Archivo de la categoría: Recuerdos y vintage

Un poco de memoria…

Miniserie: Esta es nuestra tierra

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Fuente: Blog Las miniseries de nuestra vida

Hoy os presentamos, en la recién creada categoría de Recuerdos & Vintage Esta es nuestra tierra, una miniserie de dos capítulos que narra la historia del General Custer y el Séptimo de caballería y que seguramente muchos y muchas recordáis. La serie comenzaba tras el desastre del ejército americano en Little Bighorn y relataba a través de ‘flashsback’ la historia de Custer desde el punto de vista de su mujer Elizabeth y también desde la perspectiva india, a través de la joven Cheyenne Kate Bighead.

Esta es una de aquellas series cortas que uno recuerda de su infancia-juventud, cuando en el verano o en cualquier otra fecha vacacional se estrenaban series o miniseries americanas de géneros diversos y normalmente de gran calidad.

Lo que más recordaba de esta serie es que la trama histórica era relatada desde el punto de vista de los indios, algo que no era lo habitual en las producciones de la época. El revisionado de la serie, sin embargo, me ha sorprendido ya que la narración se realiza en gran medida desde el punto de vista de la población blanca, y más concretamente desde la visión de Custer y de la oficialidad del ejército americano.

Aún así, la serie, como no podía ser de otra forma, muestra las formas de hacer de las producciones de los noventa, un intento realista de explicar la historia, de encuadrar las cámaras y de grabar las escenas. Todo un gustazo en comparación con la forma artificiosa de hacer las series de hoy en día. Las escenas y las actuaciones son las habituales de aquella época y la producción se ve de calidad y con recursos.

La música estaba a cargo de Craig Safan, responsable de bandas sonoras de películas como Starfighter: La aventura comienza (1984), Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño (1988), o diversos capítulos de series como Más allá de los límites de la realidad (1985-1986) o Cheers (1982). La música de Safan está a la altura del resto de la producción y destaca por diversos toques heroicos que suenan en los momentos más épicos de la miniserie.

Esta es nuestra tierra estaba dirigida por Mike Robe, tenía guión de Melissa Mathison (guionista también de la película E.T. El extraterrestre) y contaba en el reparto con Gary Cole que interpretaba al general Custer y Rodney A. Grant que daba vida a Caballo Loco. Otros actores y actrices destacados fueron Dean Stockwell (general Sheridan), Rosanna Arquette (Elizabeth Custer), Nick Ramus (Nube Roja), Buffy Sainte-Marie (voz en ingles de Kate Bighead) y Floyd Red Crow Westerman (Toro Sentado).

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Seguramente uno de los puntos débiles de la serie es su incapacidad de clarificar la relación y la rivalidad entre la oficialidad dels ejército americano en el transcurso de la trama y, sobre todo, la evolución de la batalla de Little Bighorn, que al menos a mí no me quedó nada clara.

La serie se basaba en la novela Son of the Morning Star: Custer and the Little Bighorn de Evan S. Connell, un ensayo histórico sobre la Batalla de Little Bighorn, publicado en el año 1984 por la editorial North Point Press. El libro realiza un amplio retrato de los principales protagonistas de la batalla que incluye al general George Armstrong Custer, Toro Sentado, el mayor Marcus Reno, el capitán Frederick Benteen y a Caballo Loco entre otros.

El autor realizó una amplia investigación para escribir el libro que duró cuatro años, visitando el lugar de la batalla en diversas ocasiones y consultando libros, diarios de soldados y relatos indios sobre la batalla, hecho este que se nota en la miniserie, ya que la historia se nos narra, como ya he comentado antes, desde diferentes puntos de vista.

El lanzamiento de la mini-serie coincidió con el estreno en los cines de Bailando con lobos. Un dato curioso es que Kevin Costner fue la primera opción para interpretar al general Custer, aunque luego la producción se decantó por Gary Cole.

Las localizaciones se realizaron en espacios próximos al Little Bighorn National Monument en Montana, cerca de Billings. Se construyó allí un fuerte que costó 200.000 dólares. La serie también se filmó en Dakota del Sur, en el Buffalo Gap and Badlands National Park. En el rodaje se utilizaron 400 caballos y participaron 150 indios nativos. Además el Séptimo de caballería estaba compuesto por 100 especialistas en recreación histórica, que realizaron también tareas de asesoramiento técnico del film.

La miniserie optó a seis premios Emmy en el año 1991, de los que ganó cuatro en las categorías de vestuario, maquillaje, edición de sonido y mezcla de sonido.

Esta es nuestra tierra es una buena serie ambientada en el oeste americano y que hace un esfuerzo por explicarnos la historia de la “conquista del oeste” por parte de los blancos desde un punto de vista más amplia, que incluye también la visión indígena. Y una muy buena propuesta para todos aquellos que quieran disfrutar de una serie “de las de antes”.

