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Crítica literaria: Viriato. Iberia contra Roma, de João Aguiar.


Como ya dije en otro lugar, hace unos años, y no tantos, era muy fácil ir a una librería y hallar una gran cantidad de novedades en la sección de novela histórica. Uno podía escoger entre un viaje a la bulliciosa, cosmopolita y dominadora Roma de finales de la República e inicios del Imperio; a la democrática y cultural Atenas del siglo V a.C., a la tenebrosa y salvaje (aunque menos) Edad Media; al siglo de Oro de la historia patria, que no fue ni tan dorado ni tan patrio o a los inicios de la Edad Contemporánea plagados de las vicisitudes democráticas y reformistas de las cuales somos herederos en la actualidad. Esto era una tarea fácil. Y lo sigue siendo en la actualidad. Lo difícil era encontrar novelas históricas (y a poder ser de calidad) ambientadas en suelo hispano, o lo que es lo mismo, que uno no se viera obligado a viajar sobre el lienzo literario a capitales de otros países y naciones para disfrutar de una buena aventura ambientada en el pasado. Por ventura este hecho se ha ido corrigiendo en los últimos tiempos y ahora es cada vez más habitual hallar esta doble posibilidad de viaje literario en el tiempo (sin tener que escoger un destino geográfico muy lejano) en la mayoría de las librerías, si no en todas.

Esta presentación me sirve para introducir la reseña de Viriato, Iberia contra Roma, de Joao Aguiar, una novela que, seguro, ha tenido un acrecentado aumento de sus ventas al ser el protagonista de su trama el héroe de una de las producciones televisivas de más éxito de esta temporada en Antena3, Hispania la leyenda. Así, pues, creo que esta es una buena ocasión para hablar un poco sobre la novela de la que la editorial EDHASA ha publicado una edición de bolsillo en el año 2010.

Pues bien, lo que primero he de decir es que el título nos puede llevar “un poco” al engaño. Es decir, que el protagonista de la novela no es propiamente Viriato, sino un joven llamado Tongio, descendiente de un príncipe brácaro depuesto y expulsado de sus dominios a mediados del siglo II a.C. Es a través de este personaje que Joao Aguiar nos presenta la historia de la Lusitania indígena, aquella que se vio obligada a enfrentarse, liderada por el caudillo Viriato, a la amenaza romana.

Así, pues, La primera parte de la novela nos narra los orígenes y la adolescencia del joven brácaro crecido y educado en la ciudad de Gades. Aquí veremos los lazos familiares y sociales de una familia de mercaderes afincada en esa ciudad de cuño fenicio y como la desgracia se apodera de la familia debido a la presencia y a la dominación romana.

La segunda parte del libro y la más amplia, realiza un recorrido a lo largo del conflicto entre romanos y lusitanos. Bien pronto Tongio y sus camaradas se verán atraídos hacia la órbita del héroe lusitano, al que apoyarán en su tremendo y angustioso enfrentamiento con Roma. Es a partir de aquí donde Viriato será uno de los protagonistas de la novela, aunque no el único, ya que, como he dicho antes, la historia nos es narrada a través de los recuerdos de uno de sus partidarios. Podemos, pues, dar un giro a la perspectiva habitual desde la que se nos narra, habitualmente, la historia de Roma. Si normalmente son las legiones, los tribunos, los gobernadores y los generales romanos los que protagonizan las hazañas de conquista relatadas en las obras ambientadas en la época, en esta ocasión podemos darle la vuelta. Serán los romanos los enemigos y los lusitanos los protagonistas en primera persona.

La novela de Joao Aguiar es interesante y original (hemos de pensar en el año en que se publicó) aunque en algunas ocasiones no sea muy fiel a los acontecimientos, en un doble sentido. El primero, y posiblemente el que más afecte a la novela, es el poco desarrollo que el autor realiza sobre determinados sucesos y acontecimientos. Esto es, la poca descripción, o más bien breve descripción, de batallas y enfrentamientos históricos, o la escasa construcción de algunos de los personajes, como es el caso de Viriato. La técnica indirecta del relato (a través de Tongio, uno de sus hombres de confianza) no permite conocer muy bien ni muy de cerca al verdadero héroe de la historia, a Viriato, ya que nos topamos con él cuando ya es un guerrero hecho que lidera una hueste de jinetes, por lo que no podemos conocer íntimamente al rebelde, algo debido, en parte, seguro, al desconocimiento histórico sobre los orígenes de Viriato, algo patente en las fuentes. Aunque, sin embargo, para eso está la literatura, para suplir con imaginación “y decoro” las lagunas de la historia.

El segundo es la “incorrecta” interpretación de algunos de los hechos históricos del momento, lo cual es debido, sin ningún tipo de duda, a la formación del propio Aguiar, periodista, no historiador. De aquí un error como la interpretación que hace Aguiar de la duración de los mandatos de los gobernadores romanos, la cual normalmente se extendía, en esta época, a lo largo de dos años, el primero como pretor y el segundo como propretor, hecho que permitía al gobernador destinado a unas provincias tan peligrosas como las hispanas obtener experiencia y valía en su toma de decisiones (algunas veces dramáticas y luctuosas), al mismo tiempo que posibilitaba al Senado romano reducir a la mitad el coste del envío de un nuevo gobernador inexperto cada año y el reclutamiento de nuevas tropas para la ocasión.

Aun así, Viriato, Iberia contra Roma es lo que su título indica. Hallaremos en la novela un relato de las batallas, de las victorias y de las derrotas de uno de los caudillos indígenas que más se esforzó por defender la libertad de los lusitanos ante el avance romano. Aguiar nos muestra el conglomerado de pueblos, tribus y ciudades que componían el ambiente indígena en la península Ibérica; conoceremos su organización social, sus creencias, sus formas de vida y el trasfondo humano de una historia conocida en sus grandes personajes por casi todos pero desconocida en sus concretos por la mayoría. Nos montaremos en una cabalgadura literaria y nos uniremos a uno de los enemigos más famosos a los que tuvo que hacer frente el que un día llegaría a ser el majestuosos imperio de los romanos y veremos cuan desesperada y estéril pudo ser la resistencia ante su avance.

Por eso, por la óptica que toma la historia, por el protagonismo que en ella tiene la historia de España (aunque en esos momentos aún no se pudiera hablar de España) y por la gloria y el lirismo que pueden llegar a poseer las batallas perdidas (y la de Viriato fue una de ellas) la novela se convierte en una buena opción si uno quiere dedicarse un rato a gozar de un relato “de aventuras históricas” aunque el global de la obra no sea el mejor que se pudiera haber conseguido. Una buena ocasión, en resumen, para conocer un poco más al protagonista de uno de los episodios más famosos de la historia de Hispania (la resistencia de los lusitanos de Viriato) y, por que no, al protagonista de uno de los éxitos televisivos de la temporada, ahora que, si no me equivoco, se están rodando los nuevos capítulos de la segunda temporada.

Título: Viriato. Iberia contra Roma.
Autor: Joao Aguiar
Editorial: Edhasa
Fecha de publicación: noviembre 2010
Colección: Narrativas históricas
Páginas: 336
Formato: 640 g 15 x 23 cm
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta y punto de lectura
Precio: 22 €

Ficha editorial de la obra: http://www.novilis.es/VIRIATO.pdf
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

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Crítica televisiva: Hispania, la leyenda. Capítulo noveno, La batalla final.


Después de nueve entregas de Hispania la leyenda llegamos al desenlace de la primera temporada de la serie con un episodio que consiguió reunir a 3.376.000 espectadores delante del televisor y del que vamos a pasar, a continuación, a resumir su argumento.

Ha sido en el campamento romano donde se ha centrado gran parte de la trama de este capítulo. Si bien creíamos que Marco había sido envenenado por Galba nos hemos dado cuenta de que tan solo había sido adormilado por el pretor, que ha pretendido castigarle a él y a su mujer Claudia a lo largo del capítulo por su traición. La entrega de Viriato por parte de Cesáreo con el objetivo de éste de recuperar a su hijo Darío, ha permitido que casi todos los rebeldes se concentraran, en contra de su voluntad, en el campamento legionario.

Cuando todo parecía perdido para la causa indígena, Viriato apresado y torturado, Sandro y Paulo encarcelados y Héctor crucificado, las tropas lusitanas (que no hispanas!!) se han concentrado para atacar al ejército romano, lideradas por Cesáreo y el resto de caudillos lusitanos. En el interior del campamento la acción no ha cesado en ningún momento: enfrentamientos gladiatoriales entre los cautivos lusitanos, intentos de asesinato, torturas al fiel Marco y por fin, casi en el último momento, la rebelión de la legión en contra de Galba y a favor de su general.

Todo estaba preparado para que se produjera el enfrentamiento final (de la temporada) entre romanos y lusitanos que se ha llevado a cabo en dos escenarios. Mientras que el grueso de la lucha se ha producido en el campo de batalla, un pequeño grupo de lusitanos ha liberado a Viriato y a sus hombres. La victoria final ha sido para el bando lusitano y se ha conseguido gracias a una astuta táctica militar de los indígenas y tras la llegada al campo de batalla de Viriato con el estandarte de la legión, prueba de que el campamento romano había sido tomado y de la muerte del propio Galba.

El intento de asesinato de Galba

Como podemos observar en este último capitulo de la temporada la tensión ha incrementado por momentos centrándose en los preparativos militares del enfrentamiento entre lusitanos y romanos. La ocasión no ha sido la mejor para estos últimos, ya que en el campamento romano se ha producido una rebelión en contra del pretor y general Galba, como sabemos ya, un hecho algo común en la larga historia romana. Es así, que mediando un conflicto interno en la legión, no podía ser, ni mucho menos, el mejor momento para enfrentarse con el enemigo. La sedición se ha producido, además, en el momento en el que los soldados han sido testigos de la humillación de Marco, su oficial superior.

En el apartado más dramático he de alzar una crítica airada ante la rápida recuperación tanto de Marco como de Viriato tras las torturas de las que han sido objeto. O son superhombres o es un nuevo “error” el hecho de que después de haber sufrido una cruel y dura tortura ambos se hayan recuperado apresuradamente de sus heridas, que hubieran acabado, sin duda, con la vida de más de un hombre.

Ha sido interesante ver como se ha organizado una especie de combate de gladiadores entre los cautivos lusitanos en el campamento legionario. Un elemento tan característico de la cultura romana que hemos visto en diversas películas ambientadas en la antigüedad. Una escena parecida se puede ver en Espartaco, de Stanley Kubrick (1960), en la que los gladiadores rebelados hacen combatir entre ellos a dos senadores “capturados” como venganza ante el estado de esclavitud al que se habían visto sometidos. En la serie el enfrentamiento gladiatorial está organizado como espectáculo para levantar la moral de las tropas en horas bajas tras la detención y atropello del general Marco.

Pasaremos ahora a considerar un poco más detenidamente el enfrentamiento armado entre romanos y lusitanos que, y como viene siendo habitual en el “cine de romanos” al uso, no se ha plasmado de la forma más correcta en el aspecto histórico. Una batalla en la Antigüedad no es, como estamos acostumbrados a ver, un tumulto alocado en el que millares de soldados, sin orden alguno, luchen en combates singulares y fuera de formación, como hemos visto en el capítulo del martes pasado. Al contrario, el éxito o el fracaso de un ejército radicaba, las más de las veces, en el mantenimiento de las formaciones cerradas de hombres (legiones, cohortes, manípulos) durante el choque armado, por lo cual tan solo se luchaba entre las primeras líneas de ataque de ambos ejércitos y no de la forma desparramada que hemos visto en la reconstrucción de Hispania, en la cual aunque el ejército romano si que estaba ordenado inicialmente en el campo de batalla, el lusitano no, lo que ha llevado, en el momento del choque, a un desperdigamiento militar en el que las líneas y las formaciones se han acabado diluyendo hasta su total desaparición. Es sabido, que la reconstrucción histórica de una batalla es difícil y compleja, y no daría lugar a los “heroicos” combates personales que hemos visto protagonizados por Darío, Paulo o Sandro. Aunque no estaría mal que en alguna ocasión se intentara mostrar de una forma algo más correcta e histórica un enfrentamiento de este tipo, que daría a la película, documental o capítulo una solidez “histórica” desconocida en el género. De nuevo una pena!!

