“Flors carnívores” en el Tantarantana: Banquete rico en proteínas

Las mujeres comen ensalada. Especialmente, la verde. Y los hombres, carne.
Pero he aquí tres jóvenes que se invitan a cenar. Y el ágape incluye ambos platos.
Tampoco sabemos aún si son machos o hembras. Tan solo que suelen jugar. Como nosotros pasábamos por allí, deberíamos entrar. A verles y a comer algo.

Flors carnívores” es una propuesta escénica que desconcierta.
Primero, por la juventud de sus intérpretes y la seguridad que muestran en escena. El trío de actrices se tambalea de la ternura a la fragilidad pero cuando la languidez parece dominar sus actos, irrumpe súbitamente el furor. Y las tres entonces exhiben una energía directamente propulsada por la ilusión y la convicción.

En segundo lugar, estas “flores” nada estáticas suponen un desafío a la intuición del espectador. Porque el texto de Anna Maria Ricart pregunta en un sentido hipotético permanente qué sucedería si sus criaturas avanzaran en el curso de los acontecimientos. De este modo, regala al público la posibilidad de ser él mismo claudicando a dejarse amarrar por convencionalismos argumentales. Ello es sumamente estimulante. Pero también peligroso. Porque el conceptualismo de la obra de Ricart no baja la guardia en ningún momento y aunque se nos revela pronto que las protagonistas están escenificando, porque nos encontramos ante el “experimento” que cada fin de semana practican con entusiasmo varias adolescentes, nos resulta difícil vislumbrar qué realidad queda detrás de tanta poesía feroz y simbolismo arrebatador.

Marc Chornet Artells dirige este arriesgado proyecto de la Companyia Teatre (T)robat apostando fuerte por el juego interpretativo a tres bandas. Y extrae de sus actrices valiosa savia: la picardía de Alba José, la ingenuidad de Clara de Ramon, la rabia de Clàudia Benito. Tres elementos necesarios para ser seducidos sin escapatoria. La situaciones que el grupo recrea fluyen cuando adoptan un cariz cómico (la escena de presentación con las zanahorias que miccionan es dulce, simpática y sugerente) y pierden gas cuando pretenden erigirse en momentos solemnes. Sin embargo, aplaudimos la osadía por buscar un trozo de tierra que nadie haya pisado antes en el que plantar semillas (escribe Ricart, dicen ellas y admiramos nosotros) sobre todo porque poco después proclaman su voluntad de comerse la tierra. La repulsa por el crecimiento yermo y la condición carnívora de búsqueda de la propia identidad en este jardín de plantas de plástico en el que se empeñan en plantarnos desde que nacemos.

“No soy ni hombre ni mujer” cantaba Mecano hace más de treinta años. Hoy lo recordamos en el Tantarantana y su ciclo “Fer visible l’invisible“: “¡Solo soy una persona!”

 Por Juan Marea

Imagen

“Flors carnívores” se representa los días 2 y 3 de enero.
http://www.tantarantana.com/index.php/es/programacion/adultos/item/300-flors-carnivores#.UrrJAPTuJ8E

 

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