Título: Esta es nuestra tierra
Título original: Son of the Morning Star
Categoría: Film histórico
País: EE.UU.
Año: 1991
Basado en: Custer: la masacre del 7º de caballería (Son of the Morning Star: Custer and the Little Bighorn), de Evan S. Connell
Dirección: Mike Robe
Adaptación: Melissa Mathison
Reparto: Gary Cole, Rosanna Arquette, Stanley Anderson, George Dickerson, Rodney A. Grant, Tom O’Brien, Nick Ramus, Tim Ransom, Kimberly Guerrero, Dean Stockwell, Michael Medeiros, Floyd Red Crow Westerman…
Estreno en España: Antena-3 TV, 2 de diciembre de 1991

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Nueva Dimensión. Una revista de ciencia-ficción

Nueva Dimension_portada_4Si hay una revista de ciencia-ficción que ha estado presente en casa desde siempre, esta no es otra que Nueva Dimensión. Ejemplares de la revista, que inició su singladura en el año 1968, estuvieron siempre, mejor o peor guardados, en la casa de veraneo familiar en Pinedes de l’Armengol. Eran propiedad de mi padre, un adicto a la lectura cuando yo era chaval.

Si bien, con el tiempo los ejemplares de las revistas han desaparecido, o al menos desconozco el lugar donde están actualmente, cuando era pequeño siempre estaban en el revistero del mueble de la televisión, compartiendo espacio con periódicos y revistas varias.

Yo en aquella época no leía mucho (mi interés por la lectura se inició en la clase de filosofía del instituto y con el inicio de la carrera de historia, por aquello de los dieciocho años), aún así los ejemplares de la revista me llamaban vivamente la atención, debido sobre todo a sus portadas y a su extraño formato.

Nueva Dimension_portada_1Sí había alguna característica de la revista que impactaba visualmente eran sus portadas. Sus motivos eran una suma de arte, ciencia-ficción o fantasía y cierta psicodelia excelentemente integrados. Uno no podía abrir un ejemplar sin dedicarle unos momentos de atención a las portadas, en los que contemplar la maestría de los ilustradores e intentar descifrar, en algunos casos, su sentido más íntimo. Las dimensiones de los ejemplares tampoco eran las habituales, ya que tenían un formato entre una revista y un libro, algo debido, según parece, a la imposición de la distribuidora.

Una vez en las entrañas de la revista, uno se dejaba arrastrar por las historias y los relatos cortos, por las ilustraciones y por las diversas secciones de cada ejemplar. Los relatos y las novelas cortas eran lo que daba consistencia a la revista, e incluían textos de autores anglosajones y españoles, si bien, parece que los primeros predominaban. Otras secciones incluidas en la revista eran las de opinión y crítica, distinguidas del resto por la tenue coloración verde de sus páginas; una breve sección dedicada al cómic y la ilustración y otra dirigida a los seguidores y fans, en la que estos podían dirigirse al estilo “cartas al lector” a la revista y a otros lectores, una especie de red social antes de las redes sociales.

Nueva Dimension_portada_2Luis Vigil, Sebastián Martínez y Pedro Domingo Mutiño, alias Domingo Santos, fueron los editores que dieron forma a la revista, para lo que crearon la editorial Dronte. La publicación de la cabecera estuvo activa desde 1968 hasta 1982, cuando los problemas de distribución y liquidación pudieron finalmente con ella. Por el camino, sin embargo, la revista hizo las delicias de los lectores  de ciencia-ficción de habla hispana, en la penumbra antes de la edición de la revista y dio un color especial a los revisteros y los diversos rincones de la casa donde los volúmenes se almacenaban.

Como ya he dicho, los ejemplares que poseía mi padre en la torre de veraneo ya no están, o si están deben de ocultarse en algún rincón insospechado bajo una cada vez más espesa capa de polvo, por lo que me he propuesto recuperar, poco a poco, los 148 número de la colección. He comenzado este año con un par de ejemplares… que espero vayan creciendo en número con el paso del tiempo…

Enlaces de interés:

Tercera Fundación:
http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/coleccion/138
Libro de notas:
http://librodenotas.com/cuadernosdecienciaficcion/15391/las-revistas-ii-nueva-dimension
Tebeosfera:
https://www.tebeosfera.com/publicaciones/nueva_dimension_1968_dronte.html

Una lejana y nostálgica sesión de cine de verano

Ahora que estoy de semi-vacaciones en una urbanización de montaña, me ha venido a la memoria, yendo a comprar el pan a primera hora de la mañana, un recuerdo del pasado. Este no es otro que el disfruté, cuando era niño, de la que creo que ha sido la única sesión de cine de verano a la que he asistido nunca.

