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Estreno cinematográfico: Confucio, de Hu Mei


El próximo 24 de junio llega a las pantallas de nuestro país la película Confucio, el biopic del reconocido filósofo chino, en una lujosa superproducción, dirigida por Hu Mei y protagonizada por Chow Yun Fat, que en China se convirtió en uno de los acontecimientos del año, con 2500 copias en su estreno.

Confucio se centra en los últimos años del filósofo, un periodo que abarca desde el instante en el que toma posesión de su cargo político (a los 51 años) hasta su muerte, a los 73 años, una turbulenta época en la sociedad del momento, en la que los enfrentamientos entre los diferentes estados chinos eran habituales.

En ese estado de permanente conflicto, el rey Lu pide ayuda a Confucio para intentar calmar los conflictos internos de su estado con su carisma e inteligencia. Pero no será bien recibido por las grandes potencias del estado, quienes creerán verse amenazados por el filósofo, provocando el exilio voluntario del propio Confucio.

Este drama histórico está dirigido por Hu Mei, autora de premiadas series de carácter histórico, como Yong Zheng Dynasty y The Emperor in Han Dynasty. El reparto de esta superproducción lo encabeza uno de los actores chinos más internacionales, Chow Yun Fat, a quien ya vimos en Tigre y Dragón, y aquí está acompañado por Zhou Xun (Balzac y la joven costurera china), Lu Yi (Siete Espadas), Ren Quan (Assembly) y Qiao Zhenyu (The Book and the Sword).

Título: Confucio
Director: Hu Mei
Guión:
Hu Mei
Actores:
Chow Yun Fat, Zhou Xun, Lu Yi, Ren Quan, Qiao Zhenyu
Nacionalidad:
China
Año:
2010

Crítica cinematográfica: Blitz, de Elliott Lester

El binomio “poli bueno – poli malo” ha dado como resultado un sinfín de películas, creando un nuevo género en sí mismo: las denominadas buddy films, o “películas de colegas”, protagonizadas por dos personajes de métodos opuestos que aseguran el conflicto entre ambos. Un nuevo título que añadir a este género es Blitz, thriller de atmósfera angustiosa dirigido por Elliott Lester que nos devuelve a la gran pantalla a Jason Statham, uno de los últimos y más rentables héroes de acción, en esta ocasión acompañado de Paddy Considine en su lucha contra el crimen.

Jason Statham y Aidan Gillen

El sargento Brant no está viviendo su mejor momento: sus métodos poco ortodoxos han puesto en alerta a sus superiores, quienes, presionados por los periódicos, dudan si seguir contando con él o expulsarlo definitivamente de la comisaría. Sin embargo, la aparición en escena de un asesino en serie de policías (a quienes los medios de comunicación, siempre ansiosos de carnaza, bautizarán como Blitz) impedirá que tomen una drástica decisión; de esta manera, la única opción posible es asignarle un nuevo compañero a Brant, el sargento Nash, de métodos menos contundentes, más sensatos y comedidos, con el que deberá pulir diferencias para poder detener a tiempo al asesino, iniciando una cursa contrarreloj por las calles de Londres.

Basada en una novela de Ken Bruen, Blitz aúna aquellas películas de protagonistas con caracteres antagónicos y las películas de asesinos en serie, dando como resultado un entretenido film, aunque menos adrenalítico de lo que el nombre de Statham nos tiene acostumbrados: Lester parece más interesado en el aspecto psicológico de la historia y en la búsqueda de pistas que permitan dar con el criminal que en explotar las escenas de acción, que las hay, pero prácticamente reducidas a una persecución por las calles de Londres y poca cosa más. Y eso que la primera escena nos muestra a Brant en una pelea callejera contra tres delincuentes, a quienes se enfrenta armado únicamente con un palo de hockey.

Así, Blitz toma prestados los tópicos de los psico-killers que tantas veces hemos visto con anterioridad: un asesino que pone en jaque a la policía, un sargento que deberá iniciar una heroica persecución, la prensa de por medio, con un periodista ávido de fama, el soplón de la policía que trata de sacar partido de todo ello, etc., sin que el interés del espectador se resienta, ya que Lester consigue un producto bien dirigido, en ocasiones próximo al videoclip, pero sin excederse. Con todo, Blitz aporta algún que otro aspecto interesante a los ya conocidos, como el hecho de que cada uno de los policías tenga su propio infierno interno: Brant tiene tendencia al exceso en sus intervenciones, su jefe acaba de enviudar, Nash ha sido trasladado de comisaría por cometer un error en una detención e intenta, sin éxito, que las mofas de sus compañeros no le afecten, una agente infiltrada en una red de tráfico de estupefacientes que acaba enganchada a la cocaína,… traumas que deberán dejar a un lado si no quieren sucumbir en manos del asesino.

Considine y Statham

El encargado de dar vida al sargento Brant es Jason Statham, en esta ocasión algo más comedido en la violencia de lo que en él eshabitual, dotando a su personaje, un policía rudo, primitivo, de carácter torturado, descuidado tanto en su higiene como en sus modales, de una especial ironía y descaro, que sirven, además, para dar mayor relevancia a las diferencias con su compañero de aventuras, el sargento Nash, un policía elegante, inteligente y gay (este último aspecto es el que más le cuesta aceptar a su compañero), todo un gentleman encarnado por Paddy Considine en una solvente interpretación. Sin embargo, en las películas de psicópatas resulta tan importante el perseguidor como el perseguido, y en este sentido brilla Aidan Gillen interpretando al despiadado asesino de policías, en una histriónica actuación no exenta de crueldad.

A pesar de alguna pequeña trampa argumental propia del género, Blitz resulta un correcto entretenimiento, un producto bien filmado y con buenas interpretaciones, especialmente recomendada para aquellos adictos a los thrillers con psicópatas que persiguen calmar su sed de sangre.

Título: Blitz
Director: Elliott Lester
Intérpretes: Jason Statham, Paddy Considine, Aidan Gillen, David Morrissey, Luke Evans, Chris Wilson, Elly Fairman, Richard Riddell, Nicky Henson, Taya De La Cruz
País: EE UU
Duración: 100 minutos
Distribuidora: EMON

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Escrito por: Robert Martínez Colomé


Crítica cinematográfica: Templario, de Jonathan English

IroncladEl siglo XII vivió el nacimiento del caballero templario, un guerrero que formaba parte de la orden militar fundada por Hugues de Payens en Jerusalén (1118) con la finalidad de auxiliar a los pelegrinos que visitaban los Santos Lugares, y cuya indumentaria era un característico manto blanco con una gran cruz roja. Los templarios fueron claves en la ambición expansionista del Occidente medieval, así que no es de extrañar que su figura fuera susceptible de interés por parte de aquéllos fascinados por las contiendas medievales; éste es el caso de Jonathan English, director que ha otorgado el protagonismo absoluto de su último filme a uno de esos caballeros, Templario, ficción que toma como punto de partida el asedio histórico al castillo de Rochester por parte del rey de Inglaterra Juan I.

Inglaterra, año 1215. Humillado tras ser obligado a firmar la Carta Magna en la que perdía buena parte de sus privilegios, el rey Juan I no acepta su derrota frente a los nobles del país, así que, ávido de sangre y venganza, recluta un ejército de mercenarios daneses con el fin de escarmentar a aquéllos que han osado enfrentarse a él. De esta manera, uno a uno irán cayendo los castillos gobernados por sus enemigos, pasando a sus habitantes por el frío metal de su espada. ¿A todos? No: un valeroso templario logra escapar con vida de la masacre, y se unirá, así, a un pequeño grupo de rebeldes comandados por el barón Albany, quien encontrará en el castillo de Rochester el lugar estratégico para pararle los pies al iracundo rey, iniciando un agotador y sangriento asedio.

TEMPLARIO_1La época medieval siempre ha tenido un halo de misterio seductor para quienes se han interesado por ese extraordinario período histórico. No obstante, a menudo se cae en el error de ofrecer una visión preciosista del momento, y en pocas ocasiones una película logra transmitir cómo eran en realidad esos tiempos: una época dura, sucia, a menudo violenta, a veces castigada por crueles gobernantes sin compasión hacia sus súbditos. Éste no es el caso de Templario: English logra hacer creíble este viaje a la Inglaterra del siglo XIII, una tierra gélida e inhóspita, de cielo plomizo, en la que sobrevivir al día a día era el único objetivo, y sin escatimar escenas sangrientas. En este sentido, el uso de una fotografía gris y un nervioso estilo de filmar los enfrentamientos, cámara en mano para involucrarse en la acción hasta el punto de acabar salpicada de sangre, son todo un acierto que consigue implicar al espectador en la trama.

El reparto de Templario lo encabeza James Purefoy como el caballero que regresa de Oriente buscando la paz en su tierra y se encuentra en medio de la revuelta, con una actuación correcta, aunque excesivamente hierática (mantiene el mismo rictus serio a lo largo de todo el metraje, sin apenas matices), al que acompañan Kate Mara como la joven y hermosa esposa del señor de Rochester (papel que defiende con solvencia el veterano Derek Jacobi) que hace temblar las firmes creencias del templario (a pesar de la poca química existente entre ambos); no obstante, Paul Giamatti es la sorpresa del filme dando vida al megalómano rey Juan I, una iluminada interpretación para la que probablemente se inspiró en el Nerón de Peter Ustinov.

TEMPLARIO_2_picnikA pesar de utilizar algunas pequeñas licencias cinematográficas (qué fácil resulta empuñar una espada por parte de unas frágiles mujeres), Templario es un correcto ejercicio de cine histórico, una entretenida propuesta para aquellos espectadores con ganas de revisar una contienda que resultó clave en el devenir de la historia de Inglaterra.

Templario se estrenará en nuestros cines el 22 de julio de 2011.

Título: Templario / Ironclad
Director: Jonathan English
Intérpretes: James Purefoy, Kate Mara, Paul Giamatti, Derek Jacobi, Jason Flemyng, Brian Cox, Aneurin Barnad
País: Coproducción Reino Unido y EE UU
Duración: 121 minutos

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica cinematográfica: Sin identidad, de Jaume Collet-Serra


En los últimos tiempos los EE UU viven con una desmesurada obsesión el estreno de sus películas: todos los esfuerzos publicitarios van encaminados a conseguir una estratosférica recaudación en su primer fin de semana en los cines e imponerse así al resto de novedades de la semana, algo que casi siempre logran los grandes blockbusters firmados por directores puramente made in Hollywood. Sin embargo, no siempre sucede así: por primera vez un estreno fulgurante lleva la firma de un autor catalán, Jaume Collet-Serra, quien logra enganchar al espectador con su desconcertante thriller Sin identidad, filme que protagonizan Liam Neeson y Diana Kruger en una trepidante huida por las calles de Berlín.

Liam Neeson

El doctor Martin Harris y su esposa Elizabeth aterrizan en Berlín para participar en un importante congreso científico. Llegados al hotel, Harris comprueba que ha extraviado su maletín. Por desgracia para él, de camino hacia el aeropuerto su taxi sufre un accidente y cae al río. Resultado: el doctor queda en coma por cuatro días, periodo tras el cual comprobará, horrorizado, que otro le ha suplantado su identidad, le ha robado su vida, apropiándose de todo cuanto era suyo, incluida su mujer. Sin el apoyo de las autoridades alemanas, que no le creen, y perseguido por unos asesinos que pretenden hacerle callar, Harris deberá iniciar una angustiosa carrera por recuperar su existencia, con la única ayuda de Gina, la taxista sin papeles que le salvó la vida en el río.

Sin identidad es la adaptación libre de la novela La doble vida de Martin Harris, de Didier Van Cauwelaert, un relato que se centra en el drama existencial del protagonista y su crisis de identidad, con un resultado más contenido que el que ofrece este filme. Explica Collet-Serra que siempre se ha preguntado, no sin temor, qué sucedería si uno se despierta un buen día y otro le ha usurpado la vida. Éste es el punto de partida de Sin identidad, cómo resolver esa situación con el agravante añadido de encontrarse en un país desconocido y sin la ayuda de nadie, ni siquiera de su esposa. Con estas premisas el director catalán teje un intrincado argumento que pone en serios aprietos a su protagonista (un excelente Liam Neeson en un papel alejado al que nos tiene acostumbrado), que inicia una angustiosa cuenta atrás para salvar su vida y, a su vez, demostrar quién es en realidad.

En la película encontramos referencias a las clásicas películas de espionaje junto a elementos del thriller más habitual, con buenas dosis de acción y carreras en coche por la gran ciudad. En este sentido, Berlín (elegida por el director en lugar de París, la ciudad en la que se desarrollaba la acción en la novela original) se muestra como un lugar inhóspito al protagonista, su atmósfera gélida y sus edificios sucios y grises no le serán de gran ayuda, incluso podríamos añadir que mantiene un paralelismo con la situación del protagonista: se trata de una ciudad que en el pasado estuvo dividida en dos y que, por esta razón, en la actualidad aún padece una importante crisis de identidad. Asimismo, si un nombre planea sobre la película como influencia es el de Alfred Hitchcock: el mismo Collet-Serra admite su admiración por el director británico, y por ello utiliza una forma de narrar similar a la suya (de hecho, el mismo Hitchcock admitía que prefería desvelar en los primeros compases del metraje el conflicto para tener la complicidad del público; aquí, apenas transcurren cinco minutos cuando se produce el accidente que marcará el destino del protagonista).

Diana Krueger

El secreto del éxito de Sin identidad radica, no sólo en su complejo argumento ni en el magnífico planteamiento por parte de Collet-Serra, ni siquiera en su oscura fotografía, sino también en la elección de sus protagonistas: Liam Neeson ejerce de héroe de acción con credibilidad, sin que su madurez sea un hándicap para su cometido, logrando desde el primer instante que el espectador establezca empatía con él; Diana Kruger ejerce de perfecto contrapunto femenino al protagonista, tan bella como valiente en las escenas de acción, en una nueva demostración de su talento; en papeles menores, aunque de vital importancia, encontramos a Frank Langella y Bruno Ganz; pero si un nombre destaca entre el resto es el de January Jones, elegida para encarnar a la hermosa y glacial esposa de Harris, un personaje envuelta en misterio y que es un sugerente homenaje a aquellas mujeres de espectacular melena rubia tan delicadas como elegantes que solían protagonizar las películas de Hitchcock (sí, Hitchcock otra vez).

Así, su excelente combinación de thriller y misterio, con un trepidante y ambiguo argumento plagado de constantes sorpresas que mantienen al espectador en tensión hasta el desenlace final, hacen de Sin identidad una de las opciones más entretenidas y de mayor calidad que en estos días podemos encontrar en nuestros cines.

Título: Sin identidad / Unknown
Director: Jaume Collet-Serra
Intérpretes: Liam Neeson, Diana Kruger, January Jones, Bruno Ganz, Frank Langella, Aidan Quinn, Olivier Schneider
País: EE UU
Duración: 113 minutos
Distribuidora: Warner Bros.

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica cinematográfica: Midnight in Paris, de Woody Allen


Un año más buena parte de la profesión cinematográfica se ha dado cita en la Costa Azul para celebrar la LXIV Edición del Festival de Cannes. En esta ocasión, el encargado de inaugurar el festival ha sido Woody Allen con su última película, Midnight in Paris, su particular visión de la capital francesa a partir de los ojos de su protagonista, un escritor norteamericano de turismo por la ciudad y fascinado por el París de los años 20.

