Hablar, o escribir, de Gabriel García Márquez es siempre una gran ocasión. Su obra representa un hito en la historia de la literatura en castellano. Por eso el estreno de la adaptación teatral de una de sus obras, en este caso de la novela corta El coronel no tiene quien le escriba, publicada en el año 1961, es una dicha, sobre todo si tenemos en cuenta que el texto era una de las piezas literarias más queridas por el autor.
El coronel no tiene quien le escriba nos sitúa en Colombia en los años 50. Un coronel jubilado (Imanol Arias) y su esposa (Ana Villa) malviven a la espera, desde hace quince años, de que el gobierno apruebe la pensión debida a él como veterano de guerra. Pero la carta con la confirmación no acaba de llegar nunca, por lo que la situación económica y social de la pareja ha ido empeorando. Ambos cuidan del gallo de pelea que fue propiedad de su hijo, que murió hace años. A medida que se agrave la situación económica, el coronel y su mujer tendrán que decidir cuáles son sus prioridades, seguir alimentando al gallo hasta que llegue la temporada de peleas o venderlo para no morir de hambre.
La obra nos sitúa en un contexto de trágica penuria en el que el coronel y su mujer verán palidecer poco a poco sus condiciones de vida. De ahí que el director, Carlos Saura, haya optado por una adaptación minimalista, en la que una decoración digitalizada y un poco de atrezo dan forma a todos los espacios en los que se desarrolla la acción. Saura prosigue, de esta forma, en su voluntad de adaptar grandes obras literarias iberoamericanas, lo que le llevó a dirigir con acierto La fiesta de Chivo, obra escrita por Mario Vargas Llosa e interpretada sobre los escenarios por Juan Echanove y que sigue dando admirables resultados con El coronel no tiene quien le escriba.
El tono de la dirección es, además, sobrio, permitiendo al personaje principal, interpretado por Imanol Arias, adueñarse del protagonismo de la pieza con una interpretación intensa y solvente en la que da vida al coronel desahuciado y maltratado por el olvido y la escasez, pero que mantiene intacta su dignidad como persona. Y de eso se trata, de la dignidad de los derrotados, aquel rescoldo que queda intacto de una persona cuando ha sido vencida, de una forma u otra, por la vida. Arias acierta, pues, en la caracterización del personaje, con la ayuda de un reparto que está a la altura de las circunstancias escénicas y que incluye a la mujer del coronel, interpretada por Ana Villa en la sesión a la que asistimos nosotros, el médico de la localidad, al que da vida Fran Calvo y Don Sabas, el potentado de la localidad, encarnado por Jorge Basanta y que simboliza los valores opuestos a los que defiende el coronel.
De esta forma El coronel no tiene quien le escriba nos permite gozar de una de las obras de referencia de García Márquez, adaptado de forma muy convincente al teatro y que nos hace reflexionar sobre la vida, ya sea sobre los recuerdos, sobre la pérdida de un hijo o sobre la defensa de la dignidad y de los principios que nos llevan a todas y a todos a avanzar en la vida, perfilando nuestro propio camino con todas y cada una de sus consecuencias.
“El coronel no tiene quien le escriba” se representa en el Teatre Poliorama de 5 al 30 de mayo de 2021.
Dirección: Carlos Saura
Reparto: Imanol Arias, Ana Villa, Cristina de Inza, Jorge Basanta, Fran Calvo y Marta Molina
Adaptación: Natalio Grueso
Diseño de escenografía: Carlos Saura
Diseño de iluminación: Paco Belda y Mario Martínez
Diseño de sonido: Enrique Mingo
Vestuario: Carlos Saura
Duración: 90 minutos
Idioma: castellano
NOTA CULTURALIA: 8,5
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Jorge Pisa