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Crítica teatral: No et vesteixis per sopar, en el Teatre Condal.

Llega al teatre Condal No et vesteixis per sopar, una comedia en la que la infidelidad y las mentiras se apoderan del escenario. Un vodevil de alto voltaje interpretado por Mingo Ràfols, Àngels Bassas, Jordi Díaz y Mònica Glaenzel.

Como no podía ser de otra forma el Condal acoge el estreno de una de las comedias más elaboradas de las que se van a representar en la cartelera barcelonesa esta temporada que justo comienza. No et vesteixis per sopar es un puzle teatral en el que la infidelidad, la pasión y la mentira, sobre todo la mentira, se imponen de principio a fin. Un texto que ya interpretaran Joan Pera, Amparo Moreno, Àngels Aymar y Carles Canut en la década de los 90.

Se acerca el fin de semana en casa de Bernat (Mingo Ràfols) y Júlia (Àngels Bassas), una joven pareja a la que parece que la vida le va bien. Si no fuera porque Bernat quiere aprovechar la visita que Julia va a hacer a su madre para pasar el fin de semana con Susanna (Marta Valverde), su amante. Su coartada será la estancia en casa, también, de Robert (Jordi Díaz), un amigo común de la pareja, que es, al mismo tiempo el amante de Júlia. Esta cambiará repentinamente de planes al saber de la llegada de Robert, lo que afectará, lógicamente, a los planes de Bernat que había contratado, incluso, los servicios de una cocinera, Suzette (Mònica Glaenzel), para pasar una velada inolvidable. La llegada de Robert, Susanna, Suzzete y las bajas pasiones que mueven a Bernat y Júlia harán que la noche se convierta en un auténtico infierno, donde la mentira y el deseo obligarán a todos ellos a mentir para alcanzar sus objetivos.

Como ven el show tiene todos los ingredientes de un vodevil, aunque lo que hace destacar a la comedia escrita por Marc Camoletti (autor de obras como Per molts anys, Boeing-Boeing o Sexe i Gelosia) y dirigida por Roger Peña Carulla es la potencia de su construcción argumentativa, repleta de los tópicos de las comedias “de infidelidad” de este tipo, pero elevados a la enésima potencia. Se lo prometo, no creo haber visto ninguna obra teatral en la que la “albañilería argumentativa” esté tan vigorosamente desarrollada y en la que no pase un solo minuto en el cual las mentiras, los cambios de identidad y los consecuentes giros en el desarrollo de la acción, necesarios para sustentar las falsas identidades de todos los protagonistas, no se desarrolle un poco más.

El ingrediente cómico, pues, de la obra reside en la inventiva y en lo laborioso de su argumento, que posee un ritmo in crescendo a o largo de la representación. El inicial cambio de planes de Júlia, motivado por la respuesta a una llamada telefónica, obligará al resto de los protagonistas a ir modificando poco a poco la realidad (y la mentira) de sus identidades, dando lugar a un sinnúmero de equívocos, re-situaciones y carcajadas constantes, que sustituyen a las continuas puertas que se abren y se cierran en una comedia de tresillo o vodevil al estilo. Un hecho que, incluso, los propios personajes reconocerán a lo largo de su actuación.

Y esta es la originalidad de todo el asunto. Y lo que obligará al público asistente a estar muy atento a todo aquello que se dice y que se hace sobre el escenario. No et vesteixis per sopar es un tour de force para el público y para los actores, aunque en el buen sentido de la palabra. Una seductora artesanía argumental que provocará continuos golpes de humor en el público.

Si bien, lo atinado de la trama no se compagina del todo con el acierto del casting. Es este el elemento que impide explotar al 100% el potencial de la obra. Y esto no es debido a la falta de profesionalidad de los intérpretes que tejen la actuación sobre el escenario, sino, creo yo, a un traspié en la elección de los actores y las actrices en cuestión. La obra necesita, para explotar todas sus posibilidades, unos protagonistas con una elevada vis humorística, algo que no comparte la totalidad del casting. Mientras que Jordi Díaz (Robert) realiza una interpretación cómica a veces algo artificiosa, Mònica Glaenzel, la cocinera que deberá mutar de personalidad innumerables veces a lo largo de la trama, es la única que mantiene un pulso humorístico apropiado al papel que interpreta, y nos hace recordar su actuación en la serie Plats Bruts. Las interpretaciones de Mingo Ràfols (Bernat) y Àngels Bassas (Júlia) no destacan precisamente por su comicidad, aunque se esfuercen en ello, y junto a Marta Valverde, la poco sofisticada amante de Bernat, denotan un carrera teatral más propia de otros géneros.

