Crítica cinematográfica: Extinction, de Miguel Ángel Vivas

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La fascinación por el género zombi parece no tener fin, y buen ejemplo de ello es la nueva propuesta de Miguel Ángel Vivas, quien tras aterrarnos con su anterior película, Secuestrados, regresa a nuestras pantallas con Extinction, un film en el que los protagonistas se enfrentarán a unos individuos sedientos de sangre. Sin embargo, que nadie espere aquí una historia de terror convencional con la que quedarse aferrado a la butaca; sí, es cierto, hay algún que otro susto –cómo no–, pero Vivas se muestra más interesado en relatar el día a día de los tres personajes principales –¿acaso los únicos en el planeta?– en ese escenario post-apocalíptico, un lugar permanentemente nevado en el que deberán encontrar la forma de mantenerse con vida ignorándose unos a otros por culpa de un conflicto que les distanció en el pasado, una trama que poco tiene que ver con la esperada solidaridad entre supervivientes que tantas veces hemos visto ya.

Extinction adapta la novela de Juan de Dios Garduño Y pese a todo (editorial Dolmen), un relato que cosechó muy buenas críticas cuando fue publicada en 2010. Decidido a transformar ese excelente material al lenguaje cinematográfico, Vivas contó con la ayuda inestimable de Alberto Marini, y de esta sociedad surge esta historia montada alrededor de Patrick, Jack y la pequeña Lu, tres personajes que, tras superar la primera infección, sucedida nueve años atrás, intentan seguir con sus vidas en Harmony, un pueblo aislado en el que tan solo se encuentran ellos. Sus días transcurren entre la incertidumbre por saber si hay algún otro humano en su misma situación y la lucha por conseguir alimentos, una existencia apacible truncada por el regreso de esas diabólicas criaturas; en ese momento, Patrick y Jack deberán dejar atrás sus diferencias para unir fuerzas contra el enemigo común, una empresa que se presenta de lo más complicada por el orgullo de ambos.

Así, Extinction ofrece un notable ejercicio de drama post-apocalíptico con toques de terror clásico, un film con una trama sólida que se desenvuelve con inteligencia a lo largo de sus casi dos horas. Sin duda los fans más puristas del género echarán de menos mayor protagonismo de esos zombis ciegos que aterran a los personajes principales, pero Miguel Ángel Vivas apuesta por centrarse en el conflicto entre Patrick (Matthew Fox) y Jack (Jeffrey Donovan), un intenso duelo de miradas y enfrentamientos con Lu (magnífica Quinn McColgan) como única espectadora. El gran acierto de la película lo encontramos en la forma en la que Vivas nos descubre la verdad de lo sucedido entre ellos y la madre de la niña, breves flashbacks que desmenuzan poco a poco su historia, un rompecabezas que aclaran los primeros sucesos del metraje.

Además, el director sevillano convierte con buen tino ese paisaje solitario e inerte en el que todo es nieve –rodado entre Budapest y Vielha– en un protagonista más de la historia, y demuestra su buen pulso narrativo en el tramo final de la película, con la cámara desplazándose con desenvoltura entre los tres ambientes de la casa: el primer piso, la planta baja y el sótano, escenarios de la lucha de cada personaje con esos seres diabólicos.

Título: Extinction
Director: Miguel Ángel Vivas
Intérpretes: Matthew Fox, Jeffrey Donovan, Quinn McColgan, Valeria Vereau, Clara Lago, Alex Hafner
Guión: Alberto Marini, Miguel Ángel Vivas
Año: 2015
Duración: 115 minutos

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Escrito por: Robert Martínez

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