La derrota romana

Más ridícula ha sido la entrada de Viriato en escena a caballo portando el estandarte de la legión, hecho que ha “paralizado” la batalla. Algo insólito e increíble en un momento en que millares de hombres están luchando. Si un caso la llegada de Viriato con la insignia romana podría provocar miedo en los soldados enemigos, los cuales, como pasó en muchas ocasiones, podían huir, entonces, del campo de batalla, momento aprovechado, normalmente, por el ejército vencedor para perseguir y diezmar al enemigo. Pero la llegada de Viriato no puede paralizar a unos rivales que, por lo que hemos ido viendo a lo largo de las diferentes entregas de la serie, se odian y desprecian ampliamente. El único aspecto “histórico” de esta escena es la importancia que los legionarios romanos daban a sus insignias y estandartes militares a los que se rendía un culto casi divino, y que representaba casi un icono sagrado para la supervivencia de la legión.

Como podemos ver, aunque la tensión dramática del episodio ha ido creciendo a lo largo del mismo, dirigiéndonos hacia un desenlace inesperado por todos, la corrección histórica del mismo ha seguido las huellas de las entregas anteriores, primando la trama argumental sobre la veracidad. Hecho que podemos comprobar en uno de los diálogos finales del episodio, en el que un lusitano indica a Darío y los suyos que Cartago ha sido tomada por los romanos, lo que hace prever, en próximas entregas, que la presencia militar romana en la península Ibérica ha de incrementar, quedando libre el Senado romano de enviar legiones a África.

Pues bien, ese comentario solo puede hacer referencia a la toma y destrucción de la ciudad de Cartago por parte del ejército romano en el año 148 a.C. Sin embargo la historia nos dice que Galba fue nombrado gobernador en Hispania Ulterior durante los años 151 y 150 a.C. y regresó a Roma en el año 149 a.C., donde fue acusado ante el Senado por sus actos de gobierno en la provincia. Así, pues, como la mala noticia llegada de África para los pobres lusitanos es anunciada poco después de que Galba sea acuchillado por su mujer Claudia en el campamento romano y dado por muerto, aunque verdaderamente no lo esté, y el pretor aún está en Hispania (es decir, al final de su mandato, o lo que es lo mismo, a finales del 150 a.C.) podemos observar como la caída de Cartago se ha avanzado dos años en la historia. Todo un alarde para los guionistas de la serie!!

Tendremos que esperar algunos meses para ver nuevos capítulos de Hispania la leyenda, ya que como decía al inicio de esta reseña, la novena era la última entrega de esta primera temporada. Así, pues, para acabar este breve análisis haré mención de una de las frases más acertadas e históricas que se han pronunciado en este capítulo, y que no es otra que la que le dice Marco a Viriato antes de la batalla final arriba mencionada: “Roma no se irá de estas tierras”. Y no lo hizo, y por ello Roma formó parte, a partir de entonces, de la historia de España y forma parte, de una manera u otra, en nuestro día a día, ya que el legado romano es parte de la base de nuestra civilización, con todo lo bueno y todo lo malo que esto conlleve.

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica televisiva: Hispania, la leyenda. Capítulo séptimo. La traición.

Llegamos hoy, o más bien dicho el miércoles pasado, al penúltimo capítulo de Hispania la leyenda, que obtuvo una audiencia de 4.194.000 espectadores, y, no voy a abstenerme en mi opinión, que muestra una clara mejora en la calidad de la dramatización de la serie.

Vayamos, pues, con el resumen del capítulo. El pretor Galba ha ideado una nueva estratagema para hacerse con la cabeza de Viriato consistente en la infiltración de un antiguo gladiador llamado Leukón en las filas rebeldes con el objetivo de matar a su cabecilla. La actividad en el campamento romano no se ha limitado a esto ya que el propio Senado de Roma, alarmado de las noticias de alzamiento en Lusitania, ha enviado a un cuestor, en la persona del hermano de Marco, Cayo Octavio Cornelio, con la misión de recabar información sobre la auténtica situación del territorio.

Cayo ha iniciado las investigaciones no solo atendiendo a los informes aportados por Galba sino también interesándose por la opinión de los indígenas. A la cena mantenida con el pretor y con Alejo y Teodoro, ha sumado el testimonio de la esclava Nerea y finalmente ha realizado una visita al poblado de Caura, con el empeño de entrevistarse con su jefe. Tanta información solo podía repercutir en el descubrimiento de la política real desplegada por Galba en la provincia, y en el temor de éste de que aquélla llegase a Roma y acabara con su carrera, hecho que solo ha podido significar la muerte del cuestor, en manos de su propio hermano.

Leukón, ayudado por Héctor, ha fallado en su intentona de acabar con la vida de Viriato. Aunque la trama ha dado un giro inesperado al conocer Helena que su padre Teodoro fue quien delató a Bárbara, la hermana de Viriato, a los romanos, hecho que ha forzado a la primera a huir hacia el campamento rebelde y a Sandro a vengar la muerte de su mujer, en un retorno furioso a Caura para caer en lo que parece una nueva trampa preparada por Teodoro, Alejo y Galba.

Leukón intentará acabar con la vida de Viriato

Analicemos, ahora, algunos aspectos interesantes del capítulo. Una de las subtramas más interesantes del capítulo, y si se me permite, de la serie, ha sido la llegada del cuestor enviado por Roma para investigar la acción política de Galba. Lástima que el cargo de cuestor no tuviera esas tareas asignadas. En un principio el cuestor era un magistrado elegible relacionado con las finanzas y el control del erario público de la República, más que con la investigación política. Si un caso los gobernadores o pretores podían ayudarse en sus tareas de gobierno por un cuestor elegido por ellos mismos, pero en ningún caso era la especie de inspector que nos muestra la serie. ¡¡Otro error sumario de Hispania!! Aún así la llegada de Cayo Octavio nos ha dejado ver, sí, la realidad política tanto de Roma como de los gobernadores, que pretendían hacer carrera con unos “buenos resultados” alcanzados en la administración de sus provincias. No sé si lo llegaremos a ver, pero, como creo que ya dije, Galba fue acusado y juzgado por su actividad como pretor en Hispania tras llegar a Roma, aunque, y gracias a sus alianzas políticas, consiguió ser absuelto.

Por otra parte hemos visto al “cuestor” interesarse por la realidad de la gobernación de Galba hablando tanto con esclavos como con hispanos, algo que no nos tendríamos que creer demasiado, ya que los primeros casi no tenían valor como testigos en la ley romana, y los segundos no eran más que provincianos, muy por debajo del valor, el honor y los “contactos políticos” de un ciudadano romano como Galba. Sin embargo su “investigación” también nos ha dejado ver una escena de banquete romano, en la que hemos visto como los comensales se distribuían alrededor del triclinio formado por tres lechos encarados. La distribución no sería todo lo correcta que debería ser, ya que cada lecho era ocupado por un comensal, en cambio en la serie vemos como cinco comensales, todos ellos hombres, se distribuyen en los tres triclinios. Las mujeres están en un segundo plano, correcto para la época en la que se ambienta la serie, no olvidemos, en el siglo II a.C., aunque más tarde, en época imperial, las mujeres formarían también parte, y no poco activa, de los banquetes romanos.

Se ha vuelto a tocar el tema del comercio entre romanos y lusitanos, en el que tanto Teodoro como Alejo estaban muy interesados. No debemos olvidar, como también se dijo en algún otro lugar, que el dominio romano favoreció sobre todo, a las élites indígenas, representadas aquí por Teodoro y Alejo, que verían consolidada su posición social y económica con la llegada de Roma. De aquí que su colaboracionismo con Roma esté más que documentado en la época.

Sandro tiene sus dudas sobre la llegada de Leukón

También hemos visto, o se nos ha dejado notar, como el número de seguidores de Viriato ha ido aumentando, tanto que parece incluso que todos no caben en la cueva que les sirve de base de operaciones. Es de esperar que poco a poco su número ascienda hasta los miles de seguidores que secundaron al rebelde en su lucha contra Roma, y que podamos abandonar, alguna vez, el fondo “bosquíforo” en el que se ambienta la resistencia lusitana.

Podríamos, pues, decir, que si parece que la trama y los argumentos de la serie mejoran con el paso del tiempo, también se van acumulando más y más errores históricos en el devenir de la misma, y parece que la realidad se va alejando, un poquito más cada vez, de lo que conocemos como la historia de Viriato. Aún así, hay que tener en cuenta que la serie no está rodada como un documental para “ratas de biblioteca” y especialistas varios sino como un entretenimiento para un amplio público, y la mejora en la dramatización de la serie e incluso de las filmaciones de las escenas parece que van otorgando a Hispania la leyenda diversos méritos a tener e cuenta.

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez