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Crónica: Concierto de Aranjuez, El Amor Brujo y Carmen de Bizet, en el Palau de la Música Catalana

Este año no se podían festejar las Navidades en Barcelona sin la celebración de conciertos vinculados con la música pròpia de estas fechas. NKProdarte se ha esforzado por ello en mantener su programación que ha abarcado y abarca desde los Grandes Conciertos de Navidad y Año Nuevo, El lago de los cisnes y El cascanueces, hasta diversos conciertos-tributo a cantantes y grupos como Queen, Michael Jackson, Abba, The Beatles, Mecano o la música gospel.

De esta forma y en el marco de la programación del Ciclo Prodarte, El pasado 4 de enero El Palau de la Música Catalana ofreció el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, con el objetivo de centrarse en la interpretación de partituras musicales de intensos contornos españoles.

La velada musical comenzó con la interpretación de algunos de los temas instrumentales de la ópera Carmen de Bizet, que amenizaron con su potencia y energía los primeros compases del concierto, a la espera de la llegada del plato fuerte, que no fue otro que la interpretación del Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo.

Para esta ocasión el solista escogido fue Rolando Saad, guitarrista argentino especializado en la obra del compositor valenciano. Una propuesta que no defraudó. Es un placer poder disfrutar de una de las composiciones mÔs famosas para guitarra y orquesta y poder deleitarse del acto de la interpretación por parte de un músico que transfería a través del pulso de las cuerdas la pasión por la música. La interpretación del Concierto de Aranjuez incluyó los tres movimientos de la obra, Allegro con spirito, Adagio y Allegro gentile. Finalmente Saad agradeció los calurosos aplausos que recibió del público ofreciendo dos bises a guitarra, como es habitual.

Para dar clausura al concierto, la Gran Orquesta Sinfónica interpretó una suite de otra de los grandes partituras para orquesta de origo española, y no fue otra que El Amor brujo de Manuel de Falla, que consiguió hechizar a un público rendido ante unas raíces musicales cargadas de la fogosidad y el fatalismo tan típico de estas latitudes de Europa y que la orquesta supo transmitir en su delicada e impecable interpretación.

Concierto: Concierto de Aranjuez
Dónde: Palau de la Música Catalana
CuƔndo: Martes 4 de enero de 2022
Hora: 21:30 h
Precio: de 28€ a 52€
Entradas: Web NKprodarte
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Jorge Pisa

Crónica: El Concierto de Aranjuez, Pablo SÔinz Villegas y la OCM, en el Palau de la Música Catalana

No hace falta que repita lo que todos y todas sabemos, que la cultura es segura. Pero no solo es eso, es que la cultura, y la música en concreto, son un salvoconducto hacia el optimismo y la excelencia. Una prueba de ello es la programación el pasado 21 de marzo de El concierto de Aranjuez en el Palau de la Música Catalana interpretado por Pablo SÔinz Villegas y la OCM.

Como ya comenté en la crónica del concierto dedicado a DvořÔk y Wagner, el Palau de la Música es el escenario ideal para una velada musical, ya sea por el derroche arquitectónico y decorativo que atesora, por la acústica que posee o por la lograda programación que año tras año lleva a cabo.

Y el pasado domingo la excelencia sinfónica invadió de nuevo el recinto, de la mano del maestro Rodrigo y de la profusión de Beethoven. La velada musical comenzó con la interpretación de los tres movimientos de El concierto de Aranjuez, interpretados por la OCM y Pablo SÔinz Villegas como solista a la guitarra. Un auténtico deleite contemplar el dominio absoluto de la guitarra por parte de SÔinz Villegas y como su maestría extraía los acordes mÔs reconocidos de la composición de Rodrigo, a lo que añadió la interpretación, esta vez en solitario y con un público entregado, de dos vises que incluyeron Recuerdos de la Alhambra y la Gran Jota de Francisco TÔrrega.

El Concierto de Aranjuez fue seguido por la interpretación de la Sinfonía núm. 8, op. 93 de Beethoven, en el que la OCM volvió a cautivar al auditorio interpretando los cuatro movimientos compuestos por el compositor alemÔn y caracterizados por su espíritu musical y por el trÔnsito a través de las diversas tonalidades de la obra.

