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Estreno cinematográfico: Drive, de Nicolas Winding Refn

El próximo 28 de diciembre se estrena en las pantallas de nuestro país Drive, la historia de un talentoso piloto de coches, especialista en películas de acción, que se ve implicado en un asunto turbio, un film basado en una novela de James Sallis que dirige Nicolas Winding Refn y protagonizan Ryan Gosling, Carey Mulligan y Bryan Cranston.

Fotograma de la película

Driver es un especialista de cine que gana un dinero extra ofreciendo sus servicios a ladrones que precisen un vehículo para escapar de la policía. Su gran pasión es la velocidad hasta que conoce a Irene, una vecina cuyo marido se encuentra en prisión; la relación entre ambos se irá estrechando hasta que el hombre sale de la cárcel, momento en el que requerirá los servicios del conductor, y será entonces cuando la vida del joven empezará a complicarse sin remedio.

Nicolas Winding Refn (Bronson) fue galardonado con el premio al mejor director del pasado Festival de Cannes gracias a Drive, un film en el que convergen automovilismo y crimen organizado y que cuenta con un magnífico reparto, con Ryan Gosling (Crazy, Stupid, Love) y Carey Mulligan (Enseñanza de vida) en los papeles principales, y a quienes acompañan Bryan Cranston (Pequeña Miss Sunshine), Ron Perlman (Hellboy), Christina Hendricks (Mad Men), Oscar Isaac (Agora) y Albert Brooks (Un romance muy peligroso).

Drive se estrenará en nuestros cines el 28 de diciembre de 2011.

Título: Drive
Género: Thriller
Nacionalidad: USA
Año: 2011
Duración: 100 minutos
Director: Nicolas Winding Refn
Guión: Hossein Amini
Intérpretes: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Ron Perlman, Christina Hendricks, Oscar Isaac, Albert Brooks

Crítica televisiva: Hijos de la Anarquía.


Hace ya algunos años que las televisiones de nuestro país nos ofrecen las mejores historias que se realizan en EE.UU., pero ya no se trata precisamente de las películas made in Hollywood, no: las buenas ideas, los buenos guiones, algunos de los mejores actores, han encontrado su lugar en las magníficas series que se están cociendo al otro lado del Atlántico. Productos tan elaborados y elegantes como Mad men, El ala oeste de la Casa Blanca, 24 o, un poco más lejos, Los Soprano, han seducido a una amplia mayoría de público que, ávido de buenos argumentos, ha terminado por sucumbir al adictivo mundo de las teleseries norteamericanas.

Próximamente Cuatro ofrecerá en abierto (ya se ha emitido en FOX) la primera temporada de una de esas fascinantes historias: Hijos de la Anarquía (Sons of Anarchy en su versión original), la historia de un club de moteros situado en un pueblo del norte de California (la ficticia Charming, concretamente) que vive al margen de la Ley, una asociación que protege a la población de las amenazas externas, y que tiene como sede el taller Teller-Morrow, aunque éste no es más que la tapadera de la que realmente es su ocupación: el tráfico de armas, en un relato que sería la mezcla perfecta de El padrino, Easy Rider, batallas entre bandas que recuerdan a Quadrophenia y pinceladas del mejor Shakespeare, todo ello aderezado con un poco de rock sureño.

La trama gira, principalmente, entorno a tres personajes: el matrimonio formado por Clay y Gemma Morrow y el hijo de ésta con su difunto marido, Jax. La historia arranca cuando el almacén donde la banda guarda las armas antes de venderlas es saqueado e incendiado por Los Mayas, rivales de Los Hijos de la Anarquía, toda una declaración de guerra que los moteros no permitirán que quede impune. La sed de venganza de Los Hijos de la Anarquía y la ilegal forma de financiación de la banda que capitanea el presidente Clay chocarán con las intenciones del joven Jax, a quien un manuscrito de su padre, John Teller (fundador del grupo), le hará recapacitar sobre el destino del grupo y la necesidad de virar el rumbo hacia negocios menos turbios.

Ésta es una historia compleja de rudos moteros tatuados hasta las cejas (todos los miembros del clan lucen en su espalda el icono del club, la muerte con una guadaña ensangrentada y empuñando un fusil), de pasión por las Harleys customizadas, de policías corruptos, de hombres de honor, de traiciones y venganzas, de conflictos entre bandas, contactos con el IRA, contrabando de armas, prostitución y drogas. Kurt Sutter, creador de esta espléndida historia, podría haber construido toda una apología de la violencia, recreándose en ella y dotándola incluso de una pátina de glamour que maravillara a los espectadores menos exigentes, pero Hijos de la Anarquía no está pensada para ello, o al menos no de forma específica: la cámara tan sólo muestra escenas de violencia explícita en contadas ocasiones; además, ya desde el primer capítulo empatizamos con sus personajes, aunque no por la supuesta vistosidad de su estilo de vida, ni por sus negocios fuera de la ley, sino que lo hacemos porque se trata de personajes que, a parte de sus enfrentamientos con las otras bandas, también tienen que hacer frente a sus problemas diarios, unos problemas que nada tienen que ver con la delincuencia, como los de Jax, cuyo hijo nace de forma prematura, y con una malformación cardiovascular congénita, por culpa de las adicciones de su esposa, adicta al crack.

El clan se estructura de forma piramidal, con un presidente, Clay Morrow, y un vicepresidente, Jax Teller, a los que siguen el resto del grupo, hasta un total de siete moteros, sin contar con las filiales repartidas por el país ni los miembros encarcelados. Cualquier decisión debe ser aprobada en asamblea, con todos los miembros reunidos alrededor de una preciosa mesa tallada con el icono del club, una forma de actuar democrática y perfecta, hasta que las disputas por el poder entre el presidente y el vicepresidente se agraven y fragmenten el grupo en dos.

Sutter insiste en que, desde un principio, su idea era la de crear una historia bajo la influencia de la literatura de William Shakespeare, y lo cierto es que es fácil reconocer algunos puntos en común con el mundo del magnífico escritor inglés. La misma estructura del grupo (con un presidente y un vicepresidente al que siguen sus fieles compañeros de viaje) hace pensar en un rey y su sucesor al que deben fidelidad sus caballeros, algo que encontramos en cualquier texto de Shakespeare. Además, el paralelismo con Hamlet es evidente: por un lado, Jax Teller podría ser el Príncipe Hamlet, ambos desorientados tras la muerte de sus respectivos padres (asimismo, la figura paternal está presente en todo momento, como espíritu en la obra de Shakespeare, aquí en forma del manuscrito encontrado por Jax), mientras que Clay y Gemma serían, respectivamente, el rey Claudio y Gertrudis. Finalmente, una de las formas de resolver pequeños problemas en el grupo es preparar una gran cena en común, como los banquetes que tanto le gustaban describir al inglés en sus historias.

Hijos de la Anarquía es una obra coral (hasta diez son los actores que forman la banda), y para dar mayor credibilidad a sus argumentos, sus responsables optaron por contar con unos actores apenas conocidos para el gran público (sobre todo en nuestro país), todo un acierto a tenor de los resultados. Así, encabezando el reparto encontramos a Ron Perlman (recordado por su papel de monje en El nombre de la Rosa) y Charlie Hunnam, encargados de dar verosimilitud a Clay Morrow y Jax Teller, respectivamente. Ambos salen airosos del reto que supone defender unos complejos personajes, logrando unas actuaciones sobrias y convincentes. Pero sin duda, el personaje más fascinante de todos es el de Gemma Morrow, papel que recae en Katey Sagal, un personaje poliédrico y manipulador, con muchos matices, tan pronto se muestra como una mujer fuerte y manipuladora, como se vuelve frágil e insegura; sea como sea, es el eje alrededor del cual se vertebra el grupo, algo que se confirmará en la segunda temporada.

En la actualidad, en EEUU se está emitiendo la tercera temporada de Hijos de la Anarquía, mientras que en nuestro país, a la espera de su estreno en abierto, están a la venta las dos primeras temporadas, un material que resulta altamente adictivo.

Título: Hijos de la Anarquía / Sons of Anarchy
Director: Kurt Sutter
Intérpretes: Ron Perlman, Charlie Hunnam, Katey Sagal, Maggie Siff, Kim Coates
País: EE. UU.
Duración: 13 capítulos (1ª temporada), 13 capítulos (2ª temporada)

Escrito por: Robert Martínez Colomé.

Crítica cinematográfica: En tiempo de brujas, de Dominic Sena.


También el próximo 4 de marzo se estrena en España En tiempo de brujas una película de Atlas Entertainment y Relativity Media dirigida por Dominic Sena e interpretada por Nicolas Cage, Ron Perlman y Claire Foy.

He estado dudando si incluir este film en la subsección de películas históricas o no, ya que aunque esté ambientado en la Edad Media dependía de cómo se tratase el tema de las brujas y la brujería para que fuera un film histórico o algo más propio de la fantasía o incluso del terror. Finalmente me he decidido por lo primero y me explicaré. Como todos sabemos si que existieron las brujas en la Edad media (y en épocas anteriores y posteriores), o al menos aquellas y aquellos a los que la Iglesia acusaba de ello. Aunque otra cosa diferente es que existieran personas que tuvieran un poder especial o, al menos, una relación particular con el diablo. Aún así, podríamos decir que En tiempo de brujas intenta darle (y le da) al tema tratado una visión histórica, aunque la fantasía y el terror se apodera de la trama a medida que esta avanza, para llegar a un desenlace totalmente fantástico y terrorífico. Aún así y por la atmósfera y la ambientación la consideraré una película histórica, siempre advirtiendo en estas líneas al lector de que el componente fantástico es en ella muy importante.

Imagen de la guerra en Tierra Santa.

Dicho esto, presentemos la trama. Nos hemos de situar en pleno siglo XIV, en el momento en que la Peste negra está diezmando a la población europea y la Cruzada en Tierra Santa está aún en marcha. Dos caballeros cruzados, Behmen (Nicolas Cage) y Felson (Ron Perlman), han perdido la fe en la Guerra Santa que se está llevando a cabo en Oriente y regresan (desertan) de la misma para volver a Europa. En una de las etapas de su viaje de retorno, en Marburgo, son reconocidos y encarcelados como desertores. Europa está siendo devastada por la peste y la población está desesperada. La única solución parece ser la muerte de una joven bruja (Claire Foy) que está presa en otra celda junto a los ex-cruzados. Si quieren recuperar la libertad tendrán que transportarla a una lejana y remota abadía donde será juzgada de su acusación de haber traído la peste a la ciudad.

Como decía antes, la película tiene una trasfondo totalmente histórico que se inicia con los largos años de luchas en Tierra Santa que se resumen en las breves escenas iniciales de la película, donde somos testigos de la brutalidad de la Iglesia y sus mandamientos en la Cruzada y la perdida de fe de los dos protagonistas princioales, Behmen y Felson (Y también, y como siempre, de lo errado de la reproducción de una batalla en el cine). Su regreso a Europa nos permitirá ver el horror de la peste y como está ha infectado tanto a los más humildes como a los más poderosos, como el cardenal de Marburgo (un impresionante y deformado por las ulceraciones Christopher Lee). Es seguramente esta una de las mejores representaciones cinematográficas de los horrores que trajo consigo la peste iniciada en el siglo XIV y que acabó con la vida de la mitad de la población de Europa. Tonos oscuros para mostrar la ciudad y su población, cuerpos y caras deformados por la epidemia, por tumores y los bubones (de allí su nombre, peste bubónica), que llegan incluso a hacer sentir y oler la inmundicia y las excrecencias provocadas por la peste.

El cardenal de Mardeburgo moribundo a causa de la peste.

El argumento central de la película no es, sin embargo, éste sino el debate que se produce a lo largo de la marcha sobre la objetividad de la acusación de la bruja. Existirán dos visiones de la misma: la que defiende el monje, el único representante de la Iglesia (Stephen Campbell Moore) sobre la maldad de la hechicera y su responsabilidad en la propagación de la peste y la de los dos caballeros y parte de los acompañantes en la travesía, entre ellos un joven monaguillo que aspira a ser caballero (Robert Sheehan), y un caballero que ha perdido a toda su familia a causa de la pestilencia (Ulrich Thomsen). Todos ellos llegarán a dudar de la actitud de la Iglesia en relación a la joven acusada de brujería, manteniendo una actitud de escepticismo muy propia de este siglo XXI, y del pasado también.

Pues bien, aquí tenemos servido el debate entre el oscurantismo y el atraso cultural provocado por la Iglesia a lo largo de la historia (sobre todo en la Edad Media, o eso dicen algunos) y la visión humanista del hombre propia más del Renacimiento y de la actualidad que ve en la Iglesia, tan solo, un vestigio del pasado y de la superstición. Pero este debate en el film no es nada aburrido. Ni mucho menos!! Durante la travesía hacia la lejana abadía el grupo será asediado por diversas amenazas en los cuales tendremos que dilucidar si la bruja es tal o no. El ataque de los lobos, la huida de la bruja y las ensoñaciones que ésta parece provocar, el cruce de un puente colgante (cuya ubicación en medio de las más altas montañas le resta cierta veracidad aunque le dota de un momento de acertada tensión) o las capacidades suprahumanas de la hechicera. Hasta aquí la parte más histórica de la cinta.

El tramo final del film sufre una transformación total y absoluta convirtiéndose en algo más parecido a Van Helsing o Underground, o lo que es lo mismo, en una película de género, donde, y como ya he comentado antes, la fantasía y el terror se apoderan de la trama. De qué forma lo hace se lo dejo a su discreción para no estropear el final de la trama.

A nivel cinematográfico el filme de Dominic Sena sigue las líneas de otras películas del género. Realiza una reproducción del pasado realista (o  intentando ser realista) para mostrarnos con toda la dureza posible los estragos de la epidemia. Creo que lo más interesante de la pélicula, además de este esfuerzo realista, es la duda que se genera en el argumento. Aunque el misterio sobre la bruja se mantiene  durante poco tiempo (para mi opinion menos del debido) y eso le resta valor al film. Las actuaciones son pasables (aunque algunos crítiquen ya cualquier cosa que haga Cage). No esperen, pues, un alarde en las actuaciones que prefigure algún oscar, sino una trama y una visión del pasado interesante (al menos en gran parte del metraje).

Es, pues, En tiempo de brujas, una cinta que hace honor a su título tanto en castellano como en inglés (Season of the Witch). Nos ofrece 95 minutos de aventuras ambientadas en la lejana Edad Media, en la época de las brujas y cuya protagonista es una de ellas (o al menos de eso se le acusa). Nos introduciremos en un mundo de tinieblas (no tienen porqué ser culturales!!) provocadas por una plaga, la Peste negra, que acabó con una gran parte de la población Europea y por una Iglesia que se creía la única institución terrenal capacitada para guiar a los hombres en esta vida y en la siguiente y que castigaba a todo aquel o aquella que se atrevía a desafiarla con la persecución y la muerte. Todos los ingredientes necesarios para pasar un buen rato en el patio de butacas y descubrir si, al fin, la bruja es lo que dicen que es o es todo lo contrario. O un poco de todo…

Título: En Tiempo de Brujas
Nacionalidad: USA
Director: Dominic Sena
Guión: Bragi Schut
Reparto: Nicolas Cage, Ron Perlman, Stephen Campbell Moore, Robert Sheehan, Claire Foy, Ulrich Thomsen, Stephen Graham, Christopher Lee
Fecha de estreno: 4 de febrero de 2011
Fotografía: Amir M. Mokri
Música: Atli Örvarsson
Productora: Atlas Entertainment y Relativity Media
Distribuidora: Tri Pictures
Duración: 95 minutos.

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez