Crítica cinematográfica: Happythankyoumoreplease, de Josh Radnor.


Un escritor falto de inspiración. Un grupo de amigos sin seguridad en sí mismos. Una pareja desorientada y con ideas opuestas sobre su futuro en común. La dificultad de encontrar el amor en la sociedad moderna. Y, por supuesto, Nueva York. Con estas premisas bien podría tratarse de la última película de Woody Allen, pero no (aunque su influencia se respira a lo largo de todo el film): éstos son los principales ingredientes de Happythankyoumoreplease, el debut en la dirección de Josh Radnor, protagonista de una de las series más divertidas y de mayor éxito de los últimos años, Cómo conocí a vuestra madre.

Tras una movida noche, Sam se despierta de resaca y con el tiempo justo para acudir a una reunión clave en su futuro como escritor. De camino hacia la editorial encuentra un niño extraviado en el metro, y, sin saber qué hacer, se lo lleva con él. En su día a día, Sam ocupa sus horas en esperar a que llegue la inspiración ante el ordenador y en atender a sus amistades, entre las que se encuentran Annie, una joven con una extraña enfermedad que le ha hecho perder todo el pelo, algo que le acompleja hasta creer que nadie puede enamorarse de ella, y Mary Catherine, una joven que deberá decidir si seguir adelante o no con su relación con Charlie. Finalmente, la aparición de Mississippi, una joven camarera aspirante a cantante, hará que Sam se replantee cómo afrontar, en adelante, sus relaciones sentimentales.

Happythankyoumoreplease es un espléndido relato que funciona como retrato generacional de aquéllos (o buena parte de aquéllos) que rondan la treintena y viven en grandes ciudades, una generación que se muestra insegura, desorientada, con dificultad para encontrar su lugar en el mundo, alérgica al compromiso y angustiada por las responsabilidades que suponen ser adulto. Además, podría pasar por una de tantas comedias románticas, aunque es mucho más que eso: cierto es que el amor y sus consecuencias son los auténticos protagonistas de la historia, pero Radnor propone también una magnífica historia de sentimientos, ya sean los sentimientos que llevan al protagonista a hacerse cargo de un niño con problemas familiares, o la estrecha relación que mantienen Annie y el mismo Sam, una preciosa historia de confianza mutua entre ambos que desmiente a los que no creen posible una simple amistad entre un hombre y una mujer. Paralelamente, y a pesar de desprender cierta tristeza y melancolía, la película se revela como un canto al optimismo y a encarar la vida con una actitud positiva, a pesar de los problemas que nos atormentan a diario.

En una historia de personajes desorientados como ésta, la ciudad de Nueva York (aunque bien podría ser cualquier otra gran ciudad) ejerce una función imprescindible, convirtiéndose en una de las principales protagonistas de esta película, una Nueva York algo diferente a la que estamos acostumbrados a ver en el cine: aquí no hay solemnes atardeceres que muestren su conocidísimo skyline, ni imágenes que demuestren que estamos en la ciudad que nunca duerme, no; la película retrata una ciudad luminosa, sí, pero diurna, quizás para dar consistencia a ese mensaje optimista que el film ofrece. Asimismo, el relato sirve para posicionar al espectador en la rivalidad entre grandes ciudades, en esta ocasión entre Nueva York y Los Ángeles: la primera, moderna, bohemia, ideal para mantener una excelente actividad cultural, mientras que la segunda se muestra impersonal y en la que cualquier movimiento debe realizarse motorizado.


Josh Radnor es director, guionista y el antihéroe protagonista de este film de espíritu indie que viene avalado por el Premio del Público del Festival Internacional de Cine de Sundance en 2010. Sin duda es él quien sostiene el peso de la película, a pesar de tratarse de una historia coral. El resto del reparto lo forman nombres poco conocidos, entre los que destacan Malin Akerman como la optimista Annie, Kate Mara como la hermosa camarera que fascina al joven escritor y, sobre todo, el pequeño Michael Algieri, todo un descubrimiento como el niño extraviado, Rasheen.

Así, ésta es una historia imprescindible para todo aquél alérgico a las edulcoradas comedias románticas convencionales, que conmueve con facilidad al espectador, y que debe su peculiar título a la expresión que repite, a modo de mantra, una de sus optimistas protagonistas, quien cree que en todo momento hay que agradecerle al karma (o a quien sea) todo lo bueno que a uno le pasa y pedirle todavía más, por favor: Happythankyoumoreplease.

Título: Happythankyoumoreplease
Director: Josh Radnor
Intérpretes: Josh Radnor, Malin Ackerman, Kate Mara, Catherine Zoe Kazan, Pablo Schreiber, Tony Hale, Michael Algieri y Richard Jenkins
Guión: Josh Radnor
Fotografía: Seamus Tierney
Montaje: Michael R. Miller
Productores: Jesse Hara, Austin Stark, Chris Papavasiliou y Benji Kohn
Productores Ejecutivos: Bingo Gubelmann, Peter Sterling y Glenn Williamson
Productor Asociado: Brian Schornak
Diseño de producción: Jade Healy
Dirección de Arte: Chris Trujillo
Vestuario: Sarah Beer
Supervisión musical: Andy Gowen
Música original: Jaymay
País de producción: Estados Unidos
Género: Comedia romántica
Año de producción: 2010
Duración: 100 minutos
———————————————————————-

Escrito por: Robert Martínez Colomé