Gil es un guionista de Hollywood de viaje con su prometida, Inez, y los padres de ella por la capital francesa. La intención del joven, un idealista romántico, es abandonar su trabajo para centrarse en la publicación de su primera novela, y, a pesar de las reticencias de su pareja, cree firmemente que París sería el lugar perfecto en el que instalarse e iniciar así su carrera como escritor. Una noche, paseando sin rumbo por la ciudad, y justo cuando las campanadas marcan la medianoche, un vetusto coche se detiene a su paso y sus ocupantes le invitan a conocer aquel París que, hasta ese instante, únicamente residía en su imaginación, un viaje que le sumirá en una profunda desazón que le hará replantear su existencia.

Woody Allen mantiene su frenético ritmo de estrenar una película por año, un ritmo discutible, a tenor de las tibias repercusiones que sus últimos filmes tuvieron. Sin embargo, en esta ocasión, Midnight in Paris ha resultado una agradable sorpresa para todos aquellos que creían que ya no tenía nada más interesante que añadir a su filmografía: sin ser una obra maestra (para ello quizás ya es tarde, pero siempre nos quedarán sus películas más clásicas), resulta una interesante y divertida historia, una fábula sin pretensiones que permite al espectador conocer el París actual y el París de los años 20, aquella ciudad en permanente ebullición creativa, punto de encuentro de innumerables artistas que buscaron refugio en ella a principios del siglo XX.

Midnight in Paris juega con la eterna cuestión de si cualquier tiempo pasado fue mejor, fruto de nuestra imaginación y de nuestra capacidad para idealizar un período de tiempo determinado, en este caso el París bohemio de la década de 1920, un ejercicio interesante pero fácil de desmontar: el mismo Gil afirma que en el pasado no encontraríamos las medicinas a las que estamos acostumbrados en la actualidad, un simple hecho que por sí mismo invita a dejar para la imaginación los viajes en el tiempo.

En ese viaje que lleva a cabo Gil podremos disfrutar de aquel fascinante París de elegantes fiestas, una ciudad al compás del acordeón y en cuyos cafés solían reunirse artistas acompañados de un buen vino o una copa de absenta para compartir ideas, unas mentes privilegiadas que Allen convierte en personajes que desfilan uno tras otro por su película, escritores como Hemingway o T. S. Elliot, el matrimonio formado por Scott y Zelda Fitzgerald, el músico Cole Porter, el torero Belmonte, el fotógrafo Man Ray, el cineasta Luís Buñuel (a quien el protagonista sugiere el argumento de El ángel exterminador ante la incredulidad del propio Buñuel) o pintores de la talla de Picasso y Dalí (un inconmensurable y surrealista Adrien Brody).

Owen Wilson es el espléndido protagonista de esta historia, Gil, un escritor en crisis que bien podría tratarse del álter ego de Allen tantas veces interpretado por él, un novelista algo torpe, de balbuceo habitual y aire despistado que vive ensimismado con sus fantasías sobre la capital francesa y sus personajes más conocidos, y que en sus paseos nocturnos acaba enamorándose de Adriana, musa de Picasso que toma prestadas las sensuales maneras de Marion Cotillard. El tercer vértice de este atípico triángulo es Rachel McAdams, la irritante prometida del protagonista, mientras que Michael Sheen es el contrapunto a Wilson, un profesor sabelotodo que mantendrá un divertido pulso intelectual con Gil. Aunque quizás el papel que más expectación había generado entre el público era el de la guía que acompaña a los turistas, un breve papel que defiende de forma aséptica y sin estridencias la primera dama francesa, Carla Bruni.

A pesar de caer en algunos tópicos parisinos y de recrearse en bellas estampas de París al servicio de su nueva función como guía para turistas (los dos primeros minutos del metraje son totalmente gratuitos), Woody Allen consigue crear con Midnight in Paris una hermosa historia, divertida, a ratos hilarante, que arranca espontáneos aplausos en el espectador y que hará olvidar sus fallidas últimas películas.

Título: Midnight in Paris
Director: Woody Allen
Intérpretes: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Michael Sheen, Lea Seydoux
País: EE UU
Duración: 100 minutos
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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica literaria: Los tesoros de Alfred Hitchcock, de Laurent Bouzereau.


No hay cineasta en el mundo cuya obra haya sido analizada de manera más minuciosa en innumerables libros como Alfred Hitchcock. El maestro, poseedor de una de las filmografías más poderosas de la historia fue, a su vez, el director que mejor supo vender su propia imagen. Ya desde sus primeras películas se ocupó de que los espectadores jugaran a descubrirle en ingeniosos cameos, creó una caricatura en forma de silueta a modo de logo mercantil, concedía entrevistas (preferiblemente gráficas o en shows televisivos), participaba en los avances comerciales de sus films, produjo y presentó sus propias series de televisión… Físicamente, no hay ningún otro profesional en lo suyo tan identificable. “Hitch” era una marca. Se le reconocía por dominar el suspense, pero también por representar él mismo al propio género, con su oronda figura y su manera pausada de hablar enfatizando los chistes macabros. Quizás, en las artes, su caso pueda ser comparable al de Salvador Dalí quien, por cierto, llegó a colaborar con nuestro protagonista en 1945 para la película “Recuerda”, diseñando las secuencias oníricas. En definitiva, la cosa se trataba de una combinación en la que participaba un producto artístico muy bien valorado por crítica y público y un creador conocedor, sospecho que conscientemente, de habilidades para vender su trabajo a través de sí mismo. Una mezcla perfecta cuando el artífice y el producto son de primera calidad.

Por supuesto, no podemos obviar las biografías en las que se ha pretendido recrear su vida personal, o incluso las referencias a las particulares filias y fobias que pueden detectarse en sus trabajos (el miedo a la policía y a ser encerrado en una cárcel injustamente, la adoración por determinado tipo de mujeres…). Tanto se ha visto y escrito que parece casi imposible descubrir facetas o aspectos nuevos sobre él. Personalmente, tengo por volúmenes de cabecera, tratándose de uno de mis directores predilectos, dos títulos imprescindibles: como estudio de su obra, el que está considerado el mejor libro sobre cine jamás escrito, el firmado por François Truffaut con el título “El cine según Hitchcock”, en el que se transcriben sus entrevistas con el director de “Vértigo”. En el plano biográfico, “La cara oculta del genio”, de Donald Spoto que, sin ser un texto definitivo, ofrece una visión retrospectiva muy completa de sus peripecias vitales.

A esos dos, habría que sumarle ahora el “libro-objeto” “Los tesoros de Alfred Hitchcock”. Se trata de un artefacto lujosamente presentado en gran formato y que resulta atractivo por varios motivos que, de manera feliz, han propiciado un reencuentro fascinante con el querido personaje.

El primero y fundamental: El autor. Laurent Bouzereau es un respetable documentalista y, me permito decirlo, el mejor director de “making-off’s” (documentales sobre producciones y rodajes cinematográficos). Conocido por los aficionados, en especial a partir de la comercialización de DVD’s con contenidos extra, Bouzereau se ha convertido en el experto que ha añadido valor a las ediciones especiales, con piezas que, en ocasiones, han superado en metraje a los propios films. Es, entre otros, el productor de los contenidos que acompañan a las películas de Steven Spielberg y, claro está, ha dedicado también esfuerzos para recuperar los recuerdos de los compañeros del “mago del suspense” que siguen vivos, con el fin de incluir la mayor cantidad de información en los “Cómo se hizo” de sus principales títulos. Sumar a ello el estudio pormenorizado de cada cinta le ha permitido, además, tener una visión en conjunto mucho más completa al elaborar los escritos que conforman la base de este ensayo.

Laurent Bouzereau

Otra cuestión importante es el enfoque. Sabedor de que prácticamente está todo dicho y que resulta difícil abordar una trayectoria tan conocida sin caer en la repetición, Bouzereau se ha inclinado por mostrarnos las principales características de lo que se entiende por el estilo “hitchcokiano”, marcado por ciertas reglas muy reconocibles e imitadas por otros cineastas. El libro está dividido en capítulos que describen esos elementos que conforman el estilo creado por el británico, las señas de identidad con las que perfeccionó un arte que se hizo el más popular del siglo XX: Los falsos culpables y antihéroes, las mujeres (a ser posible rubias, ya saben), los villanos y, por supuesto, el famoso “toque Hitchcock”, que se compone de varias características: un férreo guión; una estructura narrativa sorprendente incluyendo el uso del “macguffin” (término inventado por él, que se refiere a algo que hace avanzar la trama sin que, en realidad, tenga ninguna importancia para la película -algo así como una excusa argumental-); un equipo solvente que le permitiera no tener que asistir al rodaje (“es lo más aburrido de hacer una película”, decía); y, de manera muy especial, emplear técnicas de filmación diferentes en cada proyecto. Hitchcock llegó a hacer infinidad de experimentos visuales y sonoros para remarcar los momentos cumbres de su carrera, desde ser pionero en el 3D (“Crimen perfecto”, 1954) a filmar toda una película en un solo plano (“La soga”, 1948); proyectar, junto al diseñador Saul Bass, una secuencia de tres minutos con cincuenta planos y más de setenta ángulos de cámara (me refiero, claro está, al asesinato de la ducha en “Psicosis”, 1960); crear una tensa, larguísima y trepidante secuencia final de doce minutos sin diálogo, tan solo con la música de la “Storm Cloud Cantata” de Walter Benjamín interpretada en el Royal Albert Hall (“El hombre que sabía demasiado”, 1954); montar una secuencia de acción sin ni siquiera música (la de la avioneta en el desierto para “Con la muerte en los talones”, 1958); presentar otra película sin nada de música pero con sonidos electrónicos a cargo de Bernard Herrmann (“Los pájaros”, 1963); o hacer que el espectador contemple lo difícil que puede llegar a ser matar a alguien (lo hizo en “Cortina rasgada”, de 1966, con una secuencia portentosa que supera los cuatro minutos en la que la víctima, naturalmente, se resiste a ser asesinada). En cada proyecto, Hitchcock se comprometía con esos detalles y aún hoy resulta asombrosa la alegría con la que colocaba la cámara en los lugares más insospechados para ofrecer otro punto de vista al espectador. Todos estos aspectos, deteniéndose en sus representaciones más reconocibles, hacen del libro una guía interesante sobre lo que nos legó Hitchcock, su manera de utilizar el cine para explicar historias.

Pero el peso del volumen, y nunca mejor dicho, lo encontramos en el material gráfico. Y aquí destacaré que, sin la colaboración de los herederos, en especial de Patricia Hitchcock que firma el prólogo, no hubiera sido posible contemplar, por primera vez, fotos familiares y de rodaje que nos permiten descubrir el lado humano del director. De hecho, se nos indica que es el primer libro realizado con autorización expresa de la familia. La edición, en este sentido, es espléndida. Y no queda otra que felicitar a Libros Cúpula por haber respetado el formato original que contiene, para deleite de los coleccionistas, documentos facsimilares presentados en “páginas-sobre”. Así, tendremos en nuestras manos su certificado de nacimiento y el de matrimonio fielmente reproducidos; un telegrama dirigido en 1940 a David Selznick; unas notas extraídas de un bloc con membrete del barco Queen Mary, en las que detalla las cualidades más relevantes que debe tener una buena película; también encontramos storyboards, fragmentos de guiones manuscritos, bocetos de vestuario… Como ya indica el título, auténticos tesoros que hacen del ejemplar una deliciosa caja de sorpresas.

Quizás no descubrirán nada que no sepan, pero el libro de Bouzereau les permitirá recordar pasajes maravillosos de la historia del cine, detectar elementos que pudieran revelarles sincronías entre la vida del director y sus películas, volver a admirar a las grandes estrellas de Hollywood y disfrutar como niños con esas sorpresas que contienen sus páginas de color dorado, fragmentos de la vida de uno de los hombres más influyentes de la cultura del siglo pasado.

Título: Los tesoros de Alfred Hitchcock
Autor: Laurent Bouzereau
Prólogo: Patricia Hitchcock O’Connell
Traducción: Natalia Galiana Debourcieu
Editorial: Libros Cúpula (Barcelona, 2010)
Precio: 42 €

Escrito por: José A. Muñoz

Estreno cinematográfico: Templario, de Jonathan English.


El próximo 22 de julio se estrena en España Templario, film dirigido por Jonathan English e interpretado por James Purefoy y Paul Giamatti. La película está ambientada en uno de los momentos más violentos y cruciales de la historia de la Inglaterra medieval durante el reinado de Juan I, cuando tras la firma de la Carta Magna un grupo de caballeros lucharon por defender su país del megalómano rey Juan Sin Tierra.

Corre el año 1215. El rey Juan I de Inglaterra (Paul Giamatti) se ve obligado a firmar la Carta Magna. Furioso por haberse visto forzado a firmarla, recluta un despiadado ejército de mercenarios que empieza a arrasar el país para recuperar el poder. Pero cuando el ejército del rey está a punto de llegar a Londres y hacerse con el control del reino, un solo bastión se interpone entre él y la inevitable victoria: el castillo de Rochester.

Un pequeño grupo de rebeldes reunidos por el barón Albany (Brian Cox) se ha atrincherado en el castillo para combatir al rey Juan hasta que lleguen los refuerzos: un caballero templario (James Purefoy) atormentado por la culpa ante las atrocidades que cometió durante las cruzadas y por sus florecientes sentimientos por Isabel (Kate Mara), hermosa señora del castillo y esposa del avejentado Reginald de Cornhill (Derek Jacobi); unos mercenarios curtidos en la batalla, entre los que se encuentra Beckett (Jason Flemyng), que lucha no por Dios ni por su país, sino por dinero y sed de sangre; y unos jóvenes soldados, como Guy (Aneurin Barnard), que probará el sabor de la sangre y de la batalla por primera y puede que por última vez.

La película está dirigida por Jonathan English y cuenta con un reparto de lujo encabezado por actores consagrados como Paul Giamatti (El mundo según Barney, Entre copas) y James Purefoy (Solomon Kane, Roma), rostros jovenes como Kate Mara (Happythankyoumoreplease, 127 horas) y secundarios británicos de lujo como Brian Cox (Troya), Derek Jacobi (El discurso del rey) o Jason Flemyng (X-men: Primera Generación).

Título: Templario
Título Original: Ironclad
Nacionalidad: Reino Unido, USA
Año de producción: 2011
Director: Jonathan English
Guión: Stephen McDool, Erick Kastel
Reparto: James Purefoy, Kate Mara, Paul Giamatti, Derek Jacobi, Jason Flemyng

Crítica cinematográfica: Happythankyoumoreplease, de Josh Radnor.


Un escritor falto de inspiración. Un grupo de amigos sin seguridad en sí mismos. Una pareja desorientada y con ideas opuestas sobre su futuro en común. La dificultad de encontrar el amor en la sociedad moderna. Y, por supuesto, Nueva York. Con estas premisas bien podría tratarse de la última película de Woody Allen, pero no (aunque su influencia se respira a lo largo de todo el film): éstos son los principales ingredientes de Happythankyoumoreplease, el debut en la dirección de Josh Radnor, protagonista de una de las series más divertidas y de mayor éxito de los últimos años, Cómo conocí a vuestra madre.

Tras una movida noche, Sam se despierta de resaca y con el tiempo justo para acudir a una reunión clave en su futuro como escritor. De camino hacia la editorial encuentra un niño extraviado en el metro, y, sin saber qué hacer, se lo lleva con él. En su día a día, Sam ocupa sus horas en esperar a que llegue la inspiración ante el ordenador y en atender a sus amistades, entre las que se encuentran Annie, una joven con una extraña enfermedad que le ha hecho perder todo el pelo, algo que le acompleja hasta creer que nadie puede enamorarse de ella, y Mary Catherine, una joven que deberá decidir si seguir adelante o no con su relación con Charlie. Finalmente, la aparición de Mississippi, una joven camarera aspirante a cantante, hará que Sam se replantee cómo afrontar, en adelante, sus relaciones sentimentales.

Happythankyoumoreplease es un espléndido relato que funciona como retrato generacional de aquéllos (o buena parte de aquéllos) que rondan la treintena y viven en grandes ciudades, una generación que se muestra insegura, desorientada, con dificultad para encontrar su lugar en el mundo, alérgica al compromiso y angustiada por las responsabilidades que suponen ser adulto. Además, podría pasar por una de tantas comedias románticas, aunque es mucho más que eso: cierto es que el amor y sus consecuencias son los auténticos protagonistas de la historia, pero Radnor propone también una magnífica historia de sentimientos, ya sean los sentimientos que llevan al protagonista a hacerse cargo de un niño con problemas familiares, o la estrecha relación que mantienen Annie y el mismo Sam, una preciosa historia de confianza mutua entre ambos que desmiente a los que no creen posible una simple amistad entre un hombre y una mujer. Paralelamente, y a pesar de desprender cierta tristeza y melancolía, la película se revela como un canto al optimismo y a encarar la vida con una actitud positiva, a pesar de los problemas que nos atormentan a diario.

En una historia de personajes desorientados como ésta, la ciudad de Nueva York (aunque bien podría ser cualquier otra gran ciudad) ejerce una función imprescindible, convirtiéndose en una de las principales protagonistas de esta película, una Nueva York algo diferente a la que estamos acostumbrados a ver en el cine: aquí no hay solemnes atardeceres que muestren su conocidísimo skyline, ni imágenes que demuestren que estamos en la ciudad que nunca duerme, no; la película retrata una ciudad luminosa, sí, pero diurna, quizás para dar consistencia a ese mensaje optimista que el film ofrece. Asimismo, el relato sirve para posicionar al espectador en la rivalidad entre grandes ciudades, en esta ocasión entre Nueva York y Los Ángeles: la primera, moderna, bohemia, ideal para mantener una excelente actividad cultural, mientras que la segunda se muestra impersonal y en la que cualquier movimiento debe realizarse motorizado.


Josh Radnor es director, guionista y el antihéroe protagonista de este film de espíritu indie que viene avalado por el Premio del Público del Festival Internacional de Cine de Sundance en 2010. Sin duda es él quien sostiene el peso de la película, a pesar de tratarse de una historia coral. El resto del reparto lo forman nombres poco conocidos, entre los que destacan Malin Akerman como la optimista Annie, Kate Mara como la hermosa camarera que fascina al joven escritor y, sobre todo, el pequeño Michael Algieri, todo un descubrimiento como el niño extraviado, Rasheen.

Así, ésta es una historia imprescindible para todo aquél alérgico a las edulcoradas comedias románticas convencionales, que conmueve con facilidad al espectador, y que debe su peculiar título a la expresión que repite, a modo de mantra, una de sus optimistas protagonistas, quien cree que en todo momento hay que agradecerle al karma (o a quien sea) todo lo bueno que a uno le pasa y pedirle todavía más, por favor: Happythankyoumoreplease.

Título: Happythankyoumoreplease
Director: Josh Radnor
Intérpretes: Josh Radnor, Malin Ackerman, Kate Mara, Catherine Zoe Kazan, Pablo Schreiber, Tony Hale, Michael Algieri y Richard Jenkins
Guión: Josh Radnor
Fotografía: Seamus Tierney
Montaje: Michael R. Miller
Productores: Jesse Hara, Austin Stark, Chris Papavasiliou y Benji Kohn
Productores Ejecutivos: Bingo Gubelmann, Peter Sterling y Glenn Williamson
Productor Asociado: Brian Schornak
Diseño de producción: Jade Healy
Dirección de Arte: Chris Trujillo
Vestuario: Sarah Beer
Supervisión musical: Andy Gowen
Música original: Jaymay
País de producción: Estados Unidos
Género: Comedia romántica
Año de producción: 2010
Duración: 100 minutos
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Escrito por: Robert Martínez Colomé


Estreno cinematográfico de la semana: Código Fuente, de Duncan Jones.


El viernes pasado se estrenó en España Código Fuente, un thriller de acción y ciencia-ficción en  el que Jake Gyllenhaal tendrá que resolver el enigma de la explosión de un tren viviendo los últimos ocho minutos de vida de un pasajero.

Un piloto de helicóptero reclutado para una operación militar de alto secreto se ve embarcado en una clase de misión que jamás podría haber imaginado en Código Fuente, un inteligente ‘thriller’ de acción vertiginosa que pone en entredicho todo lo que creemos saber sobre el tiempo y el espacio. Llena de sorprendentes giros y apasionante suspense, Código Fuente está dirigida por Duncan Jones (Moon).

El capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) despierta en un tren de cercanías a toda velocidad sin la más mínima idea de cómo ha llegado allí. Sentado frente a él se halla Christina (Michelle Monaghan), una mujer a la que no conoce, aunque ella cree claramente conocerlo. Tras refugiarse en los aseos, se sorprende al ver en el espejo el reflejo de otro hombre, además de tarjetas de identificación en su cartera que pertenecen a un profesor de escuela llamado Sean Fentress. De pronto, una gran explosión hace pedazos el tren.

Casi al instante, Colter se ve transportado a una unidad de aislamiento de alta tecnología, donde una mujer con uniforme militar llamada Goodwin (Vera Farmiga) exige que le rinda cuentas sobre todo lo que ha visto. Colter se encontraba en una misión de máxima prioridad para identificar a un terrorista que había destruido pocas horas antes un tren y que tiene previsto matar a miles de personas con una explosión mucho más potente en pleno centro de Chicago. Un programa de alto secreto, de nombre clave ‘Código Fuente’, permite a Colter existir brevemente como Sean en la realidad paralela en la que el tren de cercanías está a punto de estallar.

Cada vez que regresa al tren, Colter dispone únicamente de ocho minutos para descubrir la identidad del terrorista. Va reuniendo poco a poco nuevas pistas, pero no acierta a dar con su presa. Cuanto más datos descubre, más se convence de que puede evitar que se llegue a producir la mortal explosión… a menos que se le agote antes el tiempo.

Código Fuente está dirigida por Duncan Jones (Moon) a partir de un guión de Ben Ripley (Species III (Especie mortal III)). Está protagonizada por Jake Gyllenhaal (Brothers (Hermanos), Brokeback Mountain (En terreno vedado)), Michelle Monaghan (La conspiración del pánico, Adiós, pequeña, adiós), Vera Farmiga (Up in the Air, Infiltrados (The Departed)) y Jeffrey Wright (Quantum of Solace, Syriana). Sus productores son Mark Gordon (Crepúsculo, Planes de boda), Philippe Rousselet (El señor de la guerra) y Jordan Wynn. El director de fotografía es Don Burgess (Forrest Gump). El diseño de producción corre a cargo de Barry Chusid (2012). El montaje es obra de Paul Hirsch (Misión imposible). El diseño de vestuario es de Renée April. Los coproductores son Stuart Fenegan (Moon) y Tracy Underwood (La flor del mal). Los productores ejecutivos son Jeb Brody (Pequeña Miss Sunshine), Fabrice Gianfermi (El señor de la guerra) y Hawk Koch (Rastro oculto).

Título: Código Fuente
Director: Duncan Jones
Intérpretes: Brent Skagford, Cas Anvar, Craig Thomas, Gordon Masten, Jake Gyllenhaal, Jeffrey Wright, Michael Arden, Michelle Monaghan, Paula Jean Hixson, Russell Peters, Susan Bain y Vera Farmiga
Guión: Ben Ripley
Fotografía: Don Burgess
Música: Chris Bacon
Duración: 93 min.
Fecha de estreno: 15 de abril de 2011
Productora: The Mark Gordon Company y Vendome Pictures
Distribuidora: Aurum Producciones
Nacionalidad: EE.UU.
Género: Acción

Estreno cinematográfico de la semana: En un mundo mejor, de Susanne Bier.


El próximo viernes 1 de mayo llega a las pantallas españolas En un mundo mejor, la producción danesa ganadora del Oscar a la película de habla no inglesa de este año, un drama sobre la cultura y la civilización que explora las limitaciones con las que nos encontramos al intentar controlar la sociedad y nuestras vidas personales.

Anton es médico y divide su tiempo entre una pequeña ciudad idílica en Dinamarca y su trabajo en un campo de refugiados en África. En estos dos mundos tan diferentes, él y su familia se enfrentan a conflictos que les empujan a escoger entre la venganza y el perdón.

Anton y su esposa Marianne tienen dos hijos, están separados y consideran la posibilidad de divorciarse. El mayor de sus hijos, Elias, de diez años, sufre el constante bullying de unos compañeros hasta que otro chico le defiende, Christian, que acaba de trasladarse a Dinamarca desde Londres con su padre, Claus. La madre de Christian ha fallecido recientemente de cáncer y Christian no ha superado la pérdida.

Elias y Christian no tardan en estar muy unidos, pero cuando Christian involucra a Elias en un peligroso acto de revancha que puede acarrear consecuencias trágicas, además de poner a prueba la amistad que los une, también pone en peligro varias vidas. Finalmente, sus padres deberán ayudarles a entender la complejidad de las emociones, del dolor y de la empatía.
La película “Plantea la pregunta de si nuestra “avanzada” cultura es el modelo para un mundo mejor, o si la misma desorganización que produce la ausencia de leyes se agazapa justo debajo de la superficie de nuestra civilización. ¿Somos inmunes al caos o nos tambaleamos al borde del abismo del desorden, ajenos a la realidad?”. Susanne Bier.

Título: En un mundo mejor
Título original: Haevnen
Directora: Susanne Bier
Guionista: Anders Thomas Jensen
Intérpretes: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard, William Johnk Nielsen, Bodil Jorgensen, Elsebeth Steentoft, Martin Buch, Anette Stovebaek, Kim Bodnia.
Productor: Sisse Graum Jorgensen
Productora: Zentropa Entertainments16
Director de fotografía: Morten Soborg, DFF
Vestuario: Manon Rasmussen
Música: Johan Soderqvist
Duración: 113 minutos
Género: drama
Año de producción: 2010
Nacionalidad: Dinamarca
Fecha de estreno: 1 de mayo de 2011.
Distribuidora: Golem.