“El viento en un violín” de Timbre 4: Música apenas audible

Claudio Tolcachir elige el teatro como “la ocasión para mirar en un espejo deformado todas las debilidades, extremarlas y hacerlas salir a la luz”.

E intenta que un vendaval desafíe las cuerdas delicadas del violín.

En un extremo, una historia disparatada que sacude las conciencias de unos seres nada tranquilos en su punto de partida: un joven inútil deseoso de dejar de serlo (el mismo Tolcachir, carismático y aparente) descubre la manera de dar la vuelta a su angustia al verse obligado (literal y violentamente) a crear una nueva familia. Con ello, conseguirá exterminar casi instantáneamente diferencias sociales, culturales y de opción sexual.

Sigamos: el conflicto constante que impulsa dicho protagonista se envuelve con las lazadas de una criada servil y deliciosamente humana (magnífica Araceli Dvoskin, cuyos silencios y breves réplicas salpican de vida este concierto) pero también se enreda con la simplicidad de los demás personajes. Y los nudos consiguientes que forman las interpretaciones del resto del elenco (poco matizadas y tendenciosas en los casos de la pareja de mujeres o bien muy pasadas de rosca en lo que respecta a las “criaturas” más burguesas como la locuaz madre o el psicoanalista farsante) acaban imposibilitando que la resolución vaya más allá del banquete de perdices y felicidad habitual de los cuentos de ¿hadas?.

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                             Todos a la cama y nadie que quiera hacerla.

En cambio, en el extremo de las cuerdas del instrumento citado podemos oír tenuemente el brío de algunos momentos celebrados por una comicidad desprejuiciada que habría supuesto hermosa melodía si la razón de ser de la obra fuese un vodevil o bien una comedia ligera. En estas escenas (el enfrentamiento entre el paciente y el profesional con el diván a punto de salir corriendo; los despertares de la criada a la señora en una alcoba siempre apresurada) sí que vislumbramos el esperpento del que hablaba nuestro dramaturgo y director. Pero para ello nos falta la capacidad de ahondar en el alma y la ironía a la hora de ridiculizar la manera de relacionarse unos y otros en ese mundo tan dispar que Tolcachir pretende acercar a golpe de chiste fácil y equívoco argumental.

por Juan Marea

Del 24 al 27 de julio
Horario: jueves y viernes, 20.30 h; sábado, 18 y 21.30 h
Descuentos a mayores de 65 años, menores de 14 años, Club Tr3sC, Tarjeta Rosa, Tarjeta Discapacidad y Carnet Jove
En castellano
Teatre Romea
http://www.teatreromea.com/es/showing
c/ Hospital, 51, de Barcelona
Dirección, dramaturgia: Claudio Tolcachir
Intérpretes: Inda Lavalle, Tamara Kiper, Miriam Odorico, Araceli Dvoskin, C. Tolcachir y Gonzalo Ruiz
Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Luces: Omar Possemato
Ayudantes de dirección: G. Cordoba Estévez y Melisa Hermida

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