“Orgia” de The Mamzelles: Voto de castidad obligado

Tres eran tres las hijas del Rey. Y las tres deberían hacerle los honores.
¡Venga, pues! Pizpiretas cuando están juntas, The Mamzelles tienen su encanto y lo exhiben en cuanto se les presenta la ocasión. Juntas, se complementan como pocas. Su condición de “starlettes” se afianza paso a paso y nos las impone como una rara avis en el panorama del music hall catalán.

Y por separado hasta tienen entidad propia: Bàrbara Mestanza, animosa y procaz, enloquece en la pista de baile. Paula Màlia, falsa mosquita muerta (como todas, no es ninguna novedad), aventaja en el ritmo del diálogo. Y Paula Ribó, frágil y versátil, vuela cuando entona con su registro lírico.

“The Mamzelles” andan metidas estos días en un fregado que no habrá forma de que quede reluciente. La “orgía” que se montan es un disparate descomunal que, avergonzado de los tintes que va adquiriendo conforme avanza la ¿acción?, se repliega más y más en sí mismo para acabar siendo un producto inane del que difícilmente poder escapar con vida.

El texto de Àlex Mañas apunta ideas oportunas en algunos casos: La cosificación del individuo para llegar a ser “valorado” por los demás; la dependencia emocional consecuente. Y chispea cuando insiste en temas más bien oportunistas: El enfrentamiento a bocajarro de las dos tendencias más extendidas hoy en día en este supermercado de la autoayuda en que nos vendemos al charlatán más desprejuiciado. ¿Dejamos fluir la vida y nosotros nos hundimos en su flujo o bien nos multidirigimos hacia nuestros inalcanzables objetivos de felicidad de pacotilla?.

Pero la dramaturgia ni encuentra su tono (lo que empieza como una comedia de “buen rollo” de “friendgirls for life” intenta acabar como un rosario en el que la “aurora” de marras resulta que había quedado ya) ni transmite la menor sensualidad o morbo (a pesar de los desnudos tan generosos como gratuitos de sus protagonistas). Tampoco el estilo musical elegido para vehicular la historia resulta convincente: El ritmo electropop se lleva a matar con esas letras de “Al salir de clase” a la catalana.

¿Y qué pasó con las princesas? Pues que estuvieron exultantes cuando las dejaron recurrir a su ingenua picardía, sobre todo cantando, e imposibles tomándose en serio este experimento fallido.

por Juan Marea

O 1

Mamzelles descolocadas

“Orgia” se representa en el ciclo “Aixopluc” del Teatre Lliure de Barcelona hasta el domingo 29 de septiembre
http://www.teatrelliure.com/ca/noticies/primer-aixopluc-mamzelles-teatre

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“Els músics del silenci“ de la Compañía Mummenschanz: El patio de mi casa es universal.

¿Cómo se explica un patio de butacas lleno de niños después del crepúsculo?
¿Quién entiende que a los pocos instantes de iluminarse el escenario la platea estalle en carcajadas sin que los actores hayan dicho ni una palabra?
Intentaremos averiguarlo.

El impacto visual de este espectáculo es tal que le bastará desplegarse en una retahíla de “sketchs” por los que se paseen los personajes más disparatados sin venir al caso.
Pero no, no es así exactamente.

El caso es que los suizos Mummenschanz convocan con generosidad en el escenario del Barts de Barcelona un grupo de criaturas escénicas encantadoras: Manos gigantescas que descorren con encantadora desenvoltura el telón para disparar poco después al público hechizado. Tubos interminables que se contraen y dilatan ante las adversidades del trayecto. Seres enmascarados de facciones infinitamente cambiantes en un duelo gestual sin piedad. Un juego constante de figuras y formas que se cruzan, se oponen y felizmente se combinan para celebrar sin rubor alguno los cuarenta años de la Compañía.

Este universo delirante nos resulta muy fácil de transitar por su cercana poética. La belleza del espectáculo emana de una equilibrada plasmación de emociones a partir del recurso al color, la geometría espectacular de los personajes y su movimiento en escena en un constante impulso acrobático.

Dichos “músicos silentes” no son tímidos en absoluto. Más bien sabios a la hora de probar cómo el lenguaje universal de signos y símbolos abre en canal la comunicación. Y que multitud de consignas pueden ser entonces invocadas.
¿Y qué pasa con el fondo? Pues que se desdibuja tras el desfile constante de escenas. Ello lastra parcialmente el valor sugestivo de esta propuesta, obcecada en demostrar una y otra vez el “más difícil todavía”.

Lo que ya hemos averiguado unos párrafos más arriba ahora debemos constatar: El espectador, embelesado, se siente mimado. Sin apenas azote a su conciencia, la ternura y el humor inmaculado le sumen en un agradecido recreo.

Por Juan Marea

M 1

Si somos flexibles, podremos jugar.

“Els músics del silenci” se representa en el Barts de Barcelona hasta el domingo 29 de septiembre.
http://www.barts.cat/
http://www.mummenschanz.com/