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Crítica cinematográfica: Si fuera fácil, de Judd Apatow

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Judd Apatow debutaba como director cinematográfico en 2005 con Virgen a los 40, una comedia cuyo protagonista permanecía anclado en una eterna adolescencia, incapaz de asimilar su inevitable entrada en el mundo adulto; con esta película, Apatow daba el primer paso en su trayectoria para ser considerado el auténtico “renovador de la comedia americana”, apelativo que se ha ido granjeando con sus siguientes films y sus múltiples colaboraciones como guionista y productor en diversos proyectos. Ahora llega a nuestras pantallas su cuarto largometraje, Si fuera fácil, en el que retoma a dos personajes secundarios que aparecían en Lío embarazoso (2007) para protagonizar esta historia sobre pequeños conflictos cotidianos en una familia norteamericana tipo, justo cuando marido y mujer se encuentran a un paso de la temida crisis de los cuarenta.

El conflicto aparece ya en los primeros instantes de la película: es el cumpleaños de su esposa, y Pete aguarda junto a sus hijas para entregarle el imprescindible pastel, pero al que ha escatimado un par de velas porque Debbie se niega a admitir la evidencia, que esos cuarenta años no se podrán ignorar así como así. De esta manera arranca Si fuera fácil –un título que quizás produce más bien rechazo, ¿por qué no conservar el original, This is 40, mucho más acertado?–, con Debbie y Pete –sí, él también alcanzará esa cifra en esa misma semana– totalmente desorientados ante la difícil misión de asumir su nueva situación como cuarentones y todo lo que ello representa –replantearse su relación de pareja, tanto sentimental como sexualmente, dejar a un lado los sueños que ya no cumplirán, practicar deporte para aferrarse a la juventud que se escapa, modificar los hábitos alimenticios de toda la familia, enfrentarse a los problemas económicos y laborales,…–, al mismo tiempo que deben lidiar con una hija adolescente –Sadie, enganchada sin remedio a Perdidos– y con la pequeña de la familia –Charlotte–, quien aporta el necesario sentido común desde su mirada infantil e inocente. Y todo ello sin olvidar a sus padres, dos figuras ausentes en sus vidas e incapaces de demostrar sus verdaderos sentimientos hacia ellos –el padre de él, Larry, es una sanguijuela con problemas económicos; el padre de ella, Oliver, es un extraño incluso para su propia hija–.

La -aparentemente- idílica familia de 'Si fuera fácil'
La -aparentemente- idílica familia de ‘Si fuera fácil’

No hay duda que Judd Apatow acierta en su modo de afrontar la confección de la película: una vez más se ha rodeado de amigos para el rodaje –tanto Paul Rudd como Jason Segel son dos de sus cómplices habituales–, pero en esta ocasión el ambiente era más familiar que nunca, con su esposa y sus hijas como protagonistas –Leslie Mann, Maude y Iris Apatow–; así es más fácil trabajar porque todo fluye con naturalidad, y el resultado es una deliciosa comedia generacional con cierto regusto amargo sobre el paso del tiempo y la ineludible necesidad de aceptar la realidad, por muy cruda que sea esta, una película con el sello habitual de Apatow que ejemplifica su forma de entender la vida, realizada con su inconfundible sentido del humor, siempre eficaz y con el que arranca carcajadas a partir de diálogos ingeniosos, malentendidos grotescos y situaciones absurdas (no se pierdan la reunión del matrimonio con la directora del instituto y la madre de un chaval, puro despropósito), a la vez que refleja la contradicción existente en la sociedad del siglo XXI, en la cual vivimos rodeados de aparatos tecnológicos que nos facilitan conversar con cualquiera, por lejos que se encuentre, mientras somos incapaces de comunicarnos con nuestros seres más cercanos.

Título: Si fuera fácil
Director: Judd Apatow
Intérpretes: Paul Rudd, Leslie Mann, Maude Apatow, Iris Apatow, Lena Dunham, Jason Segel, Megan Fox, Chris O’Dowd, Melissa McCarthy, Charlyne Yi, John Lithgow, Albert Brooks, Ryan Lee, Annie Mumolo, Wyatt Russell
Guión: Judd Apatow
Año: 2012
Duración: 134 minutos

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica literaria: Dexter. Ética y estética de un asesino en serie, editorial Laertes.


«Me llamo Dexter. Dexter Morgan. No sé lo que me hizo ser como soy, pero lo que fuera, me dejó un gran vacío dentro».

Vaya, de antemano, mi prudencia ante ensayos dedicados a series de TV que todavía no han finalizado. El pretender hacer análisis de un producto que sigue en plena producción (en el caso que nos ocupa, parece que con intención de que dure más de lo previsto cuando se preparaba el libro) y, en especial, tratándose de un protagonista tan complejo como Dexter Morgan, que todavía, en su desarrollo, puede dar más de una sorpresa, no sólo deja el volumen inconcluso, sino que podría llegar a contradecir muchas de las ideas que se vierten en los diferentes textos que lo componen. Quedan advertidos los lectores: el libro abarca hasta el final de la cuarta temporada y, por lo que se intuye, parece que fue el asombroso cliffhanger con el que finaliza lo que motivó la urgencia en elaborar el estudio. Sólo así se explica la reiterada y entusiasta (hasta la extenuación) mención a ese final en casi todos los textos recogidos en él.

Por si quedara alguien que no conoce la serie, recordemos que se trata de una adaptación (directa, al menos en su primera temporada) de las novelas firmadas por Jeff Lindsay y protagonizadas por Dexter Morgan, analista de sangre en el Departamento de Homicidios de la Policía Metropolitana de Miami, quien mantiene una doble vida: durante la noche ejerce como asesino en serie, liquidando de manera ritual a los criminales que han quedado impunes. En definitiva, un justiciero con trastornos psicopatológicos. La serie televisiva se ha convertido en uno de los grandes éxitos de los últimos años y ha generado un intenso debate por la afinidad que los espectadores pueden llegar a sentir por el protagonista.

El libro editado por Patricia Trapero Llobera, en el que intervienen expertos en Comunicación, Psicología, Bellas Artes, Historia del Arte…, vendría a ser una adaptación para los lectores españoles del volumen “Dexter”: Investigating Cutting Edge Television (citado en la bibliografía), en el que Douglas L. Howard recogía las tesis de varios especialistas. Si en aquél caso eran dieciséis los capítulos, en el publicado por Laertes nos encontramos con diez escritos en los que se abordan diferentes aspectos de la serie, así como se fundamentan otros matices como la interpretación, el retrato-tipo femenino, el entorno geográfico y social, etc.

En el prólogo de José-Igor Prieto Arranz se resume eficazmente lo que vamos a encontrar a posteriori. Aborda en él todas las caras del poliedro que permite tener una visión global del contenido y el continente de la serie. Y, en efecto, se cubren las principales cuestiones que pueden dar sentido a un trabajo ambicioso elaborado como reflejo de lo que representa la ficción televisiva actual. Desde los diferentes caminos que ha seguido la saga literaria respecto a la audiovisual; la repercusión nacional (a través del canal de cable Showtime) e internacional; la controversia que produce el considerar como héroe a un brutal asesino; la influencia de internet; el bilingüismo del producto y su dificil adaptación en la versión doblada; las características de los psicópatas rivales de Dexter… Pero, de entre todos los trabajos incluidos, me han gustado tres que marcan la diferencia.

El primero, dedicado al trabajo actoral y a la manera en que se debe interpretar a un psicópata. Curiosamente, Martín B. Fons Sastre, su autor, no estudia el personaje tan magníficamente interpretado por Michael C. Hall. Se detiene, al contrario, en John Lithgow, quien borda el de Arthur Mitchell/Trinity. Fons Sastre dignifica el trabajo del actor, analizando con detalle el duro desempeño que se debe realizar para personificar con detalle y sin caer en el estereotipo (si es que un psicópata puede enmarcarse en alguno) a alguien tan complejo.

También es interesante el estudio científico desarrollado por Jaume Rosselló Mir y Xavier Revert Vidal en el que clarifican los cuadros clínicos de las diferentes tipologías de psicópatas, algo que va más allá de la ficción y que apoya la veracidad del estudio pormenorizado que, seguro, han realizado los creadores de la serie. Esta pequeña guía, basada principalmente en los trabajos del célebre doctor Hervey Cleckley, resume muchos años de investigación sobre tan peliagudo asunto.

Jordi Pallarés Olivé nos deja, por último, una acertada visión de Dexter Morgan desde el punto de vista del superhéroe, faceta que queda remarcada en la segunda temporada con el personaje de The Dark Defender, pero que no ha sido explotada en la producción, aunque los espectadores puedan ver al forense como a un héroe justiciero.

Sin embargo, y ahora vienen los “peros”, en su conjunto se detecta una continua repetición de ideas y de referencias que cansa al lector. Es correcto explicar las bases argumentales de la serie, pero hacerlo en casi la totalidad de la obra, una y otra vez, cuando se complementa con una guía de episodios, llega a molestar. Quizás un poco más de coordinación para que cada autor se limitara a lo concreto de su tema no produciría ese “frenazo” en la lectura, releyendo lo que otros ya han expuesto. Lo mismo sucede con el mencionado cliffhanger de la cuarta temporada, citado hasta la saciedad, que hace pensar en ese “entusiasmo” que sintieron los espectadores al verse sorprendidos de manera tan espeluznante, y que pudo desembocar en el proyecto del libro. Si añadimos las insuficiencias de la corrección ortotipográfica, cada día más descuidada en las ediciones españolas (¿ni siquiera se utiliza el corrector de word?) y errores como los localizados en el texto de Anna Tous Rovirosa, en los que ubica a personajes o sucesos en una temporada diferente a la correcta para luego contradecirse, concluiremos que un estudio que se pretende de referencia debió pulirse al detalle. Sin olvidar, por supuesto, lo comentado más arriba: Se está analizando un producto cuya producción y desarrollo sigue en marcha, dando la impresión de que el libro, a su vez, está inacabado.

Título: Dexter. Ética y estética de un asesino en serie
Autores: Patricia Trapero Llobera (ed.) y VV.AA.
Editorial: Laertes
Materia: Comunicación audiovisual
Páginas: 302
Formato: 23 x 16
Edición: Noviembre 2010
Precio: 19,50 €
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Escrito por: José A. Muñoz