Os sitúo en el tiempo y en el espacio. Una urbanización de montaña a mediados de los años 80. Mi familia poseía (y posee) una torre en ella. Cada año la familia abandonaba la gran ciudad y nos íbamos allí de vacaciones, con todo lo que ello suponía en la venerada y ya saldada época analógica, esto es, una urbanización bastante grande, que no disponía de calles asfaltadas y mucho menos de iluminación nocturna, hecho este que hacía que el adjetivo “de montaña” estuviera muy presente. Para completar la descripción os indicaré que las basuras se recogían con un tractor que recorría las diversas calles de la urbanización varias veces a la semana.

No disponíamos de teléfono, al menos en nuestra casa, así que cuando llegábamos a la cabaña (nombre con el llamábamos a nuestra segunda residencia) quedábamos totalmente incomunicados, a veces durante más de un mes (algo impensable en la actualidad digital). Si necesitábamos llamar por teléfono, las soluciones eran las disponibles por aquellos entonces: pedírselo a algún vecino que sí tuviera teléfono (que no eran muchos); ir al bar-restaurante (que disponía de uno público) o ir a la cabina de teléfono (cuando estas aún tenían una función que realizar en nuestra sociedad). No hace falta indicar que los móviles e internet no existían.

Los chavales acostumbrábamos a entretenernos con las actividades más “molonas” de aquella época tan arcaica: jugar a la pelota (en cualquiera de sus variantes); jugar en la calle (a cualquier cosa que se nos ocurriese), ir a la piscina o pasar el rato más o menos distraídos con los amigos y amigas de la calle.

cinedeverano
Pero un año, aunque no recuerdo cuando fue exactamente, el restaurante de la urbanización, situado junto a un pequeño estanque artificial en el que había peces y patos (me confirma mi madre que actualmente en el lago aún los hay) programó un “cine de verano” para los más peques. No recuerdo del todo las películas que se programaron durante aquel verano, ni si se programó más de una, y no tengo muy claro si la actividad se realizó en el marco de las fiestas de verano de la urbanización. De lo que sí que os puedo decir algo es de las condiciones de la “actividad”: no penséis que la sesión se hacía en una sala de cine que, claro está, la urbanización no poseía, sino en una de las salas del restaurante, en la cual, entre mesas, se sentaban el público asistente. Mi memoria, lastrada ya por el paso del tiempo, no me permite recordar el número de espectadores asistentes. Lo que sí que recuerdo es que fueron pocos y todos niños. Y la pantalla, una simple televisión de tamaño grande pero tampoco tanto.

La película que pude ver aquel año fue E.T. el extraterrestre. Como veis todo un peliculón. Os podéis imaginar que la actividad no tenía, me imagino, ninguna licencia y que los derechos de emisión, celosamente enumerados al inicio del video (porque la copia que vimos era evidentemente de video, ya que en aquel entonces no existía otra tecnología disponible), eran ninguneados por el organizador, como acostumbraba a pasar en otros ámbitos de exhibición pública.

Pues bien, esa fue la primera ocasión en la que vi la película, me imagino que en una época muy cercana a su estreno. E.T. no es un film que me apasione demasiado, a pesar de ser una cinta que mezclaba aventuras infantiles y ciencia-ficción al viejo estilo que Spielberg tan bien dominaba, de ser uno de los grandes clásicos de los 80 y de haber sido, si no me equivoco, la película más taquillera durante décadas. Me imagino que una de las razones de no haberle sabido encontrar el qué a la película fueron las condiciones en las que se desarrolló el visionado: en una pantalla de televisión, en la sala de un restaurante de urbanización y rodeado de algunos niños de mi edad, no demasiados, y con las persianas bajadas para crear ese ambiente “de cine”.

Pues bien, hoy en día ya no queda mucho de todo lo que os he contado, y lo que queda se ha transformado y mucho. Así de primeras, la urbanización tiene ya las calles asfaltadas y alumbrado público. Por lo que respecta a los teléfonos, no hace falta que os diga que cada uno posee el suyo móvil, si no más. Tanto es así, que la cabina de teléfono pública ha desaparecido y no creo que ninguno de los bares/restaurantes de la urbanización tenga teléfono público. La piscina ha sido transformada en un parque infantil, inaugurado hace poco, y si no me equivoco el restaurante que programó el “cine de verano” lo llevan en la actualidad unos chinos, algo muy propio de los tiempos en los que vivimos.

Aún así, la urbanización mantiene un cierto aspecto “vintage” de la época en la que de niño disfrutaba allí de las vacaciones estivales, aunque las nuevas viviendas rompan, aquí y allá, ese espejismo oldie. Los que no se desvanecerán nunca son los recuerdos infantiles (y no tanto) que se amasaron en ella y el hecho de que un verano pude asistir al estreno en el “cine de verano” programado en el restaurante de la urbanización, de uno de los clásicos del cine de los 80, una experiencia evocadora y casi mágica que no creo que pueda sustituir ninguno de los dispositivos móviles de que disponemos hoy en día, y mucho menos ninguna de las distracciones que estos proporcionan, por muchas quedadas de Pokemon Go que se organicen.
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Jorge Pisa