Crítica televisiva: Hijos de la Anarquía.


Hace ya algunos años que las televisiones de nuestro país nos ofrecen las mejores historias que se realizan en EE.UU., pero ya no se trata precisamente de las películas made in Hollywood, no: las buenas ideas, los buenos guiones, algunos de los mejores actores, han encontrado su lugar en las magníficas series que se están cociendo al otro lado del Atlántico. Productos tan elaborados y elegantes como Mad men, El ala oeste de la Casa Blanca, 24 o, un poco más lejos, Los Soprano, han seducido a una amplia mayoría de público que, ávido de buenos argumentos, ha terminado por sucumbir al adictivo mundo de las teleseries norteamericanas.

Próximamente Cuatro ofrecerá en abierto (ya se ha emitido en FOX) la primera temporada de una de esas fascinantes historias: Hijos de la Anarquía (Sons of Anarchy en su versión original), la historia de un club de moteros situado en un pueblo del norte de California (la ficticia Charming, concretamente) que vive al margen de la Ley, una asociación que protege a la población de las amenazas externas, y que tiene como sede el taller Teller-Morrow, aunque éste no es más que la tapadera de la que realmente es su ocupación: el tráfico de armas, en un relato que sería la mezcla perfecta de El padrino, Easy Rider, batallas entre bandas que recuerdan a Quadrophenia y pinceladas del mejor Shakespeare, todo ello aderezado con un poco de rock sureño.

La trama gira, principalmente, entorno a tres personajes: el matrimonio formado por Clay y Gemma Morrow y el hijo de ésta con su difunto marido, Jax. La historia arranca cuando el almacén donde la banda guarda las armas antes de venderlas es saqueado e incendiado por Los Mayas, rivales de Los Hijos de la Anarquía, toda una declaración de guerra que los moteros no permitirán que quede impune. La sed de venganza de Los Hijos de la Anarquía y la ilegal forma de financiación de la banda que capitanea el presidente Clay chocarán con las intenciones del joven Jax, a quien un manuscrito de su padre, John Teller (fundador del grupo), le hará recapacitar sobre el destino del grupo y la necesidad de virar el rumbo hacia negocios menos turbios.

Ésta es una historia compleja de rudos moteros tatuados hasta las cejas (todos los miembros del clan lucen en su espalda el icono del club, la muerte con una guadaña ensangrentada y empuñando un fusil), de pasión por las Harleys customizadas, de policías corruptos, de hombres de honor, de traiciones y venganzas, de conflictos entre bandas, contactos con el IRA, contrabando de armas, prostitución y drogas. Kurt Sutter, creador de esta espléndida historia, podría haber construido toda una apología de la violencia, recreándose en ella y dotándola incluso de una pátina de glamour que maravillara a los espectadores menos exigentes, pero Hijos de la Anarquía no está pensada para ello, o al menos no de forma específica: la cámara tan sólo muestra escenas de violencia explícita en contadas ocasiones; además, ya desde el primer capítulo empatizamos con sus personajes, aunque no por la supuesta vistosidad de su estilo de vida, ni por sus negocios fuera de la ley, sino que lo hacemos porque se trata de personajes que, a parte de sus enfrentamientos con las otras bandas, también tienen que hacer frente a sus problemas diarios, unos problemas que nada tienen que ver con la delincuencia, como los de Jax, cuyo hijo nace de forma prematura, y con una malformación cardiovascular congénita, por culpa de las adicciones de su esposa, adicta al crack.

El clan se estructura de forma piramidal, con un presidente, Clay Morrow, y un vicepresidente, Jax Teller, a los que siguen el resto del grupo, hasta un total de siete moteros, sin contar con las filiales repartidas por el país ni los miembros encarcelados. Cualquier decisión debe ser aprobada en asamblea, con todos los miembros reunidos alrededor de una preciosa mesa tallada con el icono del club, una forma de actuar democrática y perfecta, hasta que las disputas por el poder entre el presidente y el vicepresidente se agraven y fragmenten el grupo en dos.

Sutter insiste en que, desde un principio, su idea era la de crear una historia bajo la influencia de la literatura de William Shakespeare, y lo cierto es que es fácil reconocer algunos puntos en común con el mundo del magnífico escritor inglés. La misma estructura del grupo (con un presidente y un vicepresidente al que siguen sus fieles compañeros de viaje) hace pensar en un rey y su sucesor al que deben fidelidad sus caballeros, algo que encontramos en cualquier texto de Shakespeare. Además, el paralelismo con Hamlet es evidente: por un lado, Jax Teller podría ser el Príncipe Hamlet, ambos desorientados tras la muerte de sus respectivos padres (asimismo, la figura paternal está presente en todo momento, como espíritu en la obra de Shakespeare, aquí en forma del manuscrito encontrado por Jax), mientras que Clay y Gemma serían, respectivamente, el rey Claudio y Gertrudis. Finalmente, una de las formas de resolver pequeños problemas en el grupo es preparar una gran cena en común, como los banquetes que tanto le gustaban describir al inglés en sus historias.

Hijos de la Anarquía es una obra coral (hasta diez son los actores que forman la banda), y para dar mayor credibilidad a sus argumentos, sus responsables optaron por contar con unos actores apenas conocidos para el gran público (sobre todo en nuestro país), todo un acierto a tenor de los resultados. Así, encabezando el reparto encontramos a Ron Perlman (recordado por su papel de monje en El nombre de la Rosa) y Charlie Hunnam, encargados de dar verosimilitud a Clay Morrow y Jax Teller, respectivamente. Ambos salen airosos del reto que supone defender unos complejos personajes, logrando unas actuaciones sobrias y convincentes. Pero sin duda, el personaje más fascinante de todos es el de Gemma Morrow, papel que recae en Katey Sagal, un personaje poliédrico y manipulador, con muchos matices, tan pronto se muestra como una mujer fuerte y manipuladora, como se vuelve frágil e insegura; sea como sea, es el eje alrededor del cual se vertebra el grupo, algo que se confirmará en la segunda temporada.

En la actualidad, en EEUU se está emitiendo la tercera temporada de Hijos de la Anarquía, mientras que en nuestro país, a la espera de su estreno en abierto, están a la venta las dos primeras temporadas, un material que resulta altamente adictivo.

Título: Hijos de la Anarquía / Sons of Anarchy
Director: Kurt Sutter
Intérpretes: Ron Perlman, Charlie Hunnam, Katey Sagal, Maggie Siff, Kim Coates
País: EE. UU.
Duración: 13 capítulos (1ª temporada), 13 capítulos (2ª temporada)

Escrito por: Robert Martínez Colomé.

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2 comentarios en “Crítica televisiva: Hijos de la Anarquía.”

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