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Crítica teatral: L’impostor, Versió del Tartuf de Molière, en el Versus teatre.


Seguramente no existe una temporada teatral en ninguna ciudad española, ni tampoco en el mundo, al menos en el Occidental, en la que no se represente, como mínimo, una de la obra escrita por Molière, sin duda alguna uno de los dramaturgos franceses más reconocido, sino el que más, de todos los tiempos. Esta vez, y al inicio de la temporada, el Versus Teatre se ha atrevido con el estreno de L’impostor, Versió del Tartuf de Molière, una adaptación de la obra el autor francés dirigida por Frederic Roda al frente de la compañía Die Probe.

Y como pasa con todos los clásicos, la obra escogida, El Tartufo, pretende analizar los sentimientos y las ambiciones clásicas que vivifican y alteran los corazones humanos, los antiguos y los modernos, condimentado todo ello con un gran sentido del humor evidente a lo ancho y largo de la obra.

Tartufo o el impostor nos traslada a mediados del siglo XVII, a la casa del burgués Segimon cuyo entendimiento está confundido y obnubilado por la influencia que ejerce sobre él, y por tanto sobre el resto de la familia, Tartufo, un “supuesto” fraile beatucho acogido en la casa. Segimon, cegado por su reverencia hacia Tartufo, se propone unirlo en matrimonio con su propia hija, Anna, si bien esta está enamorada de Maurici. La decisión tomada por Segimon llevará a su mujer, Elvira y a una de las criadas, Francina, a luchar contra el triste destino matrimonial que Segimon depara a su hija, intentando desenmascarar a Tartufo. Toda esta complicada situación familiar lleva, como no, a que se represente sobre el escenario una trama cómica de intentos, equívocos y consecuencias, que afectará de pleno a la vida en la casa e incluso al destino económico y social de la familia.

La joven compañía teatral Die Probe lleva a cabo, pues, una relectura de una de las obras más conocidas de Molière, y lo hace con un carácter joven, un hecho que se nota tanto en los intérpretes y, a pesar de la veteranía del director Frederic Roda, en alguna inconveniencia a la hora de configurar el espectáculo. Y seguramente la mayor de ellas sea, justamente, la adaptación de la obra.

Me explico. La versión del Tartufo estrenada en el Versus opta por mantener una imagen clásica de la obra, apartándose de las muy de moda y peligrosas actualizaciones escénicas. Es todo un placer, además, deleitarse con un texto interpretado en catalán y en verso, con unas rimas y un ingenio preciosistas, que nos permiten gozar aún más del perfil clásico de la adaptación. Todo esto nos introduce rápidamente en la trama de la historia, a lo que no son ajenos los esfuerzos de sus jóvenes actores.

Si bien, la adaptación desbarata gran parte de los aciertos del intento. La drástica reducción del número de personajes y la dramática supresión de parte de la trama producen un efecto de desconcierto en el espectador, que, sobre todo en el último acto, se ve sorprendido por una deriva del argumento que no le permite comprender lo que se está narrando sobre el escenario. El cambio en el ritmo de representación, es pues, un bache que hace descarrilar, en parte, los logros de un proyecto que se nota materializado con mucho más que empeño.

La juventud, además, es manifiesta en la compañía y se hace evidente en el transcurso de la obra. La mayoría de los actores y actrices están aún en fase de aprendizaje, y se nota, lo que nos puede hacer valorar aún más el esfuerzo interpretativo. Aún así, es de derecho destacarla actuación de Anaïs Garcia y Laura Fité, la primera como una fiel criada alegre y metomentodo; y la segunda como Tartufo, que en esta versión adopta un componente andrógino (una mujer interpretando a un personaje masculino) que permite a la obra introducir un elemento de misterio y ocultación muy adecuado a un personaje mentiroso, conspirativo e intrigante que busca su éxito personal aún a expensas de destruir a la familia que lo acoge. Una juventud teatral que no ha podido ser equilibrada por la dirección escénica de Frederic Roda, que nos presenta una adaptación con unos perfiles no del todo definidos.

Aún así, y si tomamos a L’impostor. Versió del Tartuf de Molière como un ejercicio de maduración profesional (que creo que es lo que es), es de ley reconocerle algunos aciertos, sobre todo la valentía de atreverse con un Molière, y nada menos que con el Tartufo, y el hecho de permitirnos recrearnos de nuevo con una obra y con unos personajes que han dejado huella en la historia del teatro.

L’impostor. Versió del Tartuf de Molière” se representa en el Versus Teatre del 11 de octubre al 2 de noviembre de 2011.

Dirección: Frederic Roda
Versión: Joan Oliver
Reparto: Marina Barberà, Laura Fité, Anaïs Garcia, Anna Massó, Marc Rius y Jordi Sanosa
Cía: Die probe
Iluminación: Marc Martin
Técnico de iluminación: Andriy Kravchyk
Diseño de vestuario: Companyia Acte Quatre
Producción: Die probe y Acces Teatre SL con el apoyo de Teatre de Ponent, sl.

Horarios: martes y miércoles a las 21:00 horas.
Precio: 12 €.
Idioma: catalán.
Duración: 1 hora y 10 minutos.
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez