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Crítica teatral: La luz más oscura, en el Club Capitol

la-luz-mas-oscura_portadaEl terror en el teatro es un género difícil y poco explorado. Crear una atmósfera terrorífica y sumergirse en ella es algo complicado que requiere mucho esfuerzo, medios, potentes interpretaciones y, sobre todo, que el espectador se deje sugestionar. La luz más oscura se queda a medio camino, aunque pone su empeño en conseguirlo nada más el público entra en la sala.

Sergi Vizcaíno escribe y dirige esta obra. En su haber cuenta con la dirección de diferentes capítulos de series televisivas y no es ajeno al terror, pues, entre otras incursiones al género, dirigió la película Xp3D. Con La luz más oscura, Vizcaíno nos lleva a ciertos lugares y situaciones muy comunes en el cine de terror.

Nos pondrá en situación Angie Savall como maestra de ceremonias, con un discurso terrorífico inicial. La acción comienza en un viejo teatro maldito. Dos jóvenes realizan una invocación a los espíritus allí residentes a través de una tabla ouija. Y evidentemente hay presencias y muchas. Es original la forma en que se lleva a cabo toda esta escena, una de las más divertidas, terroríficas y naturales de la función. Ariadna Gaya y Sergi Cervera bordan los típicos roles en una situación de este tipo. Ficción y espectadores se funden bien, aunque las reacciones del público, al ser inesperadas, rompen a veces la magia que se quiere crear. Los sustos y las risas nerviosas a destiempo, distraen y te sacan de la acción.

la-luz-mas-oscuraA partir de aquí la representación prosigue con lugares e historias ya mil veces exploradas: las posesiones, las sectas y por encima de todos la figura de Satán. Julia Molins sorprende con una escena bastante dramática y poética bien llevada a cabo. El abrazo de Satán tiene todo el sabor de aquellas ilustraciones ochenteras de revistas como Creepy o Zona 84 y tiene fuerza visual. Podéis olvidaros de la dulce, o no, Ona Pala de la serie Cites de TV3, con un personaje con todos los ingredientes y culebrillas de una buena posesión.

Thais Curiá y Jordi Cadellans nos llevan al tercer escenario. Una algo larga escena de cama, con situaciones muy bien resueltas e impactantes, en que juegan con los momentos de calma y los más digamos “movidos” de una historia al estilo de Paranormal Activity. Finalmente las diversas historias se entrelazarán, con la voluntad de cerrar el relato escénico.

La obra posee buenos juegos de luces, escenarios sencillos de género y un uso, a veces algo iterativo de la música y de los efectos sonoros, pero sientes que le falta algo más. Tal vez sea el relato dramático compuesto por diversos territorios muy trillados que solo podrá satisfacer plenamente al espectador ajeno al cine de terror.

La luz más oscura” se representa en el Club Capitol hasta el 30 de octubre de 2016.

Autor: Sergi Vizcaíno
Direcció: Sergi Vizcaíno
Reparto: Julia Molins, Thais Curiá, Jordi Cadellans, Ariadna Gaya, Sergi Cervera y Angie Savall
Producción: ALG Management

Horarios y sesiones: Web Grup Balaña
Idioma: castellano
Duración: 75 min
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Taradete

Crítica cinematográfica: The possession, el origen del mal, de Ole Bornedal.


El próximo viernes 7 de septiembre llega a las carteleras españolas The possession, el origen del mal, un film de terror que nos narra, como su título indica, una posesión maléfica “basada en una historia real”. Una película producida por Sam Raimi, dirigida por Ole Bornedal e interpretada por Jeffrey Dean Morgan, Kyra Sedgwick y Natasha Calis.

The possession nos acerca, de esta forma, a los peligros que comporta mezclarse, aunque sea de forma accidental, en los asuntos de ultratumba. Todo comienza y está ligado a una antigua caja, comprada en un mercadillo de segunda mano por Emily (Natasha Calis), la hija menor de la familia Brenek. El cofre, con un misterioso sistema de apertura y una enigmática inscripción hebrea, comenzará a ejercer un poderoso influjo sobre Em, cuyo carácter y comportamiento se irán envileciendo y volviéndose más violento. Una contrariedad que se suma a la difícil situación de divorcio que vive la familia, causada por las continuas ausencias laborales de Clyde (Jeffrey Dean Morgan) y las carencias afectivas que resultan de todo ello.

Las cosas se complicarán al sospechar Clyde que su hija puede estar poseída por un espíritu maligno, un dibbuk, que se está apropiando del cuerpo y de la voluntad de Em y que hará todo lo posible para conseguir aquello que no tiene, la vida. La familia Brenek luchará para liberar a su hija de las maléficas garras del espíritu maléfico enfrentándose a él con la ayuda de un joven rabino (Matisyahu, Matthew Paul Miller) y la mayor arma que tienen a su disposición, el amor que aún la mantienen unida.

The possession, el origen del mal, se desarrolla por las vías habituales de las películas del género que siguen la estela del gran éxito que supuso El exorcista en el año 1973. Algo que no hace desmerecer a la película, ya que el film de William Friedkin marcó, de una forma u otra, las líneas de desarrollo de la mayoría de películas que tratan la temática de la posesión/exorcismo.

Tras la presentación de la familia, y de los problemas que padece, provocados en gran parte por el absorbente trabajo de Clyde como entrenador de baloncesto y la poca presencia familiar que su dedicación le permite, hace la aparición la “fuente” de los problemas a los que se enfrentarán los Brenek, la caja ritual de origen hebreo donde está prisionero el espíritu maligno que aterrará a la familia.

El film de Bornedal alterna, de esta forma, las escenas más intimistas y familiares, como las que nos muestran los fines de semana compartidos por Clyde con sus dos hijas o los conflictos que suponen la nueva relación de Katherine (Kyra Sedgwick) con Brett (Grant Show, en un papel muy muy secundario), su nueva pareja. A estas se suman las escenas propiamente de terror en las que seremos testigos de la evolución “a peor” de Emily. Vale la pena indicar que las escenas de terror en The possession tienden a ser más “realistas” que en otras películas del estilo. Y entiéndaseme cuando digo más realistas: no veremos demasiados efectos especiales “terroríficos” sino que las escenas se centrarán más en la violencia que genera la posesión. Olvídense, pues, de niñas escupiendo un vómito verde, bajando las escaleras de formas poco anatómica, o levitaciones místicas. En este aspecto el film es más cotidiano.

Otro de los elementos que le hace salir al film, aunque solo sea un poco, de la plantilla habitual del género es su trasfondo judaico, que releva al habitual cristiano que tienen la mayor parte de estos films. De esta forma el sacerdote católico al estilo padre Carras es substituido por un joven rabino judío, no del todo ortodoxo, que se dispone a ayudar a la familia.

Por lo que respecta a las interpretaciones, todas son correctas. La única que destaca sobre las demás es la de Natasha Calis como la niña poseída, que consigue dar a su papel el toque inocente y maligno que la posesión requiere. Es curioso ver como el uso del maquillaje, del tinte de la fotografía, de una mirada como la de la escena del columpio y de una ligera ráfaga de viento, pueden dar a la muchacha un carácter tan siniestro. Algo que se agradece, ya que son pocas las películas de “terror con niño” que superan las dificultades de trabajar con menores. Digno de destacar es, también, por lo insólito de su papel, la interpretación de Matisyahu como el joven rabino que asistirá a la familia en su duelo contra el mal. Un papel que adapta, en parte, su singular opción artística como cantante reggae-jasídico en la vida real.

En lo que Possession, el origen del mal no es demasiado original es en el trasfondo familiar que nos propone. Este sí que parece que es un cliché difícilmente superable para las películas de cuño norte-americano, donde, al parecer, la unión, el amor familiar y los continuos problemas que una “buena familia americana” (y cristiana) han de vencer son como un mantra machacón que muchas cintas de terror no se pueden quitar de encima. Un leitmotiv que la mayoría de las veces repercute en el ritmo de la película en cuestión, sobre todo porqué prefigura, en muchos casos, el final de la historia.

Vale la pena indicar que aún siendo una producción Raimi, el film posee un toque más actual que el ochentero de su última producción Arrástrame al infierno (2009). Por lo que respecta a su director, Ole Bornedal, se le reconoce una amplia experiencia en los géneros del thriller y el terror con títulos como El vigilante nocturno (1994), La sustituta (2007) o Deliver us of evil (2009).

Aún así, The possession, el origen del mal, es una buena oportunidad para aquellos a los que les guste pasar miedo en la butaca (avisados están de que es un miedo más realista) y disfruten con los estrenos del género de terror. Y por si el tema de las taquillas les interesa o les influye a la hora de ir a ver una película al cine, que sepan que el fin de semana pasado The possession fue número uno en el Box Office estadounidense, recaudando la friolera de 17.700.000 dólares (la película tuvo un coste de 14.000.000 de dólares), lo que parece asegurar una segunda parte, algo de lo que ya ha hablado el bueno de Raimi.

Título: The Possession (El Origen del Mal)
Dirección: Ole Bornedal
Reparto: Jeffrey Dean Morgan, Kyra Sedgwick, Madison Davenport, Natasha Calis, Grant Show y Matisyahu.
Guión: Juliet Snowden y Stiles White
Productores: Sam Raimi, Robert Tapert y J. R. Young
Director de fotografía: Dan Laustsen, D. F. F.
Diseño de vestuario: Carla Hetland
Música: Anton Sanko
Género: Terror
Nacionalidad: USA
Fecha de Estreno: 7 de Septiembre de 2012

Escrito por Jorge Pisa Sánchez