Estreno cinematográfico: La víctima perfecta, de Antti Jokinen

El próximo 29 de julio llega a las pantallas de nuestro país la película La víctima perfecta, una historia a medio camino entre el thriller y el terror, dirigida por Antti Jokinen y cuya protagonista absoluta es Hilary Swank, quien con esta propuesta hace doblete en nuestras pantallas estos días al protagonizar también el drama Betty Anne Waters.

Fotograma de la película

Juliet es una joven doctora que está pasando por un momento personal muy delicado. Por ello, y con la esperanza de rehacer su vida, decide dar un giro radical e instalarse en un antiguo apartamento de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, cuando todo parece ir bien, Juliet empieza a sospechar que en la casa no está sola, hay alguien más, alguien que la espía y que pronto comenzará a asediarla.

Dirigida por el debutante Antti Jokinen (anteriormente ha dirigido videoclips para Celine Dion, Shania Twain o Anastacia), el film cuenta con la multipremiada Hilary Swank como la joven Juliet, asediada en su propio piso por un obsesivo personaje. Además, la película cuenta con la presencia de reconocidos actores como Christopher Lee (conocidísimo rostro del Conde Drácula), Jeffrey Dean Morgan (quien ya compartió cartel con Swank en P.D. Te quiero) y Lee Pace (Possession).

La víctima perfecta se estrenará en nuestros cines el 29 de julio de 2011.

Título: La víctima perfecta
Título original: The Resident
Nacionalidad: Reino Unido, USA
Año: 2011
Director: Antti Jokinen
Guión: Antti Jokinen, Robert Orr
Intérpretes: Hilary Swank, Christopher Lee, Jeffrey Dean Morgan, Lee Pace
Duración: 92 minutos

Crítica literaria: El verano de los juguetes muertos, de Toni Hill

Recuerden este nombre: Héctor Salgado. Recuérdenlo porque dará que hablar en los próximos años. Seguro. Este inspector de los Mossos d’Esquadra es el protagonista de la última novela policíaca ambientada en las calles de Barcelona, El verano de los juguetes muertos, el debut en la literatura de ficción de Toni Hill, una historia misteriosa y fascinante a partes iguales que enganchará al lector desde la primera página por su ritmo ágil, sus constantes intrigas y su estructura sencilla.

El inspector Héctor Salgado no está viviendo su mejor momento: superados los cuarenta, y tras haber usado una violencia excesiva en su último caso, se encuentra suspendido de empleo, apartado del día a día de comisaría, y con la obligación de acudir al psicólogo (¡él, que es argentino, acudiendo al psicólogo!), quien deberá dilucidar si está o no en condiciones para regresar a sus funciones habituales. Además, y por si su delicada situación profesional fuera poco para él, en lo personal no está mucho mejor: su mujer le ha dejado, y la comunicación con su hijo adolescente es cada día más complicada. Así, y para mantenerlo entretenido, su jefe le propone una investigación extraoficial: la de un joven de buena familia que, según parece, se suicidó al saltar desde la buhardilla de su casa. Un caso simple, aparentemente, cuya investigación avanzará en paralelo con la del caso que le ha apartado de la comisaría, dos investigaciones que, poco a poco, se irán complicando, en un verano sofocante en la ciudad Condal.

Uno de los secretos que hacen de El verano de los juguetes muertos una extraordinaria novela negra es la diversidad de temáticas que ofrece en su texto y que evitan cualquier indicio de aburrimiento: a lo largo de sus más de 350 páginas se dan cita personajes de clase alta y reputación inmaculada (y con la pretensión que así continúe), adolescentes que coquetean con el lado salvaje de la vida, camellos de poca monta, curanderos africanos expertos en magia negra, víctimas del tráfico de mujeres, policías desorientados, mujeres de fuerte personalidad y con las ideas claras, …, todo ello bajo la estricta perspectiva que dan dos investigaciones policiales que intentan aclarar unas muertes, presentes y pasadas, sin aparente explicación, y con la sospecha que se cierne sobre varios personajes, conjeturas de las que ni siquiera la policía podrá salvarse.

El autor consigue crear una historia muy de nuestro tiempo, podríamos considerarla una actualización de la novela negra clásica, repleta de aquellos referentes propios del siglo XXI y que han cambiado las costumbres de buena parte de la población: los protagonistas se comunican por sms y se mueven con desenvoltura a través del mundo cibernético (ya sean chats, intercambio de e-mails o redes sociales), el blog que uno de los personajes escribía, a modo de moderno diario, contiene la clave de uno de los misterios, la utilización de comprometedores lápices de memoria (USB), …

Otra de las singularidades de esta historia son sus protagonistas principales: por un lado, Héctor Salgado, el inspector argentino al que se encarga la investigación principal, es un personaje totalmente alejado del tópico que hemos conocido en la novela negra clásica (aunque los cigarrillos le emparentan con la imagen literaria de la mayoría de ellos), aquéllos que eran habituales de bares a los que se asomaban para indagar; éste no busca consuelo en el alcohol, tan sólo toma algún mojito, y encuentra en el jogging la única terapia para dejar de lado las obsesiones que le atormentan. Además, es un personaje algo frágil, su actitud segura se tambalea tras ser suspendido de empleo, mientras comprueba que su pasado, que creía olvidado, regresa a sus pensamientos en el peor momento. Todas estas características hacen de éste un interesante personaje al que no debemos perder de vista en sus futuros casos (que los habrá).

Por otro lado, Salgado tendrá una acompañante atípica en un mundo como ése: su ayudante será una agente mujer, Leire Castro, un personaje moderno y de ideas muy claras, una talentosa mossa d’esquadra sin asomo de la imagen de mujer débil y asustadiza que antaño solían aparecer en estas historias; tiene carácter, y es ella la que elige sus relaciones con los hombres, tomadas a modo de pasatiempo, ora con uno, ora con otro, sin ataduras ni relaciones de más de una noche, y a la que una inesperada noticia hará replantear su modo de vida.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar otro de los personajes imprescindibles en esta novela, Barcelona, una ciudad marcada por la dualidad que representan sus calles, y que son refugio de dos estamentos sociales opuestos: por un lado, la zona alta, lujos que enmascaran dramas, pesadillas de la gente adinerada; por otro lado, la otra Barcelona, la de barrios como Gràcia y el Poblenou en contacto con el mar, lejos del lujo de la ampulosa Bonanova.

Toni Hill

Con su debut literario, Toni Hill, traductor de autores tan diversos como Jonathan Safran Foer, David Sedaris o Glenway Wescott, demuestra haber aprendido cómo crear una auténtico bestseller, ya que firma una novela muy cercana a ese tipo de obras, estructurada en cinco capítulos (correspondientes a los cinco días a lo largo de los cuales transcurren las investigaciones de los dos casos principales, de miércoles a domingo), cada uno de ellos subdivididos en pequeños subcapítulos para ofrecer una lectura fácil y rápida, permitiéndole introducir, al final de cada uno, pequeñas intrigas (realmente, Hill no deja nada al azar) que provoquen al lector de tal forma que no pueda evitar continuar leyendo.

El lector habitual de este tipo de novela buscará paralelismos con los grandes nombres de este país, como Montalbán o González Ledesma, autores que encontraron en las calles de Barcelona el escenario ideal para desarrollar sus tramas. Si uno busca, quizás encuentre ciertas similitudes, pero seguramente son más bien discretos homenajes de Hill que otra cosa (por ejemplo, si bien el refugio de Salgado son las películas clásicas, como La ventana indiscreta, Los pájaros o Vértigo, filmes que colecciona con pasión, esta afición encuentra su correspondencia en la lectura tanto para Carvalho como para Méndez), ya que el estilo del autor es más cercano al de la novela negra anglosajona, teniendo como referentes a grandes autores como Agatha Christie o P. D. James.

En definitiva, Toni Hill acierta con su debut en la ficción, una moderna novela de intriga que, más que leerse, se devora en apenas unas horas, un relato que apunta maneras para convertirse en uno de los grandes triunfadores de este verano (y de los siguientes meses), y cuyo desenlace final dejará al lector con la sangre helada; así que, si la literatura policíaca es su pasión, no lo dude ni un instante: El verano de los juguetes muertos es actualmente la mejor opción.

Título: El verano de los juguetes muertos
Autor: Toni Hill
Editorial: Debolsillo
Colección: Bestseller
Fecha de publicación: Julio 2011
Páginas: 363
ISBN: 9788499891040

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Relato: La leyenda del último rey godo.

La leyenda de Rodrigo, el último rey godo se sitúa en una época muy remota, mucho, incluso demasiado, cuando el mundo no se regía por las normas del conocimiento y de las ciencias, sino por las de las creencias, la fe y por la admiración hacia todo aquello que era fantástico y mágico al mismo tiempo.

Dicen que cuando este rey visigodo ascendió al trono de España, según la opinión de algunos de una forma no muy legítima, muchos prodigios y señales anunciaron grandes desgracias para el futuro del reino.

Las gentes del país habían tenido que sobrevivir a gran número de enfrentamientos y rivalidades entre las diversas facciones de los nobles de sangre goda, que no solo se disputaban el poder en la capital, Toledo, sino que sumían a las provincias en graves conflictos y desdichas.

Un día llegó a los oídos del nuevo rey la noticia de un gran prodigio que se ocultaba, desde hacia siglos, en la misma capital de su reino. Algunos de los cortesanos más viejos le habían hablado de una de las tradiciones que todo nuevo monarca debía de cumplir. Cerca de una de las iglesias más antiguas de la ciudad existía un edificio singular, no tan solo por sus extrañas formas, sino por el gran secreto que ocultaba. El recinto, al que se conocía comúnmente como La casa del Reino, tenía una planta circular y estaba rodeado por cuatro leones de bronce, situados sobre sendos pedestales. La altura del tejado era tal que se decía que no había nacido hombre aún con la fuerza necesaria para poder lanzar una piedra sobre él. La fachada de tan singular edificio reproducía toda una serie de escenas pintadas, que mostraban los hechos y gestas más importantes, no tan solo del reino de los godos, sino incluso, de los tiempos en los que los antiguos emperadores de Roma habían dominado todas las tierras que rodeaban el Mar Mediterráneo.

Pero el hecho, aquello que daba más singularidad al edificio, eran sus puertas, y la leyenda que durante tantos años las había mantenido cerradas. Desde antiguo se decía que aquel gran edificio lo había construido el propio Hércules, cuando, hacía mucho tiempo, había enseñoreado toda Hispania. El gran héroe había emprendido su construcción cierto día que, gracias a la ayuda de los dioses, había sido poseído por el poder de una revelación, que le había mostrado el futuro de su reino. Hércules, sorprendido y aterrorizado, decidiose a edificar un recinto donde poder ocultar tal presagio. Una vez construida la prisión y cerradas sus grandes puertas, forjadas con el material más duro y resistente que pudo localizar, protegió su entrada con un gran candado y ordenó que todos y cada uno de los futuros reyes de sus tierras dispusiera lo mismo que él, sumando al suyo, un nuevo candado. Desde entonces, y con el paso de los años, la población de Toledo no había hecho otra cosa que narrar y acrecentar la leyenda, imaginando los grandes tesoros que el mayor de los héroes griegos habría podido encerrar en tal recinto fortificado.

El rey Rodrigo.

Al conocer Rodrigo la leyenda de “La casa del Reino” su avidez y sus ansias por descubrir y apoderarse de lo que desde hacía tanto tiempo estaba oculto no hicieron más que aumentar día a día. Los reparos y la oposición de todos los dignatarios, consejeros e incluso amigos, no hicieron efecto en la voluntad del rey, y el día llegó en que este se dirigió al recinto para satisfacer su gran curiosidad y avaricia, sin tener en cuenta ni respetar las prescripciones que desde antiguo vetaban su entrada.

Cuando el rey llegó a las puertas del edificio encontró que estas estaban selladas por veintiséis candados, uno mayor, que se decía que era el que cerró el propio Hércules, y otros veinticinco más pequeños, uno por cada rey que había reinado en España. Rodrigo ordenó a sus hombres que abrieran con tenazas, si hacía falta, cada uno de los candados, obligándolos a hacerlo a pesar de las lágrimas que el temor les hacía brotar de sus angustiados ojos.

Una vez destruidos uno a uno todos los candados, se necesitó la fuerza de muchos animales para poder abrir las puertas, que habían estado cerradas durante épocas enteras. La oscuridad más cerrada emanó entonces del interior del edificio, envolviendo con sus frías y tenebrosas manos a todos los congregados ante ellas. Incluso el chirrido de la puerta pareciose a un grito de angustia, que el tiempo y las edades vociferaban a modo de advertencia. Aún así, el rey Rodrigo no se acobardó y acompañado de los nobles más valientes y de algunos portadores de antorchas, se introdujo en las entrañas del edificio.

La poca luz que acompañaba a los intrusos también parecía acobardada, pues parecía que no se atreviera a adentrarse demasiado en un espacio tan sagrado y prohibido. Pronto el rey pudo vislumbrar el contorno de una pequeña estancia alargada, con una inscripción escrita en griego que señoreaba en el dintel de su puerta. Tras observarla detenidamente leyeron su mensaje: “El que sea tan osado como para leer este escrito traerá desgracias sin número a los pueblos de España”. Aquella inscripción atemorizó al resto del grupo que había entrado junto al rey, e intentaron hacerle cambiar de opinión, pues que más pruebas necesitaba para reconocer la gran falta que estaba cometiendo. Sin embargo el rey no se amedrentó y obligó a los portadores a entrar en la estancia para iluminar su interior. Cuando todos estuvieron dentro se oyeron nuevos gemidos y lamentaciones y parecioles a todos que sombras de figuras humanas se revolvían alrededor de ellos e incluso intentaban asirlos por sus ropajes, a la vez que la visión se hacía cada vez más dificultosa y menos precisa.

El reino visigodo de Toledo.

La estancia estaba dominada en su centro por una arca hecha en oro decorada con las piedras más preciosas que uno pudiera haber visto antes. Los ojos del rey Rodrigo, y su vista detrás de ellos, se apoderaron rápidamente de ella y, vencido ya todo él por la codicia, ordenó al más distinguido noble que le acompañaba que abriera tan magnífica arca. Este negose a hacerlo intentando de nuevo hacer renunciar al rey de tan obstinada idea. El monarca, siendo consciente del temor de los demás, se dirigió hacia la arca, se arrodilló ante ella y la abrió. En su interior encontró varias figuras que representaban a guerreros con pendones, espadas y ballestas. Justo debajo de las figuras se encontraba un pergamino que decía de esta manera: “Cuando este paño fuere extendido y aparezcan estas figuras, hombres así armados conquistaran España y de ella serán señores”.

Una vez leído esto todos los que estaban alrededor del rey se alarmaron y atemorizaron grandemente, más aún cuando notaron que el suelo y las paredes de la estancia comenzaban a temblar. Al salir corriendo hacia el exterior la gente que se agolpaba entorno al edificio pudo observar, atemorizada, como una águila que se acercaba en vuelo desde la lejanía, lanzaba un gran tizón sobre el edificio, que pronto comenzó a arder, consumiéndose todo él en el fuego atizado por el mover de sus grandes alas.

Al momento llegó un número casi infinito de aves de todo tipo que nublaron el cielo y comenzaron a volar sobre las cenizas del gran edificio, haciéndolas desaparecer todas, con el aleteo de sus alas y haciéndolas subir hacia las nubes.

Se dice que el rey Rodrigo se arrepintió mucho de lo que su avaricia irrefrenable le había obligado a hacer. También se dice que, poco después, de que “La Casa del Reino” fuera violada, Tariq, con un pequeño ejército, desembarcaba en Gibraltar, gracias a la ayuda del conde Julián que, partidario del noble visigodo Agila, se había rebelado contra el poder del rey Rodrigo, dando comienzo así la conquista musulmana del Reino Visigodo de Toledo.
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez