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Crítica literaria: Los propios dioses, Isaac Asimov

los.propios.dioses.isaac.asimov.Como ya dije en su momento “reseñar un Asimov no es una tarea fácil” pero sí obligatoria si a uno lo que le gusta es la literatura de ciencia-ficción. Y como este es el caso, aquí va al menos el intento de una, la crítica de Los propios dioses, una novela escrita en el año 1972 y que recibió tres de los premios más importantes de la literatura de ciencia-ficción: Hugo, Locus y Nebula.

La novela de Asimov está dividida en 3 partes o capítulos que toman su título de la frase de una obra de Friedrich Schiller “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”. En la primera parte el autor nos relata como la humanidad llega a ser consciente de la existencia del parauniverso, un universo diferente al nuestro, y de como se inicia la transferencia de materia y energía entre los dos universos, lo que lleva a producir energía en grandes cantidades y de una forma muy barata. Peter Lamont descubrirá que la transferencia de materia entre los dos universos puede poner en riesgo al nuestro, y dedicará todos sus esfuerzos en hacérselo saber a la opinión pública.

La segunda parte nos traslada al parauniverso, en el que el lector conocerá las características de la otra realidad cósmica y a los habitantes de un mundo dependiente de la cada vez más escasa luz solar y habitado por unos seres que viven en una sociedad integrada por tríades.

La última parte de la novela nos hace regresar a nuestro mundo, y más concretamente a la luna, habitada ya por el hombre y en la que se está imponiendo un sentimiento nacionalista e independentista con respecto al control del satélite por parte de la Tierra,

El tema principal de la novela nos hace fijarnos más en nuestra época que en la que Asimov escribió la historia, que por cierto publicó en revistas (Galaxy Magazine y Worlds of If) como tres historias consecutivas y posteriormente editada como novela, hecho que es fácilmente reconocible por lo autónomas que son las tres tramas que nos relata. El tema principal, como decía, podríamos considerarlo la contaminación generada por el hombre y los efectos que tiene en nuestro mundo. La Bomba de electrones, el sistema de producción de energía que se construye entre los dos universos, puede tener consecuencias desastrosas para las leyes de la  que imperan en nuestro mundo, lo que puede llevar, incluso, a la desaparición del sistema solar.

Asimov lleva el tema de la contaminación, o los efectos colaterales de una industria, más allá de los límites de nuestro planeta, y así hace más evidentes las fatales consecuencias que el desarrollo tecnológico puede tener para el mundo y la humanidad. Su narración de los esfuerzos del científico Lamont por acabar con la Bomba de electrones nos dejan constancia de lo difícil que es luchar contra los beneficios producidos por una tecnología cualquiera (en este caso energía gratuita e ilimitada para todos) y de la ceguera de la sociedad ante los posibles riesgos que esta puede acarrear.

Los propios dioses_fanart
El paramundo: Los Seres-Duros y los Seres-Blandos

En este apartado una sección de la trama me hace recordar una obra anterior de Stanislaw Lem, La voz de su amo (1968), que nos narra el esfuerzo de la humanidad por comprender un mensaje enviado por una civilización extraterrestre. En la novela de Asimov, Lamont, con la ayuda de un filólogo especializado en lengua etrusca, intentarán comunicarse con el paramundo para hacerles entender las negativas consecuencias de la Bomba de electrones para el universo humano y así poner fin a su actividad.

En la segunda sección de la novela es donde Asimov creará un relato de ciencia-ficción más potente, mostrándonos un mundo muy diferente al nuestro, en el que las leyes del universo y la vida se han desarrollado de forma distinta. El autor, además, consideró que esta parte del libro era una de las mejores aportaciones que él había hecho a la literatura de ciencia-ficción, y no va errado.

Aunque la comprensión de la organización social del paramundo le puede costar al lector algo de tiempo y esfuerzo, Asimov consigue dar forma a una realidad casi poética en un mundo formado por tríades, seres vitalmente vinculados entre sí, y por una clase social directora formada por seres duros. Es esta realidad la composición literaria que más destaca de la novela, y nos es narrada con un toque de intriga que no se solucionará hasta el final del capítulo. El tratamiento de los personajes de esta sección es, además, el más trabajado de la novela.

Isaac AsimovEn la tercera parte de la novela, nos volvemos a encontrar, como ya he dicho, en nuestro mundo. La trama se enriquece con el relato de la llegada a la luna de Denison, un ex físico retirado cuya carrera se ha visto truncada por el rotundo éxito del descubridor del paramundo y constructor de la Bomba de electrones. Aquí la acción adquiere también un tono de intriga vinculado con el movimiento nacionalista forjado por los habitantes de la Luna, cuya sociedad y genética han evolucionado de una forma alterna a la de la Tierra, debido a las diferentes condiciones y gravedad que imperan en el satélite.

La escritura en tres partes consecutivas a lo largo del tiempo por parte de Asimov provee a la obra de una presentación bien diversa, en la que puede incluso parecer al lector que está leyendo tres relatos diferentes, uno más científico, uno más fantástico y uno más social. Todos ellos están unidos por la Bomba de Electrones y por la relación entre los dos universos y permiten al autor desarrollar tres historias diferentes.

Así, pues, Asimov nos propone una aventura triple con la que trata temas importantes tanto para su época como para la nuestra. Como científico Asimov no podía ser indiferente a las graves consecuencias que el desarrollo tecnológico mal gestionado podía provocar en el planeta y con su novela posibilita al lector poner el foco en este asunto desde un punto de vista de posibles ganadores y posibles perdedores. Además, leído en este 2019 la novela sorprende por su alusión al nacionalismo e independentismo lunar, algo que sin duda puede hacer pensar al lector español en el proceso independentista catalán.

Asimov no es uno de mis autores preferidos de ciencia-ficción, pero he de reconocer que Los propios dioses es una novela muy bien construida, desarrollada y productiva y no es de extrañar que el autor estuviera muy orgulloso de ella, sobre todo del segundo capítulo, el cual consideró que había escrito por encima de sus posibilidades. Curiosa afirmación.

Título: Los propios dioses
Autor: Isaac Asimov
Editorial: Debolsillo
Colección: Best Seller
Publicación: 30 de octubre de 2019
Páginas: 344
Formato: Tapa blanda
Precio: 8,95€

NOTA CULTURALIA: 8
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Jorge Pisa

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Crítica literaria: El fin de la eternidad, Isaac Asimov.

El fin de la Eternidad Isaac Asimov.jpgReseñar un Asimov no es una tarea fácil, debido a la calidad “de género” del autor, a la cantidad abrumadora de sus obras y al éxito que llegó a alcanzar con ellas. En verdad parece que Asimov escribió, de una forma u otra, sobre casi todo y además normalmente lo hizo muy bien. Aún así intentaré llevar a buen puerto esta crítica, siendo consciente de lo arduo de la tarea y del paso del tiempo desde que la novela fue escrita. Y es que de eso trata El fin de la eternidad, del tiempo o del uso del fluir temporal en la sociedad del futuro. La novela la tenía en uno de los estantes de mi biblioteca desde que hace años unos amigos me la regalaron, sabiendo lo que me gustan las tramas temporales, en la fácilmente reconocible colección Biblioteca de Ciencia Ficción de tonos azulados y grises que editó Orbis allá por los años 80.

La novela, bien definida desde el principio por su mismo título, nos sitúa en una multirealidad sin tiempo. La humanidad ha alcanzado el nivel tecnológico necesario para viajar y actuar en el tiempo y para ello ha creado la Eternidad, una institución que permite no tan solo que las diferentes épocas se ayuden y comercien entre ellas, sino que desarrolla una actividad terapéutica temporal: lleva a cabo cambios temporales sobre las diversas realidades para evitar coyunturas negativas en ellas. De esta forma, conociendo los resultados de los cambios realizados sobre la realidad temporal, la Eternidad controla la evolución de la humanidad a lo largo de los milenios y corrige los sucesos más dañinos. Sin embargo los efectos de la interrelación entre los miembros de la Eternidad y la realidad humana puede provocar enormes daños. Prueba de ello lo tenemos en Andrew Harlan ejecutor de cambios temporales en la Eternidad que se enamorará de Noys, una ciudadana de la realidad, una relación que pondrá en peligro la propia existencia de la Eternidad y permitirá descubrir algunos de los secretos de la organización.

Esta es una de aquellas novelas en las que la acción comienza justo en la primera línea. Harlan, su protagonista principal, pone rápidamente en marcha la acción movido por sus propios intereses, que como pueden imaginar no son, ni mucho menos, los mismos que los de la Eternidad. Los propios actos del protagonista permiten, así, a Asimov, presentarnos un juego de multirealidades interrelacionadas que será el ingrediente estrella de su novela. Y no solo eso, sino que además le permite reflexionar sobre la relación que existiría entre causas y efectos en el caso en el que existiera una diversidad infinita de planos temporales conectados entre sí.

¿Cómo puede afectar a una realidad pasada los hechos que ocurren en la Eternidad atemporal? ¿Pueden existir periodos de la historia de la humanidad que estén en contra de la actividad temporal de la Eternidad? En una realidad temporal interconectada de este tipo ¿cuál sería la causa y cuál el efecto de las acciones que se llevan a cabo?

isaac-asimovAsimov nos muestra a través de su novela una multirealidad temporal que va descomponiéndose página a página y que ofrece al lector argumentos para la reflexión sobre el hombre y la humanidad. No solo seremos testigos de la corrupción temporal en la Eternidad, provocada por las propias pasiones humanas, sino que podremos reflexionar sobre el hecho de que una organización, léase corporación o multinacional, con unos intereses concretos y particulares, pueda actuar sobre una realidad humana cualquiera fruto de su propia evolución histórica. Y lo más interesante es la disquisición final sobre el espíritu humano que realiza el autor.

La humanidad evoluciona cuando se enfrenta a situaciones que le obligan a invertir ingentes recursos con el objetivo de superar esa coyuntura. ¿Si se eliminan quirúrgicamente esas situaciones problemáticas a las que debe de hacer frente la humanidad para crecer, para evolucionar, qué es lo que queda?, ¿Qué es la vida de cada uno de nosotros sino un continuo esfuerzo para superar cada uno de los problemas con los que individualmente nos enfrentamos, y que nos hacen ser tal como somos? Un tema de reflexión interesante en una época, la actual, en la que se invierte una gran cantidad de recursos para evitar a los ciudadanos (de Occidente, claro está) cualquier tipo de inconveniente que les pueda suponer una molestia, debilitando, de esta forma, la capacidad de reflexión y respuesta de los individuos ante situaciones dañinas y quebrantando el espíritu de superación que todos deberíamos poseer. Y eso que solo estamos a principios del siglo XXI. Como ven una propuesta que hace lo que hace la buena ciencia-ficción, especular sobre la propia esencia humana y en este caso en el ámbito de lo temporal.

Pero no se piensen que El fin de la eternidad es, por tanto, una novela aburrida o densa. Todo lo contrario. Es una historia en la que la acción y las consecuencias temporales de ella están muy presentes, como también lo está la multidimensión temporal y sus consecuencias en la misma estructura de la trama.

No afirmo nada nuevo al decir que El fin de la Eternidad posee parte de la genialidad que Asimov confiaba a cada una de sus novelas. Con el estilo y la elegancia formal propia del autor norteamericano que nos muestra no tan solo una formulación argumental solida y una gran creatividad y originalidad, sino también un trazo literario perfilado y consistente, propio de un autor que no solo creó un enorme caudal de obras sino que también consiguió un gran éxito crítico y comercial con ellas.

Y como gran clásico de la novela contemporánea de ciencia-ficción y referente literario de varias generaciones, es acostumbrado hallar continuas reediciones de sus obras. Este es el caso de la edición de Debolsillo de 2004 o la más reciente de La Factoría de ideas de 2007, un recordatorio del interés que mantienen aún las obras de Asimov entre las editoriales y los lectores.

Título: El fin de la eternidad
Autor: Isaac Asimov
Editoriales:

Debolsillo
    Páginas: 288
    Precio: 8,95 €
    Formato: Bolsillo

La Factoría de ideas
Páginas: 320
Precio: 19,95 €
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Jorge Pisa