Todo un hándicap que no permite a No et vesteixis per sopar alzar el vuelo y llegar a las cotas de hilaridad y humor que su delicado y enérgico entramado argumental podrían hacerle alcanzar, y que acaba dejando una sensación como la que provoca montarte en una atracción de feria que funciona a medio gas. Aunque es posible y deseable que el propio recorrido de la obra pueda corregir esta situación.

Pero lo escrito no ha de ser un inconveniente para ir a ver No et vesteixis per sopar. Los gustos son tan variados como las experiencias personales de cada uno de nosotros, y donde yo digo, o mejor dicho, escribo A, ustedes pueden oír, o leer, B. ¿Saben que es lo mejor de todo esto? Que solo podrán comprobar si acierto o me equivoco en la crítica de la obra yendo a ver una representación de la misma, y dejándose envolver por una de las tramas argumentales más rebuscadamente cómicas de las que se representarán en Barcelona a lo largo de esta temporada. Y si quieren pueden hacer algo mejor. Después de ver la obra pueden dejar un comentario a esta reseña, ya sea para llevarle la contraria al que estas líneas escribe o para dar su propia opinión del espectáculo. Seguro que así conseguiremos dar una visión más real y variada de la obra, ¿no lo creen ustedes así?

No et vesteixis per sopar” se representa en el Teatre Condal desde el 19 de septiembre al 25 de noviembre de 2012.

Autor: Marc Camoletti
Versión catalana y dirección: Roger Peña Carulla
Reparto: Mingo Ràfols, Àngels Bassas, Jordi Díaz, Mònica Glaenzel, Marta Valverde y Òscar Kapoya
Escenografía y attrezzo: Roger Peña
Vestuario: Eulàlia Miralles
Iluminación: Raúl Martínez
Movimientos coreográficos: Esther Luengo
Banda sonora: Miguel Perez
Caracterización: Toni Santos
Producción y Distribución: PINKERTON PRODUCCCIONS

Horarios: miércoles y viernes a las 21:00 horas; jueves a las 18:00 y a las 21:00 horas; sábados a las 18:30 y a las 21:30 horas y domingos a las 18:30 horas.
Precio: de 28,50 a 32 €.
Duración de la obra: 1 hora y 50 minutos
Idioma: catalán.

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Chicago, el musical de Broadway, en el Teatro Tívoli.


Parece que esta temporada teatral van a reinar en los escenarios barceloneses los musicales, una tendencia ésta ya marcada en años anteriores y que se confirma con el estreno de espectáculos como Pegados, Forever Young, Cop de Rock, Los Miserables, una nueva adaptación de Grease o Chicago, el musical de Broadway.

Chicago, el musical de Broadway, al que dedicamos esta reseña, se estrenó el pasado 22 de septiembre en la ciudad condal y es un espectáculo que, utilizando el leitmotiv de uno de sus temas en castellano, consigue “deslumbrar deslumbrando”.

El musical nos traslada a la ciudad de Chicago en la década de los años 20, una localidad donde los crímenes pasionales y el sensacionalismo invaden el día a día de sus habitantes y las primeras páginas de los periódicos. En este colorido ambiente urbano dos chicas, Velma Kelly (Marta Ribera) y Roxie Hart (María Blanco), han sido acusadas de asesinato, la primera del de su marido, la segunda del de su amante, lo que lleva a ambas a ingresar en prisión.

La llegada de Roxie a la cárcel y la contratación por parte de ésta de los costosos servicios de Billy Flynn (Manuel Rodríquez), abogado famoso por entender la ley y la justicia de una forma muy “sui generis” y por salvar a chicas culpables como ellas de una muerte segura en la horca, le harán entrar en competencia con las otras chicas encarceladas, y especialmente con Velma, por atraer el interés de la prensa, base de las estratagemas judiciales de Flynn, mientras se mantienen a la espera de un juicio que las absuelva y les proporcione una segunda oportunidad en la vida. Un argumento, como vemos, que ironiza sobre el papel de la prensa y de la abogacía en una sociedad donde con el dinero se puede conseguir todo, incluso la inocencia de alguien que ha cometido un asesinato.

Sin embargo, aunque la trama de Chicago no destaque por sí misma, para nada importa en un espectáculo cuyas bazas principales son las canciones, las y los cantantes y las coreografías, o lo que es lo mismo, su arrollador componente visual y musical. Y como les decía antes, en este aspecto Chicago consigue deslumbrar deslumbrando.

