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“L’última cinta” en el Almeria Teatre: Grabaciones revitalizadoras

Esto es una manera de hacer balance. Sin que se vea venir. Como quien no quiere la cosa. Desde la comicidad del clown encantado de haberse conocido porque nos ve cerca, en un patio de butacas confundido y deseoso de jugar con él.

Su llegada le viste de euforia mientras se pavonea de un extremo a otro del escenario. Bien ataviado con una gracia corporal que emana oficio y encanto.

A sus pies.

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                             Un clown y el drama de la vida sin improvisar

Pronto nos extrañamos con el juego de opuestos en que se sustenta el espectáculo: el mimo enérgico y voluntarioso se enfrenta a la seriedad de una oficina atiborrada de rancios archivadores. Uno y otra son más que viejos conocidos: de hecho la segunda se ha convertido en refugio, incluso búnker, del primero. Este, lejos de huir en busca de aire vital, se esconde entre cajas numeradas y cintas que reproducen con meticulosidad religiosa las experiencias pasadas mediante su propia voz exclamativa, chillona, chirriante, desgarradora.

L’última cinta” se desliza arriesgadamente por el filo del drama existencial pero con una colchoneta protectora a base de comedia amable. Cuando el artista, Víctor Álvaro, corretea por ese suelo de simpática mueca y elegantes gestos, la historia crece, emociona y causa expectación. Porque nuestro protagonista comunica, entretiene y crea una valiosa complicidad con nosotros. Sus gemidos infantiles iniciales por su gozosa aparición son seductores, algunos gags resultan entrañables (el momento en que pela y vuelve a cubrir con su piel el plátano es ingenioso y tierno).

El objetivo es ambicioso: Pretende recorrer el difícil trayecto de la risa al llanto en apenas sesenta minutos.

Al encaramarse en cambio en la cuerda floja de la vertiente trágica, su seguridad flaquea. La voz en off que discurre entonces se adueña de la función, y paraliza su ritmo al abocar el estatismo del actor a poco más que espectador de la narración, pretenciosa y confusa. Conseguimos averiguar que se trata de una recopilación pormenorizada de las vivencias del personaje, ordenadas metódicamente día a día, cinta a cinta, caja a caja, archivador a archivador. Él parece disfrutar su audición con ilusión morbosa. Pero nuestro interés va decayendo al no percibir en su expresión la progresión que pide tan trascendental relato. Tampoco el lenguaje escénico ayuda a paliar este defecto: Se encalla el desarrollo de la trama por recrearse demasiado el espectáculo en la ambigüedad, necesaria en toda expresión artística pero aquí insuficiente al no entrar en materia.

No obstante el mensaje, inquietante, es contundente: Hay quien vive reviviendo una y otra vez lo vivido y alejándose del mundo real se consuela en la comodidad de lo “diferido”, que ya ocurrió y que, por consiguiente, parece que podríamos “anticipar”.

Álvaro vuelve a encandilarnos al final de todo, cuando parece que todo está perdido y a modo de celebrado bis: tocando el ukelele, con irresistible ironía y voz clara y hermosa. Y se pregunta “¿Cómo puede ser que en este mundo tan bonito y maravilloso alguien esté triste o se sienta tan solo”’? La respuesta la sabemos todos más o menos y felicitamos a este bufón encantador por acusarnos tan certeramente.

 por Juan Marea

Del 25 al 28 de julio
Almeria Teatre
c/ de Sant Lluís, 64, de Barcelona
http://www.almeriateatre.com/ultimacinta.htm
En catalán
Dirección e interpretación: Víctor Álvaro
Ayudante de dirección: Júlia Bonjoch

Grec’13: “Espai vital (Lebensraum)” en el Teatre Lliure: Hogar, mudo hogar

Para emocionarnos, no hacen falta las palabras. A menudo distraen y nos llevan caprichosamente por los vericuetos de la reflexión y hasta el examen de conciencia. Tampoco necesitamos conocer nuevas historias que nos alejen de nuestra predisposición a recorrer lugares comunes aparentemente ajenos.

Jakop Ahlbom lo sabe. Y pone todo su empeño de artista multidisciplinar en relajarnos a costa de construir y destruir una y otra vez un espacio mágico y vivo que aparece cada vez que se apagan las luces de sala y se desintegra suavemente al final del espectáculo.

El hábitat escénico de la tropa de Ahlbom desecha la lógica convencional. No se ofrece como lugar “para entrar a vivir”. Pero el surrealismo con el que está amueblado nos hace titubear. ¿Nos mudaríamos con ellos a protagonizar este cuento de amor a tres bandas entre dos inventores inseparables y una muñeca muy voluntariosa?

Lo vamos a pensar seriamente mientras asistimos admirados al despliegue de accidentes domésticos propiciados por dos mimos en combate continuo (payaso triste: el propio Ahlbom, impecable en su melancolía e implacable en su acrobacia; payaso alegre: Reinier Schimmel, estilizado moviéndose y estilista de la ingenuidad), desapareciendo con ímpetu por puertas y volviendo acto seguido (casi sin solución de continuidad) desde ventanas deliciosamente acogedoras.

La cosa no se detiene aquí: un baúl que les engulle después les escupe sin piedad al escenario. Las paredes giran, los muebles parecen no tener fin y sus moradores les hacen los honores enarbolando un ritmo trepidante, una agilidad elegante y la compenetración más inquietante. Cuando aparece en escena la tercera en discordia, llega el momento inexorable de creer en milagros: la muñeca (prodigiosa Silke Hundertmark) cobrará vida y al tomar conciencia de su nueva dimensión se integra maravillosamente en esa pareja de artistas silentes recalcitrantes. La coreografía entonces se torna en maravilla enloquecida. E impulsada por los dos narradores musicales que también poblaban la estancia (Leonard Lucieer y Ralph Mulder, casi fusionados con las paredes), el espectáculo es imparable. El venerable Buster Keaton, que bendecía a las criaturas desde el marco de un cuadro impávido, es finalmente sacrificado por el ritmo enfervorizado de las sorprendentes piruetas.

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Cara a cara y una magia única

La ambigüedad de la historia (que mezcla sugestivamente episodios macabros con la luminosidad de la candidez de los tres protagonistas), aderazada con la música de Alamo Race Track, alternando acordes crepusculares con apuntes de pop “naïf” y promovida por un escenario repleto de recovecos para sobredimensionarlo constantemente, resulta alarmante:

Triunfó la capacidad expresiva visual. Y como quedamos boquiabiertos y sin poder articular palabra a duras penas nos escabullimos del patio de butacas al final del “show”. Por poco nos quedamos a vivir allí, en medio de ese extraordinario caos de talento exquisitamente canalizado.

Por Juan Marea

http://grec.bcn.cat/es/programa/espai-vital-lebensraum
Teatre Lliure
Sala Fabià Puigserver
Duración: 70 minutos
Espectáculo mudo
Del 26 al 28 de julio
Dirección y movimiento: Jakop Ahlbom
Dramaturgia: Judith Wendel
Intérpretes: Jakop Ahlbom, Reinier Schimmel, Silke Hundertmark, Leonard Lucieer, Ralph Mulder
Música: Alamo Race Track
Escenografía: Douwe Hibma y J. Ahlbom
Iluminación: Yuri Schreuders

                                                                                                                                                              

“El viento en un violín” de Timbre 4: Música apenas audible

Claudio Tolcachir elige el teatro como “la ocasión para mirar en un espejo deformado todas las debilidades, extremarlas y hacerlas salir a la luz”.

E intenta que un vendaval desafíe las cuerdas delicadas del violín.

En un extremo, una historia disparatada que sacude las conciencias de unos seres nada tranquilos en su punto de partida: un joven inútil deseoso de dejar de serlo (el mismo Tolcachir, carismático y aparente) descubre la manera de dar la vuelta a su angustia al verse obligado (literal y violentamente) a crear una nueva familia. Con ello, conseguirá exterminar casi instantáneamente diferencias sociales, culturales y de opción sexual.

Sigamos: el conflicto constante que impulsa dicho protagonista se envuelve con las lazadas de una criada servil y deliciosamente humana (magnífica Araceli Dvoskin, cuyos silencios y breves réplicas salpican de vida este concierto) pero también se enreda con la simplicidad de los demás personajes. Y los nudos consiguientes que forman las interpretaciones del resto del elenco (poco matizadas y tendenciosas en los casos de la pareja de mujeres o bien muy pasadas de rosca en lo que respecta a las “criaturas” más burguesas como la locuaz madre o el psicoanalista farsante) acaban imposibilitando que la resolución vaya más allá del banquete de perdices y felicidad habitual de los cuentos de ¿hadas?.

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                             Todos a la cama y nadie que quiera hacerla.

En cambio, en el extremo de las cuerdas del instrumento citado podemos oír tenuemente el brío de algunos momentos celebrados por una comicidad desprejuiciada que habría supuesto hermosa melodía si la razón de ser de la obra fuese un vodevil o bien una comedia ligera. En estas escenas (el enfrentamiento entre el paciente y el profesional con el diván a punto de salir corriendo; los despertares de la criada a la señora en una alcoba siempre apresurada) sí que vislumbramos el esperpento del que hablaba nuestro dramaturgo y director. Pero para ello nos falta la capacidad de ahondar en el alma y la ironía a la hora de ridiculizar la manera de relacionarse unos y otros en ese mundo tan dispar que Tolcachir pretende acercar a golpe de chiste fácil y equívoco argumental.

por Juan Marea

Del 24 al 27 de julio
Horario: jueves y viernes, 20.30 h; sábado, 18 y 21.30 h
Descuentos a mayores de 65 años, menores de 14 años, Club Tr3sC, Tarjeta Rosa, Tarjeta Discapacidad y Carnet Jove
En castellano
Teatre Romea
http://www.teatreromea.com/es/showing
c/ Hospital, 51, de Barcelona
Dirección, dramaturgia: Claudio Tolcachir
Intérpretes: Inda Lavalle, Tamara Kiper, Miriam Odorico, Araceli Dvoskin, C. Tolcachir y Gonzalo Ruiz
Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Luces: Omar Possemato
Ayudantes de dirección: G. Cordoba Estévez y Melisa Hermida

“El viaje de mi padre” de Hika Teatroa: El tren de la Luna

Este padre debe viajar. Pero no está seguro de que el tren en el que quiere acompañarle aquel hijo sea el que mejor le conduzca a la estación final. Según este hijo, aquel padre siempre estuvo en la Luna. Entonces; ¿quién les convence de que lo mejor para aquel y este, este y aquel es viajar juntos?

 

Mientras decidimos quién de los dos se saldrá con la suya, Agurtzane Intxaurraga, directora, pone en marcha una locomotora que se desplaza suavemente con un combustible poco contaminante: la ternura y la humanidad de la relación intergeneracional entre los dos protagonistas. Y habilita dos vagones donde instala holgadamente a José Ramón Soroiz y algo más apretujado a Joseba Apaolaza. José Ramón, inmenso, sabio y entrañable a medida que el alzheimer le amplía el espacio lunar, nos da una lección de interpretación: La contención de su trabajo y su humilde personalidad no solo permiten que brille ese “aita” al que encarna, sino que contagia de riqueza escénica los momentos en que ríe, se confunde, confiesa y ama a su hijo. Apaolaza sabe reconocer con profesionalidad su posición de antagonista. A él corresponde encabritarse, regañar y desesperarse. Le tocó viajar en segunda clase pero entre aspavientos y tonos declamativos consigue que transpire la sensibilidad de su personaje, el hijo que debe decidir si tomar las riendas de su vida o si en cambio ayudar a su progenitor a recoger las suyas cada vez que se caen en el acontecer doméstico diario.

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El pasado y el presente tienen el mismo billete.

El viaje de mi padre” de Hika Teatroa se estrenó en 2010 y ahora se ha presentado en Barcelona por obra y delicadeza del Almeria Teatre para su Barcino’13, Festival alternativísimo al celebérrimo Grec. Se trata de un espectáculo que se inscribe con orgullo nada vanidoso en las coordenadas de un teatro realista y poético.

Del primero toma el minucioso retrato de sus personajes a quienes sus autoras, Arantxa Iturbe y la misma Intxaurraga (que trazan juntas historias teatrales desde hace catorce años), otorgan su principal atractivo. También la estructura narrativa que nos avanza eficazmente la sucesión de acontecimientos. Así podemos vivirlos con la cercanía de quien no siempre se atreve a mirar en casa los estragos del tiempo en el deterioro de las relaciones familiares.

La poesía aflora amablemente para permitir que padre e hijo puedan volar al pasado sin necesidad de apearse del tren: por un lado, la presencia sobria, elegante y casi mágica de Jabier Muguruza al acordeón y como contrafigura del padre en un tiempo en que componer habaneras con su acordeón le convirtió en el mejor pretendiente de la mujer más pretendida del pueblo. Por otro, la intervención simbólica de ella misma, sombra luminosa que acerca y aleja a los dos personajes centrales. Un vestido de fiesta basta para ver a ella bailando, encandilando y haciendo rivalizar a los dos hombres de la casa. Y metáforas fácilmente reconocibles y hermosas por ello como las brazadas del niño aprendiendo a nadar o el juego escénico que superpone de forma encantadora presente y pasado con el acordeón.

Por todo ello, vivir con Hika Teatroa este recorrido escénico nos sosiega, emociona y hace sonreír. Sin más artificios que nuestros prejuicios.

Por Juan Marea

“El viaje de mi padre”
Almeria Teatre
http://www.almeriateatre.com/elviaje.htm
BARCINO’13-FESTIVAL ROMÀ DE BARCELONA
del 8 al 28 de julio
Programa: http://www.almeriateatre.com/horaris.htm
Precio: 15€ (descuentos a mayores de 65 años, menores de 14 años, con Carnet Jove, Club Tr3sC, Carnet de Biblioteques, Suscriptores de La Vanguardia, Col·legi d’Òptics, Socios Fnac, Claror Club y  RACC Master)
c/ de Sant Lluís, 64, de Barcelona

Dirección y escenografía: Agurtzane Intxaurraga
Dramaturgia: Arantxa Iturbe y A. Intxaurraga
Actores: José Ramón Soroiz, Joseba Apaolaza y Jabier Muguruza
Música: J. Muguruza
Ayudante de dirección: Tessa Andonegi
Luces: Jabier Lozano
Vestuario y attrezzo: Zerjantzi
Coreografía: Ana Remiro y Katy Zubizarreta
Imágenes: David Bernués
Sonido: Mikel Azpiroz

“Wasteland” en el Mercat de les Flors: Fuego en el vertedero

Eduardo Galeano es un trovador que detecta la injusticia social dándole forma de hermoso cuento; y después la denuncia gritando versos, consiguiendo sustituir la trascendencia con que habitualmente discurren dichos temas por la descripción emocionante del día a día de la miseria cotidiana.

Danés en el País de la Basura
Danés en el País de la Basura Maravillosa

Lluís Danés llama oportuno a la puerta de Galeano y le pide que alce su voz para convertirse también en juglar de sus propias reflexiones. Y abre un escenario que, cómplice de las palabras de Eduardo, prolonga el espíritu de sus pensamientos. Se trata de un espacio que nos recuerda un teatrillo de feria distinguible entre las brumas de lo onírico, abandonado al engullirlo la oscuridad y flanqueado a lado y lado por tres músicos.

Bienvenidos a “Wasteland”. O mejor dicho: desechados en “Wasteland”. Solo falta ahora identificar las criaturas que poblarán este mundo, que son las que el Mundo con mayúsculas desecha sin piedad de su paraíso de exceso capitalista y progresiva insensibilidad. Manolo Alcàntara, esforzado mimo, pronto cae desconcertado en el escenario para darse por aludido. Y al ser admitido en él como portavoz de los “nadie” y “ninguno” descartados por no aportar ya nada a la sociedad de consumo, empieza a experimentar cómo pudo sentirse Adán después de probar el fruto del conocimiento, cómo perdió a Eva al escurrirse de sus pobres dedos, el aprendizaje de conseguir sus propios alimentos, su transmutación en fiera prehistórica y su desaparición final cuando otro llega a tomarle el relevo. La angustia de su personaje, Alcàntara la combate con la ternura de sus gestos; el desconcierto que siente al no entender qué se espera ahora de él, Alcàntara lo aprovecha para jugar a estremecerse y a emular, e intentar escapar para volver inevitablemente al mismo lugar en el que quedó atrapado. Rodeado de títeres macabros que representan el colectivo de desfavorecidos y el horror de no saber cómo aliarse, también el canto lírico representará la alienación.

Alcàntara no puede volar.
Alcàntara no puede volar.

Muy cerca del escenario, Xavi Lloses, Adrià Bauzó y Oriol Aymat deciden con habilidad reforzar la atmósfera enrarecida y entrañable que respiran los atribulados personajes. Y lo hacen interpretando la música de Lluís Llach que fluye en un registro íntimo cuando presenta el panorama escénico y adopta unos ecos más grandilocuentes cuando se trata de enfocar la crueldad que ha llevado a la aparición de este vertedero hiperpoblado de víctimas paralizadas. Concierto exquisito para que la historia salga de su ostracismo temático y argumental.

Lluís Danés, al fin y al cabo, nos muestra ensamblando todos los elementos escénicos cuán bella puede ser la pesadilla de vivir al ahogarse uno en medio de la Globalización, la magia del sufrimiento que conlleva sobrevivir, la ilusión de la lucha. Y de paso homenajea el circo y los títeres eligiendo uno y otros como plataformas muy adecuadas para manifestarse contra tanto sinsentido porque acentúan el infantilismo y lo aplican a la crítica descarnada.

Salimos del Mercat de les Flors y respiramos aliviados al recordar aquella máxima de Galeano: “El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos.” Danés nos ha insistido que es hora de avivar nuestra llama.

por Juan Marea

WASTELAND
http://grec.bcn.cat/programa/wasteland
Del 17 al 20 de julio
Mercat de les Flors
Plaza de Margarida Xirgu, 1, de Barcelona
Precio: 24 €
Horario: 22 h
En castellano
Duración: 75 minutos

Dirección, dramaturgia y escenografía: Lluís Danés (con textos de Eduardo Galeano)
Intérpretes: Manolo Alcàntara y Mayú Heitmann
Música original: Lluís Llach
Músicos: Xavi Lloses, Adrià Bauzó y Oriol Aymat
Ayudante de dirección y movimiento: Anna Marín
Máscaras: Martí Doy
Luces: Joan Teixidó “Teixi”
Sonido: Oriol Farran «Estu» y Carles Xirgo
Vestuario: Santamandra Produccions

“Gestos, Ganyotes i Posturetes” en el Museu d’Història de Catalunya: Golfos y desenmascarados

Las Noches de miércoles veraniegas en el Museu d’Història de Catalunya son Golfas. Porque nuestra mente pide entretenimiento refrescante. Y porque en el marco de su terraza un escenario donde dar rienda suelta a propuestas ligeras refuerza el panorama visual. A la armonía de las vistas del puerto, el Museu suma unos apuntes artísticos. Y el público asistente olvidará unos minutos que pertenece a otros lugares pues en este enclave se siente relajado, acogido y mimado.

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Gesticulando al aire fresco

La Compañía Vol Ras abre el fuego con una “Conferencia-Espectáculo sobre el lenguaje del movimiento”. No, no os asustéis: No se trata de una nueva vuelta de tuerca de esas sesiones magistrales de “coaching” que tanto nos acosan últimamente. Tampoco es una clase de danza contemporánea posmoderna (si se me permite la contradicción). La pretenciosidad del título pronto cede el paso a la verdadera razón de la propuesta: una travesura cómica hilvanada por un catálogo de situaciones muy familiares en las que poner en práctica la premisa principal: cómo nos expresamos sin apenas darnos cuenta con nuestra cara y poses varias.

Los dos integrantes de Vol Ras, simpáticos y esforzados, crean un escenario poblado de gags inmediatos y caricaturización directa, empapados de un humor blanquísimo sin dobleces ni trampa ni cartón. Se trata de un espectáculo honesto que recupera una vez más la recurrente receta para curar el estrés de la jornada laboral y el desconcierto posterior veraniego cuando uno sigue “fichando” en la Gran Ciudad. He aquí sus ingredientes: dos caricatos amables, una capacidad de entrega que les une, y el resultado de una trayectoria profesional que se adapta bien a este desenfadado lugar.

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Un lago de cisnes con poder axilar

La compenetración de Joan Faneca y Joan Segalés para convertir un espectáculo teatral en chispeante reunión casi familiar con su predispuesto público basta. Ambos artistas alternan el papel de payaso listo y payaso tonto continuamente. Además se divierten con el constante intercambio de roles. Y, de paso, nos recuerdan que en cada uno de nosotros hay un artista en potencia que puede empezar en cualquier instante a hacer de las suyas. El momento culminante del show llega cuando los cómicos requieren la complicidad de dos espectadoras atrevidas. Ellas pasarán a formar parte del elenco sin demasiados ruegos: Vol Ras ya hace un rato que está construyendo un espacio suficientemente acogedor como para querer subir a respirarlo. Y las carcajadas del resto del público, encantado de llevar interviniendo en el juego planteado adivinando y contestando, son un reconfortante aire que respirar.

Por Juan Marea

NITS GOLFES AL MUSEU
www.mhcat.cat facebook.com/mhistoriacat
Terraza del Museu d’Història de Catalunya
Plaça de Pau Vila, 3, en Barcelona
Horario: miércoles del 3 de julio al 4 de septiembre a las 22 h.
Precio: 5€ (reservas: mhcvisites.cultura@gencat.cat)

 

“El loco y la camisa” de la Compañía Banfield Teatro Ensamble: Cordura argentina sin freno

Y la familia que les rodea. Asfixia. Intenta exterminar. Esta es otra historia en la que la tragedia se camufla de forma cobarde tras la comicidad de la vida cotidiana del microcosmos social más esencial.

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                                          El loco salta y no acepta monedas.

Cuando este loco perfilado por el Nelson Valente autor después de constantes intentos fallidos descubre en la camisa de su insensible progenitor la prueba evidente de una pequeña grieta familiar, encontrará por fin la coartada necesaria para abrirla en canal. Su familia, quiero decir. No la camisa. El estupor de los “suyos” (paradigma del sinsentido del afecto sanguíneo) lo traduce en palabras su hermana al proferir entonces a modo de grito desgarrador final el gran lema: “¡Si nadie te pregunta, no tienes por qué andar diciendo todo lo que piensas!”

Para entonces, el Nelson Valente director ya ha mostrado ampliamente su capacidad extraordinaria de extraer de lugares tan comunes la fuerza arrolladora de un reparto entregado, integrado por un quinteto de actores en estado de gracia que hacen maravillas escénicas llevando a cinco terrenos completamente diferentes el conflicto escénico: Julián Paz Figueira, el hijo, acróbata emocional y de ambiguas reacciones, corredor paciente de extravagante comportamiento a despiadada voz de la conciencia; Lide Uranga, sumisa esposa-madre-y-por-supuesto-mujer, cuyos ojos centellean cada sentimiento sin necesidad de que el cuerpo lo tenga que reafirmar; Ricardo Larrama, un patético “homersimpson” si alguna vez a este se le permitiera salir fuera de cámara, que hace de su postura autoritaria inquietante atmósfera con la única ayuda del ausentismo doméstico; José Pablo Suárez, el futuro yerno, implacable como sucesor del anterior bajo su contorno escalofriantemente acomodado, y Soledad Bautista, la hija vacía a quien no habrá quien le corte los hilos porque no es capaz de tomar ni una decisión por sí misma.

Con todos ellos, Valente recrea una y otra vez momentos desternillantes que se sustentan en lo absurdo de la vida cotidiana y logra permanentemente auténticos “tours de force” entre su elenco fiel, que hielan la carcajada y la perpetúan más allá de la anécdota argumental. Es tanta la desenvoltura de sus actores que parece en más de una ocasión que estén improvisando o inventando. En realidad, haciendo crecer la historia y componiendo un espectáculo vivo, provocativo y desafiante.

Una vez más la realidad se adueña del escenario y, campando a sus anchas, confirma que no hace falta concebir nuevos mundos para ofrecer un buen ejercicio teatral: Queda aún mucho por arar en las cuatro paredes de casa y para ello nada mejor que buenos observadores como Nelson, que luego se entrega a fondo en la cosecha.

Por Juan Marea

EL LOCO Y LA CAMISA
del 2 al 7 de julio
La Villarroel
c/ Villarroel, 87, de Barcelona
www.lavillarroel.cat

Dirección y dramaturgia: Nelson Valente
Actores: Julián Paz Figueira, Lide Uranga, Ricardo Larrama, José Pablo Suárez y Soledad Bautista
Asistente de dirección: Mariana Fossatti

“L’Accident” de La Companyia Ipsilamba: Tragedia celestial

Image                                      Todo empieza con el fin.

Según tenemos entendido, las víctimas de un accidente mortal se marchan al Otro Mundo con un souvenir nada desdeñable: Por su mente cabalgan endiabladamente los recuerdos más intensos de su ya extinguida vida. Cuando el afectado es alguien tan distinguido como Albert Camus, parece ser que valdrá la pena asistir a ese desfile final de emociones personales. O no. Decídamoslo al final de esta crónica.

Ahora es el momento de presentar a los ángeles de la guarda que emergen como primera consecuencia palpable del trágico acontecimiento: formando una encantadora pareja, la dulce y graciosa Antònia (Nies) Jaume y el vigoroso Jacob Torres “practican slalom por la galaxia” camusiana. Y lo hacen de un modo simpático, cómplice e inocente. Con ello, restan dramatismo al automóvil despedazado que ha sido el cascarón del que han podido salir al mundo exterior. Su empeño en instruir la causa de decidir si el finado Camus debe instalarse en el Cielo o no se adueña del estupor del público. Y Carme Cané, dramaturga, pone en boca de dichos narradores resultones la encomiable responsabilidad de ganarse la confianza del respetable.

A medida que estos investigadores inmaculados (o casi: porque beben con fervor) aceptan su misión, el mundo “extranjerizante” del atormentado Albert va desplegándose e intenta agitar lo que se presenta como verdaderas alas del espectáculo a través de la sucesión de episodios vitales y fragmentos de sus obras emblemáticas. En ellos, un Xavier Ripoll demasiado enfático asume en voz alta (y cavernosa, una de las grandes bazas del actor) su identidad de ciudadano preocupado por la injusticia social, empeñado en llevar la coherencia de su pensamiento político a las últimas consecuencias y sufriendo sin medias tintas los efectos de la desilusión. Para ello, se desdobla en Camus y en sus criaturas más inquietantes y cuenta, además, con la colaboración de una a veces magnética, otras chirriante Tilda Espluga (sensual como María Casares, letal como revolucionaria).

La obra se accidenta entonces progresivamente porque va tomándose cada vez más en serio lo que pretende contar: su naturaleza, que al inicio se caracterizaba por una prometedora liviandad y por la creación de un espacio propio, va endureciéndose más y más para acabar convertida en un alegato pretencioso glosando la figura del creador protagonista. Las graciosas plumas angelicales son aplastadas lamentablemente por el discurso plúmbeo, que impide el vuelo de este trabajo.

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Un ángel guardador accidentado

Aun así, los recursos destinados (y servidos con exquisita mano por CaboSanRoque) a elevar esta propuesta parcialmente insólita resultan muy acertados a la hora de ofrecer cierta cohesión al conjunto: el automóvil en el que se produce la tragedia con que se inicia la acción luego será sala de juzgado y hasta nido de pasión y salón de baile íntimo; la música enriquece el tono trágicocomico y el impecable vestuario dota a las figuras escénicas de una elegancia inusual. Todo ello, junto con la personalidad de Torres, el acelerado monólogo sobre el fútbol estupendamente interpretado por Jaume, y el sugerente desenlace sobre el verdadero origen de esos ángeles narradores, habría lucido mucho más con una dramaturgia menos pretenciosa y una dirección de actores más ajustada.

Como conclusión, formulo una pregunta personal: ¿Existe Dios finalmente? No esperemos a averiguarlo después del accidente porque quizás ya no lleguemos a tiempo de conocerle.

Por Juan Marea

L’ACCIDENT
Del 4 al 7 de julio
Teatre Lliure
Espai Lliure
Passeig de Santa Madrona, 40-46, de Barcelona
Duración: 75’
Idioma: catalán
http://grec.bcn.cat/es/programa/l%E2%80%99acciden

Dramaturgia y dirección: Carme Cané (incluye la adaptación de textos de Albert Camus; con la colaboración en la dirección de Rosa M. Sardà)
Intérpretes: Tilda Espluga, Antònia (Nies) Jaume, Xavier Ripoll y Jacob Torres
Música, escenografía y vestuario: CaboSanRoque
Diseño de iluminación: Jordi Pascual (Ninyato)- STEM, SCCL
Vídeo: Jordi Crusats
Ayudante de dirección: Ariadna Castedo

“Cap al tard” en La Villarroel: Pasión y absenta frente al espejo

F56rus_023Una copa por el arte de la vida

Anochece en Barcelona. Y un espejo la recorre. Para destacar su parte más íntima. Sin prisas y sin apenas ganas. Porque da mucha pereza. Y es que nuestro guía no siente que se pueda hacer de otro modo. Por lo pronto, ya nos aclara de antemano que nos recibe en un café y, con él, estamos invitados a bostezar.

Se muestra entrañable invitándonos a beber absenta; pícaro al suspirarnos mujeres; irónico si habla de asuntos de estado; trascendente cuando intenta describir qué es el Modernismo; concienzudo a la hora de decidir qué conduce a la vida y también preciso señalando qué mortifica mientras tanto.

En cada paso de su discurso, tras cada nuevo ímpetu por iniciar la siguiente reflexión, un intelectual carismático, un artista que transita del viejo cascarrabias al sátiro bienestante, del vividor demagogo al entregado creador. Todos ellos para ser uno mismo: Santiago Rusiñol, genio, figura y ocurrente confidente.

Irrumpe desde detrás del espejo Ramon Madaula, actor dispuesto a resplandecer proyectando la imagen del genuino pintor y escritor. Llega henchido de un dinamismo contagioso y reparte con generosidad constantes destellos de ternura (“Me gusta acariciar mis tristezas.”) y desafío (“¡El equilibrio es la muerte!” proclama) sin asomo de afán de protagonismo. Sus carcajadas las quisiéramos en la misma mesa en la que nos tomemos una copa; sus alaridos nos llevarían a querer frenarlos por temor a que nos regañara el dueño del local. Y su pasión por la vida “escuchando los ruidos de la soledad” y también por el arte, entendido como búsqueda irrefrenable, la necesitamos en nuestro acontecer diario.

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El hombre y su atardecer cotidiano

Siendo honestos del todo, revelemos ahora las otras dos claves de esta pequeña joya que brilla sin artificios en La Villarroel: Erik Satie, compositor y amigo a muy corta distancia, traído aquí para la ocasión por las voladoras manos de Marc Garcia Rami sobre un piano. Aquellas que se deslizan suavemente entre el discurrir vehemente de Rusiñol, la versatilidad manifiesta de Madaula y el deleite agradecido del público; aquel que al sonar completa la atmósfera onírica, íntima y acogedora de la propuesta escénica.

Y un párrafo especial para la quinta pasajera. Breve, que no anda por la labor de figurar: Sílvia Munt, velando muy cerca por que este “atardecer” se funda en nuestra sensibilidad con la hermosura de su sencillez, con la eficacia de su transparencia, con la contundencia de su condición de “tranche de vie” deliciosamente equilibrada por el apunte biográfico en primera persona. Y en lo que a nosotros respecta, con la seguridad de que amanecerá un poco mejor después del espectáculo.

Por Juan Marea

La Villarroel
http://www.lavillarroel.cat/
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/Villarroel,87 de Barcelona
“CAP AL TARD Proses autobiogràfiques de Santiago Rusiñol”

Del 2 al 27 de julio
Horario: martes, miércoles, jueves y viernes, a las 21 h; sábado a las 18.30 h y a las 21 h
Precios: general, 18 € (posibilidad de descuento)
Dirección: Sílvia Munt
Actor: Ramon Madaula
Músico: Marc Garcia Rami
Dramaturgia: R. Madaula
Escenógrafo y figurinista: Xavier Millán
Ayudante de escenografía: Sebastian Schmidt
Diseño de luces: Pep Gàmiz y Arnau Julian

“Alma i Elisabeth” en la Sala Muntaner: aves enjauladas piando por ser fénix

¿Cuáles son los límites con los que podemos perfilar a una persona? ¿Nos basta nuestra percepción desde la mirada atenta y la estrecha convivencia?

¿Cómo afrontamos los propios límites, aquellos que atropelladamente superponemos día a día sobre nosotros mismos?

La historia de Alma y Elisabeth podría ser una muestra de estas preguntas que aún no contestaré.

Ambas mujeres aceptan conocerse aislándose del ruido mundano y sembrando un terreno en el que solo ellas esperan recoger frutos.

La primera es una vulgar enfermera invitada en dicha relación a aprovechar la ocasión de sacar ese protagonismo que su vida mediocre le negaba de una forma no necesariamente caprichosa.

La segunda, una reputada actriz teatral cuya última excentricidad (con permiso de una crisis existencial más que sospechosa) es la decisión de enmudecer para los demás aunque sus gemidos y murmullos le demostrarán que a menudo podemos prescindir de la comunicación verbal.

Magda Puyo construye una jaula teatral y encierra en ella a dos actrices prestigiosas para que puedan piar con cierto alboroto.

Fuera resplandece el desgarrador texto que Ingmar Bergman parió para su película “Persona” y que también le sirvió para exorcizar sus demonios. En él plantea la dualidad del ser humano (aquello que uno es irremediablemente porque los demás así lo deciden; frente a aquello que uno difícilmente llegará ser porque subyace sepultado en lo más profundo de uno mismo) y la posibilidad de compensar ese desequilibrio tomando de los que se acercan lo que no se nos suele dejar desarrollar.

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                                   Contigo cerca voy a ser yo.

Los barrotes son la concreción para la ocasión de este diálogo para actriz dicharachera (excesiva Marta Marco, cuyo histrionismo dificulta la progresión de su personaje de cenicienta a madrastra) y actriz cuasimuda (insuficiente Mònica López, que con su etérea composición diluye la soberbia de la diva a la que debe reivindicar).

Y, entre la prisión y la libertad, la atmósfera inquietante con que Puyo logra rociar el escenario. Su apuesta por un tono ambiguo entre lo onírico (vaporosos bastidores; finísimo telón que presenta a la enferma social y acaricia después a las dos sufridas heroínas; las gigantescas apariciones proyectadas de la doctora que introduce la historia interpretada exquisitamente por Vicky Peña) y lo poético (bellísimos cara a cara visuales entre los dos personajes centrales cuando se funden en uno; espeluznantes gritos de la actriz silente que no salen de su garganta sino del alma) cubre de fascinación la platea. Y abriéndonos paso a este intrigante retrato metafísico, la directora de la propuesta combina con acierto el tratamiento de la imagen, los efectos sonoros que transmiten eficazmente la angustia de la historia y la dosificación del suspense (a pesar de cierta tendencia a la aceleración sobre todo en los momentos más intensos de parlamento). Con todo ello, mitiga parcialmente los desequilibrios en la dirección de sus actrices y recrea oportunamente la intención de Bergman de “penetrar los rincones más ocultos de la mente y convertir las sensaciones en imágenes”.

¿Hablábamos de límites al principio? Pues no los convoquemos, que acuden sin llamarlos. También para permitirnos descubrir si les dejaremos decir la última palabra sobre nuestro entusiasmo vital.

por Juan Marea

Sala Muntaner
c/ Muntaner, 4 de Barcelona
http://www.salamuntaner.com/inicio
Del 26 de junio al 28 de julio
70 minutos
Horario: de miércoles a sábado, a las 21 h; domingo, a les 19 h.
Precios: miércoles y jueves, 18 €, viernes, sábado y domingo: 20 € (descuentos: Carnet Jove, Carnet Bibliotecas Municipales, mayores de 65 años, suscriptores de La Vanguardia, Carnet  Club TR3SC

 

Dirección: Magda Puyo
Autor: Ingmar Bergman
Adaptación: Magda Puyo y Victòria Szpunberg
Intérpretes: Mònica López, Marta Marco y Vicky Peña
Imagen: Alfonso Ferri
Vestuario: Mariel Soria
Diseño de iluminación: Quico Gutiérrez
Diseño de sonido: Lucas Vallejos