà els temps d’escola catòlica, amb estrictes capellans – al capdavant dels quals hi trobarem l’inoblidable hermano Estruch –, uns moments de repressió que contrasten amb la llibertat viscuda en l’època universitària, instants d’experimentació amb les drogues, el rock’n’roll i la irrupció de la Francesca entre els dos amics. En aquest viatge a mig camí entre el present i el passat també hi haurà temps per enfrontar-se al món adult, en què haurà de deixar de banda els vells somnis literaris i enfrontar-se a la crua realitat.

L’amistat amb el Robert, els flirtejos amb la Francesca, els capellans que van marcar la seva infància, la família tradicional que pretén marcar el futur del seu fill, 623 grams presents en gairebé cada pàgina, les imprevisibles conseqüències que té pel protagonista incorporar un estrany del passat (què en queda de l’amic?) en el present, són els principals ingredients d’aquesta deliciosa (i dura) història que Márquez presenta en format de novel•la curta, d’estil auster, amb una prosa mesurada al detall, pròxima a la poesia, un text curt, escàs, estructurat en breus paràgrafs que faciliten la ràpida lectura d’aquesta emotiva història, fidel al “menys és més” que preconitza l’autor. Tota aquesta simplicitat aparent emmascara una història colpidora no exempta d’esperança, on fins i tot hi ha lloc pel món oníric de les drogues amb què coquetejà el protagonista en el passat.

L’estiu és l’època ideal per fer-se amb els clàssics best-sellers, però també és un moment perfecte per recuperar aquells textos que se’ns han escapat durant la temporada; si vostè encara no ha descobert L’últim dia abans de demà, aquest és el moment ideal per fer-ho.

Títol: L’últim dia abans de demà
Autor: Eduard Márquez
Editorial: Empúries
Pàgines: 150
ISBN: 9788497876858

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Escrit per: Robert Martínez Colomé

 

Noves publicacions a l’editorial A Contra Vent


De vegades, un fa grans descobriments de la manera més insospitada. Fa uns dies, llegint un article de José María Sanz, Loquillo, publicat a El Periódico de Catalunya (http://www.loquillo.com/barcelona-ciudad-3/#more-4195), vaig descobrir l’existència d’una editorial catalana, A Contra Vent, una empresa que s’ha proposat un objectiu ben interessant: recuperar els autors clàssics del periodisme català, aquells que van escriure durant les primeres dècades del segle XX. En l’article, Loquillo es feia ressò, concretament, de tres llibres que descriuen la Barcelona dels anys 20 i 30, una ciutat allunyada de la imatge de postal i disseny que ha fet fortuna entre els turistes de l’actualitat.

D’aquesta manera, A Contra Vent recupera tres autors catalans: Jaume Passarell, Domènec de Bellmunt i Francesc Madrid, els tres obligats a exiliar-se del país per motius ideològics en un o altre instant. Tots ells van ser referents en el periodisme del moment, centrant els seus treballs en la societat barcelonina de l’època.

Jaume Passarell (1890-1975) va ser un humorista d’intel•ligent ironia, reconegut tertulià, ninotaire, però, sobretot, periodista bohemi catalanista i liberal dels anys republicans. Obligat a marxar a l’exili l’any 1939, va patir greus represàlies i, quan va tornar, es va negar a escriure en castellà, marginant-se voluntàriament i abandonant l’activitat periodística. A Contra Vent publica Bohemis, pistolers, anarquistes i altres ninots, un recull dels articles que li van donar popularitat, textos que ens permeten conèixer la vida quotidiana de l’època, des del món bohemi, la faràndula i l’anarquisme barceloní, passant per l’univers tèrbol del Districte Vè, fins als costums i lleures de les classes més humils.

Domènec de Bellmunt (1903-1993) és l’ideòleg de la Catalunya reportera i pioner de la figura del reporter català. L’any 1924 es va veure obligat a exiliar-se a París, fugint de la Dictadura de Primo de Rivera; allà va conèixer el reportatge novel•lat, modern, un estil que va importar a Catalunya quan va tornar a Barcelona, l’any 1928. Onze anys després, amb la victòria de les tropes franquistes, Bellmunt es va exiliar a Tolosa de Llenguadoc. Gràcies a A Contra Vent recuperem els reportatges que va publicar a la premsa per mostrar la mala vida de Barcelona, recopilats sota el títol de La Barcelona Pecadora, on també s’hi inclou la novel•la que l’autor va escriure utilitzant la realitat que havia conegut amb els seus reportatges.

Francesc Madrid (1900-1952) tenia especial predilecció per retratar els ambients més sòrdids, fet que el va convertir en un dels millors cronistes dels baixos fons de la Barcelona de principis del XX, i és conegut per ser un dels primers en utilitzar la denominació de “barri xino” per referir-se al Districte Vè de la ciutat. Fidel al govern republicà de Lluís Companys, es va exiliar a l’Argentina l’any 1936. Ara trobarem per primera vegada la traducció al català del seu primer i més celebrat llibre: Sang a les Drassanes (publicat per primer cop el 1926 amb el títol de Sangre en Atarazanas), recull dels reportatges més impactants publicats al setmanari El Escándalo, llibre on trobarem meublées, cabarets, vagues generals, anarquistes, …, o tot allò que l’autor anomenava “la mala vida moderna de Barcelona”.

Nascuda l’any 2008, l’editorial A Contra Vent té la intenció de convertir-se en un referent dins el periodisme literari català i l’humor; així, gràcies a un exhaust treball per les hemeroteques dels diaris i magazins publicats tant a Catalunya com a l’exili, pretén fer arribar la feina dels primers periodistes catalans a tota mena de lectors, no només als més erudits, per recuperar la memòria dels menys afavorits. Per aquest motiu inicien dues col•leccions, la de “Periodisme” i “Els altres clàssics”, i tot sense perdre la independència que els ha caracteritzat des del seu inici.

Més informació: www.acontravent.cat

Crítica literaria: El verano de los juguetes muertos, de Toni Hill

Recuerden este nombre: Héctor Salgado. Recuérdenlo porque dará que hablar en los próximos años. Seguro. Este inspector de los Mossos d’Esquadra es el protagonista de la última novela policíaca ambientada en las calles de Barcelona, El verano de los juguetes muertos, el debut en la literatura de ficción de Toni Hill, una historia misteriosa y fascinante a partes iguales que enganchará al lector desde la primera página por su ritmo ágil, sus constantes intrigas y su estructura sencilla.

El inspector Héctor Salgado no está viviendo su mejor momento: superados los cuarenta, y tras haber usado una violencia excesiva en su último caso, se encuentra suspendido de empleo, apartado del día a día de comisaría, y con la obligación de acudir al psicólogo (¡él, que es argentino, acudiendo al psicólogo!), quien deberá dilucidar si está o no en condiciones para regresar a sus funciones habituales. Además, y por si su delicada situación profesional fuera poco para él, en lo personal no está mucho mejor: su mujer le ha dejado, y la comunicación con su hijo adolescente es cada día más complicada. Así, y para mantenerlo entretenido, su jefe le propone una investigación extraoficial: la de un joven de buena familia que, según parece, se suicidó al saltar desde la buhardilla de su casa. Un caso simple, aparentemente, cuya investigación avanzará en paralelo con la del caso que le ha apartado de la comisaría, dos investigaciones que, poco a poco, se irán complicando, en un verano sofocante en la ciudad Condal.

Uno de los secretos que hacen de El verano de los juguetes muertos una extraordinaria novela negra es la diversidad de temáticas que ofrece en su texto y que evitan cualquier indicio de aburrimiento: a lo largo de sus más de 350 páginas se dan cita personajes de clase alta y reputación inmaculada (y con la pretensión que así continúe), adolescentes que coquetean con el lado salvaje de la vida, camellos de poca monta, curanderos africanos expertos en magia negra, víctimas del tráfico de mujeres, policías desorientados, mujeres de fuerte personalidad y con las ideas claras, …, todo ello bajo la estricta perspectiva que dan dos investigaciones policiales que intentan aclarar unas muertes, presentes y pasadas, sin aparente explicación, y con la sospecha que se cierne sobre varios personajes, conjeturas de las que ni siquiera la policía podrá salvarse.

El autor consigue crear una historia muy de nuestro tiempo, podríamos considerarla una actualización de la novela negra clásica, repleta de aquellos referentes propios del siglo XXI y que han cambiado las costumbres de buena parte de la población: los protagonistas se comunican por sms y se mueven con desenvoltura a través del mundo cibernético (ya sean chats, intercambio de e-mails o redes sociales), el blog que uno de los personajes escribía, a modo de moderno diario, contiene la clave de uno de los misterios, la utilización de comprometedores lápices de memoria (USB), …

Otra de las singularidades de esta historia son sus protagonistas principales: por un lado, Héctor Salgado, el inspector argentino al que se encarga la investigación principal, es un personaje totalmente alejado del tópico que hemos conocido en la novela negra clásica (aunque los cigarrillos le emparentan con la imagen literaria de la mayoría de ellos), aquéllos que eran habituales de bares a los que se asomaban para indagar; éste no busca consuelo en el alcohol, tan sólo toma algún mojito, y encuentra en el jogging la única terapia para dejar de lado las obsesiones que le atormentan. Además, es un personaje algo frágil, su actitud segura se tambalea tras ser suspendido de empleo, mientras comprueba que su pasado, que creía olvidado, regresa a sus pensamientos en el peor momento. Todas estas características hacen de éste un interesante personaje al que no debemos perder de vista en sus futuros casos (que los habrá).

Por otro lado, Salgado tendrá una acompañante atípica en un mundo como ése: su ayudante será una agente mujer, Leire Castro, un personaje moderno y de ideas muy claras, una talentosa mossa d’esquadra sin asomo de la imagen de mujer débil y asustadiza que antaño solían aparecer en estas historias; tiene carácter, y es ella la que elige sus relaciones con los hombres, tomadas a modo de pasatiempo, ora con uno, ora con otro, sin ataduras ni relaciones de más de una noche, y a la que una inesperada noticia hará replantear su modo de vida.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar otro de los personajes imprescindibles en esta novela, Barcelona, una ciudad marcada por la dualidad que representan sus calles, y que son refugio de dos estamentos sociales opuestos: por un lado, la zona alta, lujos que enmascaran dramas, pesadillas de la gente adinerada; por otro lado, la otra Barcelona, la de barrios como Gràcia y el Poblenou en contacto con el mar, lejos del lujo de la ampulosa Bonanova.

Toni Hill

Con su debut literario, Toni Hill, traductor de autores tan diversos como Jonathan Safran Foer, David Sedaris o Glenway Wescott, demuestra haber aprendido cómo crear una auténtico bestseller, ya que firma una novela muy cercana a ese tipo de obras, estructurada en cinco capítulos (correspondientes a los cinco días a lo largo de los cuales transcurren las investigaciones de los dos casos principales, de miércoles a domingo), cada uno de ellos subdivididos en pequeños subcapítulos para ofrecer una lectura fácil y rápida, permitiéndole introducir, al final de cada uno, pequeñas intrigas (realmente, Hill no deja nada al azar) que provoquen al lector de tal forma que no pueda evitar continuar leyendo.

El lector habitual de este tipo de novela buscará paralelismos con los grandes nombres de este país, como Montalbán o González Ledesma, autores que encontraron en las calles de Barcelona el escenario ideal para desarrollar sus tramas. Si uno busca, quizás encuentre ciertas similitudes, pero seguramente son más bien discretos homenajes de Hill que otra cosa (por ejemplo, si bien el refugio de Salgado son las películas clásicas, como La ventana indiscreta, Los pájaros o Vértigo, filmes que colecciona con pasión, esta afición encuentra su correspondencia en la lectura tanto para Carvalho como para Méndez), ya que el estilo del autor es más cercano al de la novela negra anglosajona, teniendo como referentes a grandes autores como Agatha Christie o P. D. James.

En definitiva, Toni Hill acierta con su debut en la ficción, una moderna novela de intriga que, más que leerse, se devora en apenas unas horas, un relato que apunta maneras para convertirse en uno de los grandes triunfadores de este verano (y de los siguientes meses), y cuyo desenlace final dejará al lector con la sangre helada; así que, si la literatura policíaca es su pasión, no lo dude ni un instante: El verano de los juguetes muertos es actualmente la mejor opción.

Título: El verano de los juguetes muertos
Autor: Toni Hill
Editorial: Debolsillo
Colección: Bestseller
Fecha de publicación: Julio 2011
Páginas: 363
ISBN: 9788499891040

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica literaria: El usurpador del Imperio, de Rosemary Sutcliff.


Como si se tratara de un itinerario marcado en cada una de sus etapas por indicativos de color, el estreno el pasado 8 de abril del film La legión del águila, la versión cinematográfica de la novela El águila de la Novena legión escrita por Rosemary Sutcliff, nos ha permitido a muchos conocer la obra literaria de esta autora británica especializada en la ficción histórica ambientada en época romana y medieval.

De esta forma, y en referencia al itinerario arriba indicado, la lectura de la primera novela de la saga dedicada a la historia de la familia Aquila, nos lleva directamente a la crítica del segundo capítulo de la serie titulado en castellano El usurpador del Imperio (1957) y nos dispone a completar el trabajo con la futura lectura y reseña de Los guardianes de la luz (1959), la tercera y última novela que cierra la trilogía Aquila, ambas obras publicadas también por editorial Plataforma.

Centrémonos, pues, en este segundo capítulo, El usurpador del Imperio, que nos traslada de nuevo a la historia de la Britania romana, en este caso a una etapa un poco más avanzada, para recuperar la historia de la familia de los Aquila descendiente de aquel Marco que en tiempos del emperador Trajano consiguió retornar (recuerden que solo según la leyenda, que no la historia) a territorio romano el emblema de la legión desaparecida, la IX hispana, caída, según la tradición, ante un ataque de las fieras tribus del norte.

