Crítica literaria: Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney. Editorial Bibliópolis.


Estamos muy acostumbrados, en el mundo de la ciencia-ficción y de la fantasía, tanto sea en su vertiente literaria como cinematográfica, a leer y a contemplar obras de una magnificencia y ostentación que hacen que el producto del que disfrutamos se vea obligado a exhibir una complejidad y una artificiosidad digna de grandes producciones y de inacabables momentos de creación, necesarios para poder sorprender y cautivar a un público literario y cinematográfico acostumbrado a ellas. Por lo que en muchos casos, más de los deseados, el afán de lograr este efecto de asombro y admiración redunda negativamente en la trama y en el planteamiento de la novela o del film que estamos “consumiendo”.

Este no es el caso de Los ladrones de cuerpos, un clásico de la ciencia ficción americana de los años 50, en la que su autor Jack Finney nos ofrece una lección de maestría en el género y nos demuestra como la sencillez y la contundencia pueden ir de la mano en la creación de una pequeña obra maestra.

El argumento de la novela es de todos conocido, aunque siempre va bien hacer un breve resumen para aquellos más despistados. La trama se sitúa en un pequeño pueblo americano, Santa Mira, en el norte de California. Allí la vida del doctor Miles Bennell sufrirá un vuelco radical al comenzar a investigar las causas de un “pequeño” trastorno psicológico de diversos de sus pacientes, que acuden a él indicándole que algunos de sus familiares y amigos no son las personas que dicen ser, aunque nada permite suponer que se haya producido ningún cambio en ellos. Las indagaciones del médico de Santa Mira lo involucrarán pronto en la lucha por la supervivencia de toda la especie humana ante la llegada a la Tierra de unas malvadas semillas extraterrestres, que suplantan las personalidades y los cuerpos de aquellos que mimetizan y que pretenden duplicar toda la vida existente sobre la superficie del planeta, acabando, claro está, con los originales.

Finney nos presenta, así, una trama más de invasión extraterrestre de la época, pero no un argumento típico ni tópico más. El autor abandona la idea de los marcianos, de seres verdes invasores, de monstruos con o sin forma y de animales e insectos de tamaños agigantados para hablarnos del hombre, de la humanidad y de la supervivencia. En Los ladrones de cuerpos el enemigo no son los otros, sino los propios, la familia, los amigos y los conciudadanos. En Santa Mira se inicia una invasión silenciosa e invisible y que por ello se convierte en el peor peligro para la humanidad.

Asistiremos, pues, junto al doctor Miles Bennell; Becky, una antigua conocida y amor de juventud y los Belicec, una pareja de amigos, a una lucha por la vida y por la subsistencia de la raza humana. Finney nos propuso un thriller de ciencia-ficción en la que la tensión no desaparece durante un solo minuto, donde el miedo y la paranoia están presentes a lo largo de todas las páginas de la novela. Poco a poco, iremos conociendo las claves y los propósitos de la invasión a través de las pesquisas de los protagonistas. Descubriremos la llegada casual de vida extraterrestre a la Tierra en forma de semillas y la forma de suplantación llevada a cabo a través de algo parecido a grandes vainas; Iremos averiguando, o creeremos averiguar, quién es un posible suplantado y quién no, y cómo delante de nuestros propios ojos, una familia, un pueblo y una ciudad pueden ser invadidos por extraterrestres invisible y pacíficamente.

Esta trama tan sencilla y este tipo de invasión más “íntima” dieron mucho que hablar en la época de la publicación de Los ladrones de cuerpos. De ella se comentó que hacía referencia, como la mayoría de las novelas y películas de invasión extraterrestre realizadas durante el periodo, a la coyuntura política propia de la Tierra en el momento, a la Guerra Fría, a la lucha por las consciencias que el comunismo y el capitalismo estaban llevando a cabo después de su victoria de ambos contra el nazismo alemán. La trágica “suplantación” de la libertad de las personas y de aquello mejor que las caracteriza, las emociones, los deseos y los anhelos que los empujan a ser quienes son, en favor de una subsistencia pacífica e igualitaria (el comunismo), pero sin futuro, como la misma novela revela al final, en la que el fundamento humano, lo mejor y, sin duda, lo peor del hombre desaparecen.

El autor

Como decía, la novela de Finney se puede considerar un thriller de ciencia-ficción, o mejor dicho una novela negra de ciencia-ficción, en la que el grupo de “supervivientes” humanos de Santa Mira tendrán que moverse ocultándose, cada vez más, de sus propios conciudadanos y amigos, como si de espías, gánster o de convictos se tratara. De la obra, como también dije, están ausentes todos los artificios, trucos y disfraces que acompañan al género en la actualidad. Todo lo que contiene, y no es poco, es una idea genial, la buena pluma de su autor y una trama que nos dejará, poco a poco, helado el corazón, a medida que el avance de los descubrimientos se haga manifiesto.

De los momentos a destacar de la novela, que son muchos, personalmente me quedo con tres. El primero el descubrimiento de las vainas extraterrestres y la descripción del autor de su forma de funcionar (realmente terrorífica); la sensación, a lo largo de algunas de las escenas plasmadas en la novela, de ser alguien extraño en tu propio pueblo, ciudad o país, rodeado de enemigos “disfrazados” con los cuerpos de tus amigos, conocidos y familiares; y finalmente, y el mejor pasaje de Los ladrones de cuerpos, la conversación entre humanos y extraterrestres que se produce casi al final de la novela, donde seremos testigos del duelo por la vida, de la realidad de la existencia que rige el destino de cualquier forma de vida, ya sea sobre el planeta Tierra o fuera de él, en el caso de que esta última exista.

Para no alargarme más solo me queda hacer una breve referencia a las adaptaciones cinematográficas de la novela, cuatro en total, síntoma claro del interés que la novela ha suscitado a lo largo de los años. La primera de ellas, La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956), es, sin duda, la más fiel al original. A esta le siguieron La invasión de los ultracuerpos (Philip Kaufman, 1978), film que contiene uno de los finales más terroríficos que uno recuerda; Secuestradores de cuerpos, (Abel Ferrara, 1993), ambientada, si no me equivoco, en una base militar norteamericana, hecho que le daba más trascendencia, si cabe, a todo el asunto, y finalmente Invasión (Oliver Hirschbiegel, 2007), la más reciente y también, según mi opinión personal, la adaptación más endeble.

Quede, pues, indicado que Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney, es una novela de ciencia-ficción total, en la que gozaremos, o mejor dicho, sufriremos junto a sus protagonistas ante una invasión extraterrestre “pacífica” durante la cual, y sin duda esto es lo más terrorífico de la ficción, no podremos pedir ayuda a nadie  (¿cómo explicar lo que está pasando?) y en la que tendremos que luchar por la supervivencia de la raza humana, e incluso de toda la vida del planeta, contra unos enemigos que no solo quieren conquistar y dominar nuestro mundo sino que se quieren apoderar de lo más íntimo del ser humano. Escalofriante!!

Título: Los ladrones de cuerpos
Autor: Jack Finney
Título original: The Body Snatchers
Colección: Bibliópolis Fantástica
Páginas: 256
Precio: 16,95 €
Fecha de publicación: Octubre de 2007.
ISBN: 84-932836-2-2

Enlace ficha editorial: http://www.bibliopolis.org/editorial/bibliofan/ladronescuerpos.htm
Enlace editorial Bibliópolis: http://www.bibliopolis.org/editorial/bibliofan.htm
——————————————–

Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica literària: Istambul, ciutat i records, de Orhan Pamuk.

Istambul, ciutat i records es podria definir com a l’autobiografia del Premi Nobel de Literatura de l’any 2006 Orhan Pamuk. Però en realitat, aquesta obra és més que una biografia de l’autor, també és un retrat de la ciutat en la qual Pamuk ha nascut i viscut la major part de la seva vida. Una ciutat que l’ha marcat de tal manera que és difícil separar l’evolució de la ciutat de la vida de l’autor. Així doncs, els diferents episodis que ens submergeixen en l’evolució de la ciutat i de la pròpia existència de l’autor són completament inseparables, la vida de Pamuk sense el rerefons d’Istambul no tindria cap sentit.

Hi ha una paraula turca, hüzün, a la qual Pamuk li dedica tot un capítol del llibre, que defineix perfectament el sentiment que genera l’obra en el lector des de la primera pàgina fins la darrera. És un sentiment que consisteix en una barreja d’amargor, malenconia i aflicció. L’autor ho defineix en algun moment com a “sentiment de carència” o “sofriment espiritual” que és molt present en la cultura islàmica i concretament molt marcat en la societat d’Istambul. Tan marcat per la seva ciutat i la seva cultura des de la més tendra infància, Pamuk traspua aquest sentiment en cada un dels capítols del llibre. Així, el lector occidental es veu transportat cap a una cultura oriental en el seu intent de modernitzar-se en una època, no obstant, no tan llunyana.

En aquest llibre, l’autor comença explicant els seus primers records d’infància, lligats a una vida familiar en un ambient acomodat que amb els anys entra en decadència, de la mateixa manera que també Istambul esdevé una ciutat decadent després de la desfeta de l’Imperi otomà i a la vegada ens explica com el caràcter de la ciutat afecta els seus habitants: el Bòsfor, els vaixells de vapor que el travessen, les cases otomanes de fusta, els palaus, els incendis que van eliminant paulatinament totes les restes d’un passat gloriós i idealitzat…A mesura que anem llegint, som testimonis de la transformació de la ciutat cap a una metròpoli que viu mirant el passat amb una mena de complex d’inferioritat que la porta a ignorar l’herència cultural d’èpoques anteriors i mira endavant amb un afany occidentalitzador, quasi negant les seves arrels orientals, amb el sorgiment de l’esperit nacionalista turc com a element aglutinador d’una societat que vol començar a escriure una nova etapa en la seva història.

Orhan Pamuk, l'autor, premi Nobel de literatura 2006

A la vegada que Pamuk ens explica la seva vivència de les transformacions urbanes i socials, inherentment anem coneixent com tot plegat afecta la seva pròpia existència: els passejos per les riberes del Bòsfor, la seva passió infantil per la pintura, la vida escolar, el primer amor, la relació més o menys turbulenta amb el seu germà, amb els seus pares… i com finalment en la seva joventut descobreix la seva passió per l’escriptura.

El retrat apassionat que fa de la ciutat ens transporta a l’Istambul de la seva infància d’una manera tan vívida que acabem revivint amb ell l’ambient d’aquella època. Ens parla de la vida i costums d’un poble que amb amargor intenta seguir endavant i evolucionar tot i el passat esplendorós que sap que no tornarà. Percebem la dicotomia entre la cultura oriental (decadent) i occidental (moderna) plasmada en la reforma de l’alfabet i de la manera de vestir, la poca cura pel patrimoni històric o altres canvis culturals. Sorprenentment, aquest sentiment d’amargor que ho impregna tot, el visitant de la ciutat avui en dia encara el pot palpar observant amb una mica de sensibilitat les cases de fusta abandonades, passejant pels carrers més antics de la ciutat o bé dedicant una tarda a realitzar un passeig en vaixell pel Bòsfor.

Títol: Istambul, ciutat i records
Autor: Orhan Pamuk
Editorial: Bromera
Preu: 22,49 €
Data de publicació: juny 2009
Col·lecció: Eclectica 32
ISBN: 9788498241839

——————————————

Escrit per: Irene Martínez Nebot