Por suerte el ciclo de la Orquestra Simfònica Camera Musicae con el que esta celebra su decimoquinto aniversario, depara aún notables propuestas que incluyen El Concierto de Brahms y el Romeo y Julieta de Chaikovski con la violinista Midori (26 de abril), El Requiem de Mozart con el Coro Francesc Valls (23 de mayo), El Concierto para violín de Beethoven, con Anne-Sophie Mutter (2 de junio) o la Pasión según san Mateo de Bach con las voces del Orfeó Català (11 de julio), oportunidades, todas ellas, para complacerse con la excelencia musical de unos compositores y de unos músicos que, sin duda por meritos propios, forman parte de la historia de la música.

El Concierto de Aranjuez, Pablo SƔinz Villegas y la OCM
Ciclo: Orquestra Simfònica Camera Musicae
Sala: Palau de la MĆŗsica Catalana
Organiza: Orquestra Simfònica Camera Musicae
Fecha:
• Domingo 21 de marzo a las 17:30 horas
• Domingo 21 de marzo a las 20:30 horas

NOTA CULTURALIA: 9

El Concierto de Aranjuez, Pablo SÔinz Villegas y la OCM en el Palau de la Música catalana

Se acerca uno de los momentos estrella de la temporada en el Palau de la Música Catalana que no es otro que la interpretación del Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo como conmemoración del 80º aniversario del estreno de de la obra. Para la ocasión la OCM ha invitado a uno de los mejores guitarristas del momento, Pablo SÔinz Villegas. Completa la velada musical la interpretación de la enérgica y fascinante Simfonía núm. 8, op. 93 de Beethoven.

A Rodrigo y Beethoven les sentó muy bien el rato que compartieron con sus respectivos amigos ya que tanto el concierto como la sinfonía de este programa surgieron a partir de las conversaciones mantenidas al calor de una buena mesa. Han pasado 80 años desde que se estrenara en el Palau de la Música Catalana (1940) el concierto para guitarra mÔs famoso e interpretado de todos los tiempos. Una pieza absolutamente redonda no solo por el ingenio de Joaquín Rodrigo para conseguir que una orquesta sinfónica no tape en ninguno de sus tres movimientos el sonido de la guitarra sino también por la imaginativa forma en la que nos permite percibir algunas sensaciones de los Jardines de Aranjuez: el sonido de los pÔjaros, el murmullo del agua de las fuentes y hasta el perfume de las flores.

Beethoven se referĆ­a a su SinfonĆ­a nĆŗm. 8, op. 93 como ā€œpequeƱa sinfonĆ­aā€ no porque careciera de interĆ©s para Ć©l sino porque su duración es menor. Siempre habló con gran estima de ella porque es una obra extrovertida, alegre y humorĆ­stica que le ayudó a olvidar la tristeza del mal momento en la relación con su sobrino y cuƱada. No tiene movimiento lento y en el Allegretto scherzando podemos escuchar un buen ejemplo de ese buen humor ya que a travĆ©s de un obstinato rĆ­tmico hace referencia al invento que Johann Nepomuk MƤlzel estaba desarrollando y que denominarĆ­a metrónomo.

Programa
J. RODRIGO: Concierto de Aranjuez
L. VAN BEETHOVEN: SinfonĆ­a nĆŗm. 8, op. 93

Ficha artĆ­stica
Pablo SƔinz Villegas, guitarra
Orquestra Simfònica Camera Musicae
Guillermo GarcĆ­a Calvo, director

El Concierto de Aranjuez, Pablo SƔinz Villegas y la OCM
Ciclo: Orquestra Simfònica Camera Musicae
Sala: Palau de la MĆŗsica Catalana
Organiza: Orquestra Simfònica Camera Musicae
Fecha:
• Domingo 21 de marzo a las 17:30 horas
• Domingo 21 de marzo a las 20:30 horas
Precio: de 38 a 56 €

ArtĆ­culo: Don Rodrigo y la batalla de Guadalete.

Don Rodrigo y la batalla de Guadalete.
JosƩ Marƭa Manuel Garcƭa-Osuna y Rodrƭguez

Muerte del rey Ervigio. Ɖgica, rey de los godos.

Ɖgica (687-702)

El dĆ­a 14 de noviembre del aƱo 687 d.C. el rey godo Ervigio morĆ­a, su sucesor, aceptado por la alta nobleza serĆ­a Ɖgica, que era el esposo de su hija Cixilo. Ɖgica serĆ­a coronado en Toledo el 24 del mismo mes, ocupaba un ducado provincial y era una de las ocho personas con mĆ”s poder en todo el reino. El nuevo rey pretendĆ­a fortalecer su posición regia y la de su familia, incrementando la nueva estructura protofeudal del Estado visigodo. Para todo lo que antecede son necesarias las purgas y confiscaciones entre la siempre levantisca nobleza goda. La tensión social se incrementa por las noticias, que cuentan, con pelos y seƱales, el avance nefasto del Islam en IfriqiyĆ¢. El 11 de mayo del aƱo 688 d.C., convoca un concilio general en Toledo, donde se decidió que siempre primarĆ­a el interĆ©s general de los pueblos hispanos, frente al de una determinada familia en particular. Se ordena al rey que se comporte con justicia con la familia del rey fallecido Ervigio, su suegro le habĆ­a obligado a jurar solemnemente, que defenderĆ­a a sus familiares frente al Estado godo hispano y ademĆ”s los habĆ­a dotado de importantes patrimonios fundiarios. Obispos y nobles del concilio XV, obraron en concordancia con la clase polĆ­tica que conformaban, luchando por mantener la necesaria cohesión frente al monarca, evitando la discordia interna. En este concilio se examinaron las acusaciones de herejĆ­a del papa Benedicto II, contra el escrito enviado por los obispos del concilio XIV de Toledo: los obispos decidieron reafirmarse en sus concepciones teológicas e incluso amenazaron a Roma con un cisma.

El rey repudió a su mujer Cixilo, rompiendo con los sectores de la nobleza mĆ”s próximos a Ervigio. En el concilio de Zaragoza, 1 de noviembre del aƱo 691 d.C., el rey Ɖgica intentó poner freno al incremento del patrimonio de los obispos, que convertĆ­an en esclavos personales a los libertos eclesiĆ”sticos; asimismo las viudas de los reyes deberĆ­an ingresar en el convento, inmediatamente despuĆ©s del fallecimiento del rey.

Conjura contra el rey Ɖgica. Afianzamiento polƭtico de Ɖgica.
Hasta tal punto llegó la crispación, que se gestó una conjura masiva contra Ć©l, incluso participó en la misma el metropolitano toledano, Sisberto. La represión regia fue muy dura y el rey comenzó a afianzarse frente al sector nobiliario que le cuestionaba. En el concilio XVI de Toledo del aƱo 693, el rey Ɖgica acentĆŗa el carĆ”cter sacro de la realeza, lo que de facto permitĆ­a al rey intervenir en los asuntos eclesiĆ”sticos. Descubierto el complot, el obispo FĆ©lix de Sevilla pasarĆ” a Toledo, el obispo Faustino de Braga a Sevilla y a la sede hispalense se trasladarĆ” el metropolitano FĆ©lix de Oporto. El cesaropapismo y los deseos de centralización eclesiĆ”stica visigoda son evidentes.

El rey Ɖgica consiguió de los metropolitanos hispanos, la renovación de las penas canónicas contra todos aquellos que profanasen el juramento de fidelidad, maquinando algo contra el rey o la nación; solo el perdón era potestad regia. Se volvĆ­an a pronunciar las conclusiones del concilio VI de Toledo; el rey consiguió tambiĆ©n el apoyo de la Iglesia hispana para su familia, una vez hubiese fallecido. El concilio XVI redactó una declaración de fe sobre la protección de los patrimonios eclesiĆ”sticos rurales frente a la rapacidad de los obispos; tambiĆ©n se dictaminó sobre las buenas costumbres y el problema hebreo. Ɖgica realizó una nueva legislación, que pretendĆ­a fortalecer su rol como individuo y como rey godo de Hispania. Para evitar las conjuras de la nobleza, intentó refrenar los lazos de dependencia entre los hombres de la Hispania goda, prohibió las vinculaciones mediante juramento entre los nobles, laicos o eclesiĆ”sticos, salvo el de fidelidad al rey o el que se deberĆ­a emitir en un juicio para la defensa de los propios intereses; de esta forma Ɖgica trataba de cortar todos los vĆ­nculos formales o jurĆ­dicos que se estaban creando entre la nobleza goda.

El reino visigodo de Toledo.

Prohibió el acuerdo previo, pre-sentencia, en los juicios ante el rey o ante cualquier juez del reino. Para lograr todo lo que pretendĆ­a decidió fortalecer su base económica y social, debilitando lo mĆ”ximo posible la de sus enemigos. Ɖgica intentó reforzar el ejĆ©rcito regio con los libertos fiscales manumitidos por orden regia: la ausencia de alguno a la llamada del rey, revocarĆ­a la libertad concedida. El arma terrible de las confiscaciones fue utilizada por Ɖgica de forma sobresaliente para los intereses del trono. El clĆ©rigo anónimo, que en el aƱo 754 relató el reinado del susodicho rey, lo define como Ā«hic Gohtos acerva morte persequiturĀ«. A los nobles condenados a muerte., se les confiscaron sus propiedades y perdieron sus puestos palatinos.

La violencia contra la nobleza comenzó, tras el frustrado golpe de estado del metropolitano Sisberto. Repuso la antigua disposición del rey Chindasvinto de prohibir que los dueños pudiesen matar a esclavos. En el año 702, promulgó una nueva y pormenorizada ley sobre los esclavos fugitivos, responsabilizando a las comunidades campesinas, en relación a la ocultación de esclavos huidos. Las malas cosechas, con las consiguientes hambrunas, debieron ser muy frecuentes. En el año 639, una epidemia de peste bubónica produjo estragos entre la población de la Septimania; existiría un rebrote cíclico en los años 707 y 709.

Concilio XVII de Toledo. Las leyes contra los hebreos.
Las catĆ”strofes sociales de los aƱos citados con anterioridad, anunciaron las nuevas y mĆ”s brutales medidas contra los hebreos; ya en el concilio toledano-XVI se prohibió a todo hebreo, la realización de cualquier tipo de negocio con los cristianos, godos e hispano-romanos; se les incrementó, ademĆ”s, los impuestos de todo tipo. El ataque definitivo llegó con el concilio XVII de Toledo, del 9 de noviembre del aƱo 694. La razón aducida fue que los hebreos visigodos tramaban una sublevación general contra el rey Ɖgica, apoyados por los judĆ­os norteafricanos: 1Āŗ) Se confiscaron todos los bienes de los hebreos no conversos, los cuales se entregaron a nobles adictos, 2Āŗ) Se convertĆ­a a los judĆ­os en esclavos y se les dispersaba por todo el reino; sus nuevos amos se comprometĆ­an a no dejarles practicar sus ritos, y 3Āŗ) En Septimania y las Clausuras pirenaicas, los pocos hebreos que sobrevivieron tras la peste, quedaron a disposición de los gobernadores. El reino visigodo estaba viviendo, lo que se considera la aparición de los cuatro jinetes apocalĆ­pticos: el hambre, la peste, la envidia (que se subraya con las querellas intestinas entre la nobleza goda) y la guerra (contra los francos y los sarracenos, presionando por el norte y por el sur); se explica, claramente, entonces el decreto del concilio XVII toledano en relación con las letanĆ­as mensuales para pedir la remisión de los pecados del reino de los godos. Se incrementa el nĆŗmero de suicidios, ya que se pensaba que el Juicio Final de Dios era inminente.

Ocaso del reinado de Ɖgica.
Del aƱo 688 hasta el aƱo 694, el rey godo Ɖgica realiza tres campaƱas militares contra los francos, que resultan fallidas. Se rechaza, no obstante, un intento de desembarco por parte de la marina bizantina en Murcia; el vencedor serĆ­a el gobernador Teodomiro de Orihuela. En los Ćŗltimos siete aƱos, se vuelve a mencionar a la reina Cixilo, por lo que se puede interpretar como una reconciliación en el seno de la pareja real; el rey pretende cerrar fisuras nobiliarias a su alrededor. Ɖgica asociarĆ” a su hijo Witiza al trono, en el aƱo 694/695; buscarĆ” para ello el consenso y el apoyo de las noblezas laica y religiosa. de nuevo se produce una rebelión peligrosa, por parte de la nobleza, encabezada por el duque Suniefredo, a principios del siglo VIII; el susodicho noble conseguirĆ­a apoderarse de Toledo e incluso acuƱarĆ­a moneda.

Witiza (702-710)

El rey Witiza en el trono toledano.
La revuelta ducal citada pudo ser domeƱada, pero cuando Ɖgica murió, en el aƱo 702, su hijo Witiza creyó necesario cambiar, radicalmente, de polĆ­tica. En primer lugar repuso a los nobles castigados en sus puestos y les devolvió las posesiones confiscadas, quemó todas las cauciones que Ɖgica les habĆ­a obligado a firmar y les favoreció con nuevas donaciones. Witiza mejoró la fama de la monarquĆ­a, pero disminuyó la hacienda regia; los trientes del rey Witiza estĆ”n disminuidos en peso y ley, siendo monedas de plata con baƱo de oro. El ambiente social estĆ” muy enrarecido, con bandas de esclavos fugitivos campando por sus respetos y los hebreos indignados por la represión de que eran objeto.

Roderigo en el trono godo hispano.
«Roderico, hortante Senatu, tumultuose regnum invadit» Tras un interregno de seis meses, se apoyó el alzamiento al trono (por parte de la nobleza meridional y occidental) del duque Rodrigo de la Bética, el cual tenía fama de ser un buen guerrero. Su ascenso al trono tuvo las características de un complot, por parte de la facción de sus partidarios; la oposición nobiliaria laica y eclesiÔstica hubiese preferido, como monarca, a algún familiar del rey fenecido, ya que entre ellos se encontraba el conspicuo obispo de Sevilla, Oppas, hermano del propio rey Witiza. La inevitable y subsiguiente guerra civil, conllevó la aparición en las regiones orientales (valle del río Ebro, Levante, Cataluña y Septimania) de otro soberano llamado Akhila II (hijo de Teofrastro y nieto del rey Chindasvinto), del que se desconoce el parentesco que pudiese tener con el rey Witiza (éste sería responsable del asesinato de Fafila, que era el padre de Pelayo y de la ceguera de Teofrasto, hijo del rey Chindasvinto).

La batalla de Guadalete.
Los witizianos entraron en contacto con el gobernador de Ceuta, OliÔn-JuliÔn (el rey Rodrigo se había prendado, en Toledo, según la leyenda de su hija Florinda «La Cava»), el cual había entregado en el año 709, esa fortaleza bizantina a los musulmanes, «ob causam fraudis filiorum Uitizani sarraceni ingressi sunt Spaniam; Sarraceni evocati Spanias ocupant«. La decisión de atravesar el estrecho de Gibraltar se tomó por parte de Musa ben Nusayr, walí de Kairwan, con la ineluctable autorización del Khalifa al -Walid en Damasco, al que se le prometió un botín abundante. A finales de abril del año 711, mientras el rey Roderigo combatía a los vascones cerca de Pamplona, el gobernador de TÔnger, Tariq ibn Ziyad, desembarcaba en Algeciras y saqueaba la Baja Andalucía. El rey godo acudió a su encuentro; la batalla decisiva tuvo lugar el 19 de julio del año 711, a orillas del río Guadalete-Wadilakka y se prolongó durante mÔs de una jornada; el ejército godo estaba comandado por el propio rey, le acompañaban la nobleza visigoda del momento y sus clientes armados.

El rĆ­o Guadalete

En el momento Ôlgido del combate, cuando la todopoderosa caballería goda estaba dominando claramente la situación, los parientes de Akhila II, que comandaban las alas del ejército visigodo, se pasaron al enemigo; con esta traición no conseguirían la corona, pero si mantener la propiedad sobre las tres mil alquerías del patrimonio real del rey Witiza. «Filii uero Vuitizani, invidia ducti eo quod Rudericus regnum patris eorum acceperat callide cogitantes, missos nuntios ad Africam mittunt, sarracenis in auxilium petunt, eosque nauibus aduectus Yspaniam intromittunt«. El propio rey Rodrigo encontró la muerte en el campo de batalla; su cadÔver fue llevado a enterrar, por sus fideles, a la ciudad de Viseo.

Los hijos de Witiza se acomodaron a la nueva situación y, por medio del pacto subscrito con el Khalifa de Damasco, se repartieron el patrimonio regio. Akhila se instaló en Toledo; Olmundo en Córdoba; Ardabasto en Sevilla y llegarĆ­a a ser conde de los cristianos en Al-Andalus. Tariq marchó entonces, sobre Ɖcija-Astigi, a la cabeza de sus doce mil berberiscos, donde derrotó, no sin un grandĆ­simo esfuerzo bĆ©lico, a los fieles del rey Rodrigo reagrupados y sin traiciones previas (mandadas las tropas godas por un sobrino del rey Rodrigo, llamado Bancho). Los hebreos enviaron a sus delegados y rabinos, para ofrecerle su colaboración. Los witizanos colaboraron con Tariq en la tarea, fundamental, de eliminar a la Ć©lite dirigente visigoda de la facción rodericiana derrotada.

En el verano el año 712, desembarcó Musa ben Nusayr en Tarifa; su ejército de 18.000 hombres contaba con algunos de los sucesores (tabi`un) del profeta Mahoma. Aquellas tropas traían consigo las viejas reyertas entre qaysíes y yemeníes, que habían ensangrentado el desierto arÔbigo. Tras tomar Sevilla, Carmona y AlcalÔ de Guadaira, marchó sobre Mérida, que fue tomada el 30 de junio del 713, los restos de la milicia goda opusieron tenaz resistencia y el botín fue satisfactorio. Con anterioridad, el 5 de abril del año 713, el conde Teodomiro de Murcia había firmado un acuerdo con las nuevas autoridades sarracenas; éstas le ratificaron en su dominio otorgÔndole plena autonomía para sus súbditos y comprometiéndose el godo, al pago de tributos. Musa llegó a Toledo en los meses invernales de los años 713 y 714, y fue la capital del Islam en Hispania (España y Portugal).

Musa acuñó sueldos de oro, con la frase corÔnica en lengua latina de: «In nomine Dei non Deus nisi Deus solum non Deus alius«. Su hijo, Abd al Aziz, se casaría con la reina-viuda Egilona y sería considerado el primer emir de la Hispania musulmana. Musa dominaría (año 713) con la ayuda de su hermano Abd Allah una nueva revuelta de la población de Hispalis-Sevilla. En el año 714, Tariq y Musa, que tenían una aguda enemistad entre ellos, hasta tal punto que cuando se encontraron por primera vez, en Toledo, el liberto norteafricano recibió insultos tales como llamarle perro e incluso le agredió con el bastón de mando, estaban en Zaragoza cuando les alcanzó el mensajero Mugith, enviado por el Khalifa de Damasco al Walid, con las órdenes tajantes y perentorias de que regresaran a Damasco para rendir cuentas pormenorizadas de la campaña hispÔnica. Antes de acatar las órdenes del Khalifa, Musa realizó una gran campaña por la calzada del Ebro; en Tudela el conde godo Casio y su hijo Fortún se convirtieron al Islam, como clientes del Khalifa.

El rey don Rodrigo tras la batalla del Guadalete según el pintor francés Eugene Delacroix (1833)

Por la vía romana que enlazaba Calahorra con León-Legio, llegaron a la que sería, en el devenir del tiempo, la caput regtni del Regnum Imperium Legionensis en el alto-medievo, luego Asturica Augusta-Astorga, Villafranca del Bierzo y Lucus Augusti-Lugo. El nuevo Khalifa Sulayman fue sumamente ingrato con ellos e incluso envió a uno de sus sicarios para asesinar, en el mes de marzo del año 716, en la mezquita de Sevilla a Abd al-Aziz. Su cabeza fue enviada a Damasco. El sobrino de Musa, Ayyub ben Habib al-Lajmí sería el jefe interino de lo conquistado, hasta que en el mes de agosto del año 716, fue enviado, desde Kairwan, un gobernador con nombramiento ya ortodoxo, al Hurr ben Abd al-RahmÔn al-Thaqafi; los Omeyas convertían Hispania en una de las provincias de su imperio. El país se denominaría, a partir de entonces, bilad al-Andalus. Los tres o cuatro millones de habitantes hispÔnicos serían dominados por un auténtico ejército de ocupación. En el límite del año 725, ya no existía ni sombra del poder centralizador toledano de la monarquía visigoda hispÔnica. es muy probable que los godos no tuviesen, en los primeros momentos, tras su derrota en Guadalete, una idea clara de lo que había significado esa debacle y la futura importancia del desastre bélico del rey Roderigo, por la traición de los witizanos. «Hecha y cumplida la traición propuesta, pactada y comprada, ya no es menester ni necesario el traidor ejecutor». A partir de este triste instante, la Hispania (España y Portugal) visigoda había desaparecido del devenir histórico medieval; serían los astures y los godos, fieles al rey Rodrigo, los que tomarían la antorcha de la reconquista en Covadonga (año 722).

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Publicado originalmente en: Ɠ Noso Lar (2004)

Relato: La leyenda del Ćŗltimo rey godo.

La leyenda de Rodrigo, el último rey godo se sitúa en una época muy remota, mucho, incluso demasiado, cuando el mundo no se regía por las normas del conocimiento y de las ciencias, sino por las de las creencias, la fe y por la admiración hacia todo aquello que era fantÔstico y mÔgico al mismo tiempo.

Dicen que cuando este rey visigodo ascendió al trono de España, según la opinión de algunos de una forma no muy legítima, muchos prodigios y señales anunciaron grandes desgracias para el futuro del reino.

Las gentes del paĆ­s habĆ­an tenido que sobrevivir a gran nĆŗmero de enfrentamientos y rivalidades entre las diversas facciones de los nobles de sangre goda, que no solo se disputaban el poder en la capital, Toledo, sino que sumĆ­an a las provincias en graves conflictos y desdichas.

Un día llegó a los oídos del nuevo rey la noticia de un gran prodigio que se ocultaba, desde hacia siglos, en la misma capital de su reino. Algunos de los cortesanos mÔs viejos le habían hablado de una de las tradiciones que todo nuevo monarca debía de cumplir. Cerca de una de las iglesias mÔs antiguas de la ciudad existía un edificio singular, no tan solo por sus extrañas formas, sino por el gran secreto que ocultaba. El recinto, al que se conocía comúnmente como La casa del Reino, tenía una planta circular y estaba rodeado por cuatro leones de bronce, situados sobre sendos pedestales. La altura del tejado era tal que se decía que no había nacido hombre aún con la fuerza necesaria para poder lanzar una piedra sobre él. La fachada de tan singular edificio reproducía toda una serie de escenas pintadas, que mostraban los hechos y gestas mÔs importantes, no tan solo del reino de los godos, sino incluso, de los tiempos en los que los antiguos emperadores de Roma habían dominado todas las tierras que rodeaban el Mar MediterrÔneo.

Pero el hecho, aquello que daba mÔs singularidad al edificio, eran sus puertas, y la leyenda que durante tantos años las había mantenido cerradas. Desde antiguo se decía que aquel gran edificio lo había construido el propio Hércules, cuando, hacía mucho tiempo, había enseñoreado toda Hispania. El gran héroe había emprendido su construcción cierto día que, gracias a la ayuda de los dioses, había sido poseído por el poder de una revelación, que le había mostrado el futuro de su reino. Hércules, sorprendido y aterrorizado, decidiose a edificar un recinto donde poder ocultar tal presagio. Una vez construida la prisión y cerradas sus grandes puertas, forjadas con el material mÔs duro y resistente que pudo localizar, protegió su entrada con un gran candado y ordenó que todos y cada uno de los futuros reyes de sus tierras dispusiera lo mismo que él, sumando al suyo, un nuevo candado. Desde entonces, y con el paso de los años, la población de Toledo no había hecho otra cosa que narrar y acrecentar la leyenda, imaginando los grandes tesoros que el mayor de los héroes griegos habría podido encerrar en tal recinto fortificado.

El rey Rodrigo.

Al conocer Rodrigo la leyenda de ā€œLa casa del Reinoā€ su avidez y sus ansias por descubrir y apoderarse de lo que desde hacĆ­a tanto tiempo estaba oculto no hicieron mĆ”s que aumentar dĆ­a a dĆ­a. Los reparos y la oposición de todos los dignatarios, consejeros e incluso amigos, no hicieron efecto en la voluntad del rey, y el dĆ­a llegó en que este se dirigió al recinto para satisfacer su gran curiosidad y avaricia, sin tener en cuenta ni respetar las prescripciones que desde antiguo vetaban su entrada.

Cuando el rey llegó a las puertas del edificio encontró que estas estaban selladas por veintiséis candados, uno mayor, que se decía que era el que cerró el propio Hércules, y otros veinticinco mÔs pequeños, uno por cada rey que había reinado en España. Rodrigo ordenó a sus hombres que abrieran con tenazas, si hacía falta, cada uno de los candados, obligÔndolos a hacerlo a pesar de las lÔgrimas que el temor les hacía brotar de sus angustiados ojos.

Una vez destruidos uno a uno todos los candados, se necesitó la fuerza de muchos animales para poder abrir las puertas, que habían estado cerradas durante épocas enteras. La oscuridad mÔs cerrada emanó entonces del interior del edificio, envolviendo con sus frías y tenebrosas manos a todos los congregados ante ellas. Incluso el chirrido de la puerta pareciose a un grito de angustia, que el tiempo y las edades vociferaban a modo de advertencia. Aún así, el rey Rodrigo no se acobardó y acompañado de los nobles mÔs valientes y de algunos portadores de antorchas, se introdujo en las entrañas del edificio.

La poca luz que acompaƱaba a los intrusos tambiĆ©n parecĆ­a acobardada, pues parecĆ­a que no se atreviera a adentrarse demasiado en un espacio tan sagrado y prohibido. Pronto el rey pudo vislumbrar el contorno de una pequeƱa estancia alargada, con una inscripción escrita en griego que seƱoreaba en el dintel de su puerta. Tras observarla detenidamente leyeron su mensaje: ā€œEl que sea tan osado como para leer este escrito traerĆ” desgracias sin nĆŗmero a los pueblos de EspaƱaā€. Aquella inscripción atemorizó al resto del grupo que habĆ­a entrado junto al rey, e intentaron hacerle cambiar de opinión, pues que mĆ”s pruebas necesitaba para reconocer la gran falta que estaba cometiendo. Sin embargo el rey no se amedrentó y obligó a los portadores a entrar en la estancia para iluminar su interior. Cuando todos estuvieron dentro se oyeron nuevos gemidos y lamentaciones y parecioles a todos que sombras de figuras humanas se revolvĆ­an alrededor de ellos e incluso intentaban asirlos por sus ropajes, a la vez que la visión se hacĆ­a cada vez mĆ”s dificultosa y menos precisa.

El reino visigodo de Toledo.

La estancia estaba dominada en su centro por una arca hecha en oro decorada con las piedras mĆ”s preciosas que uno pudiera haber visto antes. Los ojos del rey Rodrigo, y su vista detrĆ”s de ellos, se apoderaron rĆ”pidamente de ella y, vencido ya todo Ć©l por la codicia, ordenó al mĆ”s distinguido noble que le acompaƱaba que abriera tan magnĆ­fica arca. Este negose a hacerlo intentando de nuevo hacer renunciar al rey de tan obstinada idea. El monarca, siendo consciente del temor de los demĆ”s, se dirigió hacia la arca, se arrodilló ante ella y la abrió. En su interior encontró varias figuras que representaban a guerreros con pendones, espadas y ballestas. Justo debajo de las figuras se encontraba un pergamino que decĆ­a de esta manera: ā€œCuando este paƱo fuere extendido y aparezcan estas figuras, hombres asĆ­ armados conquistaran EspaƱa y de ella serĆ”n seƱoresā€.

Una vez leído esto todos los que estaban alrededor del rey se alarmaron y atemorizaron grandemente, mÔs aún cuando notaron que el suelo y las paredes de la estancia comenzaban a temblar. Al salir corriendo hacia el exterior la gente que se agolpaba entorno al edificio pudo observar, atemorizada, como una Ôguila que se acercaba en vuelo desde la lejanía, lanzaba un gran tizón sobre el edificio, que pronto comenzó a arder, consumiéndose todo él en el fuego atizado por el mover de sus grandes alas.

Al momento llegó un número casi infinito de aves de todo tipo que nublaron el cielo y comenzaron a volar sobre las cenizas del gran edificio, haciéndolas desaparecer todas, con el aleteo de sus alas y haciéndolas subir hacia las nubes.

Se dice que el rey Rodrigo se arrepintió mucho de lo que su avaricia irrefrenable le habĆ­a obligado a hacer. TambiĆ©n se dice que, poco despuĆ©s, de que ā€œLa Casa del Reinoā€ fuera violada, Tariq, con un pequeƱo ejĆ©rcito, desembarcaba en Gibraltar, gracias a la ayuda del conde JuliĆ”n que, partidario del noble visigodo Agila, se habĆ­a rebelado contra el poder del rey Rodrigo, dando comienzo asĆ­ la conquista musulmana del Reino Visigodo de Toledo.
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Escrito por: Jorge Pisa SƔnchez