Crítica teatral: Llum de guàrdia, en el teatro Romea.


El teatre Romea estrena Llum de Guàrdia, una obra de teatro que nos habla de teatro, del peso del pasado en el presente y de los fantasmas que nos aterrorizan a lo largo de nuestra vida.

Una propuesta interesante y original en varios aspectos aunque indolente en otros. Pero comencemos por el principio. La nueva propuesta de Julio Manrique como director artístico en el Romea nos presenta una trama en la que los fantasmas del pasado y la esencia del teatro están muy presentes. Lo primero porque los fantasmas que se pasean por el escenario no son los que acostumbran a aparecer en los films de terror sino que encarnan los errores y las decisiones que uno toma o es obligado a tomar a lo largo de la vida. Y lo segundo porque el propio espacio/edificio del teatro se convierte en uno de los protagonistas de la obra. La trama pues, rezuma teatro por todos sus poros y se convierte de esta forma en una especie de homenaje hacia el mundo teatral y a aquellos que con su trabajo lo hacen crecer y lo reinventan día a día.

Llum de Guardia nos presenta a un grupo de profesionales a los cuales el teatro, o más concretamente un hecho relacionado con el teatro, afectará a sus vidas para siempre. La acción comienza en la rueda de prensa de Xirgu, el nuevo espectáculo que se estrenará en el Romea. Todo va bien hasta que Clara, una actriz bailarina sordomuda informa a los asistentes que el fantasma de la propia Margarita Xirgu, de la cual las malas voces dicen que se la ve, de tanto en tanto, deambular por el edificio, le ha comunicado que la obra no se puede estrenar. La advertencia, sin embargo, no es tenida en cuenta y el desastre acaece: el teatro sufre un incendio el día del estreno en el que muere la propia Clara.

Este acontecimiento afectará, de una forma u otra, a la vida de todos aquellos implicados en el proyecto. Será un hecho que nunca podrán olvidar y que marcará su futuro vital y profesional. Siete años más tarde el destino hará que todos los componentes de la antigua compañía de teatro se reencuentren de una forma u otra en el mismo teatro abandonado del que se ha apoderado la leyenda.

Julio Manrique ha construido una historia a partir de la improvisación teatral en la que el texto se ha ido creando poco a poco a través de la misma interpretación y la experiencia propia. Y eso se nota, tanto en la presentación de la trama, escenas montadas una detrás de la otra, algo que nos recuerda el éxito de su anterior trabajo Coses que dèiem avui (en este caso con texto de Neil LaBute) y la casi-independencia de las escenas entre ellas mismas, que aparecen y desparecen las unas sobre las otras con un ritmo pausado y estudiado. Una forma de presentar la historia donde se hace notar los gustos y las preferencias de su director.

Como en el caso de Coses que dèiem avui la interpretación es coral predominando en cada escena una pareja o un conjunto de actores. Manrique vuelve a confiar en el grupo de intérpretes con los que ya ha trabajado anteriormente, algo seguramente necesario en un ejercicio de improvisación, que incluye a, Mireia Aixalà, Iván Benet, Cristina Genebat, Oriol Guinart, Xavier Ricart, Marc Rodríguez y Andrew Tarbet, todos ellos con experiencia teatral previa junto a Manrique.

Las escenas con las que se construye la obra son diversas y por tanto de calidad dispar, aunque es la tragicomedia el género que las une, de nuevo como en Coses que dèiem avui. El efecto final, pues, de cada una de ellas es también desigual. Algunas de las situaciones son francamente cómicas, la mayoría, y provocarán la explosión de carcajadas en el público. Otras puede que rayen, aunque solo sea de una forma parcial y osada, el gamberrismo libidinoso. Lo interesante es, sin embargo, el apunte fragmentado de las vidas que las escenas nos muestran, dejándonos claro el egoísmo propio de nuestra sociedad, aunque se engloben en un conjunto más general, como es el de la trama de la obra, que llevará a todos los protagonistas a reencontrarse finalmente en el teatro, no siempre con el mejor de los resultados.

Y un teatro, el Romea, que se convierte en un personaje más de la obra. Un escenario que sale de sí mismo y se expande, incluso, al patio de butacas. Todo un acierto que proporciona a la obra una fuerza propia a la que se suma la figura, de referencia también, de la propia Margarita Xirgu, la gran actriz catalana teatral de principios del siglo XX. Dos elementos que insertan la obra en un mundo del teatro dominado, las más de las veces, por los grandes nombres y los actores y actrices de referencia.

Una obra que se sumerge, también, en el frikismo, algo tan extendido en el mundo en el que vivimos en la actualidad. Escenas como la del local de masajes (algo disparatada y buscona), la del programa de radio (mal construida aunque con gancho) o la escena de la fiesta de disfraces nos empujan directamente a esta órbita existencial. No obstante la escena del reencuentro final nos deja con un buen sabor de boca y con una de las imágenes más bella de la obra y seguramente de la temporada.

Llum de guardia es, pues, una experiencia teatral dispar pero interesante, sobre todo si le gusta la tragicomedia con un alto grado de humor que seguro que le impactará. Una prosopografía teatral que nos rebela la importancia del teatro, ya sea como un episodio efímero de la vida, o como elemento para analizar la existencia de todos aquellos que vivimos cada día sobre el escenario vital lleno de fantasmas del pasado, cadenas del presente y promesas del futuro.

Llum de guardia” se representará en el Teatre Romea del 6 de septiembre al 9 de octubre de 2011.

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Autores: Sergi Pompermayer y Julio Manrique
Dirección: Julio Manrique
Reparto: Mireia Aixalà, Ivan Benet, Cristina Genebat, Oriol Guinart, Xavier Ricart, Marc Rodríguez y Andrew Tarbet
Escenografía: Sebastià Brosa
Vestuario: María Armengol
Iluminación: Jaume Ventura
Espacio sonoro: Damien Bazin
Audiovisual: Marc Lleixà
Movimiento escénico: Ferran Carvajal
Caracterización: Núria Llunell
Producción: Teatre Romea

Horarios: de martes a viernes a las 21:00 horas, sábado a las 18:30 y a las 21:30 horas y domingo a las 18:30 horas.
Precio: de martes a jueves, de 17 a 22 €; viernes, de 19 a 25 €; sábado y domingo, de 22 a 28 €.
Idioma: catalán
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Gastronomía: Restaurante Massenzio ai Fori, en Roma

Cuando uno se encuentra de viaje siempre se topa con un serio inconveniente (sobre todo si el turista es todo un sibarita): ¿dónde comer? A pesar de las múltiples recomendaciones que recibe antes de partir por parte de aquéllos que ya han estado en la ciudad visitada, siempre es más interesante encontrar, por uno mismo, un lugar especial, un restaurante en el que no sólo degustar unas deliciosas viandas, sino que también el ambiente y el trato sean excepcionales.

Si nos encontramos en Roma, bien podríamos afirmar que cualquier restaurante es bueno para comer una buena pizza, o un buen plato de pasta. Sin embargo, quizá no sea tan fácil encontrar un restaurante en el que la tranquilidad y el trato afable por parte de sus empleados sean características destacables. No sucede así en el restaurante Massenzio ai Fori, en la calle Largo Corrado Ricci, número 2-6, un restaurante de calidad, a precio razonable, situado cerca del Foro Romano, lugar de visita imprescindible para el turista en la capital italiana.

El nombre del restaurante alude a la basílica de Majencio (Massenzio en italiano), el viejo edificio situado en el Foro Romano cuya construcción fue iniciada por dicho emperador en el 308 d. C., y terminada por Constantino en el 312, lugar del que se encuentra a cuatro pasos, haciendo de éste un restaurante céntrico y bien comunicado. En el local, las referencias a la arquitectura del Foro Romano son constantes; el restaurante se encuentra dividido en tres ambientes, el elegante comedor interior, el bar y, sobre todo, la fantástica terraza, un lugar en el que las plantas que la delimitan crean una atmósfera especial, tranquila, mitigando de esta forma el ruido del tráfico, permitiendo así que olvidemos por un instante que nos encontramos en una calle céntrica en medio del caos romano.

Tomando como referencia la cocina tradicional romana, el Massenzio ai Fori se ha especializado en platos cuyo ingrediente principal es el pescado, y de entre su amplia carta debemos destacar el generoso Risotto al frutti di mare o el Filetto di spigola dello chef. Sin embargo, si lo que queremos es degustar un plato de pasta deberemos optar entre los magníficos Bucatini all’amatriciana o los sensacionales Ravioli vegetali (aunque éstos resulten una ración algo escasa). Por supuesto, no faltan entre sus platos una excelente lassagna ni las pizzas cocidas en horno de leña que harán las delicias de cualquiera. Y, para redondear el menú, nada mejor que regarlo con un vino italiano de los que ofrece su extensa carta, con precios de todo tipo, aunque no siempre al alcance de cualquier bolsillo. Además, la oferta se completa con hasta seis menús distintos para grupos.

El Massenzio ai Fori ofrece al turista una excelente cocina, buenos vinos, un notable café, un horario de cocina totalmente flexible a las necesidades del viajero, y todo ello complementado con un espléndido trato por parte de sus atentos camareros, unas características que lo hacen destacar por encima del resto de restaurantes de la ciudad.

Más información:

Ristorante Massenzio ai Fori: Largo Corrado Ricci, 2-6. 00184 Roma
Web: http://www.massenzioaifori.it/
Teléfono: 06 679 07 06