Sobre el escenario del teatro Tívoli podemos disfrutar de uno de los musicales más longevos y famosos de Broadway y del West End inglés, escrito por Fred Ebb, con coreografías de Bob Fosse y música de John Kander. Una espectáculo plagado de números y temas musicales conocidos por los amantes del género y, gracias a la versión cinematográfica de la historia estrenada en el año 2002 e interpretada por Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones y Richard Gere en sus papeles principales, popularizada para el amplio público.

Pues bien, como decía, Chicago lo tiene todo. Unos temas musicales pegadizos y en donde el jazz y las noches de la ciudad de Chicago se plasman de una forma casi material; la sensualidad de un reparto en el que dominan, debido a la temática del espectáculo, las mujeres, todas ellas interpretando diversos temas de forma mucho más que sugerente; un sentido del humor y una ironía que recorren el musical de arriba abajo y que nos presentan la trama de una forma más realista; y las interpretaciones de sus actrices y actores principales, esto es, Marta Ribera, Maria Blanco, Marta Valverde y Manuel Rodríguez, cuya idoneidad y maestría acercan al público catalán la esencia del musical producido en Brodway y en el West End inglés.

Un espectáculo redondo y animado (¡qué digo, mucho más que animado! fresco, osado, atrevido) aunque también con algún que otro hándicap. El más importante, el poco espacio disponible en el escenario para las actuaciones y los número musicales, un inconveniente debido, en parte, a la imponente estructura que permite destacar a la banda de músicos, un aspecto este último que hace patente la importancia de la “banda sonora” en el espectáculo. Otro de los hándicaps es la indefinición del escenario dejado a los actores y bailarines. Un espacio bañado de oscuridad y que no se concreta en ningún momento, pudiendo ser tanto la prisión en donde están encarceladas Velma y Roxie; un juzgado; un music-hall o cualquier otro lugar, lo que puede despistar a todos aquellos no conocedores del argumento del musical.

Aún así, y como ya he dicho antes y sobre lo que vuelvo a insistir ahora, Chicago es un espectáculo que deslumbra deslumbrando y que seguro que les hará gozar de una buena experiencia musical, de lujosas coreografías, de los cuerpos esculturales de las bailarinas (atención a las chicas, también de los bailarines), del juego de luces y abalorios que campean a lo largo de todo el espectáculo y de una historia que, basada en hechos reales, nos hace reflexionar, en último término, sobre la justicia, la abogacía y el periodismo en general, donde la mediocridad, la majadería, y la búsqueda desenfrenada del éxito y la fama puede permitir a un asesino, a un ladrón o a un estafador salir indemne de su crimen, dependiendo, claro está, del dinero que pueda invertir en su defensa. ¿Les suena esto de algo?

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Chicago El musical de Broadway” se representa en el Teatre Tívolidel 22 de septiembre al 13 de noviembre de 2011

Autor: John Kander, Fred Ebb y Bob Fosse
Autor música: John Kander
Letras de las canciones: Fred Ebb
Libreto: Bob Fosse
Director musical: Santi Pérez
Reparto: Maria Blanco, Manuel Rodríguez, Marta Valverde, Adán Aguilar, Carles Carrasco, Fedor de Pablos, Marta Blanchart, Ela Ruiz, Eugenia Sánchez, Tatiana Monells, Viviana Camino, J. Giró, Vanesa Bravo, Pepe Muñoz , Pascual Ortí, Paco Abarca, Pedro Carrasco, Chema Zamora, Víctor González, Jordi Gordo, Lucy Lummis y Estefanía Corral
Músicos: Josep Gomariz, Juan Carlos García, Sergio Bienzoba, Miguel Fernández Vallejo, Marcel·li Bayer, Lluc Casares i Alcobé, Jorge Pastor, Josep Ferrer, Jaume Careta, Adrià Plana, Antonio Jose Marti y Salvador Suau
Adaptación: David Thompson
Arreglos: Peter Howard
Orquestación: Ralph Burns
Iluminación: Ken Billington
Sonido: Rick Ckarke
Vestuario: William Ivey Long
Escenografía: John Lee Beatty
Coreografía: Ann Reinking y Gary Chryst
Producción: Stage Entertainment

Horarios: de martes a jueves a las 21:00 horas; viernes y sábados a las 18:00 y a las 22:00 horas y domingos a las 19:00 horas.
Precio: de martes a jueves de 19,90 a 54,90 €; viernes de 19,90 a 64,90 € y sábados y domingos de 24,90 a 64,90 €.
Idioma: castellano
Duración del espectáculo: 150 minutos.
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez