Crítica teatral: L’última trobada, en el Teatre Romea.

lultimatrobada_2Uno tiene la sensación de que el tiempo no avanza igual para todos, y que a veces un acontecimiento intenso puede paralizar su normal fluir y hacer que ese suceso vague como un espectro a partir de entonces e interfiera en el normal acontecer de la vida de una persona cualquiera. Sobre esta especulación se estructura la trama de L’última trobada, una obra de Christopher Hampton, basada en la obra de Sándor Márai, dirigida por Abel Folk e interpretada por él mismo junto a Jordi Brau y Rosa Novell.

Un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde alguna vez se celebraron elegantes veladas en salones decorados al estilo francés llenos de música de Chopin, ha cambiado radicalmente de aspecto. El esplendor de antes ya no existe, todo anuncia el final de una época. Dos hombres que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se reencuentran después de 41 años sin haberse visto. Uno de ellos ha pasado mucho tiempo viviendo en el Extremo Oriente, el otro, en cambio, no se ha movido de su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una singular fuerza.”

L’última trobada es una obra en la que su intensidad y su acierto residen, principalmente, en el texto sobre el que se construye. De ahí que la maestría a la hora de tratarlo sea crucial en el resultado final del proyecto. Partimos de una obra del literato, periodista y dramaturgo húngaro Sándor Márai, de una admirable adaptación para el teatro de la mano de Christopher Hampton y de una translúcida dirección por parte de Abel Folk, en la que la novela se convierte casi en un monólogo en el que la amistad, la lealtad, la fidelidad y como no, sus opuestos, se manifiestan con vigor.

Todo comienza con los preparativos de la recepción de Konrad (Jordi Brau) en el castillo de Henrik (Abel Folk). Algo trascendente está a punto de ocurrir y será el texto, solemnemente interpretado por Folk y Brau, el que guiará la intensidad de la obra grado a grado hacia una erupción final inevitable, en la que la verdad se materializa de forma funesta para el espectador. Así, la primera enhorabuena se la lleva una adaptación afilada y meticulosa que se construye paso a paso sobre el escenario.

lultimatrobada_1La segunda felicitación se la merece la dirección y la puesta en escena de la obra. Folk apuesta por una transparencia que muestra al espectador la “intimidad” de la obra de teatro desde el minuto uno. De ahí que los que accedan pronto a la sala podrán ver cómo se prepara el escenario y cómo los actores son maquillados minutos antes del inicio de la obra. Esta transparencia y el desvanecimiento de la cuarta pared se mantienen a lo largo de la representación a través de las continuas indicaciones que los actores realizan al cuerpo técnico del teatro y de su propia interpretación.

Y no puedo finalizar con los enhorabuenas sin señalar la fortaleza y el coraje de la actriz Rosa Novell, que tras una dura enfermedad regresa a los escenario con problemas de visión y ayudada por una asistente, pero que demuestra hasta dónde puede llegar la valentía de una actriz de teatro. Quede manifiesto que donde no llega la fragilidad del cuerpo alcanza la profesionalidad y el esfuerzo de la actriz.

La acción que se nos narra sobre el escenario toca de pleno los sentimientos y las emociones y nos habla de otras épocas, de otras formas de pensar y de entender la vida. De ahí que se sitúe en el periodo entre los dos grandes conflictos armados que afectaron al mundo y lo transformaron para siempre. Y es de eso y de los efectos de nuestras propias acciones de lo que nos habla la obra. Los tres personajes principales de la historia formaron en el pasado un triángulo amoroso, que no se pudo o no se supo finalizar apropiadamente. De ahí que la marcha de uno de ellos a Oriente no solo comportara un cúmulo de tristeza y añoranza, sino que provocó que las existencias de todos ellos quedaran afectadas para siempre. Por eso sus vidas requieren de un encuentro final en el que la verdad se destape y la realidad se haga evidente para todos, tanto para los personajes como para el público asistente.

L’última trobada es un tour de force en el que destaca la actuación de Folk, que asume el auténtico protagonismo de la obra que está diseñada para hacer brillar su carácter interpretativo. Junto a él Jordi Brau ejerce de “sparring” actoral. Novell, como indicábamos, reaparece sobre el escenario y se apodera de los minutos en los que está sobre él. Una propuesta que nos permite reflexionar sobre nuestras emociones y nuestros sentimientos a medida que las emociones y los sentimientos de los personajes se van materializando sobre el escenario y nos permite ser testigos del fin de una forma de entender el mundo y el inicio de la modernidad que comportó la llegada, definitiva, del siglo XX.

L’última trobada” se representa en el Teatre Romea hasta el 23 de noviembre de 2014.

ESPECTÁCULO PRORROGADO hasta el 24 de mayo en La Villarroel.

Autor: Christopher Hampton (Obra basada en la novela de Sándor Márai)
Dirección: Abel Folk
Reparto: Abel Folk, Jordi Brau y Rosa Novell
Espacio escénico y diseño de luces: Paco Azorín
Vestuario: Maria Araujo
Diseño de sonido: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos
Ayudante de dirección: Pep Planas
Producción: Teatre Romea y Faig Produccions

Horarios: martes, miércoles y jueves a las 20:30 horas; viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:00 y a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 24 a 28 €
Idioma: catalán
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Jorge Pisa Sánchez

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“Natta” del Teatro del Velador: ¡Que no pare su música!

Contigo, pan y cebolla. Pero no me faltes nunca. Ahora bien: ¿Qué pasará entonces cuando perdamos el hambre?

Entre Renato y Michelle, el pan es la perseverancia de él; y la apatía de ella, la cebolla. Uno y otra les confieren la condición de concertistas (pianista aporreador él, violinista polvorienta ella) únicos: En poco más de una hora, asistiremos a la exposición de sus entrañas desde su entrañable humanidad (la sensacional alopecia de él, el furor intestinal de ella) y temblaremos con su enfrentamiento a muerte, resurrección y final reconciliación. Pero el nuestro será un sufrimiento placentero: Porque los síntomas se concretarán en la sonrisa permanente, la curiosidad por conocerles más y más e, incluso, la carcajada frecuente.

El Teatro del Velador actuó en la Sala Cero de Sevilla este pasado fin de semana y dejó un poso de amargura existencialista ribeteado de magia escénica gracias a la elegancia de sus intérpretes, a la ambigüedad de su propuesta y a su dominio del mimo.

Natta” es un espectáculo que juega continuamente a dar la vuelta a lo macabro tiñéndolo de “naïf”. De este modo, puede contar sin tapujos la historia más cruel. Basta con disfrazarla de cuento protagonizado por dos criaturas decadentes que queremos desde el primer momento por la ternura de su forma de expresarse.

Él (carismático Manuel Solano) irrumpe en el escenario con arrolladora actitud grotesca, de la que saca partido maravillosamente estableciendo con el espectador una complicidad casi inmediata. Porque, a pesar de que arremete contra él, lo hace con la gracia del payaso que, en lugar de dejarse dominar por los elementos domésticos, los reutiliza para relacionarse con su público: Así, nos dará una lección de sabiduría sociológica tratándonos de muebles a los que hay que limpiar concienzudamente.

Ella (mayestática Eva Rubio) explora hasta las últimas consecuencias la posibilidad humana de cosificarse, creando con deliciosa gracia y concienzuda técnica una muñeca cuyo aliento vital vence el disparo más letal. Y, además, ofrece una chispeante caricatura de una ridícula diva instrumentista.

Ambos, movidos por la decidida mano y el delicado imaginario de su director y autor Juan Dolores Caballero, protagonizan una historia que empieza como episodio costumbrista, sigue como sinfonía de terror, deriva en trama policíaca y finaliza como exultante capítulo de amor. Todo ello haciendo de lo grotesco reconfortante divertimento y, satisfaciendo la necesidad de la Compañía de exhibir todo aquello que les avergüenza, obtienen un resultado que trata de lo que más nos asusta a los adultos para que podamos gozar con nuestros niños: la soledad.

Por Juan Marea

“Natta” se representó en la Sala Cero de Sevilla los días 14, 15 y 16 de noviembre.
http://www.teatroelvelador.com/index.php/producciones-en-gira/teatro/natta
http://salacero.com/