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Crítica teatro: Les tres germanes, en el Teatre lliure

Chéjov regresa al Teatre Lliure, y lo hace de nuevo con una versión de Les tres germanes realizada por Marc Artigau, Cristina Genebat y Julio Manrique y dirigida por este último, un análisis del alma humana en una época de cambio y de crisis.

“La historia de tres hermanas (Masha, Olga e Irina) y un hermano (Andrei) es la vida insatisfecha y decadente de las clases privilegiadas en la Rusia rural. Moscú es el principal elemento simbólico de la pieza, siempre idealizado y deseado por los personajes, atrapados en su burbuja, ansiando un nuevo mundo que ya despunta”.

Les tres germanes es una reflexión sobre el alma humana que si originalmente se ambientaba en la Rusia rural de finales del XIX y principios del XX, Manrique se ha dispuesto a sintetizar, actualizar y reconfigurar, como es su habitual, con el objetivo de acercarla más al público del siglo XXI y con ello abarcarnos a todos y todas en la reflexión.

La propuesta nos provee de una ponderación del alma humana elaborada desde el desasosiego que nos presenta a los hermanos, o mejor dicho, a las hermanas Prozorov, que tras la muerte del patriarca se verán obligadas a hacer frente a unas vidas vacías, sin dirección y repletas de sueños rotos. Nadie se salvará del abismo que provocan las vidas no deseadas ya sea por motivos sentimentales, profesionales o existenciales.

La vida en la casa familiar de los Prozorov se irá haciendo con el paso del tiempo más triste y asfixiante: Masha (Maria Rodríguez) con una relación de pareja vacía e inconsistente; Olga (Cristina Genebat) con un trabajo como profesora que no le llena e Irina (Elena Tarrats) con unos anhelos de juventud y de futuro que no llegará a cumplir nunca y que sumirán su vida en la desesperanza. Por su parte, Andrei (Marc Rius), el hermano, no será capaz tampoco de realizarse ni profesional ni familiarmente, una situación que lo atrapará y abocará, también, al desánimo.

Les tres germanes_1

Como veis un panorama triste y demoledor que se completa con la situación de todos los personajes relacionados con la familia, y que se verán también atrapados en vidas mediocres o en situaciones no deseadas. De ahí que la idea de trasladarse a Moscú, la capital, y cambiar de vida será el único anhelo que dará coherencia a sus respectivas existencias. A lo que acompañará una constante reflexión filosófica de varios de los personajes sobre el futuro del hombre y de la humanidad, como una alegoría de su incapacidad para cambiar y mejorar.

Así, pues, Les tres germanes, en las manos de Manrique, se convierte en un análisis de la desesperanza, de la vacuidad de la vida, que no tan solo atañe a los que están sobre el escenario, sino que nos puede afectar a todos y a todas, tan solo al dejar de lado aquello que mueve nuestras entrañas y que hace que nos esforcemos por lo que queremos. Cuando no atendemos a esa energía vital, abrimos las puertas de nuestro ser al vacío y al desasosiego, y en consecuencia al fracaso. Como ven algo muy profundo, nada a extrañar si recordamos que la obra es, en origen, de Chéjov.

La adaptación de Marc Artigau, Cristina Genebat y Julio Manrique ha transfigurado así un texto clásico y, si me lo permiten, delicioso, en una propuesta actual con una puesta en escena contemporánea y con un grupo de actrices y actores que dan mucho de sí en la representación.

A Genebat, Rodríguez, Tarrats y Rius, que conforman el cuerpo principal de las actuaciones, se suma el esfuerzo actoral de Mireia Aixalà, Joan Amargós, Ivan Benet, Carme Fortuny, Lluís Soler y Jordi Rico, que completan el elenco de la obra.

La escenografía es a la vez sencilla y al mismo tiempo sorprendente, ya que el escenario se convierte en una pecera, en la que veremos como se desarrolla la vida de los personajes, sin capacidad alguna de estos de escapar de ella… Una acertada alegoría a la situación vital que pretende mostrar la obra.

Un empeño, el de versionar a Chéjov, del que ya salió con éxito Manrique en el 2010 al adaptar L’hort del cirerers en el teatro Romea, y que deja un buen sabor de boca en el espectador, aunque el ritmo de la obra no sea siempre todo lo dinámico que debería. Aún así, Les tres germanes es una propuesta a tener en cuenta, un Chéjov, ya sabéis, siempre lo es, y más cuando la obra nos habla de la esencia de la vida, de aquello que nos llena como personas y que nos hace ser lo que somos, cumplamos nuestros anhelos o no.

“Les tres germanes”, se representa en el Teatre lliure de Montjuïc del 10 de diciembre de 2020 al 17 de enero de 2021.

Autor: Anton Chéjov
Adaptació: Marc Artigau, Cristina Genebat y Julio Manrique
Dirección: Julio Manrique
Interpretes: Mireia Aixalà,Joan Amargós, Ivan Benet, Carme Fortuny, Cristina Genebat, Jordi Rico, Marc Rius, Maria Rodríguez, Lluís Soler y Elena Tarrats
Espacio escénico: Lluc Castells
Vestuario: Maria Armengol
Caracterización: Núria Llunell
Iluminación: Jaume Ventura
Espacio sonoro: Damien Bazin
Producción: Teatre Lliure

Horarios: de miércoles a sábados a las 19:00 horas; domingos a las 18:00 horas
• Martes 22/12 y 29/12 a las 19:00 horas
Precio: de 9€ a 29€
Idioma: Català
Duración: 2 horas y 15 minutos
NOTA CULTURALIA: 8

Crítica teatral: La ratonera, en el Teatre Apolo

LaRatonera

Tras sesenta y dos años representándose en los escenarios londinenses de forma ininterrumpida, La ratonera se ha convertido en un caso excepcional: ninguna otra obra ha conseguido mantenerse en cartelera tanto tiempo y con tanto éxito de público, y ya es un aliciente más para visitar la capital inglesa. Con estos excelentes antecedentes era de esperar que llegara a nuestra ciudad una adaptación de este clásico policíaco ideado por Agatha Christie en 1952, y ha sido el Teatre Apolo quien ha apostado por la versión realizada por Víctor Conde, un montaje respetuoso con el original que ya se vio en Madrid y que, tras renovar su reparto, llega a Barcelona con la intención de convencer a los aficionados al género que la reina del misterio siempre es una apuesta segura.

La ratonera comparte el esquema argumental que utilizaba habitualmente la célebre escritora inglesa: un grupo de personas quedan atrapadas en un lugar (en este caso la mansión Monkswell, en otras ocasiones fueron el Orient Express, la Isla del Negro o un barco de crucero por el Nilo), la sospecha de que entre ellos se halla un asesino y la certeza de que alguien morirá; además, todos los personajes tienen motivos para ser el homicida, pero en sus confesiones ninguno será sincero y tratarán de inculpar al resto al mismo tiempo que proponen un estéril juego deductivo al espectador, quien siempre estará a merced de la genial voluntad de Christie.

De este modo, el matrimonio Ralston (Mariona Ribas y Aleix Rengel) inaugura una mansión de aire victoriano –espléndida escenografía de Ana Garay– transformada en hostal al que, poco a poco, irán llegando una serie de personajes pintorescos (atención a la irrupción de Paravicini, a quien da vida un magnífico Xavier Bertran) en busca de refugio al mal tiempo invernal. Muy pronto una llamada de la policía les alertará sobre un asesino que podría estar merodeando los alrededores, un serio aviso que provocará el nerviosismo en cada uno de los habitantes de la mansión, inquietud que dará lugar al terror cuando comprueben que la nieve les ha dejado irremediablemente incomunicados, como si aquellas paredes fueran una siniestra ratonera. Nadie confía en nadie, todos parecen ocultar algún secreto perverso, todos responden con evasivas a las preguntas del sargento Trotter (excelente Ferran Carvajal), cualquiera podría ser la próxima víctima o el criminal que la policía está buscando. Así, y con la melodía de la canción “Tres ratones ciegos” siempre presente, los personajes se prestarán a una minuciosa reconstrucción de los hechos.

Y el resultado es un montaje imprescindible para todo aquel que pasó horas y horas releyendo las novelas de Agatha Christie, mérito por supuesto de su director, Víctor Conde, que supera con buena nota el difícil reto de adaptar una de sus obras conservando la atmósfera de misterio que hábilmente transmitía en sus historias. A su buen hacer con los actores –meros ratoncillos acorralados que realizan paseos coreografiados por el salón como autómatas de mirada perdida y exentos de voluntad– hay que sumar su acierto al mantener el ritmo pausado planteado originalmente por Christie a pesar de que, hoy día, el público está acostumbrado a tramas más aceleradas. Además, Conde juega con la música para acentuar el dramatismo de la historia a su conveniencia, y utiliza de forma elegante la iluminación, un recurso siempre al servicio de la acción y con resultados verdaderamente hermosos, todos ellos elementos que nos harán disfrutar, una vez más, del siempre infalible ingenio de la dama del misterio.

“La ratonera” se representará en el Teatre Apolo del 5 de marzo al 30 de marzo de 2014.

La ratonera” de Agatha Christie PRORROGA sus funciones en el Teatre Apolo hasta el 1 de junio de 2014.

Autora: Agatha Christie
Dirección: Víctor Conde
Intérpretes: Mariona Ribas, Ferran Carvajal, Aleix Rengel, Xavier Bertran, Anna Gras-Carreño, Santi Ibáñez, Joan Amargós, Isabel Rocatti
Escenografía y vestuario: Ana Garay
Iluminación: Carlos Alzueta
Música: Marc Álvarez
Peluquería y maquillaje: Toni Santos
Fotografía: Javier Naval

Horarios: miércoles, jueves y viernes a las 20:30 horas, sábado a las 18:30 y a las 21:30 horas, y domingo a las 18:00 horas
Precio: de 24 € a 28 €
Idioma: castellano
Duración: dos horas, con un descanso de 10 minutos

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Escrito por: Robert Martínez