Nueva exposición: Alberto García-Alix: Autorretrato, en La Virreina Centre de la Imatge

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Alberto García-Alix (León, 1956) lleva más de treinta años con una cámara fotográfica a cuestas, una sólida carrera en la que ha inmortalizado su entorno más inmediato con su particular mirada, imágenes impactantes y realistas en riguroso blanco y negro de sus amigos, sus principales pasiones –los tatuajes, la música, las motos– y los lugares que más le han marcado a lo largo de su vida. Sin embargo, todo ese bagaje apenas se ha podido ver en Barcelona, donde su presencia ha sido meramente testimonial hasta ahora, cuando La Virreina Centre de la Imatge ha tenido el acierto de programar Autorretrato, la primera gran exposición del fotógrafo en la ciudad, una compilación de sus imágenes más íntimas y personales en las que él es el protagonista absoluto y que se inauguró el pasado 7 de febrero.

Muchos aficionados a la fotografía descubrieron a Alberto García-Alix con sus retratos de la movida madrileña en los años ochenta –aunque insiste en renegar de la etiqueta de “fotógrafo oficial de la movida” porque, en su opinión, él tan solo fotografiaba a sus amigos de entonces, tan protagonistas de ese movimiento como él mismo–, pero quien busque esas instantáneas en La Virreina Centre de la Imatge se llevará una decepción importante: todas las imágenes están estrechamente relacionadas con su persona (tan solo una fotografía junto a Ana Curra remite a esos años), García-Alix ha escogido para la ocasión sus trabajos más introspectivos, aquellos que mejor le definen. Así, Autorretrato –escrito en singular porque, en cierta manera, todas las imágenes incluidas forman, en su conjunto, un gran autorretrato del artista– muestra un personaje sin miedo al desnudo, tanto metafórica como literalmente, fotografías desenfocadas con el objetivo de sugerir que comparten protagonismo con primeros planos de extraordinaria crudeza, luces y sombras para establecer un juego de sensaciones con el espectador, a veces inquietante, a veces despiadado, pero siempre fascinante.

Autorretrato en Toulouse, 1978
Autorretrato en Toulouse, 1978

En La Virreina se podrán ver un total de 76 fotografías, todas ellas relacionadas, de un modo u otro, con el particular universo de García-Alix. De esta manera, el visitante podrá comprobar cómo ha evolucionado su propia visión del autorretrato, desde finales de 1970 (las primeras instantáneas son de 1977) hasta la actualidad: en las primeras, el autor posa desafiante ante la cámara, retratos de cuerpo entero en lugares que han marcado su vida o con sus bienes más preciados (en Mi gran ilusión aparece orgulloso con su Harley-Davidson); a medida que pasan los años, el fotógrafo se centra en primeros planos de su rostro –tan cercanos que a veces queda cortado por el encuadre– o de alguna parte de su anatomía para, de esta manera, acentuar la mirada subjetiva en el espectador (La primera vez sería un buen ejemplo de ello: muestra sin tapujos su primera experiencia con la heroína, sin duda una de las imágenes más impactantes de la exposición); en paralelo, el artista también retrata lo que denomina “paisajes íntimos”, aquellos lugares que han sido significativos para él, ya sean las habitaciones en las que ha vivido o algunos rincones convertidos en testimonios silenciosos de sus actividades (El lugar de mi confesión, donde reveló un gran secreto a un amigo).

En los últimos años, García-Alix ha coqueteado seriamente con el vídeo, y en Autorretrato se incluyen dos de sus composiciones: Tres vídeos tristes y De donde no se vuelve, en los que construye una serie de relatos a partir de sus fotografías y a los que él mismo pone voz, narraciones en primera persona que también le sirven para compartir con el visitante sus impresiones acerca de su propio trabajo (“La fotografía es el espacio donde imaginar”, confiesa).

Autorretrato en Formentera, 2010
Autorretrato en Formentera, 2010

Alberto García-Alix se define a sí mismo como un hombre “tímido” y con cierto pudor a hablar de su trabajo –“Hacer las fotografías no me produce ninguna vergüenza, otra cosa es mostrarlas”, afirma el fotógrafo–; no obstante, los responsables de Autorretrato han logrado vencer sus reticencias y han programado un encuentro entre él y Nicolás Combarro, comisario de la exposición, para que conversen sobre el autorretrato, tema central de la muestra (7 de marzo, a las 19:00 horas).

Autorretrato se podrá ver en La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona hasta el 5 de mayo de 2013, de martes a domingo, de 12:00 horas a 20:00 horas. La entrada es gratuita.

Más información: http://lavirreina.bcn.cat/

Crítica: El último desafío, de Kim Jee-woon.

Poster_Ultimo_DesafioNo se crean que no fue una buena noticia el saber que, después de finalizada su carrera política, al menos por el momento, Arnold Schwarzenegger volvía a protagonizar una nueva película de acción. A los que pertenecemos a la era analógica y somos nostálgicos del esplendor cinematográfico vinculado a ella, nos apetece y agrada que las grandes estrellas del pasado (cercano) regresen a la gran pantalla y que, con algunos años de más, enseñen a las nuevas generaciones, empapadas de digitalización y de nuevas tecnologías, como se hacía cine de acción (y de humor y del bueno) por aquello de los 80 y los 90. Y nada mejor para ello que dos mega-estrellas del género que han «vuelto de entre los muertos» recientemente. El primero fue Sylvester Stallone, con la re-invención de una saga de mercenarios que ha funcionado francamente bien en taquilla. El segundo, Arnold Schwarzenegger, llega ahora con El último desafío, un film de acción realizado a la vieja usanza.

Nos ponemos en situación: Cortez (Eduardo Noriega), el líder de un cártel de narcotráfico escapa del FBI en el momento en el que lo trasladan desde las Vegas a una prisión de máxima seguridad. Su objetivo es huir de EE.UU. a través de la frontera con Méjico. Sus hombres han organizado la fuga desde el exterior, para la cual Cortez dispondrá de un coche de última generación. Para su desgracia la ruta de huída le obligará a pasar a través del pequeño pueblo fronterizo de Sommerton Junction,  del que es sheriff Ray Owens (Arnold Schwarzenegger), un ex-agente de la división de narcotráfico de Los Ángeles que abandonó el servicio en la gran ciudad para hallar algo de paz y de tranquilidad en un pueblo apartado y tranquilo. Cortez y sus secuaces harán todo lo necesario para abrirse paso hasta la frontera mejicana, aunque no contarán con la resolución de un viejo sheriff y de su decidido y variopinto grupo de ayudantes que, alertados, intentarán evitar la huida.

LastStand1El último desafío es un regreso, tanto del actor como de una forma de hacer cine de acción, que gustará a aquellos a los que les atropellan las formas aceleradas y enrevesadas en las que se hace el cine de acción en la actualidad. Lo primero y más agradecido es que Schwarzenegger no engaña: se presenta en la pantalla sin ocultar que está más viejo, que han pasado 10 años desde que interpretó su última película como personaje principal. De ahí que se haya optado acertadamente por la idea del retiro del protagonista en el pueblo junto a la frontera con Méjico, ¿tal vez una referencia al abandono temporal de la industria cinematográfica por parte del actor?

Como les decía la acción del film mantiene el estilo de lo que se hacía en los años 80/90, cuando Schwarzenegger batía records de taquilla con sus películas: Una acción de carácter familiar, con un destacado toque de humor (del tipo del que estaban plagados films como Mentiras Arriesgadas o El último gran héroe) y con una velocidad que puede ser captada fácilmente por el ojo humano. A todo ello se suma la casi inexistencia de efectos especiales y mucho menos de digitalización, por lo que la trama y la acción parecen más realistas en comparación con los mega-productos mega-taquilleros que lideran actualmente la recaudación en los cines.

El film juega además con la contradicción entre «lo viejo» y lo nuevo, cosa que se puede ver en el enfrentamiento entre los representantes de la ley de Sommerton y los métodos de trabajo utilizados por el cártel dirigido por Cortez. Algo que queda, además, de manifiesto por la presencia del propio Schwarzenegger e incluso por las armas que sus ayudantes se ven obligados a utilizar frente a la arrolladora superioridad de calibre de «los malos».

A nivel de interpretaciones y de argumento no esperen encontrar nada especialmente destacable. En el lado de la ley hallamos, como no podía ser de otra forma, la presencia física de Schwarzenegger, al que acompañan Johnny Knoxville, Jaimie Alexander, Luis Guzmán y Zach Gilford, interpretando a una serie de personajes secundarios habituales en este tipo de films. Destaca, si un caso, Johnny Knoxville que interpreta a un «adicto» a las armas de fuego que será el personaje que aporte más peso humorístico al film. Punto y aparte merece la interpretación desencajada de un Forest Whitaker que bien bien no se sabe qué demonios hace en una película como esta.

_MG_9175.CR2Por el lado de los malos Eduardo Noriega convence en su papel de joven promesa del narcotráfico internacional, aunque su vertiente de villano de película de acción se lleva un claro suspenso. Merece una mención aparte el trabajo de Peter Stormare, al que se nota que le van los papeles que lo sitúan en el lado oscuro de la ley. Todo ello dirigido por el coreano Jee-woon Kim, que aunque más acostumbrado al género de terror consigue dar al film un punch mucho más que correcto.

El último desafío es una película que no pretende ir más allá de lo que es, el regreso de una «joven vieja» gloria del cine de acción y que lo hace como se hacía antes. Las dosis de humor ayudan al film a avanzar de forma placentera hacia el desenlace final y la acción posee la claridad y el acierto necesario para que el espectador salga contento de la sala de exhibición. Si bien el film pierde enteros al diseñar el enfrentamiento final entre Schwarzenegger y Noriega. Ni la fuerza sobrehumana de ambos ni los movimientos y golpes que se atizan mutuamente son creíbles, ni para un actor de 66 años como Schwarzenegger ni para uno más joven como Noriega. Este es seguramente el gran error del film, que Stallone solventa de una forma menos fantasiosa en su Mercenarios 2, al enfrentarse en el duelo final con el mítico Jean-Claude Van Damme. Pero bueno, estas parece que son las exigencias de las película de acción con gran estrella, a las que nadie puede escapar, ni el propio Schwarzenegger.

El último desafío es un film que disfrutarán aquellos que disfrutaban con el universo fílmico de Stallone, Schwarzenegger y compañía y a aquellos a los que les gusten las películas de acción que se hacía antes. Tampoco esperen mucho más… bueno si, reírse con los continuos gags humorísticos del film, en una propuesta que Schwarzenegger ha escogido para reintroducirse en el mundo de las estrellas del cine, y en el que nos deja claro que aunque sea algo mayor aún le queda mucha mecha por quemar. Ya veremos si acompañado por el éxito en taquilla como antes o no…

Título: El Último Desafío
Título Original: The Last Stand
Director: Kim Jee-woon
Reparto: Arnold Schwarzenegger, Forest Whitaker, Johnny Knoxville, Rodrigo Santoro, Jaimie Alexander, Luis Guzmán, Eduardo Noriega, Peter Stormare, Zach Gilford, Genesis Rodriguez, Daniel Henney y John Patrick Amedori
Guionista: Andrew Knauer
Productor: Lorenzo di Bonaventura
Productores ejecutivos: Guy Riedel, Miky Lee, Edward Fee, Michael Paseornek, John Sacchi
Director de fotografía: Ji Yong Kim
Música: Mowg
Género: Thriller, Acción
Nacionalidad: USA
Estreno en España: 1 de febrero 2013

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Los hijos se han dormido, al Teatre Lliure Montjuïc: Una gavina amb ales de cartró.

los hijos se han dormido_1Fer-nos adults és prendre decisions. Però per a ser feliços. Altrament, quedem atrapats en la immaduresa i el transcurs del temps pot arribar a sepultar-nos de frustració. Txèkhov en sabia un munt i ho exposa a les seves obres sense pietat enmig de personatges que s’encreuen, es miren però no es veuen, es toquen per a fugir-ne després esparverats i mentrestant passen els anys, les vides sense que res no ho faci canviar.

El Daniel Veronese dramaturg decideix escurçar el trajecte lent, interminable i, alhora, apassionant de les criatures txekhovianes de “La gavina”: les tanca en una mansió on un jove dramaturg acull amb entusiasme vital una egocèntrica diva teatral que domina tots els registres menys el de mare del protagonista i que encapçala un seguici de criatures mediocres a les que ni tan sols la suposada passió pel teatre aconseguirà redimir d’una existència absurda perquè són incapaços d’estimar ni d’estimar-se.

Només un d’ells, la Nina, sembla capaç de fer servir les seves ales de gavina majestuosa amb la puresa i determinació de ser feliç. Però el grup no trigarà a disparar-la, amb bales d’enveja, egoisme i intransigència. Les mateixes que uns utilitzen contra els altres amb habilitat al llarg de la història.

los hijos se han dormido_2Fins aquí el relat d’un extermini progressiu irresistible per la contundència de la premissa argumental, la precisió en la descripció de la tipologia humana i la fatalitat constant. Amb tot això, Txèkhov ens recorda un cop més que no és només autor, sinó que també n’és expert. I la reflexió relativa a com l’art escènica pot esdevenir perillós substitutiu de la vida mateixa, allunyant-nos de l’autenticitat i endinsant-nos en el més absolut egoisme amb efectes irreversibles, dota la peça d’una condició encara superior.

Anem ara amb el Veronese director: per a ell, són els actors el tot de l’espectacle. Amb les seves interpretacions, han d’inundar l’escenari, propagant-hi emoció, veritat i … vida. Llavors per què el seu equip artístic no aconsegueix arrencar? La irregularitat del repartiment enfonsa la tesi. D’una banda, la interpretació de Malena Alterio fa resplendir la tenebrositat del seu personatge, que arriba a nivells de patetisme commovedor. Seguint-la de prop, fent més soroll però lluint amb menor intensitat, Susi Sánchez aguanta molt bé el seu opulent tipus i Miguel Rellán dorm i desperta (per exigències del guió) amb dignitat. Fins i tot la “gavina” Marina Salas transmet una tendresa meritòria abans de ser abatuda (després és millor que l’oblidem). De l’altra banda, la colla de galants masculins (Ginés García Millán, Pablo Rivero i Diego Martín) cau malauradament presonera de la seva actitud artificiosa i encartonada sense poder defensar els seus personatges més enllà d’un text ben après.

I aquests “fills” no desperten. Marxem sense fer soroll…

«Los hijos se han dormido» se representa en el Teatre Lliure Montjuïc del 9 al 13 de nero de 2013.

A partir de La gavina, d’A. Txékhov
Versió i direcció: Daniel Veronese
Intèrprets: Malena Alterio, Ginés García Millán, Malena Gutiérrez, Alfonso Lara, Diego Martín, Miguel Rellán, Pablo Rivero, Marina Salas, Susi Sánchez i Anibal Soto
Escenografia: Alberto Negrín
Vestuari: Ana Garay
Il·luminació: Sebastián Blutrach
Tècnic de llums i maquinària: David Vizcaino
Producció: Producciones Teatrales Contemporáneas, Marcus Teatrales S.L. i Sebastián Blutrach

Horaris: de dimarts a divendres a les 20:30h; dissabte a les 17:30h. i a les 21h. i diumenge a les 18h.
Preus: 30,25 €; 21,30 € (dimecres, dia de l’espectador); 25,75 € amb descompte
Idioma: castellà
Duració de l’obra: 1 hora i 30 minuts sense pausa

Escrit per Juan Marea

Crítica teatral: Blackbird, al teatre Lliure. «All we need is love»?

blackbird_2A finals dels seixanta, els Beatles encoratjaven la merla a volar amb les seves ales trencades. Des de l’intimisme d’en Paul McCartney, participàvem de la necessitat de sobreposar-nos a l’adversitat perquè (insistien els quatre de Liverpool) sembla que havíem esperat tota la vida que arribés aquest moment.

Quatre anys després d’encetar el nou mil·lenni, el dramaturg David Harrower crea el seu propi “blackbird” i li dóna forma de nena preadolescent que està impacient per ser adulta de la manera més dolorosa: estimant, apassionadament i saltant-se totes les regles (fins i tot les legals). Això no és res si coneixem amb detall el que li espera quan les seves ales són tallades per la impossibilitat d’un amant adult d’assumir la seva responsabilitat amatòria amb ella i qui sap si fins i tot amb ell mateix.

Quaranta-quatre anys després de la balada, el director Lluís Pasqual desafia des del Lliure de Gràcia les nostres consciències individuals (“retallades” per una crisi global que esdevé autoritària) posant en escena aquesta història.

I ens tanca en un magatzem ple de deixalles amb els dos antics amants, retrobats pel despit d’ella (una Bea Segura esforçada però sense humanitat) que necessita comprendre el rebuig aferrissat d’ell (un Jordi Bosch enèrgic però a mig gas). Sembla que llavors assistirem escandalitzats a un “tour de force” que hauria de fer trontollar el nostre sentit aburgesat de la justícia moral.

blackbirdPerò resulta que l’entossudiment de Pasqual de presentar-nos els personatges deliberadament menyspreables (les seves rèpliques són més afilades que espases, els retrets més incòmodes que pedrades) no ens immuta. Perquè cap dels actors dóna treva, ni és capaç de mostrar l’essència d’aquells rere els quals haurien d’amagar els seus crits i accelerades paraules.

Tampoc el suport dramatúrgic salva l’espectacle de ser una olla de grills: la trama és tan explícita i els parlaments dels seus protagonistes tan poc ambigus que reclamen mirades avergonyides que no som capaços d’albirar i silencis aclaparants que no poden incomodar-nos senzillament perquè no existeixen.

Com que en el fons som sentimentals de mena, tornem al Liverpool més pop i recordem que la merla havia de volar “cap a la llum de la fosca nit”. I ens sentim desconcertats: ni la nena que ara és noia pot alçar-se del terra d’un escenari tan feixuc, ni l’home suposadament rehabilitat (en aquest sentit, més ens valdrà no tenir en compte l’aparició al final de la funció d’un tercer personatge en discòrdia del tot innecessari i fins i tot ridícul) podrà baixar del seu capficament histriònic.

«Blackbird» es representa al Teatre Lliure de Gràcia del 16 de gener al 10 de febrer de 2013.

Autor: David Harrower
Direcció: Lluís Pasqual
Intèrprets: Jordi Bosch i Bea Segura
Traducció de l’anglès: Júlia Ibarz
Producció: Teatre Lliure

Horaris: de dimarts a divendres a les 20:30 hores; dissabte a les 21:00 hores i diumenge a les 18:00 hores
Preu: 30,25 €; 21,30 € (dimecres, dia de l’espectador); 27,75 € (amb descompte, excepte el dia de l’espectador)
Durada de l’obra: 1 hora i 20 minuts, sense pausa
Idioma: català

Escrit per Juan Marea