El usurpador del Imperio nos sitúa unos 150 años después de las hazañas narradas en la primera novela, esto es, entre los años 286 y 293. El imperio está pasando por uno de los peores periodos de su historia, conocido como la Crisis del siglo III o el período de la Anarquía militar, durante la cual la autoridad imperial central se hundió agredida tanto por las amenazas exteriores, materializadas por el inicio de las invasiones germánicas a gran escala por Europa y el desafío persa en Oriente y por los problemas internos entre los cuales las continuas usurpaciones del poder y los enfrentamientos entre los diferentes emperadores y sus rivales al trono, llevaron al Imperio casi a una situación de colapso.

Y es en este ambiente en el que se mueve la novela que se centra en las aventuras de Tiberio Lucio Justiniano (Justino) y Marcelo Flavio Aquila (Flavio) dos primos lejanos pertenecientes a dos linajes que derivan del creado por aquel Marco Aquila de la primera novela. Justino, un joven cirujano militar es trasladado a Britania para servir a las órdenes de Carausio, un usurpador que de alguna forma ha conseguido si no la plena aceptación por parte de los coemperadores Diocleciano y Maximiano, si su reconocimiento “temporal” ante la situación de total inseguridad en la que vive el imperio. Al llegar a su nueva destinación Justino conocerá a Flavio, un familiar del que se hará amigo inseparable a lo largo de la novela.

Ambos protagonistas descubrirán una conspiración tramada contra Carausio desde la oficialidad de sus tropas liderada por su lugarteniente Alecto, el cual, con la ayuda de los sajones, pretende hacerse con el poder en la isla. Aunque Flavio y Justino consiguen alertar al propio Carausio lo único que obtienen es una nueva destinación en uno de los fuertes defensivos de la muralla de Adriano lejos del cuartel general romano en Britania.

El asesinato de Carausio y la usurpación de Alecto les obligará a abandonar las filas del ejercito para salvar sus vidas y les llevará a formar parte de una organización clandestina que pretende ayudar a todos aquellos que se oponen a las injustas y duras medidas impuestas por el nuevo emperador y por sus secuaces y bárbaros aliados sajones, trabajando en la sombra con el objetivo de favorecer la llegada de las tropas lideradas por el césar Constancio Cloro y enviadas desde Roma para recuperar el control de la isla .

Sutcliff nos introduce con la segunda novela de la saga en una época no demasiado conocida por el lector habitual de novela histórica y por ello arriesgándose en la elección de la trama. Hemos de olvidarnos en estos momentos de la Roma del Alto Imperio y situarnos a finales del siglo III, en los inicios del Bajo Imperio, en el cual las grandes figuras imperiales como Augusto, Nerón o Trajano hacía ya mucho tiempo que habían desaparecido y el imperio se encaminaba hacia una etapa en la que el absolutismo y el militarismo se imponían a marchas forzadas. Es por ello que nos topamos con usurpadores, pueblos germanos e incluso coemperadores. No hemos de olvidar que Diocleciano, el emperador y hombre fuerte del momento intentó durante su reinado establecer un estructura imperial conocida como la Tetrarquía con la cual pretendía sustituir la figura única del emperador por un sistema en el que coexistían dos emperadores sénior o Augustos y dos emperadores junior o Césares que se dividían el territorio dominado por Roma. De aquí que no nos extrañemos de que en la novela se cite a más de un emperador compartiendo al mismo tiempo el poder. Una situación, como ven, muy alejada de la clásica Roma de los Julio-Claudios.

El usurpador del Imperio nos ofrece, pues, una aventura de dos jóvenes militares en un mundo roto que comienza a dirigirse hacia el caos político que llevó al final de la Edad Antigua. Un centurión y un cirujano que se verán obligados a abandonar el ejército y trabajar para, podíamos decir, la “resistencia” favorable a Diocleciano y Maximiano. Sutcliff nos ofrece una trama interesante que nos permite transitar por una Britania amenazada por los germanos y en la que queda bien plasmado la situación de crisis política y militar (por no decir económica y social) que vivía el Imperio por aquel entonces.

Podríamos decir que Sutcliff mezcla dos géneros en El usurpador del Imperio: la novela negra y policiaca que le permite inmiscuirse en los tejemanejes políticos y militares por los que atravesaba Roma en la segunda mitad del siglo III. Muy interesante, en este aspecto, la trama que crea la autora en relación a las luchas de poder ya fueran entre Roma y Britania (Diocleciano/Constancio Cloro y Carausio/Alecto) como a las propias de la isla (conspiración de Alecto en contra de Carausio). Este género negro también le sirve para crear la trama principal que convierte a Flavio y Justino en dos “fuera de la ley” que trabajan a favor del poder central romano. Todo ello se envuelve en un ámbito temporal de novela histórica extraño y difícil, sí, pero que no por eso carece de la grandiosidad y la épica propia de unos tiempos que aunque desconocidos (o no tan familiares para muchos) obligaron a sus protagonistas a reinventar y reestructurar una experiencia vital y política materializada en Roma y su imperio existente desde hacia ya más de 1.000 años y que sobreviviría, al menos, 250 años más.

Y de ejemplo que sirvan dos botones (como se dice coloquialmente). El primero de ellos es la ligazón que la autora lleva a cabo para enlazar la primera novela de la saga con la segunda. Aunque el tema está en el aire a lo largo de todas sus páginas (no olvidemos que Justino y Flavio son descendientes de Marco Aquila), el descubrimiento del emblema de la IX legión Hispana ocultado en el hipocausto de la casa familiar de los Aquila en Calleva y la reintroducción del mismo en la unidad militar reclutada por los dos protagonistas es todo un acierto narrativo.

Aunque, y a estas alturas de la reseña me veo obligado a hacer aparecer la parte más sentimental de mi persona, la última escena en la que se produce la conflagración final entre los ejércitos de Alecto y Constancio Cloro y la lucha que le sigue en el centro de la ciudad de Calleva en la que Justino y Flavio intentan salvar a su población del ataque y del saqueo de las huestes sajonas en retirada casi hicieron saltar las lágrimas de emoción al que estas líneas redacta. Pocas veces he notado ese “sentido de la historia” tan a flor de piel durante la lectura de una novela histórica: brillante y apasionante.

Aunque la novela no esté a este tan alto nivel a lo largo de todas sus páginas y se haga notar la no formación histórica de su autora, pues esquiva y trata muy de pasada algunos aspectos de la trama que se podrían abordar de una forma mucho más interesante y palpitante, El usurpador del Imperio es una buena muestra de la pluma de una autora especializada en las sagas ambientadas en la Roma imperial y en los primeros tiempos del Medievo, o lo que es lo mismo, un seguro de disfrute para aquellos que quieran proseguir la historia iniciada por Marco Aquila en El águila de la novena legión, llevada a la pantalla grande en el año 2010 de la mano de Kevin Macdonald y estrenada en nuestro país en abril de este mismo año.

Título: El usurpador del Imperio
Autora: Rosemary Sutcliff
Editorial: Plataforma
Colección: Novela HistóricaHistórica
Fecha de publicación: octubre de 2009
ISBN: 978-84-96981-64-5
Páginas: 315
Precio: € 19.95

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Nueva publicación: El verano de los juguetes muertos, de Toni Hill


En los últimos años, la novela policíaca está viviendo una nueva época dorada: muchos han sido los libros que han llegado del extranjero, dejando de lado aquellas novelas ambientadas en las calles de nuestras ciudades. Pero, al parecer, esta situación va a cambiar muy pronto: ya está a la venta El verano de los juguetes muertos, una novela ambientada en las calles de Barcelona que significa el debut en la ficción de Toni Hill.

Héctor Salgado es un inspector hispano-argentino de los Mossos d’Esquadra que, cumplidos los cuarenta, está viviendo una delicada situación, tanto personal como profesionalmente: ha sido abandonado por su esposa, tiene problemas para mantener una relación fluida con su hijo y no acaba de encajar en el cuerpo policial al que pertenece, y del que ha sido suspendido temporalmente.

Con todo, recibirá un encargo de sus superiores que le hará volver a la acción: deberá investigar el suicidio de un adolescente, hijo de unos respetados empresarios con aspiraciones políticas, un caso en apariencia sencillo que se irá complicando a medida que avance en sus pesquisas.
El verano de los juguetes muertos es el debut literario de Toni Hill, un licenciado en psicología que lleva diez años trabajando como traductor para Random House Mondadori. Entre sus referentes se encuentran Agatha Christie, P. D. James o Harlan Coben, entre otros. Apenas unos días después de publicar esta historia policíaca ya ha vendido sus derechos de traducción a las principales editoriales de Alemania, Francia, Grecia, Italia, Holanda, Finlandia y Polonia.

