Crítica televisiva: Hispania, la leyenda. Capítulo noveno, La batalla final.


Después de nueve entregas de Hispania la leyenda llegamos al desenlace de la primera temporada de la serie con un episodio que consiguió reunir a 3.376.000 espectadores delante del televisor y del que vamos a pasar, a continuación, a resumir su argumento.

Ha sido en el campamento romano donde se ha centrado gran parte de la trama de este capítulo. Si bien creíamos que Marco había sido envenenado por Galba nos hemos dado cuenta de que tan solo había sido adormilado por el pretor, que ha pretendido castigarle a él y a su mujer Claudia a lo largo del capítulo por su traición. La entrega de Viriato por parte de Cesáreo con el objetivo de éste de recuperar a su hijo Darío, ha permitido que casi todos los rebeldes se concentraran, en contra de su voluntad, en el campamento legionario.

Cuando todo parecía perdido para la causa indígena, Viriato apresado y torturado, Sandro y Paulo encarcelados y Héctor crucificado, las tropas lusitanas (que no hispanas!!) se han concentrado para atacar al ejército romano, lideradas por Cesáreo y el resto de caudillos lusitanos. En el interior del campamento la acción no ha cesado en ningún momento: enfrentamientos gladiatoriales entre los cautivos lusitanos, intentos de asesinato, torturas al fiel Marco y por fin, casi en el último momento, la rebelión de la legión en contra de Galba y a favor de su general.

Todo estaba preparado para que se produjera el enfrentamiento final (de la temporada) entre romanos y lusitanos que se ha llevado a cabo en dos escenarios. Mientras que el grueso de la lucha se ha producido en el campo de batalla, un pequeño grupo de lusitanos ha liberado a Viriato y a sus hombres. La victoria final ha sido para el bando lusitano y se ha conseguido gracias a una astuta táctica militar de los indígenas y tras la llegada al campo de batalla de Viriato con el estandarte de la legión, prueba de que el campamento romano había sido tomado y de la muerte del propio Galba.

El intento de asesinato de Galba

Como podemos observar en este último capitulo de la temporada la tensión ha incrementado por momentos centrándose en los preparativos militares del enfrentamiento entre lusitanos y romanos. La ocasión no ha sido la mejor para estos últimos, ya que en el campamento romano se ha producido una rebelión en contra del pretor y general Galba, como sabemos ya, un hecho algo común en la larga historia romana. Es así, que mediando un conflicto interno en la legión, no podía ser, ni mucho menos, el mejor momento para enfrentarse con el enemigo. La sedición se ha producido, además, en el momento en el que los soldados han sido testigos de la humillación de Marco, su oficial superior.

En el apartado más dramático he de alzar una crítica airada ante la rápida recuperación tanto de Marco como de Viriato tras las torturas de las que han sido objeto. O son superhombres o es un nuevo “error” el hecho de que después de haber sufrido una cruel y dura tortura ambos se hayan recuperado apresuradamente de sus heridas, que hubieran acabado, sin duda, con la vida de más de un hombre.

Ha sido interesante ver como se ha organizado una especie de combate de gladiadores entre los cautivos lusitanos en el campamento legionario. Un elemento tan característico de la cultura romana que hemos visto en diversas películas ambientadas en la antigüedad. Una escena parecida se puede ver en Espartaco, de Stanley Kubrick (1960), en la que los gladiadores rebelados hacen combatir entre ellos a dos senadores “capturados” como venganza ante el estado de esclavitud al que se habían visto sometidos. En la serie el enfrentamiento gladiatorial está organizado como espectáculo para levantar la moral de las tropas en horas bajas tras la detención y atropello del general Marco.

Pasaremos ahora a considerar un poco más detenidamente el enfrentamiento armado entre romanos y lusitanos que, y como viene siendo habitual en el “cine de romanos” al uso, no se ha plasmado de la forma más correcta en el aspecto histórico. Una batalla en la Antigüedad no es, como estamos acostumbrados a ver, un tumulto alocado en el que millares de soldados, sin orden alguno, luchen en combates singulares y fuera de formación, como hemos visto en el capítulo del martes pasado. Al contrario, el éxito o el fracaso de un ejército radicaba, las más de las veces, en el mantenimiento de las formaciones cerradas de hombres (legiones, cohortes, manípulos) durante el choque armado, por lo cual tan solo se luchaba entre las primeras líneas de ataque de ambos ejércitos y no de la forma desparramada que hemos visto en la reconstrucción de Hispania, en la cual aunque el ejército romano si que estaba ordenado inicialmente en el campo de batalla, el lusitano no, lo que ha llevado, en el momento del choque, a un desperdigamiento militar en el que las líneas y las formaciones se han acabado diluyendo hasta su total desaparición. Es sabido, que la reconstrucción histórica de una batalla es difícil y compleja, y no daría lugar a los “heroicos” combates personales que hemos visto protagonizados por Darío, Paulo o Sandro. Aunque no estaría mal que en alguna ocasión se intentara mostrar de una forma algo más correcta e histórica un enfrentamiento de este tipo, que daría a la película, documental o capítulo una solidez “histórica” desconocida en el género. De nuevo una pena!!

La derrota romana

Más ridícula ha sido la entrada de Viriato en escena a caballo portando el estandarte de la legión, hecho que ha “paralizado” la batalla. Algo insólito e increíble en un momento en que millares de hombres están luchando. Si un caso la llegada de Viriato con la insignia romana podría provocar miedo en los soldados enemigos, los cuales, como pasó en muchas ocasiones, podían huir, entonces, del campo de batalla, momento aprovechado, normalmente, por el ejército vencedor para perseguir y diezmar al enemigo. Pero la llegada de Viriato no puede paralizar a unos rivales que, por lo que hemos ido viendo a lo largo de las diferentes entregas de la serie, se odian y desprecian ampliamente. El único aspecto “histórico” de esta escena es la importancia que los legionarios romanos daban a sus insignias y estandartes militares a los que se rendía un culto casi divino, y que representaba casi un icono sagrado para la supervivencia de la legión.

Como podemos ver, aunque la tensión dramática del episodio ha ido creciendo a lo largo del mismo, dirigiéndonos hacia un desenlace inesperado por todos, la corrección histórica del mismo ha seguido las huellas de las entregas anteriores, primando la trama argumental sobre la veracidad. Hecho que podemos comprobar en uno de los diálogos finales del episodio, en el que un lusitano indica a Darío y los suyos que Cartago ha sido tomada por los romanos, lo que hace prever, en próximas entregas, que la presencia militar romana en la península Ibérica ha de incrementar, quedando libre el Senado romano de enviar legiones a África.

Pues bien, ese comentario solo puede hacer referencia a la toma y destrucción de la ciudad de Cartago por parte del ejército romano en el año 148 a.C. Sin embargo la historia nos dice que Galba fue nombrado gobernador en Hispania Ulterior durante los años 151 y 150 a.C. y regresó a Roma en el año 149 a.C., donde fue acusado ante el Senado por sus actos de gobierno en la provincia. Así, pues, como la mala noticia llegada de África para los pobres lusitanos es anunciada poco después de que Galba sea acuchillado por su mujer Claudia en el campamento romano y dado por muerto, aunque verdaderamente no lo esté, y el pretor aún está en Hispania (es decir, al final de su mandato, o lo que es lo mismo, a finales del 150 a.C.) podemos observar como la caída de Cartago se ha avanzado dos años en la historia. Todo un alarde para los guionistas de la serie!!

Tendremos que esperar algunos meses para ver nuevos capítulos de Hispania la leyenda, ya que como decía al inicio de esta reseña, la novena era la última entrega de esta primera temporada. Así, pues, para acabar este breve análisis haré mención de una de las frases más acertadas e históricas que se han pronunciado en este capítulo, y que no es otra que la que le dice Marco a Viriato antes de la batalla final arriba mencionada: “Roma no se irá de estas tierras”. Y no lo hizo, y por ello Roma formó parte, a partir de entonces, de la historia de España y forma parte, de una manera u otra, en nuestro día a día, ya que el legado romano es parte de la base de nuestra civilización, con todo lo bueno y todo lo malo que esto conlleve.

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

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