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Crítica cinematográfica: Star Trek, en la oscuridad (J.J. Abrams).

    EXCLUSIVA-Poster-en-espanol-de-Star-Trek-En-la-oscuridad_noticia_mainEl próximo 5 de julio llega a las grandes pantallas españolas la nueva entrega de Star Trek, la primera secuela de la nueva franquicia producida y dirigida J.J. Abrams e interpretada, en los principales roles, por Chris Pine, Zachary Quinto, Karl Urban y Benedict Cumberbatch. Un film que mantiene las innovaciones establecidas en la anterior entrega (Star Trek 2009, J.J. Abrams, 2009) y que representa un paso adelante para la saga galáctica de ciencia ficción.

A la película le cuesta muy poco metraje desparramar la acción inicial sobre la pantalla. Los primeros minutos nos presentan el final de lo que vendría a ser una aventura habitual de la Enterprise (en la nueva franquicia) en la que Kirk y Spock intentan salvar un planeta de la extinción provocada por la erupción de un volcán, a pesar de las prohibiciones a la intervención establecidas en la Primera Directiva. Una vez finalizada la demostración/presentación inicial, la trama se encamina hacia la acción propia de esta nueva entrega.

De vuelta a casa los tripulantes del Enterprise tendrán que enfrentarse a una nueva amenaza. Un devastador atentado ha puesto de manifiesto una alarmante realidad: la Flota Estelar está siendo atacada desde dentro, y las consecuencias van a sumir al mundo entero en una grave crisis. El capitán Kirk dirige la nave Enterprise en una misión para capturar al hombre que parece ser el responsable del torbellino de violencia y destrucción.

HH-27766RLos tripulantes de la nave descubrirán las desmesuradas capacidades físicas y mentales de su prisionero y que algo oscuro está pasando en el seno de la Federación, cuando todo parece que la guerra con el poderoso y militarizado imperio Klingon está a punto de estallar. El hombre que han capturado tendrá la explicación a todo lo que está pasando, pero antes de conocer la verdad tendrán que descubrir cuáles son sus auténticas intenciones.

La nueva aventura de los tripulantes del Enterprise pretende maravillar tanto a los fans de la saga como a los espectadores más jóvenes del cine de acción y de ciencia-ficción, ya que mantiene un equilibrio tenso entre ambos tipos de público, rejuveneciendo y potenciando la acción del film al mismo tiempo que hace continuas referencia al canon del universo Star Trek, aunque este estallara en centenares de miles de pedazos en la entrega anterior. El film mantiene también un equilibrio entre las clásicas escenas de acción de puente de mando propias de la saga y las escenas de acción rápida al más puro estilo de las sagas Transformers, Mision Imposible o Iron Man, un estilo propio de los nuevos tiempos.

En esta nueva entrega el argumento se desarrolla alrededor de uno de los personajes más iconográficos de Star Trek que no es otro que Khan, el ser mejorado genéticamente que protagonizó uno de los capítulos de la serie original y una de las películas más exitosas de la saga cinematográfica. Y uno de los aciertos más sustanciales a nivel de casting ha sido la elección de Benedict Cumberbatch para encarnar al cruel y despiadado Khan, en una interpretación que le hace perder al personaje vigor y corporalidad  pero que en cambio le dota de una dimensión más aterradora y mortífera. Una interpretación del malvado del film que supera, a mi gusto, la que ofreció Eric Bana en la entrega anterior.

HH-28997CLa elección de Khan como malvado de esta entrega confirma el hecho, ya previsto en la concepción de la anterior entrega, de que todo el mundo desarrollado en Star Trek, ya sean klingons, romulanos, cardasianos, la máquina-con alma Vejer, los seres extraterrestres con intención de reanudar la comunicación con las ballenas de la Tierra, los Borg y así un largo etcétera, poseen muchos puntos para volver a personarse en las grandes pantallas, eso sí, con facciones renovadas y actualizadas destinadas no solo a los fans más viscerales de la franquicia, sino a un público amplio gustoso de las fantasías futuristas plagadas de acción.

Esta entrega se centra, por otra parte, demasiado en la relación de amistad forjada entre Kirk y Spock, otro de los sellos de marca de la saga, de una forma que reduce la presencia de los otros tripulantes de la nave en el film. Sulu, Chejov, Scotty o el propio dr. McCoy pierden cuota de pantalla, dejando sus historia aparcadas en la mesa de guión (si es que alguna vez las tuvieron), y reduciéndolos en algunos casos a meros comparsas. El único personaje que se salva de la purga es Uhura, que mantiene su relación sentimental con Spock la cual se desarrolla algo más en esta entrega.

Hallamos, asimismo, en el film una re-definición de los caracteres principales, Kirk y Spock, en un sentido muy actual que en parte se vislumbraba en la entrega anterior. Kirk mantiene su atractivo habitual, sobre todo con las féminas, y un espíritu rebelde que sí que enlaza con la saga anterior. Si bien con Spock la re-definición hace hincapié en la intensa lucha interna que se desata entre su parte humana y emotiva y su naturaleza vulcaniana y lógica, que aunque pega mucho con la constante re-visión actual de personajes literarios y cinematográficos clásicos, creo que desarrolla temáticas no muy acordes con la definición tradicional del personaje. Pero los nuevos tiempos y las nuevas formas mandan… sobre todo en el consumo televisivo y cinematográfico.

HH-00789CAdemás la película sufre de un metraje algo extenso (132 minutos) invertido en secuencias que seguro que podrían aligerarse. De esta forma la primera parte del film es bastante más lenta en comparación con la segunda, en la cual la acción se precipita con toda una serie de escenas (la captura de Khan, el combate entre las diferentes naves y la lucha final contra el malvado) que llenarán de gozo a aquellos a los que les guste la acción cinematográfica realizada según los cánones el siglo XXI. Por otro lado en la segunda parte del film la acción será la que predomine y la que le dé ese toque que ya tuvo la entrega anterior y de la que ya gozaron, a su manera, episodios como Star Trek II, la ira de Khan (Nicholas Meyer, 1982) o Star Trek: Primer contacto (Jonathan Frakes, 1996), las entregas con un mayor éxito de audiencia de la saga.

Pero como ya pasaba en el anterior film, y como se preocuparon de constatar Abbrams y el resto del equipo de producción, aunque se halla actualizado la franquicia, el canon Star Trek, construido a partir de las diferentes series y las películas de la saga, está muy presente aunque de una forma alterada, y se hace referencia a él de forma continua en el film: así hallamos a los famosos tribbles, continuas frases y situaciones fácilmente reconocibles, el renovado Khan o una re-filmación de una de las escenas finales de Star Trek II La Ira de Khan, que harán, seguro, las delicias de los fans de la saga.

Como artista invitado aparece en esta entrega Peter Weller, icono de la ciencia-ficción gracias a su participación en películas como Robocop (Paul Verhoeven, 1987), Leviathan: El demonio del abismo (George P. Cosmatos, 1989) o Asesinos cibernéticos (Christian Duguay, 1995) y que interpreta al almirante Marcus de la Flota estelar, en una interpretación agradecida, seguro, por los fans del género.

Como no podía ser de otra forma los efectos especiales están a la altura de una superproducción con un presupuesto de 185 millones de dólares, que vuelven a poner a la saga a la altura de los grandes estrenos del verano. Efectos que son potenciados de nuevo por la música compuesta por Michael Giacchino, que le da al film esa magnificencia que ya poseía la anterior entrega y para la cual se han creado nuevos temas y nuevas fanfarrias, reconocibles y vinculables a la nueva franquicia.

HH-STIDVFX_001Por lo que respecta a la trama, esta es algo complicada, y avanza de forma algo lenta, como ya comenté, en la primera parte de la película. Si bien pone en juego toda una serie de intrigas políticas, militares y corruptelas varias, muy al estilo, en parte, de lo que ya pasaba en Aquel país desconocido (Nicholas Meyer, 1991), y muy acordes con los tiempos actuales en los que vivimos, en los cuales, después de la caída de las torres gemelas, la política a nivel nacional e internacional parece cubierta de negruras y conspiraciones que escoden la voluntad de dominación política o económica del mundo.

Una trama que hipoteca la ciencia-ficción más filosófica que caracterizaba a muchas de las producciones clásicas, por una acción-entretenimiento, sin la cual, la franquicia no hubiera sobrevivido, seguro, a estos tiempos en los que la diversión y el «no va más» se imponen a la hora de marcar el consumo cinematográfico y cultural en general.

Un detalle que agradecerán los fans más trekkies de la saga es la nueva aparición, aunque de forma muy breve, de Leonard Nimoy, que prosigue su vinculación con la nueva franquicia como marca registrada de la casa que da pedigrí a toda la aventura.

En resumen, todo un gustazo volver a ver al Enterprise y sus tripulantes en activo de nuevo, aunque en una versión rejuvenecida, si bien seguro que la segunda entrega de la nueva franquicia, que ya ha recaudado la friolera de 258 millones de dólares en todo el mundo, no será del pleno agrado de los trekkies más puristas, a los que en verdad casi no les gusta nada, aunque proporcionará una dimensión de disfrute a aquellos públicos menos acomplejados que lo que buscan es diversión y acción en las películas que consumen en la gran pantalla. Todo ello ligado a una idea, la creada por Gene Roddenberry, que sin duda ha sabido perdurar ufana y presumida, por lo que se ve, al paso del tiempo.

Título: Star Trek: En la Oscuridad
Título Original: Star Trek Into Darkness
Director: J.J. Abrams
Guión: Roberto Orci, Alex Kurtzman, Damon Lindelof
Reparto: Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Simon Pegg, John Cho, Karl Urban, Anton Yelchin, Benedict Cumberbatch, Alice Eve, Peter Weller
Música: Michael Giacchino
Fotografía: Daniel Mindel
Género: Ciencia Ficción
Nacionalidad: USA
Estreno: 5 de julio de 2013

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Crítica cinematográfica: Dredd, de Pete Travis.

Breve Sinopsis:

En un futuro cercano, Norteamérica es un páramo asolado por la radiación con una única y gran megalópolis que se extiende a lo largo de su costa este: Mega City 1. Esta inmensa y violenta urbe cuenta con una población de más de 400 millones de personas, cada uno de los cuales es un infractor en potencia. Los únicos que intentan imponer el orden entre semejante caos urbano son los jueces, a la vez agentes de la ley, jueces, jurados y verdugos. Y la perfecta personificación de estos jueces es Dredd, una leyenda viva de justicia blindada dedicado por entero a hacer cumplir la ley.

Hace ya 35 años que Juez Dredd apareció publicado por primera vez en las páginas de la revista británica 2000 AD. El guionista escocés John Wagner y el dibujante español Carlos Ezquerra fueron los responsables del alumbramiento.

El siglo XXII se presenta muy apocalíptico. Ha habido guerras nucleares y las personas viven hacinadas y degradadas en grandes urbes. La delincuencia es elevada y para controlarla están los Jueces, garantes de la ley y el orden: son juez, jurado y verdugo. Un cómic violento pero con dosis de humor negro generado por lo intransigente de su protagonista al relacionarse con hordas de mutantes, cyborgs y monstruos dispares que incumplen la Ley.

La película Dredd traslada con acierto el ambiente de decadencia, violencia y suciedad que impregna los paisajes del cómic de donde proviene. Incluso con algún breve pasaje de sexo como la muy sugerida felación, una escena que no pasaría la censura si la película hubiera sido producida por otros estudios. El apartado de la parafernalia armamentística de los Jueces también está bien explotado.

El irreconocible Karl Urban, al que vimos como Leonard McCoy en la nueva versión de Star trek (J.J. Abrams, 2009) o Éomer en la trilogía de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003) aceptó el papel de protagonista porque el personaje de Dredd no se quitaba el casco nunca, como en el cómic. Según el propio Urban, le motivaba tener que interpretar emociones utilizando sólo su voz y su cuerpo. No sale mal parado ya que Juez Dredd muestra pocos sentimientos y solo vive para cumplir su trabajo a rajatabla.

Como todo policía que se precie, Dredd tiene en este film una pareja de patrulla, la novata y bella Anderson (Olivia Thirlby). Ella pone los sentimientos humanos y eso que es una especie de mutante que puede leer la mente de los que la rodean. Para ello su personaje necesita ir sin casco, ya que esta protección malogra sus capacidades. Debido a esta circunstancia podremos al menos disfrutar de su rostro e interpretación. Dos protagonistas con el casco puesto durante toda la película hubiera sido demasiado!!

La «mala de tebeo» de la función es la desfigurada Ma-Ma (Lena Headey). Una actriz que ya conoce el mal en su papel en la serie Juego de Tronos y que aquí se acentúa por la vía más drástica y sin sutilezas. Nadie va a fastidiarle su negocio de tráfico de droga, el argumento delictivo principal del film.

El problema de esta película es que el tráiler te la vende como otra súper producción basada en un personaje del 9º arte y no lo es. No deja de ser una película de serie B que aparenta gran presupuesto. Parece que te vayas a encontrar un argumento interesante con esa nueva droga (el SLO-MO, una especie de retardador temporal) y las bandas que trafican con ella por el medio, pero a la que entran en el mega bloque Peach Tress se acaba el argumento para convertirse en una Jungla de Cristal sin el ritmo y el vigor que tenían las entregas de la saga interpretada por Bruce Willis.

Dredd no es una mala película, entretiene y si se hubiera estrenado en los ochenta ganaría muchos puntos, pues su factura en la acción es de esa época, aunque con algunos aciertos visuales como el efecto de la droga rodados en cámara lenta (Slow-motion) o los diferentes planos de ciertas caídas libres, que lucirán más en su versión en 3D. Pero el producto final no deja de ser un continuo avance por parte de Dredd y su compañera Anderson atrapados en el mastodóntico edificio cargándose a los delincuentes que no son rival para ellos. No hay malos destacables, con más presupuesto algún robot no habría estado mal.

Es inevitable encontrar en todas las críticas de Dredd la comparación con la película Juez Dredd interpretada por Sylvester Stallone en el año 1995 y dirigida por Danny Cannon, de origen británico igual que Pete Travis, el director de la nueva entrega. Los fans del personaje no perdonaron a Stallone que se quitase el casco a los cinco minutos, ni que convirtiera al implacable y despiadado Dredd de los cómics en apto para todos los públicos. Tenían razón. La crítica también la vapuleo pero eso ya es normal siendo una película de Sly. Diciendo esto puede que me gane enemigos, pero considero la versión del año 1995 una película más entretenida, en la que pasan más cosas, aunque no capte la esencia del personaje y su mundo como en esta nueva entrega. Por otro lado en la versión del 95 la parte superior del uniforme se parecía más al original y el mentón y los «morros» de Stallone llenaban más la pantalla. Ni que decir que la esplendida banda sonora de Alan Silvestri lucía mucho más que la de Paul Leonard Morgan para esta nueva era en que vivimos de acordes sencillos, repetitivos, sin melodías, ni temas principales.

Título: Dredd
Título original: Dredd 3D
Nacionalidad: USA, UK; India
Productora: Lionsgate, Reliance, DNA
Director: Pete Travis
Guión: Alex Garland
Reparto: Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Jason Cope, Rakie Ayola, Warrick Grier y Wood Harris
Género: Acción, Ciencia Ficción
Estreno en España: 7 de septiembre de 2012

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