Crítica del libro en Culturalia: https://cinelatura.wordpress.com/2011/07/26/critica-literaria-el-verano-de-los-juguetes-muertos-de-toni-hill/

 Título: El verano de los juguetes muertos
Autor: Toni Hill
Editorial: Debolsillo
Colección: Bestseller
Páginas: 400 páginas
Fecha de publicación: 01/07/2011
ISBN: 9788499891040

Crítica literaria: Oxford 7, de Pablo Tusset

A menudo, la ciencia ficción abusa de la terminología especializada, resultando excesivamente técnica para aquéllos que no sean grandes aficionados a este género, algo que produce un efecto de rechazo en los profanos a esos relatos. Pero si cogemos una de esas historias futuristas y se la ofrecemos a un maestro de la comedia, la cosa cambia; y eso es lo que sucede con la última obra de Pablo Tusset, quien con su característica sorna acaba de publicar Oxford 7, una interesante novela que nos traslada a finales del siglo XXI, y que combina con acierto la ciencia ficción y el humor.

Primavera de 2089. La cursa espacial ha permitido que se establezcan diversas franquicias universitarias en el espacio, lugar al que los jóvenes son enviados para estudiar. Sin embargo, en este momento hay disturbios en todas esas franquicias; también en Oxford 7, donde las manifestaciones contra la rectora Deckard y sus abusos son frecuentes. Para conseguir derrocar a Deckard, el profesor de Cinematografía Precomputacional Sirhan Palaiopoulos envía a tres de sus alumnos a pedir ayuda al líder antisistema que controla Barcelona, Francisco Asis, en un viaje no autorizado que marcará el destino de sus protagonistas.

Ésta es una particular historia de ciencia ficción que toma como argumento los excesos del poder, la opresión a la que mantienen a sus subordinados (en este caso, los estudiantes) y la necesidad de enfrentarse a esos mandatarios en un marco muy peculiar: en unos ochenta años, el eurodólar será la moneda común para todos, los ingenios de Steve Jobs se habrán apoderado de nuestra cotidianeidad y la sociedad habrá conseguido controlar el espacio hasta el punto que se establecerán allí sedes universitarias adonde enviar a nuestros muchachos a estudiar, y a quienes se acribillará con multas bajo cualquier excusa. Todo un avance que contrasta con la caótica situación en Barcelona, con los antisistema tomando las Ramblas y el teatro del Liceo. Nada escapa a la ironía de Tusset, que establece franquicias Bulli & Friends en la ciudad, una población que se ha expandido hasta anexionar varias ciudades cercanas, con Sant Boi convertida en el nuevo barrio de la burguesía. Incluso imagina una curiosa simbiosis entre el Barça y la Generalitat que provocaría que ambas instituciones estuvieran presididas por una misma persona.

Pablo Tusset

Oxford 7 contiene múltiples referencias al cine y la literatura de la ciencia ficción conocidas por todos: desde la trilogía Matrix o Blade Runner al 1984 de Orwell, con constantes referencias a grandes clásicos del cine del siglo XX, como Casablanca o Solo ante el peligro. Además, quizás sí haya esperanza para la humanidad, siempre que nuestros futuros jóvenes rebeldes tomen como himnos de protesta clásicos del jazz como As time goes by, April in Paris, incluso entonen el Imagine de Lennon, canciones que, augura Tusset, sobrevivirán al paso del tiempo. Sin inclusiones forzosas, todas estas referencias quedan perfectamente ensambladas por el autor en su novela.

El lector puede tomarse Oxford 7 de dos maneras: como un puro divertimento, una sencilla historia para pasar el rato, y como tal funciona; o bien, si profundizamos con los hechos que en ella se exponen, el lector puede ver en ella un toque de atención que merece una reflexión: parece que Tusset toma unos ítems de total actualidad, como los movimientos antisistema, las acampadas espontáneas, la crisis financiera, la falta de confianza de la sociedad en su clase política, para fabular sobre todo ello hasta iniciar una situación que nos llevaría al mundo postapocalíptico y desolador que presenta Oxford 7, con una peligrosa Barcelona tomada por los antisistema. ¿Es ése el futuro que nos espera?

Tusset firma una divertida historia con la ironía como ingrediente principal, llena de referentes tanto cinematográficos como musicales, y con una moraleja un tanto pesimista, o al menos ésa es la conclusión que se desprende de las melancólicas palabras de uno de sus personajes: vive tu vida y trata de ser feliz, ayuda a quien tengas cerca, pero no trates de arreglar el mundo entero; el mundo simplemente es así, malo y regular, todo a la vez.

Título: Oxford 7
Autor: Pablo Tusset
Editorial: Destino
Colección: Ancora & Delfin
Fecha de publicación: Abril 2011
Páginas: 263
ISBN: 9788423344369

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Publicación literaria: La sombra de la sospecha, de Obdulia Pareja Alconchel


Parnass Ediciones
publica La sombra de la sospecha, la primera obra de Obdulia Pareja Alconchel, una novela donde la intriga, la emoción y el amor están presentes desde la primera página.

Alba Valverde
, joven diseñadora de éxito, ve perder el control de su vida tras una serie de sucesos que acontecen a su alrededor: anónimos, amenazas, asesinatos, violaciones, mentiras, traición… El cerco se estrecha cada vez más hasta convertirla en prisionera de una sombra que la acecha, pero que permanece intangible en el anonimato. Marc Castillo, inspector de policía del distrito de Barcelona, se hace cargo del caso, pero no podrá evitar implicarse emocionalmente más allá de lo estrictamente profesional.

Obdulia Pareja Alconchel

«La sombra de la sospecha» (Parnass Ediciones) es la primera novela de una joven promesa de la narrativa. Haciendo uso de los ingredientes propios de la novela de género policiaco, Obdulia Pareja demuestra su capacidad para mantener la atención del lector con una historia difícil de abandonar hasta llegar a la última página. La emoción, la intriga y el amor, están presentes en esta novela de misterio.

Título: La sombra de la sorpresa
Autora: Obdulia Pareja Alconchel
Editorial: Parnass Ediciones
Páginas: 188
Precio: 15 €

Crítica literaria: Los tesoros de Alfred Hitchcock, de Laurent Bouzereau.


No hay cineasta en el mundo cuya obra haya sido analizada de manera más minuciosa en innumerables libros como Alfred Hitchcock. El maestro, poseedor de una de las filmografías más poderosas de la historia fue, a su vez, el director que mejor supo vender su propia imagen. Ya desde sus primeras películas se ocupó de que los espectadores jugaran a descubrirle en ingeniosos cameos, creó una caricatura en forma de silueta a modo de logo mercantil, concedía entrevistas (preferiblemente gráficas o en shows televisivos), participaba en los avances comerciales de sus films, produjo y presentó sus propias series de televisión… Físicamente, no hay ningún otro profesional en lo suyo tan identificable. “Hitch” era una marca. Se le reconocía por dominar el suspense, pero también por representar él mismo al propio género, con su oronda figura y su manera pausada de hablar enfatizando los chistes macabros. Quizás, en las artes, su caso pueda ser comparable al de Salvador Dalí quien, por cierto, llegó a colaborar con nuestro protagonista en 1945 para la película “Recuerda”, diseñando las secuencias oníricas. En definitiva, la cosa se trataba de una combinación en la que participaba un producto artístico muy bien valorado por crítica y público y un creador conocedor, sospecho que conscientemente, de habilidades para vender su trabajo a través de sí mismo. Una mezcla perfecta cuando el artífice y el producto son de primera calidad.

Por supuesto, no podemos obviar las biografías en las que se ha pretendido recrear su vida personal, o incluso las referencias a las particulares filias y fobias que pueden detectarse en sus trabajos (el miedo a la policía y a ser encerrado en una cárcel injustamente, la adoración por determinado tipo de mujeres…). Tanto se ha visto y escrito que parece casi imposible descubrir facetas o aspectos nuevos sobre él. Personalmente, tengo por volúmenes de cabecera, tratándose de uno de mis directores predilectos, dos títulos imprescindibles: como estudio de su obra, el que está considerado el mejor libro sobre cine jamás escrito, el firmado por François Truffaut con el título “El cine según Hitchcock”, en el que se transcriben sus entrevistas con el director de “Vértigo”. En el plano biográfico, “La cara oculta del genio”, de Donald Spoto que, sin ser un texto definitivo, ofrece una visión retrospectiva muy completa de sus peripecias vitales.

A esos dos, habría que sumarle ahora el “libro-objeto” “Los tesoros de Alfred Hitchcock”. Se trata de un artefacto lujosamente presentado en gran formato y que resulta atractivo por varios motivos que, de manera feliz, han propiciado un reencuentro fascinante con el querido personaje.

El primero y fundamental: El autor. Laurent Bouzereau es un respetable documentalista y, me permito decirlo, el mejor director de “making-off’s” (documentales sobre producciones y rodajes cinematográficos). Conocido por los aficionados, en especial a partir de la comercialización de DVD’s con contenidos extra, Bouzereau se ha convertido en el experto que ha añadido valor a las ediciones especiales, con piezas que, en ocasiones, han superado en metraje a los propios films. Es, entre otros, el productor de los contenidos que acompañan a las películas de Steven Spielberg y, claro está, ha dedicado también esfuerzos para recuperar los recuerdos de los compañeros del “mago del suspense” que siguen vivos, con el fin de incluir la mayor cantidad de información en los “Cómo se hizo” de sus principales títulos. Sumar a ello el estudio pormenorizado de cada cinta le ha permitido, además, tener una visión en conjunto mucho más completa al elaborar los escritos que conforman la base de este ensayo.

Laurent Bouzereau

Otra cuestión importante es el enfoque. Sabedor de que prácticamente está todo dicho y que resulta difícil abordar una trayectoria tan conocida sin caer en la repetición, Bouzereau se ha inclinado por mostrarnos las principales características de lo que se entiende por el estilo “hitchcokiano”, marcado por ciertas reglas muy reconocibles e imitadas por otros cineastas. El libro está dividido en capítulos que describen esos elementos que conforman el estilo creado por el británico, las señas de identidad con las que perfeccionó un arte que se hizo el más popular del siglo XX: Los falsos culpables y antihéroes, las mujeres (a ser posible rubias, ya saben), los villanos y, por supuesto, el famoso “toque Hitchcock”, que se compone de varias características: un férreo guión; una estructura narrativa sorprendente incluyendo el uso del “macguffin” (término inventado por él, que se refiere a algo que hace avanzar la trama sin que, en realidad, tenga ninguna importancia para la película -algo así como una excusa argumental-); un equipo solvente que le permitiera no tener que asistir al rodaje (“es lo más aburrido de hacer una película”, decía); y, de manera muy especial, emplear técnicas de filmación diferentes en cada proyecto. Hitchcock llegó a hacer infinidad de experimentos visuales y sonoros para remarcar los momentos cumbres de su carrera, desde ser pionero en el 3D (“Crimen perfecto”, 1954) a filmar toda una película en un solo plano (“La soga”, 1948); proyectar, junto al diseñador Saul Bass, una secuencia de tres minutos con cincuenta planos y más de setenta ángulos de cámara (me refiero, claro está, al asesinato de la ducha en “Psicosis”, 1960); crear una tensa, larguísima y trepidante secuencia final de doce minutos sin diálogo, tan solo con la música de la “Storm Cloud Cantata” de Walter Benjamín interpretada en el Royal Albert Hall (“El hombre que sabía demasiado”, 1954); montar una secuencia de acción sin ni siquiera música (la de la avioneta en el desierto para “Con la muerte en los talones”, 1958); presentar otra película sin nada de música pero con sonidos electrónicos a cargo de Bernard Herrmann (“Los pájaros”, 1963); o hacer que el espectador contemple lo difícil que puede llegar a ser matar a alguien (lo hizo en “Cortina rasgada”, de 1966, con una secuencia portentosa que supera los cuatro minutos en la que la víctima, naturalmente, se resiste a ser asesinada). En cada proyecto, Hitchcock se comprometía con esos detalles y aún hoy resulta asombrosa la alegría con la que colocaba la cámara en los lugares más insospechados para ofrecer otro punto de vista al espectador. Todos estos aspectos, deteniéndose en sus representaciones más reconocibles, hacen del libro una guía interesante sobre lo que nos legó Hitchcock, su manera de utilizar el cine para explicar historias.

Pero el peso del volumen, y nunca mejor dicho, lo encontramos en el material gráfico. Y aquí destacaré que, sin la colaboración de los herederos, en especial de Patricia Hitchcock que firma el prólogo, no hubiera sido posible contemplar, por primera vez, fotos familiares y de rodaje que nos permiten descubrir el lado humano del director. De hecho, se nos indica que es el primer libro realizado con autorización expresa de la familia. La edición, en este sentido, es espléndida. Y no queda otra que felicitar a Libros Cúpula por haber respetado el formato original que contiene, para deleite de los coleccionistas, documentos facsimilares presentados en “páginas-sobre”. Así, tendremos en nuestras manos su certificado de nacimiento y el de matrimonio fielmente reproducidos; un telegrama dirigido en 1940 a David Selznick; unas notas extraídas de un bloc con membrete del barco Queen Mary, en las que detalla las cualidades más relevantes que debe tener una buena película; también encontramos storyboards, fragmentos de guiones manuscritos, bocetos de vestuario… Como ya indica el título, auténticos tesoros que hacen del ejemplar una deliciosa caja de sorpresas.

Quizás no descubrirán nada que no sepan, pero el libro de Bouzereau les permitirá recordar pasajes maravillosos de la historia del cine, detectar elementos que pudieran revelarles sincronías entre la vida del director y sus películas, volver a admirar a las grandes estrellas de Hollywood y disfrutar como niños con esas sorpresas que contienen sus páginas de color dorado, fragmentos de la vida de uno de los hombres más influyentes de la cultura del siglo pasado.

Título: Los tesoros de Alfred Hitchcock
Autor: Laurent Bouzereau
Prólogo: Patricia Hitchcock O’Connell
Traducción: Natalia Galiana Debourcieu
Editorial: Libros Cúpula (Barcelona, 2010)
Precio: 42 €

Escrito por: José A. Muñoz