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Retorno al hogar en la Sala Tribueñe: Los pecados del hijo pródigo

Crecer es aguantar la mirada de tu padre cuando se dirige a ti y atrapar con tus ojos su cariño. Madurar es abrazar a tus hermanos en cuanto se abalanzan sobre ti para reemplazar tu rencor por su perdón ante lo mucho que les debes. Ser adulto es, en fin, volver al círculo familiar para girar felizmente en él dándote trompazos colectivos.

En RETORNO AL HOGAR, el juguetón Harold Pinter enfrenta a Teddy, un primogénito que creyó haber salido de la ciénaga donde se hunde su clan, con los suyos al volver a casa después de varios años sin atreverse. Y el falso estatus que presume haber alcanzado aquel como prohombre de las letras universitarias se tambalea ante la orgullosa decadencia de los suyos.

Con su obra, Pinter reincide en el artificio de la comunicación familiar lanzando a la platea las entrañas podridas de un matriarcado a la deriva y, además, añade una muy ácida crítica a la misoginia de la mano de una acerada reflexión sobre el sexo como elemento revitalizador de la miseria sentimental.

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La hospitalidad de la carne

Ahora es el escenario de la Sala Tribueñe madrileña el que se transfigura en desangelada residencia del West End londinense. Para ello, la directora Irina Kouberskaya arranca motores con ruido y pericia al enfocar la cosa como un espacio en constante movimiento que permite a los actores una progresión de los personajes muy dinámica: en breves instantes, el cuarteto de despojos sociales en que se han convertido los protagonistas harán un repaso a su historia, entre taxis con pasaje celosamente encubierto y equinos que pasan de competir en hípicas desquiciadas a humanizarse sin espuelas que les sepan enderezar. Y el espectador se hunde con entusiasmo en las procelosas aguas de esta tragicomedia surrealista.

Irina se desenvuelve con eficacia en el uso del lenguaje simbólico y, así, nos engatusa con espléndidas imágenes como la de los personajes defecando sus miserias al tirar la cadena de sus vínculos sanguíneos o la deconstrucción y posterior reconstrucción de Ruth en una hermosa escena en la que es recreada por sus dos cuñados. Irina resulta inspirada, además, en el constante recurso a dar la vuelta a lo que dicen sus actores (el padre casi se desmaya al proclamar con enérgica amargura que su fallecida esposa era la columna vertebral del grupo; el intento del mismo patriarca de acercarse emocionalmente a su hijo benjamín rogándole que le acompañe a ver el partido de fútbol como si estuviese amenazando con los puños contra él en pleno combate de boxeo). Mas Kouberskaya acaba dejándose arrastrar por su empeño de subrayar el acento grotesco de la pieza. Ello le pasa factura en la dirección de actores: las interpretaciones de la mayor parte de su equipo devienen tan sobreactuadas que ahogan a menudo la patética humanidad de los seres que mostrar en escena y el histrionismo (en los hombres) y el manierismo (en la fémina) oscurecen la credibilidad de su montaje exceptuando el retrato que logra de Miguel Pérez-Muñoz alentando a un esperanzador Joey, cuyo retraso psíquico es estupendo reverso de la lucidez con que Pinter llegó a erigirle en rey tuerto de este sugerente país de ciegos.

 Por Juan Marea

RETORNO AL HOGAR se representa en la Sala Tribueñe de Madrid hasta el 18 de enero de 2015.
http://www.salatribuene.com/

Gisela y el Libro Mágico: Páginas voladoras

¿Cómo engatusar a los retoños para que, de mayores, sean adultos terrenales? Pues describiéndoles mundos imaginarios que recorrer. En ellos, aprenderán, a través de sus distinguidos protagonistas, esos valores que a duras penas les dejaremos aplicar fuera. Y no correrán ningún riesgo soñando siempre y cuando acepten con resignación que realidad y ficción son lugares herméticos y nada tangenciales.

GISELA Y EL REINO MÁGICO es una enésima muestra más de ello. Y, para seducir a su inexperto público, cuenta con tres bazas aparentes: una cabeza de cartel con desparpajo, una banda sonora de eficacia probada y un cóctel de escenas amenas de clasicismo imprescindible para dar color al viaje iniciático de una becaria de hada que, con un séquito voluntarioso de cómplices escénicos, llegará a triunfar en la lucha del Bien y el Mal.

La cantante Gisela es estos días en el Teatre Borràs de Barcelona una maestra de ceremonias encantadora cuya simpatía interpretativa se equilibra bien con sus agradables cuerdas vocales. Muy cerquita de ella, el otrora insulso Carlos Gramaje exhibe aquí una expresividad muy oportuna, arrancando carcajadas y dinamizando el show con agradecida profesionalidad. Y luego está ese repertorio de canciones Disney que, sin venir demasiado a cuento, consiguen emocionarnos con su implacable edulcoramiento. Entre ellas, los números de conjunto lucen especialmente y momentos como la procesión “chic” de deliciosas criaturas de la jungla entonando “Hakuna matata” se dan la mano de alegres himnos como el advenimiento de Hércules con su vibrante solemnidad a golpe de góspel, para dar también paso al intimismo contagioso de “La Bella y la Bestia”.

Después de gozar con todo esto, los puntos que restan, como son una dramaturgia casposa, una puesta en escena mediocre y un ritmo irregular, pasan a un segundo término, aunque salen en la foto…

Y una reflexión final: ¿Cuándo enseñaremos a los niños a usar sus propios superpoderes y a revolotear con ellos por los bosques de la vida?

Por Juan Marea

GISELA Y EL LIBRO MÁGICO se representa en el Teatre Borràs de Barcelona (Placa Urquinaona, 9) hasta el 25 de enero.
https://www.grupbalana.com/teatro.asp?ID=547

 

 

LO ÚLTIMO QUE QUIERO en La pensión de las pulgas: … Es dejar de querer.

Ir de visita es tarea poco estimulante. Uno debe aparentar interés por el anfitrión y por su mundo, bien precintadito en los límites de su temible hogar. Y aceptar con humildad su papel de admirador coyuntural.

Existe un remedio para ello: Pasar a ser partícipe activo compartiendo pesares y alborozo: Esto es lo que ocurre a las criaturas de LO ÚLTIMO QUE QUIERO, ejemplar tragicomedia de Sergio Martínez Vila. Y lo mismo pasa al espectador que acude a La pensión de las pulgas de Madrid para respirar la propuesta.

La pieza de Sergio se distingue con honores por la habilidad con que hermana el drama más despiadado y la cotidianidad aplastante coqueteando una y otra vez con ese humor siempre al acecho y que a menudo desterramos.

loúltimoLas sonrisas y lágrimas de Isabel 

Los últimos momentos de la vida de una enferma terminal de cáncer que se siente “rubia de espíritu” (chispeante Isabel Ampudia) dan mucho de sí: Por una parte, para adentrarnos impúdicamente en el desconcierto de su pareja (brillante Mercedes Castro), desmenuzando el desnortamiento de ambas a manos de un voluntarioso árbitro que, contra todo pronóstico, acaba siendo justiciero (emotivo Iván Villanueva). Sergio se toma su tiempo en crear a los personajes y estos van perfilándose conforme la trama va avanzando, alcanzando así una consistencia dramática inusual.

Por otra parte, la dirección de Francisco Olmo guía a los actores con sabiduría escénica y el resultado es una correspondencia casi equivalente entre el esfuerzo de los intérpretes y la verosimilitud de sus personajes. La credibilidad es, entonces, matemática pura. Y hay momentos de una magia sin apenas truco como aquel en que la música de Liza Minnelli ensordece a quien no puede escuchar ya más.

Finalmente, el aprovechamiento del espacio, con sus cimientos de piso en pleno barrio de las Letras madrileño, resulta de lo más oportuno: En él, esta obra de voces intermitentes en off, símbolo de esa incomunicación inherente a la incomprensión, resuena con una cercanía tan contundente que olvidamos nuestra condición de público para caracterizarnos enseguida como moradores silenciosos de la historia.

Añado un último párrafo para señalar que “Lo último que quiero” se alza como valioso alegato sobre la normalización no solo de víctimas estigmatizadas sino también de los que, con ellos, son contagiados por el bloqueo emocional: No hay aquí ni asomo de maniqueísmo ni de trascendentalismo moralista. Lo que hay es un pedazo de vida a tres bandas.

Y, sin haber tenido que mirar el reloj, acabamos la visita al final de la función. Tampoco tuvimos que recurrir a ningún pretexto familiar u obligacional para hacerlo. Es más: Nos hubiésemos quedado encantados a cenar…

Por Juan Marea

 

LO ÚLTIMO QUE QUIERO se representa en La pensión de las pulgas de Madrid (c/ Huertas, 48) los miércoles de diciembre a las 22 h.
http://lapensiondelaspulgas.com/

“El llarg dinar de Nadal” de la Cia. La Ruta 40: Postres agredolces

L’esplendor d’una família es mesura per la consistència dels seus vincles afectius. Així es com ens agrada pensar que es fa. Però en realitat cal anar molt més endins. I és per això que la majoria de nissagues acaben convertint-se en una caricatura, en un grapat d’estampes malmeses per la convenció social i el bloqueig emocional.

Al Círcol Maldà paren una taula opulenta i hi instal·len tot seguit els Bayard, que cada cop que comparteixen àpat respiren assossegats a la “zona de confort”. Però la solemnitat de senyors i criats teixeix amb paciència infinita una teranyina on s’agita atrapada la tendresa, que quedarà engolida voraçment pel temps.

El llarg dinar de Nadal” suposa una proposta molt oportuna aquests dies i, malgrat el seu alè de fulletó familiar (o desfilada incessant de generacions descendent els uns dels altres), resulta exemplar per la delicadesa amb què el seu autor, Thornton Wilder, exposa la dificultat d’expressar-nos emocionalment i d’acceptar la individualitat de cada membre del clan i, finalment, la importància de l’herència sentimental per a assumir la pròpia personalitat. Tot plegat, sense caure en la trampa del discurs moralista ni el transcendentalisme indigest. En aquest sopar, els plats són plens de poesia quotidiana i els coberts, les ganes dels comensals d’equilibrar els seus neguits vitals amb els imperatius contextuals.

 

Alberto Díaz dirigeix una feina digna reproduint amb sensibilitat el luxe que demana l’ocasió i, malgrat algunes incoherències en la posada en escena (la carn es talla amb el ganivet del peix), assoleix, al capdavant de la Cia. La Ruta 40, una elegància escènica combinant el recurs a la suggestió amb una eficaç delimitació de l’espai: El camí que recorren els personatges quan agonitzen resulta tan bell que els nostres ulls lamenten que s’esborri en la llunyania. Després hi ha l’entusiasme interpretatiu: Tot i que la major part del repartiment és poc creïble quan li toca donar vida als personatges en les seves etapes més joves, a mesura que van madurant al llarg de la representació creix també la seva convicció. I entre els seus companys, Maria Rodriguez Soto exhibeix una classe excepcional i destil·la matisos encisadors; Magda Puig ensenya amb gràcia les dents de la covardia que arriba a rebel·lar-se; i Ignasi Guasch inquieta amb la seva autoritat patriarcal.

I ara, a desparar la taula, que les restes del banquet no valen res soles.

per Juan Marea

El llarg dinar de Nadales representa al Círcol Maldà de Barcelona fins al 7 de desembre.
http://circolmalda.cat/el-llarg-dinar-de-nadal/

 

“The Pillowman” by Jocular Theatre: Sleeping Ugly

Childhood can be a cruel torture: As a result of feeling abandoned, the young victim is pushed to build A fantastic world, in which he’s got the chance of being the sovereign and create the rules.

This is the story of one of them, who pretended to be a writer. Nonetheless, his dark side grew up much more tan his ability of getting the success.

The Pillowman” leads us to a place full of sickness and irony where we can only have one response to the most menacing fear: Would it be possible to treat the family scars?

On his play, Martin McDonagh forces to live together throughout a never-ending day an author specialised in morbid tales about suffering children constantly hurt by wicked adults, his disabled brother and the two detectives in charged of researching a twisted killer inspired by the astonished storyteller’s works.

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O’Kelly, Jeffries and Giblin won’t sleep together.

Jocular Theatre has brought this ambiguous dramatics to Barcelona and its members have been performing for some days at Antic Teatre, the non-stop experimental laboratory in all kinds of cultural arts. Directed by an enthusiastic Joshua Zamrycki, the cast seems to be very focus on combining the realistic points (the capture in a prison of the two relatives linked for all the times, their way of defending themselves from the authorities’ impatience) and the fictitious moments (such as the presentation of the different tales and even the ancient memories from the main characters) but the results are not well balanced: We notice that the actors have some difficulties at the time of recreating too extended dialogues, the ones that cover the emotion. Contrary to it, the imaginary situations are convincing and promising because of an attractive mixture of horror and black humour, apart from the accurate symbolic conception of the body language.

However, that version includes Ben Torbush’s touching acting as a fragile creature causing the pity of the audience, surrounded by James Giblin’s charisma, the rudeness of Billy Jeffries and the witty of David O’Kelly. A handful of rough violent scenes well designed, and a sggestive weird plot as well: What is the real important in literature? Does it consist of a way of controling the listeners’minds or maybe it is the only therapy for a traumatized narrator?

And now it’s about time to get some rest: I wish you have sweet dreams. And you’ll unlikely have them unless the Pillowman comes to sing you his lullaby…

By Juan Marea

 

“The Pillowman” was performed at Antic Teatre of Barcelona from the 26th. november to the 1st. of december.
http://www.joculartheatre.com/portfolio_page/the-pillowman/

“Arbres” de La Virgueria: L’ombra que se’ns escapa

Les paraules com a medecina contra la soledat. Sense prescripció mèdica i amb efectes secundaris: l’isolament aclaparant. Els tres individus que aquí les prenen no saben viure. Però el seu alè vital els arrossega cap a un desig de sentir amb altre. Com arbres, les arrels els impedeixen moure’s. I també com arbres, poden estirar les seves branques.

La Virgueria planta un bosc a la Sala Beckett i ens hi convida a vagarejar. De primer, quedem encisats per l’atmosfera que s´hi respira: L’espai escènic de Margherita Mantovani és un tros d’ecosistema que projecta un ambient a mig camí entre la malenconia dels arbres que l’habiten i l’onirisme del lloc on voldrien créixer. Al centre, un banc transparent que empresona i capgira les ganes de fer bona ombra. I la música de Cesc X. Mor contribueix a assegurar-hi el seu hàlit de misteri poètic. No sabrem si somiem el neguit d’un trio d’amants incapaços d’estimar-se o si bé es tracta d’una intriga sobre voyeurs a punt de tocar-se.

Les paraules de Marc Artigau i Queralt formen frases capaces de localitzar punts de trobada d’una història hitchcokiana (que uneix amb decisió “Rear window” i “Vertigo”) sobre la fascinació i el fetitxisme. I esdevenen paràgrafs consistents els que defineixen els dos personatges més passius: l’obsessiu Llorenç, encegat pels raigs lunars, que crema de passió l’expectant Alba. Les escenes que els relacionen creen una relació creïble i suggeridora entre ambdós. El text també apunta punts de partida prometedors (la tercera en discòrdia i el seu accident terrorífic) que no arriben a créixer bé per l’artificiositat en què cau l’autor i l’entossudiment de voler lligar caps (els vertaders vincles de tots tres) on haurien d’haver volat sense por seguint la seva ambigüitat.

El director Aleix Fauró aconsegueix polir una mica els defectes de la dramatúrgia amb els moments coreogràfics de la seva posada en escena: La presentació del personatge de la Lluna és hipnòtica per la seva màgia i bellesa. Els moviments compassats d’ella mateixa i de l’Alba con si fossin una mostren una sensibilitat rellevant. El diàleg que, ensems, fusiona dos fent alternar a tots tres actors és d’un ritme excepcional. A més, Aleix aconsegueix una escena de gran delicadesa: la d’amor entre el Llorenç i l’Alba, per la tendresa compartida de les mans d’ell i la mirada d’ella que gairebé obliden qui és el vertader objecte del desig. Malgrat tot això, Fauró s’enfonsa intentant guiar els actors en termes generals: Cap dels tres no fa clorofil·la per culpa de la seva escorça rígida.

Per Juan Marea

“Arbres” es representa a la Sala Beckett de Barcelona fins al 30 de noviembre.
http://www.salabeckett.cat/archivo/arbres-de-marc-artigau-queralt-direccion-aleix-fauro

“Esperança Dinamita” de Le Croupier: Con las cartas marcadas de ternura

Con el coño, se gana dinero reivindica Aina Sánchez en El Molino. Y, desde algún rincón de las profundidades (porque para las cupletistas no hay Cielo), se insinúa Esperança Dinamita. Los espectadores, lejos de quedarse atónitos, ningunean su sonrojo y tararean encandilados. Y, con todo ello, el Paralelo recupera estos días tímidamente su picardía escénica.

El grupo Le Croupier cuelga los hábitos del pop de cantautor para orquestar un homenaje a las varietés de principios del siglo pasado y les sale un espectáculo ameno, amable y casi aristocrático: El material que manejan desprende una golosa naftalina para modernos y viejos carrozones (que también los hay); sus artífices proyectan simpatía en el referencial teatro; y la elegancia con que se van ensamblando los números musicales y el documental pillín sobre la Ambigua Artificiera otorga a la propuesta una consideración de refinado producto.

Pocas veces una vedette que brilló por su ausencia da tanto que hablar: Xavier Albertí sienta cátedra sobre el embriagador veneno que exhalaban los cuplés de la época; Pep Anton Codina cotillea sobre la vocación demasiado artística de quienes los gemían y hasta el tal Chris McFly glosa la trasnacionalidad de la Esperancita Incendiaria.

En el escenario, la banda liderada por el resultón Carles Cors y bendecida por el encanto de Aina desgrana con generosidad todo un catálogo de odas a la fauna humana que por estos lugares merodeaba entonces: Mientras que Carles es mariquita distinguida, enanito superdotado o pastor de bastón bien firme, Aina aparece como rutilante starlette con su pícara mirada, su procaz lengua y una garganta de entusiastas gorgoritos (deliciosa en “Pastura, pastura, pastor”). Pero hasta que se planta en el escenario una volcánica Mont Plans poniéndonos a todos a raya de irresistibles polvitos mágicos no nos estremecemos: Esa mezcla de patetismo y erupción que invoca en su extraordinaria interpretación nos dan la mejor idea de lo que el music hall pudo ser a los que por aquel entonces distábamos mucho de poder estar aquí ahora… Y, para que la sangre no llegue al río, la entrañable Merche Mar nos lo suaviza con su honestidad escénica.

Por Juan Marea

“Esperança Dinamita” se representa en El Molino de Barcelona hasta el 30 de noviembre.
http://www.lecroupier.cat/
http://www.elmolinobcn.com/es/

L’Alternativa’2014: Oportuno maná

El cineasta Juan Barrero, en el programa de mano de la edición de este año de L’Alternativa, se atreve a destapar lo que él denomina “tendencia monstruosa de nuestro tiempo” y la identifica con una deriva al desierto.

Voy a dedicarme estas líneas a decidir si me dejo arrastrar por la aridez o bien si me inclino, en cambio, por encontrar el camino a la civilización. Aunque también existe una vía intermedia: Distraer el agotamiento y la sed soñando con algún oasis.

sauerbrucharchitekten_hfArquitectos en trance y en tránsito

Antes de pronunciarme, y de que la insolación haga estragos, analicemos una pequeña parte de la programación del  que, del 17 al 23 de noviembre, anduvo desafiando la indiferencia de quienes no se quieren reconocer diferentes. SAUERBRUCH HUTTON ARCHITEKTEN es un juguete fílmico envenenado que cautiva a medida que amplía su exposición del proceso creativo de un despacho de arquitectos cuyas consignas son: minuciosidad, pragmatismo y reflexión. La cámara nada complaciente del aclamado realizador Harun Farocki se recrea en las contradicciones surgidas dentro del equipo de trabajo mostrando de manera casi impúdica las desavenencias que podrían estallar entre los arquitectos jóvenes por hacer prevalecer su deseo de convencer con sus ideas. Todo ello en un ambiente casi diáfano: el majestuoso minimalismo de la propia oficina, presentada como si se tratase de un centro de arte. Pero el empeño de Farocki rehuye el morbo como tema principal, con el que sigue coqueteando al ofrecer imágenes de los encuentros entre los arquitectos y los clientes y dejar entrever sin tapujos los puntos de vista a veces opuestos de unos y otros. Porque el realizador centra su máxima atención en el proceso de desarrollo de los trabajos encomendados. En esas secuencias, se vislumbra la pasión creadora: La dificultad de los protagonistas por hallar la solución más conveniente; la premura de los plazos de entrega; y la autoexigencia casi inasequible al desaliento (dice Matthias Sauerbruch que no deben presentar ningún proyecto que no les guste a ellos mismos, a pesar de que ello pase por obviar las peticiones de quienes les den de comer). Y es ahí donde la obra sobresale, trascendiendo toda tentación de caer en el panegírico: Las sesiones de puesta en común de las diferentes fases de los trabajos resultan admirables por el entusiasmo que transmiten. Farocki cierra su propuesta con una conclusión inquietante, acelerada y muy ambigua: ¿Podemos innovar dando la espalda a los demás? ¿Hasta qué punto podría ayudarnos el diálogo? Y, como llega sin que podamos contrastarla explícitamente con lo que hemos estado viendo hasta entonces, aplaudimos entusiasmados.

BEN O DEGILIM (No sóc ell), la película ganadora del Gran Premio del Festival, consiste en una historia de estructura circular (en palabras de Tayfun Pirselimoğlu, su guionista y director, “cuando algo acaba, algo empieza”) y es un estilizado trabajo sobre la necesidad de reinventarse el individuo anodino a base de usurpar otras personalidades que le acerquen a sentirse vivo. Y convence por su guión consistente que describe con precisión admirable a los protagonistas permitiéndoles hablar y relacionarse con verosimilitud anteponiendo la impasibilidad de su tesón a las convenciones sociales. La planificación visual está siempre al servicio de la historia y su tono se mueve entre el realismo más prosaico y el cuento fantástico. En cuanto al primero, destacan la descripción de su antihéroe casi impertérrito y la historia de amor con la mujer que le cocinará y le arrastrará después al mar. Si nos detenemos en el segundo, impresionan la anticipación sutil progresiva de lo que irá ocurriendo, las intrigantes escenas entre barrotes (y su lectura simbólica) y la sensación de que los personajes se van deslizando de una piel a otra con peligrosa magia. No obstante, la película insiste en rizar el rizo (la reaparición de ella reencarnada en alguien que nada sin temor) y, con ello, empalidecen los logros anteriormente destacados.

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Centauros tunecinos

Me apresuro ahora a presentaros la irritante BRÛLE LA MER (mención especial del jurado), con la que Nathalie Nambot y Maki Berchache pretenden denunciar la injusticia del inmigrante norteafricano en la poco hospitalaria Francia. Su punto de vista panfletario suele imponerse al acierto de algunas imágenes, algunas efectistas (la letanía sobre la documentación que debe reunir el aspirante a un visado), otras sinceras (el reencuentro del desdichado narrador con su familia, luminoso y silencioso, para dar paso a una última secuencia visualmente eficaz: la lluvia sobre los olivos tunecinos, que les hará fructificar) y las más interesantes, aquellas en que la cámara se detiene en el espacio estableciendo un poético diálogo con el narrador desahuciado de ella (la orilla que lleva a la barca obviando el mar hostil; la rambla nocturna desolada). Pero, en resumidas cuentas, la operación se revela incapaz de hablar con voz propia.

En cuanto a los cortometrajes, THE CLAUSTRUM, de Jay Rosenblatt, almacena imágenes “vintage”, psicoanálisis trasnochado y maravillosa pretenciosidad. Y sacude al jurado, que le concede el Gran Premio. Mientras tanto, Ramon Balcells sigue con su talante experimental y lo traslada a TRANSSILVÀNIA, pedazo de tierra audiovisual plantado de costumbrismo naturalista que crepita en brasas de exultante cromatismo ofreciendo una cosecha arriesgada por la que asoman recovecos de sugerente perversión.

Y ahora me toca cumplir lo prometido. Lo que ocurre es que no encuentro manera alguna de frenar mi naufragio entre las dunas…

Por Juan Marea
http://www.alternativa.cccb.org/2014/ct/

“Desconocidos” en el Espacio CICUS: Peces con garras

Dos construyen si preservan su condición de ser uno más uno. Dos, en cambio, destruyen al jerarquizarse en pos de las necesidades del uno y de la poca autoestima del otro.

El Espacio CICUS de Sevilla presenta estos días a una pareja que, como peces en cautividad, reducirá su capacidad natatoria a un mero afán de supervivencia. Son dos extraños que, lejos de acercarse para poder dibujarse el uno con el otro, se emborronarán una y otra vez por su dependencia atroz.

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Daniel y Violeta aprendiendo a nadar.
(Fotografía de Marta Morera)

En “Desconocidos”, Sergio Baños desarrolla la historia de dos jóvenes desubicados y nos muestra cómo pueden encontrar una fórmula de alianza que les ayude a trascender su desnortamiento individual. Sin que nada de lo que acabo de contaros pretenda una lectura eufemística, empiezo por destacaros que uno de los méritos del texto es, precisamente, su voluntad de investigar una vía alternativa a la sentimental, desafiando así los convencionalismos de la previsibilidad de la comedia romántica. Para ello, Baños emplea elementos valiosos que le ayudarán a sembrar la inquietud en el respetable: la ambigüedad psicológica del personaje de ella (que no resuelve eficazmente); el suspense en la forma de ir repartiendo las pistas sobre el escenario; el existencialismo en la actitud de ambos a la hora de analizar su relación forzada; y los vaivenes entre la realidad y la ficción para acabar otorgando a la pieza su verdadera naturaleza: una alarmante disección del proceso creativo literario y los embates que provoca a quienes participan de él. El resultado de todo esto es un agradable trabajo que, a pesar de su tendencia a la pretenciosidad, propone momentos de ternura escénica y sugerentes apuntes sobre el precio de la convivencia.

Julio Fraga llena la pecera escénica y, recurriendo a un elegante minimalismo, logra una frescura que sienta bien a las reflexiones de Baños. La presentación del personaje masculino en la carretera haciendo autoestop es prometedora. Y la conversación inicial de él con la pizpireta conductora que le salva de la tormenta (y, más tarde, de su ostracismo vocacional) resulta encantadora por su sencillez anteponiendo los actores a su contexto espacial. Se le escapan en cambio, a Fraga, los actores, rígidos a pesar de su entusiasmo. Aun así, logra de ellos instantes estimulantes: la sensatez inicial de Daniel Morilla intentando hacer entrar en vereda a su contrincante; la fragilidad de Violeta Marchena cuando se rompe al constatar que él se opone a una realidad común. Y, al final, cuando emergen por fin de las aguas estancadas las orejas del lobo (que aquí escribe y será despiadado en su ambición), la conclusión es de un necesario desconcierto: Para triunfar uno, debe someter al otro. Pero nosotros nos quedamos con la frase que ella, sirena varada, pronuncia con hermosa ingenuidad: “Es maravilloso cuando alguien enseña algo a alguien sin darse cuenta.”

Por Juan Marea

“Desconocidos” se representa en el Espacio CICUS de Sevilla (c/ Madre de Dios, 1) a las 20 h del 19 al 23 de noviembre.
http://cicus.us.es/

“Quietud salvatge” en el Círcol Maldà: Con las manos en los bolsillos

Pensemos ahora y durante el tiempo que nos va a llevar leer estos párrafos en una mujer cuyas manos no responden a su voluntad. Ella, lejos de desesperarse, acabará maniatada a un futuro no por anticipado menos castrador.

Conocer a esa criatura y dejarnos embelesar con sus juegos de manos nos llevará al experimento de Pau Vinyals, Pol López y Júlia Barceló, los miembros de la Companyia Solitària, sobre la disección de Marta, el personaje femenino central de la tragedia catalana canónica “Terra Baixa” de Àngel Guimerà.

Quietud salvatge” persigue, además, dotar a la protagonista de una dimensión pretendidamente contemporánea. Seguramente por ello, Aleix Aguilà adapta el texto original acercando a la heroína (a veces con imprudencia temeraria, como cuando se declara “culé” convencida, o imita a la Julie Andrews más campestre) a un público que quizás no la conociera lo bastante (lo dudo: Guimerà la apuntaló con firmeza hace ya más de cien años) y, en su empeño, la operación acaba siendo más pedagógica que teatral.

Pero como no hay mal que por bien no venga (y más aún en el caso presente, que detalla el “vía crucis” de una víctima “protegida por el demonio para no caer en manos de Dios”), en medio de tanta explicación gratuita conocemos a una actriz magnífica, capaz (y voraz) de pasar de pajarillo asustado (su recibimiento al entrar en la sala) a halcón rabioso (su intento de fuga del espacio escénico o su propósito de movilizarnos para la revolución social), que suplica que alguien le ayude a alcanzar las altas cumbres porque ella es incapaz de alzar el vuelo por sí misma. La misma Júlia Barceló se transforma en ave sin más ayuda que su expresividad mesurada, su elegancia escénica y una voz dulce que contrasta con la amargura subyacente en su personaje.

¡Lástima que el hermoso escenario de Mariona Signes (un mar de maravillosos y crujientes hidratos de carbono fulgurantemente iluminados), el desenfadado acompañamiento musical (animoso y ameno Vidal Soler) y un puñado de agudas reflexiones dramatúrgicas tengan que limitarse, junto a la clase de Júlia, a una sesión de “mitin-cabaret” que da vueltas y vueltas a lo que viajaba rápidamente en la obra originaria!

Por Juan Marea

“Quietud salvatge” se representó en el Círcol Maldà de Barcelona del 22 de octubre al 2 de noviembre.
http://circolmalda.cat/quietud-salvatge/