ReseƱar un Asimov no es una tarea fĆ”cil, debido a la calidad āde gĆ©neroā del autor, a la cantidad abrumadora de sus obras y al Ć©xito que llegó a alcanzar con ellas. En verdad parece que Asimov escribió, de una forma u otra, sobre casi todo y ademĆ”s normalmente lo hizo muy bien. AĆŗn asĆ intentarĆ© llevar a buen puerto esta crĆtica, siendo consciente de lo arduo de la tarea y del paso del tiempo desde que la novela fue escrita. Y es que de eso trata El fin de la eternidad, del tiempo o del uso del fluir temporal en la sociedad del futuro. La novela la tenĆa en uno de los estantes de mi biblioteca desde que hace aƱos unos amigos me la regalaron, sabiendo lo que me gustan las tramas temporales, en la fĆ”cilmente reconocible colección Biblioteca de Ciencia Ficción de tonos azulados y grises que editó Orbis allĆ” por los aƱos 80.
La novela, bien definida desde el principio por su mismo tĆtulo, nos sitĆŗa en una multirealidad sin tiempo. La humanidad ha alcanzado el nivel tecnológico necesario para viajar y actuar en el tiempo y para ello ha creado la Eternidad, una institución que permite no tan solo que las diferentes Ć©pocas se ayuden y comercien entre ellas, sino que desarrolla una actividad terapĆ©utica temporal: lleva a cabo cambios temporales sobre las diversas realidades para evitar coyunturas negativas en ellas. De esta forma, conociendo los resultados de los cambios realizados sobre la realidad temporal, la Eternidad controla la evolución de la humanidad a lo largo de los milenios y corrige los sucesos mĆ”s daƱinos. Sin embargo los efectos de la interrelación entre los miembros de la Eternidad y la realidad humana puede provocar enormes daƱos. Prueba de ello lo tenemos en Andrew Harlan ejecutor de cambios temporales en la Eternidad que se enamorarĆ” de Noys, una ciudadana de la realidad, una relación que pondrĆ” en peligro la propia existencia de la Eternidad y permitirĆ” descubrir algunos de los secretos de la organización.
Esta es una de aquellas novelas en las que la acción comienza justo en la primera lĆnea. Harlan, su protagonista principal, pone rĆ”pidamente en marcha la acción movido por sus propios intereses, que como pueden imaginar no son, ni mucho menos, los mismos que los de la Eternidad. Los propios actos del protagonista permiten, asĆ, a Asimov, presentarnos un juego de multirealidades interrelacionadas que serĆ” el ingrediente estrella de su novela. Y no solo eso, sino que ademĆ”s le permite reflexionar sobre la relación que existirĆa entre causas y efectos en el caso en el que existiera una diversidad infinita de planos temporales conectados entre sĆ.
ĀæCómo puede afectar a una realidad pasada los hechos que ocurren en la Eternidad atemporal? ĀæPueden existir periodos de la historia de la humanidad que estĆ©n en contra de la actividad temporal de la Eternidad? En una realidad temporal interconectada de este tipo ĀæcuĆ”l serĆa la causa y cuĆ”l el efecto de las acciones que se llevan a cabo?
Asimov nos muestra a travĆ©s de su novela una multirealidad temporal que va descomponiĆ©ndose pĆ”gina a pĆ”gina y que ofrece al lector argumentos para la reflexión sobre el hombre y la humanidad. No solo seremos testigos de la corrupción temporal en la Eternidad, provocada por las propias pasiones humanas, sino que podremos reflexionar sobre el hecho de que una organización, lĆ©ase corporación o multinacional, con unos intereses concretos y particulares, pueda actuar sobre una realidad humana cualquiera fruto de su propia evolución histórica. Y lo mĆ”s interesante es la disquisición final sobre el espĆritu humano que realiza el autor.
La humanidad evoluciona cuando se enfrenta a situaciones que le obligan a invertir ingentes recursos con el objetivo de superar esa coyuntura. ĀæSi se eliminan quirĆŗrgicamente esas situaciones problemĆ”ticas a las que debe de hacer frente la humanidad para crecer, para evolucionar, quĆ© es lo que queda?, ĀæQuĆ© es la vida de cada uno de nosotros sino un continuo esfuerzo para superar cada uno de los problemas con los que individualmente nos enfrentamos, y que nos hacen ser tal como somos? Un tema de reflexión interesante en una Ć©poca, la actual, en la que se invierte una gran cantidad de recursos para evitar a los ciudadanos (de Occidente, claro estĆ”) cualquier tipo de inconveniente que les pueda suponer una molestia, debilitando, de esta forma, la capacidad de reflexión y respuesta de los individuos ante situaciones daƱinas y quebrantando el espĆritu de superación que todos deberĆamos poseer. Y eso que solo estamos a principios del siglo XXI. Como ven una propuesta que hace lo que hace la buena ciencia-ficción, especular sobre la propia esencia humana y en este caso en el Ć”mbito de lo temporal.
Pero no se piensen que El fin de la eternidad es, por tanto, una novela aburrida o densa. Todo lo contrario. Es una historia en la que la acción y las consecuencias temporales de ella estÔn muy presentes, como también lo estÔ la multidimensión temporal y sus consecuencias en la misma estructura de la trama.
No afirmo nada nuevo al decir que El fin de la Eternidad posee parte de la genialidad que Asimov confiaba a cada una de sus novelas. Con el estilo y la elegancia formal propia del autor norteamericano que nos muestra no tan solo una formulación argumental solida y una gran creatividad y originalidad, sino tambiĆ©n un trazo literario perfilado y consistente, propio de un autor que no solo creó un enorme caudal de obras sino que tambiĆ©n consiguió un gran Ć©xito crĆtico y comercial con ellas.
Y como gran clĆ”sico de la novela contemporĆ”nea de ciencia-ficción y referente literario de varias generaciones, es acostumbrado hallar continuas reediciones de sus obras. Este es el caso de la edición de Debolsillo de 2004 o la mĆ”s reciente de La FactorĆa de ideas de 2007, un recordatorio del interĆ©s que mantienen aĆŗn las obras de Asimov entre las editoriales y los lectores.
TĆtulo: El fin de la eternidad
Autor: Isaac Asimov
Editoriales:
Debolsillo
   PÔginas: 288
Ā Ā Ā Precio: 8,95 ā¬
Ā Ā Ā Formato: Bolsillo
La FactorĆa de ideas
PƔginas: 320
Precio: 19,95 ā¬
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Jorge Pisa